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Una
casa con olor a hierba
Las direcciones para llegar a nuestro destino
fueron claras y precisas: debíamos tomar
un camino rural de piedras y atravesar un pequeño
vado al que, luego nos enteramos, los dueños
de la casa que visitaríamos se vieron obligados
a construirle un pequeño y estrecho puente,
ya que más de uno de sus amigos consideraba
peligroso cruzarlo en época de lluvia, aunque
en la estación seca era sólo un riachuelo,
en absoluto amenazador. |