Biodiversidad
panameña: un recurso en alta consideración
Por: Consuelo Tomás Fitzgerald
¿Qué tienen en común Madagascar, Nueva Guinea, Vietnam,
Hawai, Jordania, Filipinas y Panamá? Además de ser países
en desarrollo, todos ellos han sido seleccionados para participar en una interesante
y prometedora aventura: la búsqueda de nuevos medicamentos naturales
en los bosques tropicales y en los arrecifes coralinos, una importante iniciativa
que podría, en un futuro no muy lejano, contribuir a aliviar serios
problemas de salud en el mundo entero.
Y es que la conservación y aprovechamiento de su rica biodiversidad,
unido a su comprobado potencial para la investigación científica
en el campo de la salud y la agrociencia, ha colocado a estas naciones en una
posición privilegiada, permitiéndoles ser dotadas de importantes
recursos para la investigación científica por parte de prestigiosas
entidades estadounidenses como los Institutos Nacionales de Salud (NIH), la
Fundación Nacional de Ciencias (NSF), y el Departamento de Agricultura.
Estas y otras agencias federales de Estados Unidos decidieron, hace aproximadamente
una década, aportar fondos para dotar de recursos a proyectos de bioconservación
definidos en diversos países en desarrollo, proyecto que se denominó ICBG
(Grupos Internacionales Cooperativos de la Biodiversidad).
¿Por qué Panamá?
Lo explica un ferviente entusiasta de la biodiversidad panameña, el
Dr. Todd Capson Ph.D, coordinador del ICBG Panamá e investigador principal
en uno de los programas, quien tiene siete años de vivir en nuestro
país: "Panamá tiene las mejores condiciones para desarrollar
este tipo de proyectos. Tiene 40% de cobertura boscosa muy diversa; el 25%
de su territorio está en áreas protegidas; posee mucha costa,
y la mayor biodiversidad en el mundo".
Las condiciones para la bioprospección o búsqueda de nuevas
fuentes naturales de medicamentos están ampliamente dadas. Pero: ¿Qué pasa
con la capacidad científica para realizar estos estudios, que requiere
insumos, laboratorios, gente muy calificada? Tampoco nos quedamos cortos. El
Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) tiene alrededor
de 80 años investigando la biodiversidad panameña y facilitando,
mediante becas y pasantías, la formación de una considerable
cantidad de personal panameño que ha ido, con los años, haciendo
frente a importantes investigaciones. Esto incluye la colaboración con
instituciones panameñas de formación de recurso humano y ejecución
de proyectos científicos tales como las del Instituto de Investigaciones
Científicas Avanzadas y Servicios de Alta Tecnología (INDICASAT),
el Instituto Gorgas y la Universidad de Panamá.
El Dr. Eduardo Ortega Barría, un oriundo de La Chorrera cuyo tesón
y un préstamo del IFARHU lo llevaron a Estados Unidos a realizar estudios
universitarios que, una vez culminados, le permitieron trabajar en prestigiosas
universidades de ese país durante varios años, también
está muy involucrado con el proyecto del ICBG en nuestro país.
Nos indica, con una amplia sonrisa, que "mi participación en ICBG
empezó cuando dirigí, desde el Instituto Gorgas y recién
llegado a Panamá, el experimento de unas estudiantes de tesis para detectar
el ADN de los parásitos de ciertas plantas que causan la enfermedad
conocida como la malaria. Después de un año y medio de trabajo
y dedicación, este esfuerzo rindió sus frutos.
Esta metodología,
planteada sin la necesidad de utilizar radioactividad, como comúnmente
se realiza, fue presentada al STRI para ver cómo se conseguían
más recursos para patentarla. Fue aceptada. Hoy día, ya existen
dos patentes de este tipo. Las estudiantes que trabajaron en el proyecto hacen
sus doctorados en Italia y nuestro laboratorio es uno de los mejor dotados
en Centroamérica. Se han hecho cursos con estudiantes de otros países
para enseñarles la metodología; se ha publicado en prestigiosas
revistas científicas de Estados Unidos y pensamos donarlo a la OMS y
a países pobres. Los laboratorios privados que quieran utilizar la patente
tendrán que pagar por ella. El recurso humano está ahí,
entre los jóvenes. Sólo que hay que darle valor, hay que tenerles
fe".
El Dr.Ortega, vinculado al INDICASAT y quien decidió regresar a Panamá para
aplicar sus conocimientos científicos pese a tener una oferta de enseñanza
en la prestigiosa Universidad de Stanford, en California, es realmente un mentor.
Muchos estudiantes hacen fila para poder trabajar con él, la mayoría
del interior del país. No se les puede seleccionar a todos. Investigar,
en ciencia, requiere de ciertas condiciones personales, que van más
allá de ser buen o regular estudiante. Afortunadamente, el buen ojo
del Dr. Ortega suele acertar y muchos de los estudiantes de los cuáles él
ha sido tutor se encuentran hoy haciendo maestrías y doctorados en universidades
de Europa. La idea es que puedan regresar y trabajar aquí en su tierra,
para beneficio del mundo.
ICBG en Panamá: trabajo en equipo
En la actualidad, el ICBG Panamá incluye la participación del
Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales como ente coordinador,
la Universidad de Panamá, la Autoridad Nacional del Ambiente, la Secretaría
Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación, la Fundación
Natura de Panamá, los laboratorios Novartis y Dow Agrosciencies. Se
cuenta, también, con colaboradores académicos en prestigiosas
universidades del mundo, así como de instituciones privadas farmacéuticas.
