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Marzo
2003 |
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Cuerpo y Alma |
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Viviendo a Plenitud |
MEJORANDO SU CUERPO
¿Qué determina que tengamos buena salud?
Pudiéramos contestarlo
de la siguiente manera: Salud es el resultado de la relación entre
factores como nuestra herencia, nuestro comportamiento, nuestro entorno
físico
y social, de cambios que ocurren al azar en nuestros genes y de nuestra
capacidad
de poder recibir
atención médica
de calidad. De todos estos factores, nuestro comportamiento es un factor
dominante.
¿Qué cosas puede hacer un adulto para mantenerse
saludable?
- Elimina el uso de tabaco. En Panamá,
fumar tabaco es quizás
el factor más importante asociado a muerte prematura en el adulto.
En los Estados Unidos, se calcula que el tabaco contribuye a 1 de cada
5 muertes. El tabaco aumenta el riesgo del cáncer de pulmón,
de enfisema, de derrames cerebrales, de infartos cardíacos y
de otros tipos de enfermedades vasculares. Interrumpir su uso produce
un beneficio
inmediato, aun en personas que ya sufren de las enfermedades mencionadas.
- Mejora tu nutrición. La obesidad
y sus enfermedades asociadas como la diabetes y la hipertensión
probablemente alcancen proporciones epidémicas en la próxima
década. Una buena nutrición
debe de ser baja en grasas saturadas e incluir varias porciones al
día
de frutas y vegetales.
Aumenta la actividad física. Hacer
ejercicios rutinariamente no sólo mejora la calidad y expectativa
de vida, sino también
disminuye la probabilidad de sufrir de diabetes, de enfermedades
vasculares, de hipertensión arterial, de osteoporosis, de obesidad,
de anormalidades musculares y de síntomas relacionados con la
ansiedad y la depresión.
Idealmente, deberíamos hacer una actividad aeróbica
(caminar, correr, jugar tenis) 30 minutos al día, 5 o más
veces por semana. También debemos hacer ejercicios dirigidos
a fortalecer los músculos (pesas, natación) y aumentar
la flexibilidad (estiramiento antes y después de los ejercicios).
- Reduce las probabilidades de sufrir trauma físico. Accidentes
y actos de violencia se encuentran entre las primeras cuatro causas
de muerte en Panamá desde hace más de 10 años. Los
accidentes automovilísticos fatales y los accidentes asociados
a nuestros trabajos y diversiones deberían prevenirse en un 100%.
- Utiliza medicina preventiva de enfermedades crónicas. Si
eliminamos la elevación de la presión arterial, del colesterol
y del azúcar en la sangre disminuimos significativamente el riesgo
de sufrir derrames cerebrales o infartos cardíacos. También
la detección temprana y tratamiento de ciertos cánceres,
como el de colon, son esenciales. Las medidas que detectan la presencia
de cáncer de colon son tan sencillas como el examen anual
de sangre oculta en el excremento o en ciertos casos una colonoscopía,
en casos indicados.
- Reduce el riesgo de sufrir enfermedades infecciosas. Protégete
de la infección por el VIH (SIDA). Vigila y exige que el agua
que tomas sea potable. No olvides mantener vigentes las inmunizaciones:
vacunas
de tétano, hepatitis y, en adultos mayores, las de influenza
y neumonía.
- No abuses del alcohol o de las múltiples otras substancias
que alteran el cerebro. Muchas veces, lo considerado “socialmente
aceptable” no
es lo más conveniente para la salud.
- Construye un
medio ambiente de vida saludable. Elimina la basura apropiadamente
evitando que sea un foco de plagas. Vigila que tu
casa y tu área
de trabajo este libre de substancias tóxicas.
Dale valor a tu salud emocional y reduce las situaciones
que faciliten desórdenes mentales. La tranquilidad emocional es tan importante
como cualquier otro aspecto del cuerpo.
- Utiliza buenos servicios de salud. El
Instituto de Medicina de la Academia Nacional de Ciencias de los
Estados Unidos de Norte América
estima que errores médicos son la octava causa de muerte en
ese país. Las conclusiones para nuestro país son evidentes.
¿Por qué tratar de hacer todo esto?
Soy el primero en admitir que alcanzar todas estas metas es probablemente
una
utopía. Si pudiéramos lograr la mitad de ellas, estoy seguro que aumentaríamos
significativamente nuestra calidad de vida y también nuestra longevidad. Nuestra
manera de vivir es el determinante más importante de nuestra salud. ¡Así que
manos a la obra: tener buena salud depende de ti!
Por: Jorge A. Motta, MD, FACP, FACC.
Consultor en Medicina Interna y Cardiología
CONSEJOS
PARA EL ALMA
Quizás el deseo más profundo que tenemos
es vivir a plenitud nuestra vocación de ser felices. Pero, a menudo,
las circunstancias de la vida obstaculizan esa felicidad deseada. ¿Qué podemos
hacer para encontrar la verdadera felicidad? ¿Qué podemos
cambiar en nuestra vida para ser felices? ¿Qué debemos
aprender de la vida para vivirla con gozo y libertad? ¿Cómo
podemos nutrir nuestro yo interior para no desfallecer ante las adversidades?
Estas y otras
preguntas nos vienen a la mente y a menudo nos sentimos impotentes para
encontrar una respuesta satisfactoria. ¿Por qué nos cuesta
tanto conocernos desde la propia verdad? Quizás si dedicáramos
un espacio y un tiempo a nuestro yo espiritual, muchas de estas preguntas
encontrarían
caminos de solución. Pero, ante todo, hay que preguntarse: ¿Realmente
estoy dispuesto a bucear en mi propio interior?
