Regata
de Cayucos Océano a Océano:
Una aventura extrema, como la vida misma
Por:
Mirie de Mouynés*
Al compás del tema Row, row, row,
your boat, estos Boy Scouts del capítulo de exploradores
de la Zona del Canal, habían zarpado del Puerto de
Cristóbal tres días antes, para cruzar, por
vez primera, el continente americano a bordo de un cayuco,
reportaban las crónicas periodísticas del
Panamá American y el Star and Herald. Se trataba
de 28 muchachos entre 14 y 17 años quienes, sin siquiera
imaginarlo, serían los pioneros de una tradición
que el próximo año cumplirá 50 años
de llevarse a cabo en forma ininterrumpida.
Historia
de una tradición
Concebida por Gerard A. Doyle Jr., entonces director del
Comité de Boy Scouts de la Zona del Canal, y respaldada
por miembros de la comunidad y de la Comisión del
Canal, la idea original de la Regata de Cayucos surgió
al llevar a un grupo de Boy Scouts a visitar comunidades
indígenas panameñas en las riberas del Río
Chagres, para familiarizarlos con su cultura. Entusiasmados
con la experiencia de navegar en cayucos, se compraron unos
cuantos para la asociación. Como es natural, los
muchachos comenzaron a competir entre ellos y la ruta fue
extendiéndose, hasta que, en el año de 1954,
se decidió organizar la primera carrera formal del
Atlántico al Pacífico.
La Regata Océano a Océano
pudo haber sido otra más de esas actividades que
se realizaban en “La Zona” ese universo paralelo
al que la mayoría de los panameños apenas
nos asomábamos a dar un vistazo cuando veíamos
Canal 8 (Southern Command Network)- y que desaparecería
sin dejar rastro tras el retiro de las bases norteamericanas.
Sin embargo, en el año 2000, un grupo de apasionados
por el deporte del cayuco que había experimentado
en carne propia los beneficios de esta competencia, decide
no dejar perder esta tradición y fundan el Club de
Remos de Balboa (CREBA). Con gran tesón y el apoyo
vital de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP),
trabajadores del Canal y los padres de familia, el CREBA
ha logrado continuar esta aventura única en el mundo.
¿Quiénes participan?
Lo que se iniciara en 1954 con apenas 7 cayucos, ha ido
creciendo y popularizándose entre panameños
y extranjeros. Originalmente, era un evento sólo
para hombres, pero desde el momento en que se aceptaron
muchachas exploradoras en la década de los 70, la
carrera permitió su participación. Hoy día,
las tripulaciones pueden ser de hombres, mujeres, y mixtas,
y se dividen en dos categorías: la Juvenil, entre
14 y 21 años con equipos de 4 tripulantes- y la Abierta,
de 22 años en adelante, con equipos de 4, 5 y 8 miembros.
Este año participaron 190 remeros a bordo de 49 cayucos.
Todos para uno
Esta carrera es, esencialmente, un trabajo de equipo y aunque
cada palmista tiene una función específica
que cumplir, la tripulación debe actuar como un todo.
Esa integración evita que un miembro sucumba y se
rinda y es la que, en el fondo, garantiza el triunfo. Hasta
la manera original de remar fomenta esta unidad: la fuerza
se logra mediante la armonía y el compás de
los remeros. El cayuco se convierte en un espacio de compenetración
total donde se convive codo a codo con el compañero.
El evento no sólo involucra a los
palmistas: los miembros del Club de Remos, los botes escolta,
el personal de soporte de la ACP, los oficiales de comida
y bebida, los coordinadores, los espectadores y, sobre todo,
las familias de los participantes, también viven
esta experiencia y se nutren de ella.
Un tronco ahuecado que flota
Cayuco: embarcación de una pieza y poco calado elaborada
de árboles autóctonos por los indios nativos
de Panamá... Los troncos enormes y pesados de las
primeras regatas han ido evolucionando, haciéndose
cada vez más aerodinámicos. Su preparación,
reparación y mantenimiento son retos y responsabilidades
que debe afrontar cada equipo. El arreglo de los cayucos
que se usan para la regata se ha convertido en un arte,
y quienes se dedican a transformarlos lo hacen con la dedicación
y mística de quien da vida a un ser.
