Junio 2004  
 
 
Tiraje Tarifas Anunciantes
Cuerpo y Alma
Viviendo a Plenitud
 

                     
Vitaminas: verdades y mitos

Recomendaciones diarias alimenticias
Vitaminas solubles en agua:
Tiamina (B1) 1.1 – 1.2 mg
Riboflavina (B2) 1.1 – 1.3 mg
Niacina (B3) 14 – 16 mg
Acido Pantoténico 5 mg
Biotina 30 ug
Piridoxina (B6) 1.3 mg
Acido Fólico 400 ug
Vitamina B12 2.4 ug
Vitamina C 75 – 90 mg
Vitaminas solubles en grasa:
Vitamina A 700 – 900 ug
Vitamina D 5 – 15 ug
Vitamina E 15 mg
Vitamina K 90 – 120 ug

Las vitaminas son nutrientes esenciales de la alimentación humana, pues el organismo no puede producirlas. Para que reacciones bioquímicas claves tengan lugar, sólo se necesitan cantidades muy pequeñas de vitaminas, en microgramos o unos cuantos miligramos.

Las vitaminas del complejo B, o solubles en agua, participan en las reacciones bioquímicas del metabolismo intermediario y de óxido reducción. En este grupo se encuentran, entre otras, la tiamina, la riboflavina, la niacina, la piridoxina, la vitamina C y el ácido fólico.

Las vitaminas solubles en grasa, las cuales no se eliminan fácilmente, se designan con las letras A, D, E y K. La vitamina A es necesaria para la visión, para el crecimiento, la diferenciación celular y el desarrollo normal. La vitamina D participa en la regulación del metabolismo del calcio y del fosfato. La vitamina E es antioxidante; y la vitamina K se requiere para la coagulación sanguínea.

Las deficiencias o carencias de vitaminas pueden causar enfermedades importantes como el beriberi, por deficiencia de tiamina; la pelagra, por deficiencia de niacina; el escorbuto, por deficiencia de vitamina C; y el raquitismo, por deficiencia de vitamina D. La deficiencia de vitamina A puede llevar a ceguera permanente. Sin embargo, los cuadros clásicos por carencia de vitaminas pertenecen al pasado y actualmente sólo se observan deficiencias subclínicas de vitaminas en enfermos, alcohólicos y ancianos.

Uno puede obtener las cantidades de vitaminas que necesita a través de una alimentación variada, completa y adecuada. Por ejemplo, una naranja mediana proporciona 70 mg de vitamina C, cerca de la recomendación diaria para un adulto. Una presa de pollo de tres onzas cubre las necesidades en niacina; un bistec de hígado frito de tres onzas suministra la dosis diaria de riboflavina y, a su vez, de vitamina A; y una chuleta de puerco sin grasa de tres onzas proporciona 1 mg de tiamina.

Algunas personas sostienen que las vitaminas en cantidades altas, que superan las recomendaciones diarias alimenticias, son eficaces en la prevención y en el tratamiento de enfermedades. Por ejemplo, se dice que suplementos de la vitamina C pueden reducir los síntomas y la duración de las infecciones respiratorias altas, así como prevenir ciertos tipos de cáncer, la enfermedad cardiovascular y las cataratas. Sin embargo, no hay evidencias que demuestren esto. Tampoco se ha confirmado que la piridoxina, en dosis altas, sea eficaz en el tratamiento del síndrome del túnel carpiano, la tensión premenstrual, la esquizofrenia, el autismo y la neuropatía diabética.

Aunque se postula que dosis altas de vitamina E impiden la oxidación del mal colesterol (LDL) y podrían reducir el riesgo de enfermedad coronaria, el peso de la evidencia es en contra de cualquier beneficio, a corto o largo plazo, de suplementos de vitamina E en pacientes con o sin enfermedad cardiovascular. Tampoco se ha logrado demostrar ningún beneficio de la vitamina E para prevenir el cáncer.

Por otra parte, los suplementos con beta caroteno, un precursor de la vitamina A, han fallado en reducir el riesgo del cáncer. Incluso, una ingesta del orden de 3,000 microgramos (ug) de vitamina A, por día, podría ser inconveniente y se ha relacionado con riesgo aumentado de fractura de cadera y con defectos congénitos, si se administra durante el embarazo.

En verdad, la única recomendación sustentada es la necesidad de suplementos de ácido fólico para la mujer que puede embarazarse, pues se ha comprobado la reducción en el riesgo de defectos congénitos del tubo neural (como la espina bífida) aún si la mujer toma el ácido fólico antes de salir embarazada. La ingesta óptima de ácido fólico permanece incierta, pero se sabe que una de 400 ug al día puede disminuir los niveles de enfermedad cardiovascular, ya que inhibe los de una sustancia llamada homosisteína, favorecedora de esta condición. Aunque se podría alcanzar una ingesta diaria de 400 ug consumiendo alimentos naturales, la ingesta promedio real es de 200 ug al día.

En conclusión, a través de una alimentación saludable podemos recibir las vitaminas en las cantidades que necesitamos, salvo en excepciones presentadas en ciertos casos particulares.

Habiendo descartado varios de los mitos relacionados a las vitaminas es aceptable señalar que, dada la mayor probabilidad de beneficio que daño y considerando el bajo costo, se podría concluir que una tableta de multivitaminas diaria, que no exceda la recomendación diaria alimenticia de sus vitaminas componentes, tiene sentido para la mayoría de los adultos.

