Junio 2005  
 
Tiraje Tarifas Anunciantes
 
Cuerpo y Alma
Viviendo a plenitud
 

                     
¿Cómo acabar con las alergias?

Panamá entra en su temporada lluviosa usualmente en abril y no se despide de ella hasta diciembre. Chaparrón tras chaparrón, nuestro entorno se contamina con facilidad, sensibilizando así a muchos cuerpos susceptibles.

La palabra “alergia” parece estar hechizada. Uno la menciona más de tres veces y aparece. Y es que, con las lluvias, las alergias son inevitables. Según el Dr. Bruno Hammerschlag, especialista en asma, alergias y enfermedades respiratorias, dentro de nuestra población las alergias más populares son producto de la humedad, el polvo, el ácaro y el moho.

El cuerpo humano descama sus células muertas constantemente. En temporadas donde la humedad es densa –especialmente por causa de lluvias–, estas células se unen al polvo del ambiente y crean el moho, alimento principal del ácaro. Este último es un insecto invisible para el ojo humano, que vive en artículos rellenos de tela o algodón, como por ejemplo los colchones, almohadas y peluches.

Una condición genética
Comúnmente, una persona alérgica se identifica por estornudar, tener picazón, ojos llorosos o la piel irritada. Lo cierto es que un alérgeno (sustancia que provoca la reacción alérgica) puede producir desde problemas respiratorios y estomacales, hasta fatales.

¿Quién es candidato a sufrirlas? Los hijos de personas alérgicas. Estas reacciones, en su mayoría, son hereditarias. “Naces con genes que te predisponen a desarrollar cierta sensibilidad y, a medida que uno se expone al alérgeno, el sistema inmunológico responde”, explicó Hammerschlag.

Pero no hay razón para aislar a estos niños en una burbuja de cristal. Al revés. Estudios médicos indican que el sistema inmunológico de los niños debe ser expuesto al ambiente para que desarrolle sus propios anticuerpos. El proceso se debe dar paulatinamente, ya que la exposición repentina a miles de bacterias o alérgenos puede resultar en una reacción exagerada.

¿Como combatir una alergia?
“Donde hay diagnóstico hay cura”, es uno de los dichos favoritos del Dr. Hammerschlag, quien asegura que esto es cierto para la mayoría de las alergias. A pesar de no poder controlar nuestro ambiente externo, uno puede hacer lo posible por adaptar el interno, que es realmente donde pasamos el 80% del tiempo.

Regla número uno: evitar alfombras, cortinas de tela, muchos cojines, almohadas, sobrecamas de plumas, artículos de lana, etc. Al preguntarle al Dr. Hammerschlag cómo saber si un peluche está infectado de ácaros, contestó: “no tienes que saberlo, te lo puedo garantizar”. Para eliminarlos, el calor de una secadora o del sol puede matarlos.

Los animales, en especial los gatos, son el aliado principal de las alergias. Sus cuerpos descaman células muertas con más frecuencia que los seres humanos. Si tiene un animal en casa, evite que éste entre a su habitación.

A la hora de limpiar su cuarto, use soluciones que no tengan fragancias o químicos muy fuertes. Estas sustancias pueden irritar sus mucosas. Sin embargo, la solución debe ser lo suficientemente fuerte para matar todo tipo de insectos.

Un dato muy importante es no convertir su habitación en una biblioteca o depósito. Aquellos objetos identificados como “por si acaso” o “para algún día” lo único que hacen es acumular polvo y moho.

Las vacunas antialérgicas existen y son efectivas, pero se recomiendan solo para personas con un cuadro severo de múltiples alergias que no responde a tratamiento; o para quienes su alergia les puede resultar fatal. Existen, además, múltiples medicamentos en el mercado que se pueden tomar de manera prolongada, sin ningún tipo de repercusión.

Preguntas frecuentes sobre las alergias:

  1. P/. ¿Cuál es la diferencia entre una alergia y un resfriado?
    R/. Los resfriados son producidos por infecciones virales, no por alergias. Con frecuencia, ocurre que las personas alérgicas tienen mayor cantidad de células en el cuerpo a las que se les puede unir un virus de resfriado. Es decir, estas personas lo pueden adquirir con mayor facilidad.
  2. P/. ¿Una persona puede tener una reacción alérgica sin haberla sufrido antes?
    R/. No todas las alergias se desarrollan a temprana edad y pueden empezar en cualquier momento de la vida. Lo más probable es que esta persona esté viviendo su primera reacción.
  3. P/. ¿Cuánto tiempo demora el cuerpo en responder a una alergia?
    R/. Las alimenticias, por ejemplo, aparecen usualmente durante las 24 horas posteriores a la ingesta. Esto no ocurre igual para algunas alergias medicamentosas que pueden presentarse hasta 90 días después del contacto.
  4. P/. ¿Cómo se diagnostica la causa de una alergia?
    R/. Primero se necesita una historia clínica y un examen físico. Luego se suele recurrir a la prueba de IgE, que mide una sustancia producida dentro del organismo en reacción a algunos alérgenos. Pero cada caso es particular y puede que la persona necesite pruebas más específicas para determinar la alergia, o que sea alérgico pero sin mostrar un IgE elevado.
  5. P/. ¿Es cierto que los perros con mucho pelo producen alergias?
    R/. Existen alergias relacionadas con el pelo de los animales, pero lo que más influye es la descamación de su piel.
  6. P/. ¿Existen colchones, sábanas y peluches hipoalergénicos?
    R/. Hasta el momento no. Sin embargo, existen forros para los colchones, almohadas y cobijas que son eficientes.

