La
franja de tierra que cambió el mundo
y el museo que se construirá para celebrarlo
Por: Mirie Mouynés
Si bien esta historia se inicia hace unos 15 millones de años, el
hecho decisivo que cambió el planeta ocurre hace apenas unos 3 millones
de años. ¡Historia reciente si tomamos como base los 4.7 billones
de añitos que tiene la tierra! Por aquel entonces, América
del Norte y América del Sur estaban separadas por un estrecho de mar
a través del cual fluía libremente la corriente ecuatorial
del Atlántico con dirección al Pacífico. Pero todo estaba
a punto de cambiar en forma dramática y para siempre.
Surge el Istmo de Panamá y la tierra no vuelve
a ser la misma
Escuchar al Dr. Anthony Coates narrar los efectos del surgimiento
del Istmo de Panamá es más emocionante que ver el mejor filme
de Spielberg. Paleogeólogo, Director Ejecutivo del Smithsonian hasta
su retiro, experto en América Tropical, co-fundador del “Panama
Paleontology Project” y autor de innumerables libros y ensayos sobre
el tema, Coates ha dedicado su vida a desentrañar la historia geológica
de la formación del Istmo de Panamá y sus consecuencias.
Quince millones de años atrás comienza a formarse un archipiélago
volcánico que luego evolucionara, en forma lenta pero certera, hasta
convertirse en el Istmo de Panamá. Al construirse este puente natural
entre las Américas, hace unos 3.5 millones de años, ocurre
un intercambio biológico sin precedentes: animales y plantas separadas
por millones de años se encuentran por vez primera y migran entre
continentes, enriqueciendo y modificando la región.
Estos cambios geológicos tienen consecuencias aún más
dramáticas porque, al surgir el Istmo, no sólo se tiende un
puente entre continentes, sino una barrera entre los océanos. Si esta
pequeña franja de tierra no hubiera desviado la corriente del Golfo
de México, los puertos de Europa estarían congelados durante
el invierno, el Mar Caribe no presentaría las características
indispensables para la formación de los arrecifes coralinos (uno de
los ecosistemas más diversos y productivos del mundo), no existirían
las condiciones precisas para que nuestro país tuviera la vasta riqueza
de peces, mariscos y aves marinas que tiene, y el clima mundial sería
diferente.
Y aún hay más. Uno de los efectos más significativos
del desvío de la corriente del Golfo de México por el surgimiento
del Istmo fue el aumento de la humedad atmosférica que, al transformarse
en nieve, dio lugar a los glaciares de la Edad de los Glaciares ocurrida
en los últimos dos millones de años. La Edad de Hielo cambió definitivamente
el clima del mundo entero y sus consecuencias no podían dejar de afectar
a nuestros ancestros.
Los seres humanos, ¿podríamos deber nuestra existencia a Panamá?
Si le preguntas al Dr. Steven M. Stanley, geólogo, graduado en la
Universidad de Princeton, Profesor de Paleobiología de Johns Hopkins
University, ganador de innumerables honores y reconocido autor de obras de
paleontología, paleología y evolución, te responderá inmediatamente
que sí.
En su obra Children of the Ice Age: How a Global Catastrophe
Allowed Humans to Evolve, el Dr. Stanley sostiene que la crisis ambiental de la Edad de
Hielo, producida por el surgimiento del Istmo de Panamá, afectó la
forma de vida de nuestros ancestros, causando la evolución de la especie
Australopithecus al Homo. Según la teoría de Stanley, la desaparición
de los bosques debido a las heladas, forzó al Australopithecus a descender
de las copas de los árboles y asentarse en la tierra. O se adaptaba
y evolucionaba, o perecía. Se adaptó, evolucionó -un
cerebro más grande, la postura erecta- y surgió una nueva especie:
el Homo, ancestro directo del hombre moderno.
Biodiversidad: consecuencia directa de ser puente
y barrera
El término “biodiversidad”, acuñado
por el Dr. Edward O. Wilson de Harvard University, literalmente significa “Conjunto
de las especies vegetales y animales que viven en un espacio determinado.” Para
su pequeño tamaño de apenas unos 75,577 km2, Panamá cuenta
con un nivel de biodiversidad extraordinario.
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Tiene más especies de aves, mamíferos,
reptiles y plantas que los Estados Unidos y Canadá juntos.
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En Panamá se encuentran aproximadamente
950 especies de pájaros (equivalente al 10% de TODAS las
especies conocidas), 230 de mamíferos, 224 especies de reptiles,
164 de anfibios, 101 especies de peces de agua dulce (es decir,
más que en ningún otro país de América
Central) y 7,897 especies de plantas. Y estos son los números
de especies conocidas hasta el momento.
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¡En nuestro país habitan también
10,000 tipos de escarabajos y 16,000 tipos de mariposas! En un
estudio realizado en tan sólo 19 árboles, 80% de
las 1,200 especies de escarabajos encontradas eran nuevas para
los científicos.
