Una casa con olor
a hierba
Por: Vickie de Dahlgren*
Las direcciones para llegar a nuestro destino fueron claras y precisas:
debíamos tomar un camino rural de piedras y atravesar un pequeño
vado al que, luego nos enteramos, los dueños de la casa que
visitaríamos se vieron obligados a construirle un pequeño
y estrecho puente, ya que más de uno de sus amigos consideraba
peligroso cruzarlo en época de lluvia, aunque en la estación
seca era sólo un riachuelo, en absoluto amenazador.
Una vez entramos por el portón principal, sentimos la impresión
de quien, a través de una puerta mágica, se infiltra en
un bosque encantado, donde todo se percibe perfecto, pero una perfección "imperfecta",
que no parece producida por la mano del hombre, sino que simula haber
estado allí, y así siempre, sin estridencias ni toques
llamativos. La sensación que se experimenta es de paz, tranquilidad
y frescura, lograda por los elementos que forman este seductor conjunto
paisajista: el color verde de la hierba, que parece haber sido retocado
a mano ya que su tono es perfectamente parejo, y las agradables sombras
proyectadas por viejos y frondosos árboles, en cuyos gruesos troncos
se enredan plantas trepadoras que ofrecen mayor interés a este
maravilloso panorama, que pasa a ser el marco principal de la casona
que se divisa al fondo de este espectacular paisaje.
A medida que nos vamos acercando a la casa principal, pintada en un
color rosa vieja con una pátina anticata que ofrece la sensación
de una edificación propia de la región de la Toscana, por
sus cálidos tonos propios de la naturaleza, podemos ir descubriendo
una hermosa estructura, que, al igual que el jardín que la rodea
y las otras obras secundarias, está perfectamente integrada a
este fascinante escenario.
Desde que llegamos a la porta cochera siguiendo el entretenido camino
empedrado, vamos percibiendo que aquí nada fue dejado al azar;
todos los detalles fueron perfectamente considerados, tanto por sus propietarios
como por el arquitecto Eduardo Chiari, a quien se le confió el
diseño de la casa.
Los dueños, quienes además de ser personas de una gran
cultura y conocedoras de diferentes ambientes, poseen especial sensibilidad
tanto por el buen gusto como por la sencillez, supieron aportar a este
trabajo detalles, piezas diferentes y especiales, que fueron reunidas
a través de sus viajes por Europa y Latinoamérica para
realizar una obra realmente maravillosa.
En la entrada principal llama la atención, además de variados
objetos decorativos, una pared de piedra avejentada por la irrigación
artificial para el desarrollo de magníficas orquídeas,
propias de la región. Una antigua y rústica puerta de iglesia,
al igual que los bloques, piedras que forman los escalones de acceso
a la entrada y grandes maceteros de barro, fueron traídos por
ellos desde Guatemala. Una vez cruzado el umbral y ya dentro del vestíbulo
del domicilio, continuamos encontrando que la maravillosa vegetación
parece estar integrada a esta caserona, ya que la única división
existente entre el jardín y este recinto es una sencilla verja,
pintada en un tono verde profundo que no limita la visibilidad del interesante
y bien mantenido bosque que sirve de fondo a esta área.
Los pisos de este ambiente, al igual que los de los otros, fueron fabricados
en sitio durante la construcción; son de concreto pulido y tintado
en un agradable tono celeste. Una alfombra de lana de vibrantes colores
sirve de marco a una antigua mesa española, sobre la cual ha sido
colocado un atractivo adorno de heliconias recogidas en el exuberante
patio. Esta es un área de distribución, donde los niveles
propios del terreno fueron aprovechados para darle movimiento al conjunto.
Por un lado, observamos una escalera que nos dirige a un entrepiso y,
por el otro, apreciamos unos cuantos pasos de bloques de piedra guatemalteca,
que nos conducen al recinto que acoge a la cocina-comedor. 
Aquí lo que llama la atención es el techo construido en
forma de bóveda, revestida con ladrillos italianos. La iluminación
es proporcionada por luces indirectas, además de una lámpara
creada de un yunque de bueyes. Los muebles de cocina también son
de un acabado rústico y todos fueron fabricados en el periodo
de la construcción por artesanos locales, ofreciendo un interesante
contraste con la modernidad de los electrodomésticos. El área
del comedor está formada por una mesa ovalada y un sofá construido
en sitio, el cual está flanqueado por ventanales que permiten
la entrada de luz natural.
Pasamos entonces al salón. En este ambiente, vale la pena advertir
cada detalle, ya que son muchos los elementos que lo tornan realmente
fascinante.
La doble altura de este recinto permite la instalación de enormes
ventanales en variados tamaños, los que, en principio, podrían
parecer desordenados, pero que luego de ser observados detenidamente
denotan un patrón bien definido que sigue el estilo de las pinturas
de Mondrian. A través de estas grandes ventanas, y al igual que
en otras áreas de la vivienda, se integra la maravillosa vegetación
que rodea la residencia mantenido el principio de que la casa es como
una isla integrada a su entorno. Como pieza interesante e incrustada
en una de las ventanas, apreciamos una enorme roca que presenta una fabulosa
coloración turquesa en variados puntos, producida por la irrigación
que la baña para el desarrollo de plantas parásitas que
la adornan. En el revestimiento de los pisos impera el uso irregular
de tablones de teca, con incrustaciones de piedra, que crean una especie
de pequeños y caprichosos caminos.
Las paredes fueron tratadas en tonos ocre quemados,
que sirven de marco perfecto para antiguas piezas de arte religioso colonial
traídas
del Perú y Guatemala. Una "hiper" moderna chimenea,
acabada en un brillante color ladrillo, llama la atención, pero
se integra perfectamente sin romper con la armonía reinante.
Desde la sala, comenzamos a advertir el interesante
techo que cubre la terraza, el cual está formado por enormes láminas de
vidrio templado soportadas por vigas de metal, que permiten disfrutar
de un increíble juego de claros oscuros producidos por el follaje
de los enormes árboles que superan la impresionante altura de
la techumbre.
Al
salir a la terraza se aprecia y escucha, además
del ruido de los animales de este bien mantenido bosque, el encantador
sonido producido por una cascada que cae de la montaña.
Regresamos a la sala para dirigirnos a la parte superior de la casa,
por una antigua y estrecha escalera de caracol adquirida en Europa. Aquí se
crea una antesala a las recámaras familiares, un rústico
mueble librero pasa a ser el fondo de esta área. Dos viejas columnas
guatemaltecas que soportan un arco, también de madera, crean el
umbral que define el ambiente de la doble altura de la sala y nos marca
el camino hacia la recámara principal que se encuentra en otro
nivel.
Colaborar con los propietarios durante el desarrollo de la construcción
de esta casa fue un trabajo muy entretenido y ameno, ya que son personas
sumamente interesantes, sencillas y amantes de la naturaleza, como se
pudo plasmar en el armonioso ambiente creado.
* Diseñadora de Interiores.
Fotos: Silvia Grunhut.