Visitantes especiales
Por: Wilkie Dixon
Desde hace un par de años, las personas que viajan al archipiélago
de Las Perlas y quienes viven en las islas ven con mayor frecuencia ballenas
jorobadas.
Dicen que son absolutamente soberbias. Dan coletazos y saltos y “juegan” como
si fueran delfines. Salen del agua casi erguidas y a veces se les puede ver
más de la mitad del cuerpo. Pueden hacer giros de 90 a 180 grados y
luego caen estrepitosamente, lo que provoca una salpicadura de agua colosal.
Una jorobada puede brincar diez veces seguidas. Se ha visto salir del agua
a 2 ballenas al mismo tiempo. Para hacerse una idea más cercana de lo
extraordinario de estos saltos, hay que recordar que una jorobada adulta puede
medir 14 metros de longitud y pesar 40 toneladas. Alguien comentó que “es
como ver un diablo rojo saltando en el mar con una destreza inusitada. Y todo
parece suceder tan lentamente”. Un dato más para completar el
cuadro: cuando salen a la superficie a respirar producen un chorro de aire
y vapor de agua de 2 a 3 metros de altura.
Las jorobadas, producen una serie de sonidos que siguen patrones repetidos.
Es lo que se conoce como el “canto”, que puede durar hasta 30 minutos.
Un análisis de estas canciones concluyó que la jorobadas de una
misma población cantan una canción similar.
Las jorobadas se encuentran en todos los mares. Pero hay poblaciones de jorobadas
que “habitan” exclusivamente el Pacífico norte y otras,
el Pacífico sur. Luego de pasar una temporada en las frías aguas
del extremo norte o sur, en donde fundamentalmente se alimentan, viajan a aguas
tropicales a reproducirse. Cuando están en estas zonas de cría,
las jorobadas casi nunca se alimentan.
Las poblaciones del hemisferio norte viajan de noviembre a mayo a las aguas
de México y Hawai para tener sus crías. Con el mismo propósito,
entre julio y octubre, las jorobadas del hemisferio sur llegan a las aguas
cálidas de Colombia, por ejemplo. En Panamá sucede un fenómeno
bastante singular: a Las Perlas llegan poblaciones del sur y del norte. Es
decir, tenemos dos temporadas de arribo de jorobadas.
El recorrido de una jorobada desde el Polo Sur hasta aguas panameñas
puede ser de 8,000 kilómetros. Sin embargo, no hay certeza acerca de
cuánto tiempo les toma hacerlo.
Según reportó un diario, en septiembre del año pasado,
un consultor de un proyecto de monitoreo ambiental de la bahía de Panamá,
vio dos ballenas jorobadas a “5 kilómetros de la Calzada de Amador
y a unos 8 kilómetros de la Avenida Balboa”. La verdad, no es
frecuente que se acerquen tanto a la ciudad, pero el hecho es que “están
aquí”. Con suerte y un par de buenos binoculares, podríamos
verlas desde la bahía.
La gran duda es si nos darán el placer y el orgullo de seguir visitándonos.
La respuesta es que eso no depende de ellas sino de nosotros y de la capacidad
que tengamos de administrar, de manera racional y sostenible, un recurso que
puede generar conocimientos, empleos y divisas.
El paraíso de las jorobadas
En Las Perlas se están haciendo evaluaciones marinas, en tierra y sobre
la condiciones socioeconómicas de las comunidades asentadas en las islas.
Hay un equipo integrado por investigadores -financiados por la Iniciativa Darwin
(un programa del Reino Unido para preservar la biodiversidad), la Universidad
Heriot-Watt y el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales-, y por
comunicadores de la Fundación Albatros Media, cuya meta es obtener y
divulgar información acerca de los recursos marinos, costeros y culturales
del archipiélago.
¿Por qué llegan a Las Perlas? Héctor Guzmán, coordinador
del equipo de investigación, explica que las jorobadas “buscan
aguas poco profundas para reproducirse. Las Perlas son como un paraíso.
Nadie se mete con ellas, no hay vientos, ni corrientes, ni mareas”. Hay
aguas tibias, ensenadas, y tranquilidad. Hay un montón de islas y ellas
entran y salen con total libertad. “Por dicha, las jorobadas se mueven
donde se sienten mejor. Si las acosan, se van”, advierte Guzmán.
En Las Perlas, las jorobadas encuentran el lugar ideal para los rituales de
cortejo y apareamiento. Allí también nacen los ballenatos, y
las madres los amamantan y los cuidan antes de hacer la travesía de
regreso al Polo Sur. Guzmán explica que “más del 60% de
las aguas de Las Perlas tienen una profundidad inferior a 30 metros”.
Esto contribuye a crear unas magníficas condiciones para que las jorobadas
enseñen a bucear a los ballenatos y para mantenerse a salvo de sus depredadores.
Guzmán señala que Las Perlas es el archipiélago más
grande desde México hasta Ecuador, sin contar las Galápagos.
