Llena de sensibilidad, fantasía
y realidad, la literatura latinoamericana es reconocida
a escala mundial por su calidad literaria y narrativa
cautivadora. A los lectores que estén interesados
en adentrarse en la maravillosa prosa de nuestra región,
les presentamos una guía práctica para
la lectura de algunas de las obras más populares
de la literatura latinoamericana.
Instrucciones para leer literatura latinoamericana
Por: Gaby Aued
Apenas terminé de leer El Código Da Vinci del estadounidense Dan Brown, o mejor dicho, en cuanto
acabé el libro número uno en todas las listas
de bestsellers, me apresuré a llamar a la persona
que me lo había regalado para exclamarle mi entusiasmo.
Durante
la conversación, me pidió que le recomendara
un libro. Sospechaba que su petición tenía
grandes expectativas. No lo podía defraudar. Debía
ser un libro que cautivase su interés por encima
de lo que El Código Da Vinci había logrado,
lo cual era, sin duda alguna, tarea difícil. En
adición, como ferviente lectora de la literatura
latinoamericana, sentía la obligación de
sugerirle una de las grandes obras de nuestra región.
John Grisham y Stephen King, por escribir en inglés,
quedaban fuera de consideración. Sin embargo, casi
inmediatamente, le contesté, “Cien
años
de soledad”.
Escrita por el Premio Nobel de 1982, Gabriel García
Márquez, Cien años de soledad es la obra
más popular de la literatura latinoamericana. Con
más de 30 millones de copias vendidas en 37 idiomas,
Cien años era una recomendación segura. Además,
según una encuesta, la novela del escritor colombiano
era la más leída y que mayor influencia había
tenido en China en el siglo XX, después de Biografía
de A Q, del escritor Lu Xun. Pensé que si Cien
Años había logrado posicionarse a la cabeza del gusto
de más de 1,300 millones de lectores con una cultura
totalmente diferente a la nuestra, era imposible que me
equivocara en mi recomendación.
Sin embargo, y para mi gran asombro, fallé. “Lo
que sucede es que entre los José Arcadios, los Aurelianos,
los José Aurelianos y los Arcadios Josés,
no podía avanzar sin tener que regresar a leer quién
era quién”, me explicó mi amigo en
un esfuerzo por tranquilizarme y hacerme entender cómo
era posible que no le hubiese gustado Cien años
de soledad.
Esta experiencia me llevó a razonar que las personas
que no leen literatura latinoamericana no lo hacen necesariamente
porque no les guste leer, sino porque les puede ser difícil
entenderla. Lo increíble de nuestra literatura,
a diferencia de otras como la europea de mediados del siglo
pasado, es que logra establecer un fuerte vínculo
con el lector. Lo incorpora a su narrativa como protagonista.
Existen muchos escritores de nuestra región, algunos
más elogiados, otros más populares, los cuales
han creado narrativas tan fascinantes que es innecesario
que los lectores de habla hispana recurran a textos foráneos
para entretenerse. Desde las obras de los premiados Gabriel
García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio
Cortázar, Carlos Fuentes y Juan Rulfo, hasta las
novelas de escritoras latinoamericanas como Isabel Allende,
Laura Esquivel y Angeles Mastretta, nuestros lectores pueden
escoger entre un sinfín de temas, experimentos lingüísticos
y tramas que reflejan la realidad de nuestros países,
pero que sobre todo los entretienen desde la primera palabra
hasta el final.
Para empezar a adentrarnos en la fantasía realista
de la prosa latinoamericana, Como Agua Para Chocolate,
de la mexicana Laura Esquivel, es un buen comienzo. Hasta
el principiante que jamás haya leído una
novela encontrará similitud en un género
literario, si así se le puede definir, que seguramente
ha conocido: la receta. Cada capítulo empieza con
las instrucciones para cocinar tortas de Navidad, codornices
en pétalos de rosas, chorizo norteño y caldo
de colita de res, entre otros. Sin darnos cuenta, nos trasladamos
de una receta a otra, de un capítulo a otro, hasta
quedar condimentados por una historia llena de sensualidad
que narra aspectos de la vida familiar en México
a principios del siglo XX, y la magia que se desata cuando
los personajes prueban cada receta.
Como Agua Para Chocolate fue el libro más vendido
en México en 1990, y sin embargo, es catalogado
por algunos críticos como literatura light, o poco
profunda.
Aunque Esquivel no es la única señalada
por escribir este tipo de literatura, la escritora responde
en una entrevista publicada en 1998 en La Jornada: “Creo
que hoy en la literatura hay un juego intelectual que tiene
más que ver con el ego y decir: ‘escribo en
el Olimpo y estoy alejado de las masas’. Yo no pertenezco
al Olimpo, porque lo que escribo lo entiende todo el mundo
y me leen. Yo me considero una narradora que trata de recuperar
la memoria de la tribu. Si dicen que eso es light y por
ello dicen que no vale la pena, ni modo”.
