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¿Cómo
acabar con las alergias?
Panamá entra
en su temporada lluviosa usualmente en abril y no se
despide de ella hasta diciembre. Chaparrón tras
chaparrón, nuestro entorno se contamina con
facilidad, sensibilizando así a muchos cuerpos
susceptibles.
La palabra “alergia” parece estar hechizada.
Uno la menciona más de tres veces y aparece. Y es
que, con las lluvias, las alergias son inevitables. Según
el Dr. Bruno Hammerschlag, especialista en asma, alergias
y enfermedades respiratorias, dentro de nuestra población
las alergias más populares son producto de la humedad,
el polvo, el ácaro y el moho.
El cuerpo humano descama sus células muertas constantemente.
En temporadas donde la humedad es densa –especialmente
por causa de lluvias–, estas células se unen
al polvo del ambiente y crean el moho, alimento principal
del ácaro. Este último es un insecto invisible
para el ojo humano, que vive en artículos rellenos
de tela o algodón, como por ejemplo los colchones,
almohadas y peluches.
Una condición genética
Comúnmente, una persona alérgica se identifica
por estornudar, tener picazón, ojos llorosos o la
piel irritada. Lo cierto es que un alérgeno (sustancia
que provoca la reacción alérgica) puede producir
desde problemas respiratorios y estomacales, hasta fatales.
¿Quién es candidato a sufrirlas? Los hijos
de personas alérgicas. Estas reacciones, en su mayoría,
son hereditarias. “Naces con genes que te predisponen
a desarrollar cierta sensibilidad y, a medida que uno se
expone al alérgeno, el sistema inmunológico
responde”, explicó Hammerschlag.
Pero no hay razón para aislar a estos niños
en una burbuja de cristal. Al revés. Estudios médicos
indican que el sistema inmunológico de los niños
debe ser expuesto al ambiente para que desarrolle sus propios
anticuerpos. El proceso se debe dar paulatinamente, ya
que la exposición repentina a miles de bacterias
o alérgenos puede resultar en una reacción
exagerada.
¿Como combatir una alergia?
“Donde hay diagnóstico hay cura”, es
uno de los dichos favoritos del Dr. Hammerschlag, quien
asegura que esto es cierto para la mayoría de las
alergias. A pesar de no poder controlar nuestro ambiente
externo, uno puede hacer lo posible por adaptar el interno,
que es realmente donde pasamos el 80% del tiempo.
Regla número uno: evitar alfombras, cortinas de
tela, muchos cojines, almohadas, sobrecamas de plumas,
artículos de lana, etc. Al preguntarle al Dr. Hammerschlag
cómo saber si un peluche está infectado de ácaros,
contestó: “no tienes que saberlo, te lo puedo
garantizar”. Para eliminarlos, el calor de una secadora
o del sol puede matarlos.
Los animales, en especial los gatos, son el aliado principal
de las alergias. Sus cuerpos descaman células muertas
con más frecuencia que los seres humanos. Si tiene
un animal en casa, evite que éste entre a su habitación.
A la hora de limpiar su cuarto, use soluciones que no
tengan fragancias o químicos muy fuertes. Estas
sustancias pueden irritar sus mucosas. Sin embargo, la
solución debe ser lo suficientemente fuerte para
matar todo tipo de insectos.
Un dato muy importante es no convertir su habitación
en una biblioteca o depósito. Aquellos objetos identificados
como “por si acaso” o “para algún
día” lo único que hacen es acumular
polvo y moho.
Las vacunas antialérgicas existen y son efectivas,
pero se recomiendan solo para personas con un cuadro severo
de múltiples alergias que no responde a tratamiento;
o para quienes su alergia les puede resultar fatal. Existen,
además, múltiples medicamentos en el mercado
que se pueden tomar de manera prolongada, sin ningún
tipo de repercusión.
Preguntas frecuentes sobre las alergias:
- P/. ¿Cuál
es la diferencia entre una alergia y un resfriado?
R/. Los resfriados son producidos por infecciones virales,
no por alergias. Con frecuencia, ocurre que las personas
alérgicas tienen mayor cantidad de células
en el cuerpo a las que se les puede unir un virus de
resfriado. Es decir, estas personas lo pueden adquirir
con mayor facilidad.
- P/. ¿Una persona puede tener una reacción
alérgica sin haberla sufrido antes?
R/. No todas las alergias se desarrollan a temprana edad
y pueden empezar en cualquier momento de la vida. Lo
más
probable es que esta persona esté viviendo su primera
reacción.
- P/. ¿Cuánto tiempo demora el cuerpo
en responder a una alergia?
R/. Las alimenticias, por ejemplo, aparecen usualmente
durante las 24 horas posteriores a la ingesta. Esto no
ocurre igual para algunas alergias medicamentosas que
pueden presentarse hasta 90 días después
del contacto.
- P/. ¿Cómo se diagnostica la causa
de una alergia?
R/. Primero se necesita una historia clínica y un
examen físico. Luego se suele recurrir a la prueba
de IgE, que mide una sustancia producida dentro del organismo
en reacción a algunos alérgenos. Pero cada
caso es particular y puede que la persona necesite pruebas
más específicas para determinar la alergia,
o que sea alérgico pero sin mostrar un IgE elevado.
- P/. ¿Es cierto que los perros con mucho
pelo producen alergias?