El Dr. Capson explica que la comunicación entre todas estas instituciones
es fluida, porque las reglas del juego están definidas desde el principio,
en blanco y negro. ¿Qué pasaría si se lograra patentar
un medicamento para enfermedades tan severas como el cáncer? La relación
de los beneficios económicos del proyecto, en caso de haberlos, sería
justa e igualitaria, fundamentalmente destinada a permitir la continuidad de
los programas de conservación de la biodiversidad del país y
proteger la propiedad intelectual de los investigadores. El Dr.Ortega agrega
que el hecho de que el STRI coordine y administre el proyecto favorece y facilita,
no sólo por el prestigio y la credibilidad que tiene, sino porque hace
más expedita la importación de material necesario en los trabajos
de laboratorio y de campo.
En la actualidad, se realizan estudios de campo para la búsqueda y
descubrimiento de productos con potencial farmacéutico y agrícola,
en plantas, algas marinas y corales en áreas conservadas tales como:
el Monumento Natural Barro Colorado, el Parque Nacional Soberanía, el
Parque Nacional Altos de Cerro Campana, el Parque Nacional Chagres, el Parque
Nacional Volcán Barú, el Parque Internacional La Amistad, la
Reserva Forestal Fortuna y el Parque Nacional Omar Torrijos Herrera. Se espera
encontrar compuestos para tratar enfermedades como la leishmaniasis, mal de
Chagas, la malaria, el HIV y diversos tipos de cáncer, así como
para combatir hongos y parásitos que afectan los cultivos agrícolas.
El Dr. Capson revela que estos estudios en un área de tanta biodiversidad
como Panamá no sólo son altamente positivos, sino potencialmente
rentables. Para alcanzar esta rentabilidad, el país debe comprometerse
seriamente con la conservación del medioambiente, por un lado, y por
otro participar ampliamente en todo el proceso de buscar medicamentos, desde
identificar una planta prometedora hasta caracterizar y probar los compuestos
químicos activos, lo que implica:
- Identificar la planta o el bioorganismo
- Aislar sus compuestos
- Realizar la prueba de laboratorio
- Realizar pruebas clínicas
- Elaborar el medicamento.
En la actualidad, agrega, la mayoría de los países en desarrollo
que cuentan con el recurso natural sólo participan en la parte de exportación
de materia prima, actividad que no genera mayores beneficios. Para obtener
beneficios considerables, el país tendría que participar en las
etapas que agregan valor al recurso. Tendría que llegar a, por lo menos,
aislar el ingrediente, que es algo que puede patentarse. Es, precisamente,
lo que logró el Dr. Ortega y su equipo: guiar el aislamiento de compuestos
que se usan para combatir las enfermedades tropicales con biotecnología
factible para países pobres, lo que ha permitido a su laboratorio lograr
las patentes, prueba fehaciente de que estudiando y aprovechando la rica biodiversidad
panameña, realmente podemos lograr curar enfermedades con nuevos medicamentos
que la naturaleza nos provee.
Importancia de ICBG Panamá, para el mundo
A mayor biodiversidad, mayor la posibilidad de encontrar compuestos factibles
para el tratamiento de enfermedades endémicas como la leishmaniasis
y la malaria que, según explica el Dr. Capson, debido al fenómeno
de recalentamiento global pueden llegar a propagarse en unos 20 años
en zonas en el mundo donde actualmente no existen. Actualmente, la población
en riesgo de adquirir infecciones como malaria, leishmaniasis y el mal de
Chagas alcanza tres mil millones de personas.
La rentabilidad potencial de la biodiversidad panameña aumentará en
la medida en que haya beneficios explícitos para Panamá en términos
de capacitación de estudiantes, mejoras de infraestructura científica,
recursos para la investigación y beneficios económicos que surgen
a raíz del descubrimiento de nuevos medicamentos y técnicas novedosas
para detectarlos.
El ICBG Panamá ha invertido una buena cantidad de recursos (insumos,
dinero, horas-persona) para que los estudios de campo que se hacen en nuestro
país avancen a mejores niveles y generen mayor interés en los
organismos que financian al ICBG. Personal, en su mayoría panameño,
ha logrado inventariar y recolectar, sólo en áreas protegidas,
unas 1,300 especies de plantas. Todavía quedan unas 1,700 hectáreas
de manto coralino, susceptibles de ser investigadas. Adicionalmente, se ha
invertido más de un millón de dólares en mejorar los laboratorios
en Panamá, los que han permitido agilizar los procesos in situ.
Para que esto continúe y mejore, es absolutamente preciso, y en eso
coinciden todos los involucrados, un compromiso serio del país con la
conservación de la biodiversidad. Afortunadamente, señala el
Dr.Capson, un país como Panamá que no ha tenido un historial
de movilización ambientalista, comienza a ver nuevas generaciones de
panameños y panameñas con una conciencia conservacionista más
responsable. Esto se constituye en una esperanza para frenar los 519 kilómetros
cuadrados de bosque que se pierden cada año y la acelerada degradación
del manto coralino, pérdidas que pueden implicar la merma de la posibilidad
de que Panamá se constituya también en fuente de recursos e investigaciones
científicas para el bien de la humanidad.
Fotos cortesía del STRI (Marcos Guerra, Gian Montufar, Rafael Aizprúa).