De
aspiraciones y metas – tres historias de superación
Por: Julieta de Diego de Fábrega
¿Qué distingue a una persona de otra? ¿Qué fuerza
interior la mueve para romper los esquemas dentro de los cuales el destino parece
haberla colocado? Hay quienes opinan que para llegar a la cima se necesita de
mucha suerte. Hay quienes saben que, si bien un empujoncito de la esquiva suerte
siempre es bienvenido, son la educación y el trabajo los ingredientes
indispensables en la fórmula del éxito.
Nilda Quijano – La mujer en Manzanillo

Nilda Quijano es la mayor de siete hermanos a quienes cuidó y protegió ya
que su vida transcurría en un barrio humilde de Colón. Hoy su familia
es mucho más grande y compleja, pero acepta el reto con seguridad. Como
Directora de Recursos Humanos y de la Comunidad del Puerto de Manzanillo, Nilda
tiene a su cargo casi setecientos empleados y todos los proyectos que la administración
de este grupo de personas conlleva.
Además, crea, implementa y supervisa todos los programas de asistencia
a la comunidad que promueve la empresa, los cuales son muchos y nada fáciles,
pero afirma que las dificultades son pequeñas comparadas con la satisfacción
de ayudar. Su propósito diario es buscar, constantemente, el balance entre
las metas y aspiraciones de la empresa y la calidad de vida de sus empleados.
Desde sus años de estudiante en el colegio Abel Bravo se logra entrever
la calidad humana de Nilda. Su liderazgo fue decisivo para que en 1974, año
de su graduación, 198 de 200 estudiantes obtuvieran su diploma, gracias
a un “programa” de ayuda que Nilda instituye. Ella daba clases especiales
a los alumnos de colegios privados del área, para ayudarse con sus gastos
y los de su familia, y traslada esta experiencia a su propia comunidad estudiantil,
eximiendo del pago a los alumnos más necesitados.
Es común encontrar el nombre de Nilda Quijano en los diarios locales.
Su trayectoria como Presidenta de la Asociación Panameña de Ejecutivos
de Empresa – Capítulo de Colón, miembro destacado del Club
Rotario y de otras asociaciones enfocadas hacia el mejoramiento de la provincia
le han merecido el respeto y admiración de la comunidad.
Completar su educación fue un proceso largo y accidentado, pero siempre
fue su meta. Su infancia transcurre en la comunidad rural de Santa Rita, desde
donde viajaba a la escuela Carlos Clement. Cuando inicia la secundaria ya estaban
instalados en Colón, pero Calle Novena y Amador Guerrero no era exactamente
un barrio fácil. Sin embargo, el modelo de su padre, siempre atento
a la educación, y su enorme fe constituyeron un motor para seguir adelante.
A partir del tercer año de secundaria, Nilda estudia becada gracias
a sus excelentes calificaciones y se gradúa con tercer puesto de honor.
Inicia su carrera de ingeniería en la Universidad Nacional y, luego
de un año y medio, viaja a Tashkent, Uzbekistán, en la antigua
Unión Soviética, gracias a una beca de la Unión Internacional
de Estudiantes. Tenía 19 años, no hablaba ruso y partió con
un dólar en el bolsillo.
Circunstancias personales no le permiten terminar la carrera y a su regreso,
gracias a la nueva lengua que dominaba, empieza a trabajar como secretaria
en International Ciers – Zona Libre, desde donde, luego de 18 años
y un aumento importante de responsabilidades, la transfieren a Manzanillo.
Ese año había decidido volver a la universidad: era un proyecto
que necesitaba terminar. Cursando ya el último semestre de Administración
de Empresas en la USMA – extensión de Colón, la Ulacit
abre un programa de maestría y la aceptan. Vive entre su nuevo trabajo,
el último semestre de estudios de licenciatura, la preparación
de su tesis, sus estudios de maestría y su vida familiar. Se gradúa
Suma Cum Laude con el segundo puesto de su promoción en la USMA. Le
había prometido a su hijo que se graduaría con honores y las
promesas hay que cumplirlas. No conforme con tanto título, se matricula
en un Diplomado Satelital en la Universidad Tecnológica, y recientemente
terminó un postgrado en Mediación.