Si quieres aventurarte a conocer tu propia vocación,
puedes emprender con confianza la siguiente ruta espiritual, un ejercicio
de meditación para “poner en forma” tu alma. Hazlo cuantas
veces sea necesario, pues cada vez descubrirás riquezas insospechadas.
- Ya tengo edad... ya puedo mirar a lo lejos y a lo cerca de
mi vida. Dedica unos minutos del día a tí mismo. Relájate,
descansa. Busca un lugar cómodo y solitario en la casa, en el
trabajo o en el parque. Empieza a tomar conciencia de tu cuerpo, siente
cómo late tu corazón. Percibe que estás vivo, que
tienes todo un cuerpo que te acompaña siempre y que expresa, en
parte, lo que eres. Este cuerpo tuyo quiere que lo cuides y lo valores.
Ahora, cierra los ojos e imagínate que estás descendiendo
por un pozo. Lentamente vas perdiendo la superficie de tu vida y vas
adentrándote en lo más profundo de tí mismo. No
tengas miedo a las oscuridades, sigue descendiendo, deja que los sonidos
exteriores disminuyan. Pon atención a tu corazón. ¿Qué sientes? ¿Qué oyes?
Sigue avanzando, sin miedo, confíate a tí mismo. Poco a
poco vas llegando al manantial de tu vida. Ya puedes escuchar el sonido
del agua naciente de tu corazón. ¿Qué se refleja
en esa agua? ¿Logras ver tu pasado, tu presente, tu futuro? Deja
que el agua te hable... ¿Qué te dice? ¿Cómo
te sientes? ¿Qué personajes te acompañan? Disfruta
de esta presencia del agua viva de tu corazón. No tengas prisa,
dialoga con tu propio manantial.
- Desde el manantial de mi vida contemplo a mi alrededor
y gozo por ser vida para los demás. Poco a poco ve subiendo de nuevo por el pozo
de tu vida. Con calma, sin prisas, no corras por encontrar la superficie.
Déjate llevar por esa fuerza que nace de tu manantial de amor.
Lentamente vas llegando a la superficie. Tu vida de cada día te
espera, con sus alegrías y sus penas. Con lo bueno y lo menos
bueno. Tus seres queridos te están
esperando. ¿Qué les dices? ¿Cómo les compartes
lo que has descubierto en tu propio pozo? ¿Qué nueva fuerza
te impulsa a reconocerlos? Siente cómo tus seres queridos te miran,
te hablan, te preguntan... ¿Cuál es su actitud? ¿Qué te
piden? ¿Qué les puedes ofrecer? Deja que tu corazón
responda. Deja que tu amor aflore y derrame misericordia. ¿Qué puedes
hacer por tus seres queridos?
- Con las manos abiertas recibe el don del amor. Después de ver
a tantas personas que te quieren, abre tus manos y recibe el don del
amor que hay en cada una de ellas. Abre tus manos y entrega lo mejor
de tí, tu capacidad de amar y ser amado. Abre, sin miedo, las
puertas de tu pozo interior y descubre la fuerza del amor que te permite
gozar de la amistad y del cariño. Busca a aquellos hombres y mujeres
que abren sus manos para amar. Déjate abrazar por aquéllos
que quieren compartir contigo su felicidad.
- Busca el amor escondido en los más pobres y necesitados. Sigue
caminando en búsqueda de la felicidad que nace al hacer felices
a los demás. Con lo que tengas no te detengas, sigue caminando
y busca a los demás. Dedica parte de tu tiempo a servir, a compartir,
a solidarizarte. No hay que ir muy lejos... cerca de ti seguro hay alguien
que necesita de tu amor. Un poco más allá hay una niño
o niña que espera tu sonrisa, un anciano que espera tu saludo,
un pobre que espera tu pan. Con esa fuerza interior que te impulsa a
darte, sal al encuentro de otro. Mira los ojos del que te necesita. Condúcelo
por tus sendas y veredas... No tengas miedo de compartir tu caminar.
- Compartiendo la vida puedes gozar de ella. Si realmente encuentras
tu paz interior y quieres seguir descubriendo tus talentos, no tengas
miedo de compartir tus sueños y esperanzas. Con tu amigo, con
tu pareja, con tu ser querido, con aquél que te inspira confianza,
comparte tu vivencia interior. No te quedes lo que ha nacido para ser
compartido. No guardes tus deseos para tí solo... busca quienes
sueñan como tú. Consigue esa comunidad de hombres y mujeres
para los demás. En tu familia, en tu trabajo, en tu iglesia, crea
espacios de humanidad, de encuentro agradecido, de confianzas compartidas.
Recrea tu vida desde los demás y seguro que tu felicidad se multiplicará.
- Y al final de la jornada alza tu mirada al Señor
de la Vida y comparte con El tu caminar esperanzado. Al atardecer de nuestra actividad
mira siempre de nuevo a Aquél que nos ha dado su propia felicidad.
Desde la propia fragilidad del cotidiano vivir, agradece al Señor
todo el bien recibido y sin miedo comparte con él tus debilidades.
Seguro que el Dios de la Vida transformará con misericordia tus
debilidades y hará brotar de nuevo, en el manantial de tu yo interior,
el amor verdadero para lograr esa felicidad que te hará un ser
pleno.
Por: Padre Miquel Cortés s.j.
Sacerdote jesuíta.
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