Aunque una tableta de multivitaminas no debe ser sustituto para un estilo de vida o una alimentación saludable, sí es especialmente importante para mujeres que puedan embarazarse, para personas que regularmente consumen bebidas alcohólicas, para los ancianos, para los vegetarianos y para los marginados con una ingesta deficiente de frutas y vegetales.

Por: Dr. Enrique Mendoza
Especialista en Endocrinología
Profesor de Bioquímica y Nutrición


Etica práctica

Mucho se ha hablado, se habla y seguirá hablándose del comportamiento del hombre con sus semejantes. Es de celebrar, por el aparente aumento en el urgente sentido de conciencia que esto representa, que el tema ocupe, gradualmente, mayor espacio en los medios de comunicación y en los foros de debate.

Existe confusión en los términos y conceptos que se usan para referirse al problema de la ausencia del buen comportamiento. Todos necesitamos mayor claridad en definiciones, enfoques, y aplicación práctica, para que el repudio a las acciones y actitudes aprovechadas, injustas, amorales, perjudiciales, arraigue en convicciones firmes y fructíferas.

Así pues, a pesar del reto que esta situación implica para quienes sienten la necesidad de contribuir al mejoramiento de la convivencia social, por la paz y respeto que ello conlleva, y el bienestar y calidad de vida que produce a todos, no es fácil abordar, ni exponer, ni discurrir acerca de estos asuntos, esotéricos para muchos, sin el dominio necesario. Quienes nos aventuramos por estos berenjenales, es porque estamos muy conscientes de la imperiosa necesidad de despertar, en la comunidad, el mayor interés y conciencia por la práctica sencilla y diaria, sin complicaciones ni complejidades etimológicas, conceptuales, ni semánticas, de la solidaridad, de la tolerancia, de la equidad y de la responsabilidad individual y colectiva, para procurar armonía y paz.

Ética y moral suelen confundirse e identificarse. Pero es preciso distinguir entre los términos para ubicar los procesos que los incuban. La moral, que viene de mores, hábitos, costumbres, han conformando, a través del tiempo, un pliego de valores universales auto impuesto por cada comunidad, una cultura, al inicio guiada y conservada por expresiones y modales religiosos. Desde Aristóteles se contrastaba esa virtud, o el principio o el valor moral, con la virtud o el principio o el valor intelectual, como más cerca este último de la ética, un acto de decisión personal frente a los dilemas que le presenta, a cada individuo, la noción básica del bien y el mal. De esta manera, la ética es el lado práctico de la moral. La moral se fundamenta en cierta clase de dogma; la ética presupone plena libertad y capacidad para decidir. Por lo que es, en el fondo de la conciencia de cada cual, donde se encuentran los elementos para no hacer a los demás lo que uno no quiere que le hagan a uno.

¿Y qué significan estos postulados? ¿Obediencia ciega o apego irreparable a credos o a supersticiones que rebasan la razón? ¿O la capacidad individual, que es inherente a la libertad, para decidir y responsabilizarse por lo que hace cada cual?

  • ¿Es ético el abogado que, para sacar provecho de su cliente, usa subterfugios procesales para demorar un pleito; o requiere de honorarios anticipados y desproporcionados, o interfiere para ganar una causa por prescripción legal?
  • ¿Es ético el banquero que condiciona a recompensas la prestación de sus servicios?
  • ¿Es ético el médico que, para medrar mejor, refiere su paciente en entidades oficiales a su clínica privada? ¿O recibe comisión por su referencia, a veces innecesaria, a otro colega, con reciprocidad?
  • ¿Es ético que un jubilado, aprovechando la ventanilla de servicio especial que le concede la ley, tramite recibos de pagos, escrituras, documentos de otros, a veces con indebida remuneración, como un servicio personal prestado, y en perjuicio de quienes se atienen a lo justo tramitando sólo lo propio?
  • ¿Es ético que un empleado, aumentando la carga de sus compañeros, justifique una ausencia inexcusable con un certificado médico comprado?
  • ¿Es ético que un profesor conceda créditos inmerecidos a cambio de favores?
  • ¿Es ético que un estudiante desaplicado aproveche el esfuerzo de uno dedicado, copiando sus pruebas o tareas?
  • ¿Es ético que un comerciante, conocedor de la inferior calidad o defectos de una mercancía, la venda con engaño o a un precio por encima de lo justo y razonable?
  • ¿Es ético que un funcionario desplace a un buen empleado por un pariente o partidario de inferior calificación?

La lista de situaciones anti éticas puede ser interminable y sorprendente para quienes deseen aplicar sus principios y valores. Y digo principios y valores, porque la mayor parte de esas fallas no violan leyes que traen consigo las sanciones penales o civiles inherentes. Así pues, cuando se habla de corrupción no necesariamente responde a falta de ética, sino a reales transgresiones contempladas en la ley, para cuyo cumplimiento no hay discreción de deliberación ni decisión, como en el terreno de los valores y principios, sino obligatoriedad incondicional.

Siempre he afirmado que la mejor forma de reclamar un derecho es cumpliendo, ante todo, con el deber. Entonces se logra la autoridad moral que da fundamento a la exigencia de la ética.

Por: Luis H. Moreno Jr.
Presidente de la Fundación Panameña de Ética y Civismo
Es prohibida la reproducción de los artículos e imágenes que aparecen en esta edición de la revista En Exclusiva. Los artículos publicados representan la opinión de sus autores. La revista En Exclusiva es editada trimestralmente (marzo, junio, septiembre y diciembre) y su distribución es gratuita. Toda colaboración es agradecida, tanto en el caso de artículos como en el de sugerencias que puedan enriquecer el contenido y la calidad de la revista.