Actualmente, Nilda puede ver hacia atrás y reconocer que cada una
de las dificultades que enfrentó de alguna manera la enriquecieron;
puede reconocer también que su fe en Dios ha sido un pilar importante
y que, por supuesto, su padre tenía razón cuando le explicó,
desde muy niña, que la educación es el vehículo para
la superación.
El poder del conocimiento - Mahabir P. Gupta
Para conocer de la infancia del Doctor Mahabir Gupta hay que transportarse
a un pequeño pueblo en el sur de la India, a los tiempos cuando el
agua potable era un lujo escaso y la luz eléctrica se conocía
sólo por los libros de texto. Para entender su trayectoria profesional
hay que apreciar el valor que su padre siempre le dio a la educación.
A los 13 años el Dr. Gupta abandona la casa paterna pues la única
forma de terminar la escuela secundaria era asistiendo, como interno, a un
colegio en otra ciudad. Obtiene uno de los tres primeros puestos de honor
de la provincia, mérito éste que le abrió las puertas
de una de las mejores escuelas de farmacia de la India. Repite la hazaña,
esta vez obteniendo el primer puesto de honor, lo que le hace merecedor de
una beca para estudios de maestría, también en farmacia.
Empieza su vida profesional en un centro de investigaciones en la India,
donde tiene un contacto cercano con la medicina Ayurvédica que se
practica en dicho país, la cual se apoya principalmente en el uso
de plantas. Desde ese entonces, no ha dejado de investigar. Se le presenta
la oportunidad de trabajar como Asistente de Profesor en la Universidad del
estado de Washington, tiempo éste que aprovecha también para
terminar su doctorado y, en 1971, se hace acreedor de una beca Alexander
Von Humbolt para estudiar farmacognosia en la Universidad de Munich, Alemania.
Gupta se describe a sí mismo como un hombre curioso. “Todo científico
tiene por fuerza que ser curioso”, afirma, “pero lo más
importante es que a uno le guste lo que hace y que lo haga bien”. Basta
un análisis somero de sus logros para confirmar que es una persona
optimista que cree en el trabajo de equipo y nos asegura que Panamá es
un país rico, no sólo en plantas, sino en personas con un enorme
potencial para las ciencias.
¿
Qué más podría ser un profesor que llega a enseñar
en un país donde ni siquiera habla la lengua, teniendo sólo
un plazo de seis meses para aprenderla? Mucho ha sucedido desde aquel 13
de octubre de 1972, fecha en que Gupta llega a nuestro país, que hoy
considera suyo. Panamá es ya su patria y la de sus tres hijos, a quienes
nunca ha dejado de repetirles las palabras de su propio padre: “El
conocimiento es poder y quien más conocimientos tiene, más
poder tiene”, en el buen sentido, por supuesto.
Gupta conoce la importancia de la flora panameña y conoce también,
de primera mano, nuestras limitaciones en términos de financiamiento
para investigaciones. Se concentra en lo primero y se mueve para lograr acuerdos
que le permitan continuar su trabajo y el de sus colegas. Se siente orgulloso
de haber contribuido con la educación de muchos panameños y,
más aún, de verlos regresar a practicar lo aprendido dentro
de nuestras fronteras. Ahora bien, tiene sus truquitos para lograr sus metas.
A sus estudiantes de tesis, por ejemplo, les asigna temas que de alguna forma
están concatenados. Una investigación completa la anterior
y todos se benefician.
Recientemente, el Dr. Gupta fue honrado por la Asociación Americana
para el Avance de las Ciencias (AAAS, por sus siglas en inglés) por
su esfuerzo continuo en la promoción de la cooperación científica
internacional, en los países iberoamericanos, y por el estudio y utilización
de la biodiversidad como fuente para fármacos nuevos que beneficien
a la población mundial.
Bien merecido honor para un importante promotor del Centro de Investigaciones
Farmacognósticas de la Flora Panameña (Ciflorpan), fundado
en 1992; líder indiscutible en el proyecto CYTED que promueve la cooperación
científica iberoamericana; autor de más de 160 publicaciones
científicas y, ante todo, gran promotor de la educación.