Por: Ana Matilde Icaza H.
Propietaria de MGZ Editorial.


En el “ring” de la vida

Cuando la pelea por la vida se pone dura, ¡no se deje noquear! Con mucha sinceridad y basada en una difícil experiencia personal, la autora nos brinda útiles consejos para afrontar los problemas y salir triunfantes.

El 2005 comenzó dándome de golpes. Mi hijo de tres años pescó un virus y estuvo recluido en el hospital. Estuve “hasta la zapatilla” en obligaciones laborales y tuve que cancelar mis añoradas vacaciones. En casa, se dañó mi lavadora (y de “ñapa”, mi secadora también). Al poco tiempo, el gobierno me dio otro golpe bajo al cargar mi disminuido bolsillo con nuevos impuestos que pagar.

Pero el golpe que me dejó casi nocaut fue enterarme de que mi hija de 6 años estaba enferma. No solo por unos días, sino por el resto de su vida. Desde que ella tenía tres años, intuitivamente he sabido que no encajaba dentro de los patrones de lo normal en niños de su edad. Le costaba un mundo hacer cosas sencillas para los demás, como cantar canciones, interactuar con chicos y hasta nadar y montar bicicleta.

Finalmente, meses atrás, obtuve el diagnóstico final. Mi dulce y hermosa hija, que en apariencia es completamente igual a otro niño, posee una lesión cerebral. Ello le ha causado un retraso global en áreas claves del desarrollo, resultando en problemas motores, del lenguaje, de aprendizaje y de socialización.

Escuchar que un hijo debe batallar el resto de su vida con una discapacidad o una enfermedad crónica es una noticia difícil de tragar para cualquier mamá o papá. Y yo no fui la excepción. Admito que la primera emoción fue de gran tristeza, seguida de su buena dosis de rabia. Las preguntas inevitables surgen: ¿por qué a mí?, seguida muy de cerca de, ¿tuve yo la culpa? La “depre” que me autoocasioné al hacerme estas preguntas fue real y dolorosa.

Y al juntar este macroproblema con los otros golpecitos que me había dado el destino en el tinglado de la vida en días anteriores, casi me quedo en la lona y dejo que me saquen del combate.

La inacción no me duró mucho. El que me conoce sabe que yo soy bien peleona y no me rindo fácil. Decidí dejar atrás el dolor, regresar al combate e irme al contraataque. Los demás problemas quedaron relegados a plano secundario para batallar en el futuro, pues capté que uno no puede pelear con más de un contrincante a la vez y esperar ganar. Así pues, me concentré en atacar el más cercano a mi corazón: el de mi hija.

Primero, me informé para saber a qué me enfrentaba. Consulté con todos los expertos: psicólogos, fonoaudiólogos, maestras y doctores. Navegué como maniática la web buscando respuestas a mis preguntas. Y hablé mucho con amigos y familiares, para desahogar un poco la pena del corazón.

La segunda prioridad fue establecer un plan. El dejar de lamentarme y enfocarme en la acción automáticamente me dio ánimos para la lucha. Así pues, con el apoyo de mis coaches profesionales, armé un esquema de tratamientos, la organización en casa y el trabajo con los increíbles maestros de la maravillosa escuela de mi hija.

Mi lucha me ha reiterado que en los peores momentos siempre hay potentes luces de esperanza que iluminan el ring de la vida. Muchísima gente me ha tendido varias toallas en los momentos más difíciles.

Puedo reportarles que hoy tengo la seguridad de haber ganado mi pelea personal. Ahora le toca a mi hija enfrentar la suya, que no es de pocos asaltos como la mía, sino para siempre. Y es allí donde he de admitir que el temor a las peleas que a futuro tendrá que enfrentar Mandy no se me va. Estoy clarita que sus limitaciones físicas pueden ocasionarle, mal manejadas, problemas de adaptación y trastornos psicológicos. Sin embargo, aunque ansiosa por lo anterior, conmigo tendrá a una entrenadora apoyándola para enfrentar los asaltos que segurito vendrán por delante, para que pueda dar lo mejor de sí sin dejar de ser feliz.

Por mi parte, comprobé que en la pelea de la vida hay buenos y malos asaltos. Que no se puede enfrentar a varios oponentes a la vez, pues en la vida real muy pocos se asemejan a Rocky; y si lo intentas ser, lo más probable es que termines cansado, desgastado y hasta perdiendo la batalla.

Observé también que hay contrincantes difíciles y otros más fáciles. Todos deben ser enfrentados si se quiere ganar la pelea. Y que sin un buen grupo de entrenadores apoyándote, estás perdido. Comprendí que en la batalla puedes quedar con un buen par de moretones, magullado y hasta cortado, pero si al final ganas la pelea, olvidas el dolor y recuerdas la satisfacción de haberlo logrado.

Por: Wendy Tribaldos
Directora del programa educativo Aprendo.

 

Es prohibida la reproducción de los artículos e imágenes que aparecen en esta edición de la revista En Exclusiva. Los artículos publicados representan la opinión de sus autores. La revista En Exclusiva es editada trimestralmente (marzo, junio, septiembre y diciembre) y su distribución es gratuita. Toda colaboración es agradecida, tanto en el caso de artículos como en el de sugerencias que puedan enriquecer el contenido y la calidad de la revista.