R/. Existen alergias relacionadas con el pelo de los
animales, pero lo que más influye es la descamación
de su piel.
- P/. ¿Existen colchones, sábanas
y peluches hipoalergénicos?
R/. Hasta el momento no. Sin embargo, existen forros
para los colchones, almohadas y cobijas que son eficientes.
Por: Ana
Matilde Icaza H.
Propietaria de MGZ Editorial.
En el “ring” de
la vida
Cuando la pelea por la
vida se pone dura, ¡no se deje noquear! Con mucha
sinceridad y basada en una difícil experiencia
personal, la autora nos brinda útiles consejos
para afrontar los problemas y salir triunfantes.
El 2005 comenzó dándome de golpes. Mi hijo
de tres años pescó un virus y estuvo recluido
en el hospital. Estuve “hasta la zapatilla” en
obligaciones laborales y tuve que cancelar mis añoradas
vacaciones. En casa, se dañó mi lavadora
(y de “ñapa”, mi secadora también).
Al poco tiempo, el gobierno me dio otro golpe bajo al cargar
mi disminuido bolsillo con nuevos impuestos que pagar.
Pero el golpe que me dejó casi
nocaut fue enterarme de que mi hija de 6 años estaba
enferma. No solo por unos días, sino por el resto
de su vida. Desde que ella tenía tres años,
intuitivamente he sabido que no encajaba dentro de los
patrones de lo normal en niños de su edad. Le costaba
un mundo hacer cosas sencillas para los demás, como
cantar canciones, interactuar con chicos y hasta nadar
y montar bicicleta.
Finalmente,
meses atrás, obtuve el diagnóstico final.
Mi dulce y hermosa hija, que en apariencia es completamente
igual a otro niño, posee una lesión cerebral.
Ello le ha causado un retraso global en áreas claves
del desarrollo, resultando en problemas motores, del lenguaje,
de aprendizaje y de socialización.
Escuchar que un hijo debe batallar el resto de su vida
con una discapacidad o una enfermedad crónica es
una noticia difícil de tragar para cualquier mamá o
papá. Y yo no fui la excepción. Admito que
la primera emoción fue de gran tristeza, seguida
de su buena dosis de rabia. Las preguntas inevitables surgen: ¿por
qué a mí?, seguida muy de cerca de, ¿tuve
yo la culpa? La “depre” que me autoocasioné al
hacerme estas preguntas fue real y dolorosa.
Y al juntar este macroproblema con los otros golpecitos
que me había dado el destino en el tinglado de la
vida en días anteriores, casi me quedo en la lona
y dejo que me saquen del combate.
La inacción no me duró mucho. El que me
conoce sabe que yo soy bien peleona y no me rindo fácil.
Decidí dejar atrás el dolor, regresar al
combate e irme al contraataque. Los demás problemas
quedaron relegados a plano secundario para batallar en
el futuro, pues capté que uno no puede pelear con
más de un contrincante a la vez y esperar ganar.
Así pues, me concentré en atacar el más
cercano a mi corazón: el de mi hija.
Primero, me informé para saber a qué me
enfrentaba. Consulté con todos los expertos: psicólogos,
fonoaudiólogos, maestras y doctores. Navegué como
maniática la web buscando respuestas a mis preguntas.
Y hablé mucho con amigos y familiares, para desahogar
un poco la pena del corazón.
La segunda prioridad fue establecer un plan. El dejar
de lamentarme y enfocarme en la acción automáticamente
me dio ánimos para la lucha. Así pues, con
el apoyo de mis coaches profesionales, armé un esquema
de tratamientos, la organización en casa y el trabajo
con los increíbles maestros de la maravillosa escuela
de mi hija.
Mi lucha me ha reiterado que en los peores momentos siempre
hay potentes luces de esperanza que iluminan el ring de
la vida. Muchísima gente me ha tendido varias toallas
en los momentos más difíciles.
Puedo reportarles que hoy tengo la seguridad de haber
ganado mi pelea personal. Ahora le toca a mi hija enfrentar
la suya, que no es de pocos asaltos como la mía,
sino para siempre. Y es allí donde he de admitir
que el temor a las peleas que a futuro tendrá que
enfrentar Mandy no se me va. Estoy clarita que sus limitaciones
físicas pueden ocasionarle, mal manejadas, problemas
de adaptación y trastornos psicológicos.
Sin embargo, aunque ansiosa por lo anterior, conmigo tendrá a
una entrenadora apoyándola para enfrentar los asaltos
que segurito vendrán por delante, para que pueda
dar lo mejor de sí sin dejar de ser feliz.
Por mi parte, comprobé que en la pelea de la vida
hay buenos y malos asaltos. Que no se puede enfrentar a
varios oponentes a la vez, pues en la vida real muy pocos
se asemejan a Rocky; y si lo intentas ser, lo más
probable es que termines cansado, desgastado y hasta perdiendo
la batalla.
Observé también que hay contrincantes difíciles
y otros más fáciles. Todos deben ser enfrentados
si se quiere ganar la pelea. Y que sin un buen grupo de
entrenadores apoyándote, estás perdido. Comprendí que
en la batalla puedes quedar con un buen par de moretones,
magullado y hasta cortado, pero si al final ganas la pelea,
olvidas el dolor y recuerdas la satisfacción de
haberlo logrado.
Por: Wendy Tribaldos
Directora del programa educativo Aprendo.