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En los 15 km2 de Isla de Barro Colorado se han
encontrado -hasta el momento- 1,369 especies de plantas (más
que en TODA Europa), 93 de mamíferos, 366 especies de pájaros,
90 especies de anfibios y reptiles y 300 especies de árboles, ¡más
que en Estados Unidos, Canadá y México juntos!
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Al tener costas en el Pacífico y en el
Mar Caribe, Panamá cuenta con 4,000 hectáreas de
arrecifes coralinos, ecosistema invaluable donde habitan, se alimentan
y se protegen infinidad de especies.
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Considerada como un "hotspot" de la
biodiversidad, Panamá forma parte de dos de las 25 áreas
mundiales reconocidas por la comunidad de Conservation International
como hotspots. Estos "puntos calientes" abarcan apenas
1.4% de la superficie de la tierra, pero son el hogar de más
del 60% de toda la flora y la fauna mundial, de allí su
importancia en la conservación y el estudio de la biodiversidad
y los ecosistemas.
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Desde su nacimiento y por tradición,
Panamá es también una encrucijada de gente, culturas
e ideas. Si bien el indio, el blanco y el negro constituyen las
raíces de uno de los más intensos mestizajes del
continente americano, nuestra historia como país puente
nos ha enriquecido con cinco pueblos indígenas y con la
mezcla racial de gente de ascendencia española, de África,
del Caribe, Europa, China, India, el Medio Oriente y América
del Norte.
Museo Puente de Vida: punto de encuentro entre el arte y la ciencia
Una historia como la del Istmo de Panamá debe ser contada. No, más
bien exige ser proclamada al mundo entero, porque si bien se trata de los
antecedentes de la formación del Istmo de Panamá, sus consecuencias
marcaron el desarrollo del planeta. Es nuestra historia,
pero pertenece a todos los seres humanos y, como tal, debe ser celebrada
por todos.
Los primeros en quedar boquiabiertos con la grandeza de Panamá seremos
nosotros mismos, los panameños. Día a día vivimos en
este paraíso, en este Istmo pequeño en tamaño, pero
inmenso en su riqueza natural y cultural, sin darnos cuenta de lo que tenemos.
Es por eso que un grupo de incansables y tenaces panameños se atreve
a soñar, hace más de 5 años, con la posibilidad de construir
un museo que celebrara nuestra historia natural, sus efectos en nuestra cultura
y su importancia para todo el planeta. Un sitio que nos hiciera sentir orgullosos
de lo que tenemos, de dónde venimos y de quiénes somos.
Pero una historia tan singular no merece ser contada como tantas otras.
La suerte que nos caracteriza toca una vez más a nuestra puerta en
las figuras de Frank Gehry y Bruce Mau. Reconocido como el arquitecto más
importante del siglo XXI, el Picasso de la arquitectura, Frank Gehry ha reinventado
la arquitectura y el diseño como sólo los genios pueden hacerlo.
Ha recibido todos los premios y honores imaginables, pero son sus obras las
que se levantan a proclamar su visión única y las que permanecerán
más allá de su fama. Además, Frank Gehry tiene algo
que no todos los arquitectos famosos tienen: su mujer, Berta Isabel Aguilera,
es panameña y, de esta coincidencia prodigiosa, nos beneficiaremos
todos.
En la Calzada de Amador, a la entrada del Canal de Panamá, comenzará a
construirse el año próximo la primera obra de Frank Gehry en
Latinoamérica: el Museo Puente de Vida, Museo de la Biodiversidad,
un edificio de movimientos y colores tan extraordinario como el vuelo de
una mariposa o el colorido de nuestra flora. Si bien el edificio en sí atraerá la
atención del mundo entero, las exhibiciones que albergará,
diseñadas por Bruce Mau –el gurú del diseño actual-,
prometen desafiar todas las ideas que se tienen de un museo de historia natural.
Definir a Bruce Mau y a los miembros de Bruce Mau Design Inc. como diseñadores,
sería aprisionarlos dentro de los confines de un término muy
limitado; hacerlo no sólo sería injusto, sino equivocado. Visionarios,
artistas, comunicadores, filósofos, escritores, transgresores y, sobre
todo, dispuestos a aceptar retos, Mau y sus asociados han participado en
proyectos tan variados como el diseño de libros, tiendas, imágenes
corporativas, filmes, paisajismo, logos, revistas y exposiciones en museos,
entre otros. Si alguien tiene la visión para traducir en imágenes
y diseños impactantes la historia del surgimiento del Istmo y sus
consecuencias y la extraordinaria biodiversidad que hay en Panamá,
sin duda sería Bruce Mau, aseguró Gehry desde el inicio.