Cada cayuco tiene un carácter propio,
su personalidad. Los más pesados, si bien garantizan
mayor estabilidad en el agua, también exigen más
fuerza a su tripulación. Los más livianos
pueden deslizarse más rápido, pero a cambio
requieren un mayor balance. De esta forma, ese cayuco, que
para nuestros indígenas representa su medio de transporte,
trabajo y subsistencia, llegará a ser parte integral
de cada equipo. Durante la temporada de cayucos, los muchachos
que lo adoptan deberán llegar a conocerlo, prepararlo
y cuidarlo como una extensión vital de sí
mismos.
Temporada de cayucos
Los tres días que dura la regata son la culminación
de meses de preparación. Cada año, la temporada
de cayucos se inicia en noviembre con la Rifa de Cayucos
por parte del Club de Remos. Luego, sigue la Clínica
de Seguridad en La Playita de Amador. Obligatoria para todos
los novatos, la Clínica de Cayucos ayuda a reforzar
y aumentar los conocimientos sobre el deporte, haciéndose
énfasis en temas de seguridad. Un punto vital que
deben dominar a cabalidad los palistas es lograr mantener
el balance del cayuco y aprender a subirse con rapidez en
caso de voltearse. Como en la vida misma, si naufragas debes
aprender a levantarte, a retomar el ritmo, a seguir adelante.
El Club de Remos también organiza
varios eventos preliminares a la Regata Océano a
Océano: las regatas de la Calzada de Amador y la
de aceleración del Gamboa Rainforest Resort, que
se llevan a cabo para dar a conocer el deporte y para que
los palistas practiquen antes del gran evento. También
se realiza un Proyecto de Reforestación, acto cónsono
con la misión del Club de Remos de conservar y mantener
nuestro medio ambiente, en especial la cuenca del Canal.
Son seis meses de “adicción”
y de una dedicación total al deporte, que se inician
a finales de diciembre o comienzos de enero. Prácticas
diarias, ir al gimnasio, comer sano, no parrandear como
antes: tu equipo depende de ti. La “fiebre de cayuco”
exige trabajar con disciplina, gran determinación,
responsabilidad y perseverancia. Prepararte física
y mentalmente para alcanzar una meta que tú mismo
te has propuesto, no fallarles a tus compañeros,
probarte que sí puedes: de eso se trata.
Del Atlántico al Pacífico:
una travesía por el Canal de Panamá
Llega el gran día. Meses de ardua preparación
y de trabajo agotador darán su fruto en esta competencia,
que se inicia en el Club de Yates de Cristóbal y
culmina 40 y tantas millas después, en Diablo. Dividida
en tres jornadas, la regata atraviesa las entrañas
del Canal, exponiendo las bellezas naturales de nuestro
país y la grandeza de esta obra de ingeniería,
considerada como una de las siete maravillas del mundo moderno.
El Corte Culebra, el “Banana Channel” (canal
para botes pequeños), las esclusas, el Lago Gatún,
dejan de ser meros términos en libros de texto para
convertirse en escenario privilegiado de esta competencia
única en el mundo.
2003: un año especial
Para el próximo año, Centenario de la República
de Panamá y el 50 Aniversario de la Regata, la Autoridad
del Canal de Panamá ha concedido permiso al Club
de Remos para transitar por las esclusas de Miraflores y
Pedro Miguel, como se había hecho hasta el año
1996, cuando se suspendió por el fenómeno
de “El Niño”. ¡Pasar por las esclusas
del Canal a bordo de un cayuco! Otra gran oportunidad que
tiene nuestro país para ofrecer a turistas y viajeros
de alma, fanáticos de los deportes extremos e historiadores,
eco - turistas y todos aquellos aventureros que descubrirán
en Panamá un paraíso inexplorado, una joya
del trópico, un sitio que promete experiencias únicas.
Para los muchachos y muchachas que desde
ya están haciendo planes, así como para los
adultos que participan en la Categoría Abierta, el
2003 será un año para recordar. Lijarán,
pintarán y prepararán sus botes; se entrenarán;
vivirán la delicia de remar al amanecer o de ver
el sol caer a bordo del cayuco; llorarán; se exigirán
más de lo que creían que su cuerpo era capaz
de dar. Zarparán de la costa atlántica en
la tarde del 11 de abril de 2003 y llegarán a la
meta, unos antes, otros después, pero todos con la
indescriptible satisfacción de haber terminado.
Y, como en todas las travesías más
importantes de la vida, el final de esta jornada será
el principio de otra, porque la meta no es un destino, sino
un nuevo punto de partida, un instrumento que les ayudará
a trazar trayectorias futuras.
* Propietaria de Allegro.
Para mayor información sobre la regata, visitar el
sitio www.cayucorace.com