La narrativa de Esquivel, al igual que la de Miguel Angel
Asturias, y la de los mencionados García Márquez,
Vargas Llosa, Fuentes y Cortázar, incorpora una
técnica muy popular en nuestra literatura, especialmente
en la década de 1960. Esta técnica, llamada “realismo
mágico”, mezcla elementos reales con sobrenaturales,
haciendo que un evento fantástico parezca normal.
Este recurso, por ejemplo, se encuentra al presentar eventos
como el de un cura que levita al tomar chocolate caliente,
y un bebé que nace con cola de puerco.
Si este tipo de técnica le gusta al lector, entonces
la siguiente recomendación sería La
casa de los espíritus, de Isabel Allende. Por su estilo,
y uso de técnicas narrativas, esta saga familiar
ambientada entre la turbulencia política de Chile
del siglo XX, se parece a Cien años de soledad.
La casa de los espíritus apareció 15 años
después, y si hay que compararlos, Cien
años
de soledad es superior al verlo desde un punto de vista
literario. Se podría decir que La casa de
los espíritus no existiría sin Cien años de soledad. Sin
embargo, la novela más popular de Allende es un
clásico admirado. Es intensa, fascinante y llena
de personajes, especialmente de mujeres, que recordaremos
tiempo después de haberla terminado.
La literatura latinoamericana, reconocida globalmente
por su narrativa cautivadora y su calidad literaria, tiene
como a uno de sus más grandes exponentes a Mario
Vargas Llosa. Elogiado desde la publicación de su
primera novela, La ciudad y los perros,
en 1962, Vargas Llosa ha sido uno de los más grandes
contribuyentes a la prosa latinoamericana.
Algunas de sus obras son más complicadas por la
experimentación lingüística que el autor
peruano realiza al narrar. Por ejemplo, encontré La
ciudad y los perros, la historia de los ritos
de iniciación
de un grupo de estudiantes en un colegio militar, un poco
complicada de seguir ya que se divide en capítulos
y escenas que ocurren en tiempos distintos, y en los cuales
los personajes tienen nombres diferentes.
Para empezar a leer a Vargas Llosa, recomiendo La
fiesta del Chivo
, publicada en 2000. Está basada en hechos
reales ocurridos hacia el final de la dictadura de Rafael
Trujillo en República Dominicana. Respaldada por
años de investigación, entrevistas y viajes
a ese país, La fiesta del Chivo atrapa la atención
del lector desde su inicio. La trama empieza en un automóvil
donde disidentes del gobierno dictatorial de Trujillo lo
esperan para asesinarlo. Al terminar de leerla, nos quedamos
con una imagen insólita de lo que fue y significó el
trujillismo para los dominicanos.
Otra obra basada en hechos reales, que también
recomiendo, es Noticia de un secuestro, de García
Márquez. Es un relato verídico, publicado
en 1996, sobre los violentos secuestros de diez personas
perpetrados en Colombia por Pablo Escobar. Todos los datos
en la novela son reales, y la obra es catalogada como “periodismo
literario”.
Como una alternativa a la novela, y para los que prefieren
leer cuentos, los relatos de Jorge Luis Borges, Julio Cortázar,
Carlos Fuentes y Horacio Quiroga, son los mejores. Fuentes
y Quiroga son más fáciles de entender. Este último,
elogiado como el mayor cuentista de la literatura latinoamericana,
de origen uruguayo, tuvo una historia plagada de muerte.
Su padre, su padrastro, sus dos hermanos, su esposa y un
amigo murieron a causa de accidentes y suicidios. Finalmente,
el escritor se suicidó, y años después,
sus dos hijos también. La fatalidad que siempre
lo marcó aparece reflejada en sus cuentos, siendo La gallina degollada y otros cuentos, y Cuentos
de amor de locura y de muerte los más conocidos.
Después de escuchar a mi amigo, me quedé pensando
cómo ayudarle a leer Cien años de soledad.
Para los interesados en someterse a navegar por el inverosímil
y maravilloso laberinto de la familia Buendía, el
primer instrumento que deben llevar es un árbol
genealógico. La edición de Jacques Joset,
de la editorial Catedra, trae uno al igual que un análisis
de la obra. En el internet, también lo podemos encontrar.
Otro instrumento importante para entender la obra es la
voluntad del lector para dejarse llevar por la historia,
y de acercarse a cualquier texto con una mente abierta.
Al fin de todo, fue el mismo García Márquez
quien dijo que los libros no están hechos para ser
leídos palabra por palabra. La literatura latinoamericana
es original de nuestra región, y por ende, propia.
Así mismo nos debemos acercar a su lectura –la
experiencia del lector es únicamente suya–.
Por lo que si confundes a algún José Arcadio
por un Aureliano José, esa será tu lectura
y tu maravillosa experiencia personal.
| Fotos: |
- Gabriel García
Márquez: Grazia Neri / CORBIS.
- Laura Esquivel: James
Leynse / CORBIS
- Isabel Allende: Penni
Gladstone / CORBIS
- Mario Vargas Llosa:
Richard Smith / CORBIS
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