Una visión diferente para un museo diferente
Durante los últimos tres años y luego de intensas sesiones
de intercambio de conocimientos con profesionales del ámbito científico,
tecnológico y cultural de Panamá y del extranjero, y gracias
al invaluable aporte de profesores y científicos del Instituto Smithsonian
de Investigaciones Tropicales (STRI) y de la Universidad de Panamá,
los miembros del estudio de Bruce Mau han diseñado y pulido el concepto
de ocho exposiciones interactivas y completamente innovadoras. Panamá los
ha cautivado y cada una de las galerías del museo refleja la pasión
que sienten por el proyecto.
A diferencia de la mayoría de los museos de historia natural, Mau
no ha concebido las exposiciones como centros de acopio de información,
sino como modelos funcionales e interactivos que representen la grandeza
de la historia del surgimiento del Istmo y sus consecuencias. Más
que llenar al visitante de conocimientos, cada una de las galerías
lo dejará maravillado, despertará su curiosidad de manera tal
que, cuando salga, querrá continuar aprendiendo y descubriendo las
extraordinarias riquezas que Panamá ofrece. Como bien afirma Mau,
el verdadero museo es Panamá.
Nadie mejor que Kevin Sugden, arquitecto y biólogo canadiense, socio
de Bruce Mau encargado del proyecto, para llevarnos de la mano a través
de las galerías que formarán el cuerpo del museo. Su entusiasmo
es contagioso y, cuando comienza a hablar de las maravillas que tendrá el
museo, entendemos por qué. Iniciamos nuestra aventura a través
de La rampa de vida, exposición y sendero con un espectacular mural
de vidrio de colores de unos 14 metros de largo por 8 de alto donde aparecen
imágenes de la vasta riqueza natural de nuestro país. Llegamos
a Panamarama y quedamos inmersos en un espacio de tres plantas de alto, piso
de vidrio y 14 pantallas de proyección que nos reciben con una presentación
audiovisual de las maravillas de Panamá, la historia de su formación
y lo que el Museo Puente de Vida ofrece.
Pasamos a La creación del puente sala que explica, en forma interactiva,
los fenómenos geológicos que propiciaron la creación
del Istmo a través de enormes esculturas rocosas de unos 14 metros
de alto, compuestas por fósiles, artefactos, sedimentos y muestras
que podrán ser examinados por el visitante. Dos mundos se
encuentran es una representación dramática y artística del gran
intercambio biótico resultante de la creación del puente. Caminaremos
entre enormes esculturas de animales de diversas formas y tamaños,
con aves volando sobre nuestras cabezas y paredes cubiertas por mosaicos
que representan plantas e insectos partícipes de este intercambio.
Se desciende al atrio inferior, donde encontramos un espacio dedicado al
Hombre en el Istmo, galería de llamativas columnas iluminadas con
imágenes e información arqueológica, etnobotánica,
mitológica, sociológica e histórica representando la
fascinante historia del hombre panameño y de la interrelación
de la cultura humana y los paisajes naturales del Istmo. Llegamos a la
División
de los océanos espacio extraordinario que, entre otras cosas, tendrá dos
acuarios semicilíndricos de dos pisos de alto: uno con los peces y
ambiente del Pacífico y el otro con los del Caribe, océanos
divididos por nuestro Istmo como barrera terrestre. Ambos acuarios serán
interactivos y buzos se sumergirán para hacer presentaciones en vivo
a los visitantes.
La Sala de la interdependencia nos mostrará la importancia de mantener
y respetar el balance y la relación entre los seres vivos. En esta
representación, se colocará al hombre en el fondo de la pirámide
de vida para demostrar que tan sólo somos una ínfima parte
de esta cadena, pero de nosotros depende su protección, que también
será nuestro futuro. Por último, llegamos a Panamá,
centro de la red un espacio interactivo que invitará a los visitantes
a explorar la relación entre Panamá y el mundo y a descubrir
todo lo que Panamá tiene para ofrecer. Pantallas, computadoras, webcams que nos dejen ver en vivo las consecuencias de El efecto Panamá son
tan sólo algunos de los atractivos de este espacio.
Esto es apenas un vistazo a lo que será el Museo
Puente de Vida,
sitio que abrirá sus puertas en el año 2006. Panamá Puente
de Vida, Museo de la Biodiversidad: un punto de referencia para los amantes
de la arquitectura y de las ciencias naturales, un sitio extraordinario rodeado
de jardines botánicos colmados de la flora exuberante que nos rodea.
Panamá tendrá una obra que será visitada y admirada
por millones de extranjeros pero, mucho más que eso, contará con
un sitio mágico que celebrará nuestro país, es decir,
la historia del surgimiento de una pequeña franja de tierra que, desde
hace unos cuantos millones de años, cambió la faz del planeta.
* La autora es propietaria
de Allegro.
Fotografías cortesía de la Fundación
Amador.