Edilia Camargo – la peregrina de Nuevo Emperador
Pocos rastros físicos quedan ya de la pequeña frágil
y asmática que se crió con sus abuelos paternos en Nuevo Emperador,
Arraiján, pero esa infancia que se desenvolvió entre el trabajo
fuerte de una finca, los estudios y los sueños que surgían
de sus lecturas, están profundamente arraigados en el alma misma de
la Dra. Edilia Camargo.
Recuerda con mezcla de cariño y asombro que su abuelo únicamente
llegó hasta segundo grado de primaria, pero cada noche, al llegar
a casa, se sentaba a leer para sus nietos sobre la vida que transcurría
en otras latitudes. En su casa los recursos no alcanzaban para comprar libros,
pero el periódico bastó para que su abuelo los llevara a conocer
el mundo.
La Dra. Camargo cuenta que hubo en su vida eventos determinantes que la marcaron.
De una forma u otra, todos estuvieron relacionados con su dedicación
a los estudios, su deseo de superación y una perseverancia inaudita,
tanto en su vida profesional como en su presente afición: correr.
Madame Laura Tulia Paredes de Montulé, panameña de nacimiento
y educada en Europa, fue su profesora de francés en el Instituto Nacional
y, en cierto sentido, un modelo para Edilia. Quizás esta admiración
contribuyó a que Edilia pusiera todo su empeño en esa materia,
logrando destacarse inmediatamente.
Al graduarse de Filosofía en la Universidad de Panamá, decide
aplicar a una beca para obtener un Doctorado en esa misma materia, en Francia.
A pesar de que sólo había dos becas oficiales, su currículo
pesa lo suficiente como para que abran una tercera. Edilia parte hacia Burdeos,
Francia, en 1964, sabiendo que no podría volver a Panamá en
los dos años que duraban sus estudios de doctorado. Su hijo pequeño
se queda al cuidado de su padre y, terminado el doctorado, le toca escoger
entre volver al lado de su hijo o continuar los estudios para un Doctorado
de Estado. Su responsabilidad de madre pesa más y opta por volver
a Panamá. Trabaja como profesora de Estética en la Universidad
Nacional de Panamá, escribe para el Dominical y publica algunos ensayos.
Sigue viva en ella su sed de aprender y aprovecha cada oportunidad que
tiene
para ver y conocer. Su participación en un congreso de escritores
afrolatinoamericanos, en Senegal, le permite conocer al presidente Léopold
Senghor, poeta, además de estadista, quien inmediatamente reconoce
el potencial de Edilia y trata de convencerla para que trabaje con él
en la organización de una facultad de arquitectura en dicho país.
Pero el destino llevaría a Edilia por otros senderos, pues enseguida
se le presenta una oportunidad que no rechazaría: trabajar en la UNESCO.
Esta organización la llevaría a vivir en París, Nueva
York y, en los últimos años de su carrera, en innumerables
países del continente africano.
Pero el correr de Edilia no ha sido únicamente por los senderos del
arte y el conocimiento. A sus 66 años, entrenó exhaustivamente
para participar en el Maratón Internacional de la Ciudad de Panamá y,
hace tan sólo unos años, obtuvo una medalla de bronce, la primera
para Panamá, corriendo en la categoría Master durante los XV
Juegos Mundiales de Puerto Rico.
Lo que empezó como un reto existencial se ha convertido ya en una segunda
profesión. Actualmente, Edilia se somete a un entrenamiento riguroso
seis días a la semana porque sabe que correr una maratón es un
trabajo de cuerpo y alma.
Al recapacitar sobre su vida, la Dra. Camargo siente que por más fantásticos
que fueran los sueños que surgían de las lecturas de su infancia,
su vida los ha superado todos. Dejar su peregrinaje para adaptarse a una vida
más tranquila no ha sido fácil pero, al fin y al cabo, es filósofa,
entiende las dualidades del ser humano y reconoce que de esa niña que
caminaba descalza al colegio para no gastar los zapatos, que pilaba arroz,
cargaba agua y amaba los libros, surgió la mujer que a través
de una vida ha superado toda clase de obstáculos para llegar a la meta,
y eso la enorgullece.
Fotos: Ariel Atencio y otras cortesía de los
entrevistados.