Las jorobadas siempre han llegado al archipiélago panameño porque
es un magnífico lugar de descanso, pero ciertamente en los últimos
años hay más reportes de la visita de las ballenas a estas islas.
Aparte de ser un privilegio el que estos maravillosos seres lleguen a nuestro
país a tener sus crías, su presencia es un símbolo de
la salud de los mares, tal como nos indicó Alejandro Balaguer, de la
Fundación Albatros. Esto se evidencia en un excelente documental que
hicieron, en el que se hace referencia a otros visitantes y habitantes del
lugar como los tiburones ballena, los corales y otras especies de fauna y flora.
Para que se queden
La experiencia de países como México, con una larga trayectoria
en turismo para ver ballenas, señala que es esencial que Panamá conserve
las condiciones “paradisiacas” para las jorobadas que describen
las investigaciones que se realizan en Las Perlas.
México ha declarado sus aguas como un santuario para las ballenas,
ha reglamentado el turismo para verlas y mantiene un ingreso de divisas sostenido
en este rubro. La declaración de un área marina protegida en
Las Perlas permitiría que Panamá caminara por el mismo sendero.
Pero además, indica Balaguer, un área protegida es una gran cuna
de vida marina que luego se dispersa más allá de los límites
de la reserva, lo que indudablemente significa el mejoramiento de las condiciones
para la pesca comercial y artesanal.
En 1970, la jorobada fue declarada especie “en peligro de extinción”.
En 1979, todo el Océano Indico fue declarado santuario para esta especie.
Si Panamá instituye el área marina protegida de Las Perlas, estaríamos
contribuyendo a formar un gran corredor de protección para las jorobadas,
en todo el Pacífico, en nuestro continente.
Panamá cuenta con la información científica necesaria
para delimitar y crear un área marina protegida en Las Perlas. Pero
eso no es suficiente. Es preciso que la sociedad participe y apoye la creación
de esta área y, sobre todo, como indican Guzmán y Balaguer, es
indispensable definir un “plan de manejo ordenado, sostenible y respetuoso
de los recursos naturales y culturales del archipiélago”. Como
siempre, aunque a veces la realidad se empeñe en negarlo, lograrlo está en
nuestras manos.
Fotos cortesía de Alejandro Balaguer, Fundación
Albatros Media.
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Datos de interés
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Se cree que las ballenas jorobadas datan de la
era de Eocena, hace unos 60 o 65 millones de años.
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Las crías nacen de cola primero, miden
un promedio de 5 metros y pesan alrededor de 3 toneladas. Al principio,
tienen dificultad para
nadar,
por lo que las madres las empujan regularmente hacia la superficie
para que puedan respirar.
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Durante sus seis primeros meses de vida, una
ballena jorobada crecerá diariamente
más de una pulgada y ganará aproximadamente 100 libras, mediante
el consumo diario de 100 galones de leche materna, la más
rica del mundo.
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Cuando una ballena jorobada está cantando, flota suspendida en el
agua, con la cabeza hacia abajo y relativamente inmóvil. Aún
no se sabe cómo crea estos sonidos, que incluyen las frecuencias
más altas y bajas que el ser humano puede escuchar. Al no contar
con cuerdas vocales, algunas evidencias suponen que los sonidos son producidos
por diversas válvulas y músculos, en una serie de cavidades
que se encuentran a través del aparato respiratorio.
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La ballenas jorobadas alcanzan su madurez sexual
entre los 8 y los 12 años
de edad. Copulan en aguas tropicales y paren, en aguas costeras, una cría
cada dos años.
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El negocio de “ver ballenas” representa hoy día más
de $1 billón de dólares anuales a nivel global. Sólo
en una provincia de Chubut, en Argentina, en el 2001 se recaudaron más
de $70 millones en ingresos provenientes únicamente de la observación
de ballenas.
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Se estima que, dependiendo de la promoción en el extranjero, Panamá podría
recaudar mucho más de $50 millones anuales por turismo de observación
de ballenas en el archipiélago de Las Perlas.
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Tips para ver ballenas
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Las embarcaciones con turistas pueden ser un peligro para las jorobadas.
Para evitar el trastorno de sus hábitos o que incluso elijan otros
lugares para reproducirse, es necesario reglamentar esta actividad y
capacitar a quienes manejan las embarcaciones que realizan las observaciones.
Pero usted también puede proteger a las jorobadas de los excesos.
Estos son algunos consejos:
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Utilice siempre un chaleco salvavidas.
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No se acerque a más de 200 metros.
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No se quede más de quince minutos con ellas.
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No las persiga.
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No penetre ni rompa sus grupos.
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No les de alimentos.
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Evite hacer ruidos fuertes, pues sus oídos
son extremadamente sensibles.
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No tire basura, plásticos u otros desperdicios
al mar.
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No nade ni bucee entre las ballenas.
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Evite cambios repentinos de velocidad o dirección.
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No las encajone entre varias embarcaciones.
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