A las 8:15
a.m. del 6 de agosto de 1945 la humanidad sufrió una de sus tragedias
de guerra más grandes y recordadas. La primera
bomba nuclear detonaba sobre la ciudad de Hiroshima...
Una visita a Hiroshima, 60 años después...
Por: Rosa María
Duboy de Motta
Al pensar en Hiroshima, ciudad ubicada en la isla más
grande de Japón, lo primero que nos viene a la mente
son imágenes de algo para lo que nadie estaba preparado. ¿Cómo
era en ese entonces, antes de que todo se convirtiera en
cenizas, esa ciudad cuya tragedia suscitó el final
de la Segunda Guerra Mundial? ¿Por qué ocurrió allí? ¿Cómo
es Hiroshima hoy, 60 años después de que
el reloj de sus habitantes se paralizara sorpresivamente?
Remontémonos a 1945, cuando solo 7 millas de la
ciudad estaban completamente pobladas, sin separación
entre las diversas zonas comerciales, industriales y residenciales.
Hiroshima era una ciudad de gran importancia militar. Tenía
el segundo cuartel de la armada japonesa, que dirigía
la defensa de la parte sur de Japón, y era el centro
de comunicaciones, punto de almacenamiento y área
de agrupamiento para las tropas militares. La población
de Hiroshima había alcanzado su pico de 380,000
habitantes a principios de la guerra, pero para agosto
de 1945, antes del ataque, su población se estimaba
en 255,000 personas, ya que muchos de sus habitantes habían
sido redistribuidos por el gobierno japonés.
Aún sin conocer dónde sería usada,
la decisión de lanzar la primera bomba atómica
había sido tomada por los Estados Unidos desde 1939.
La fecha probable para tenerla lista era el verano de 1945.
Para determinar la fecha y el blanco del lanzamiento, matemáticos,
físicos, meteorólogos y otros diversos especialistas
asistieron a las fuerzas armadas estadounidenses. Algunos
de los factores más importantes que considerar en
la selección del lugar que se bombardearía
fueron: un blanco que causara gran impacto militar en la
población japonesa para acortar la guerra lo más
posible; una ciudad que tuviera gran cantidad de casas
o estructuras construidas muy cerca unas de otras; una
ciudad con una densidad de población alta en un
radio de 1 milla y, finalmente, un blanco que tuviera valor
estratégico militar. De esta manera, se escogió a
la ciudad de Hiroshima como uno de los dos blancos para
lanzar la primera bomba nuclear, siendo Nagasaki la segunda
ciudad.
La primera bomba nuclear, conocida como “Little
Boy”, detonó en el aire a 600 metros sobre
la ciudad de Hiroshima. Al realizar la explosión
en el aire, se aseguraba un fuerte impacto sobre una vasta
extensión de tierra, ya que se reducía a
nada el efecto protector que una estructura podría
producir a otra. Un radio de dos millas (4 millas cuadradas)
de extensión quedó totalmente incinerado
y destruido. Solo unas cuantas edificaciones de concreto
y acero quedaron en pie, pero totalmente quemadas por dentro.
Aproximadamente 66,000 personas: hombres, mujeres, ancianos
y niños, murieron instantáneamente a causa
de los efectos de una sola bomba y 69,000 quedaron heridos.
Muchos de estos heridos murieron en las horas, días
y semanas siguientes.
En nuestra visita a Hiroshima pudimos comprender, a través
del conmovedor testimonio de un sobreviviente, lo que en
ese momento se vivió. “Una luz muy brillante
pasó frente a mis ojos, mi cuerpo se elevó del
suelo donde estaba y caí desmayado por unos minutos”,
nos relató el señor Nakamishi, que en 1945
tenía 15 años. Al momento de la explosión,
se encontraba a 2,700 metros del punto cero, detrás
de una de las pocas edificaciones rígidas de acero
y concreto que sobrevivió la onda expansiva. Cuando
se despertó, no se podía ver nada. Se encontraba
debajo de una inmensa nube de humo. Corrían en su
dirección mujeres, niños, amigos y desconocidos,
todos suplicando por ayuda. “Les untábamos
aceite en sus quemaduras, les vendábamos las heridas
más graves, pero uno a uno todos iban muriendo”.
Después de conocer el pasado de dolor y destrucción
de este pueblo, es impresionante y a la vez cautivador
caminar por una ciudad que se levanta en el mismo sitio
que, hace apenas 60 años, no era más que
cenizas y desolación. Actualmente, más de
un millón de personas habitan esta nueva y moderna
ciudad. Sus amplias avenidas, modernos edificios y centros
comerciales, extensas áreas pobladas de residencias
y comercios, parques y jardines, hacen de la Hiroshima
de hoy una ciudad hermosa y actualizada, en donde se encuentra
una mezcla de comodidad urbana en un ambiente natural.
Además de moderna, Hiroshima es también
una ciudad industrial en donde se realiza parte de la producción
de automóviles y barcos de Japón. Corporaciones
como la Mazda tienen sus fábricas en esta ciudad.
Las industrias manufacturera, farmacéutica y agrícola
también han encontrado en Hiroshima una ciudad apropiada
para crecer y desarrollarse.
Quizás parte del éxito comercial de Hiroshima,
además de su gente y su ubicación, se deba
a que posee un sistema de transporte muy eficiente y avanzado.
Autopistas, aeropuertos, puertos marítimos y un
buen sistema ferroviario permiten que esta ciudad sea un
centro de distribución doméstico e internacional
en Japón.
Por otro lado, Hiroshima es una ciudad muy divertida para
visitar, de día y de noche. Ofrece gran variedad
de teatros, salas de música, restaurantes, bares
y clubes nocturnos. Culturalmente, los museos están
a la orden del día. Los hay de arte moderno y contemporáneo,
de historia, ciencias, artes tradicionales japonesas y
mucho más.
Para los deportistas, en Hiroshima hay mucho que descubrir,
pues existen modernos complejos para practicar el esquí en
nieve, novedosas facilidades para practicar deportes marinos
y, por supuesto, grandes y hermosas canchas de golf.
Los habitantes de Hiroshima viven con todas las comodidades
de la vida moderna y trabajan arduamente en el desarrollo
de nuevas y avanzadas tecnologías para el futuro,
en áreas como biotecnología, nanotecnología,
informática, telecomunicaciones y manufactura.
Pero lo más conmovedor y trascendental de la visita
a esta ciudad es su gente. Pese a lo que cualquiera pensaría,
Hiroshima posee una de las poblaciones japonesas más
cálidas y acogedoras. Las personas están
orgullosas de lo que son y de lo que tienen, y han logrado
superar con creces lo que los marcó. Los niños
en las calles, los adultos en sus pláticas, los
monumentos en los parques, todos recuerdan constantemente
la importancia y la búsqueda incansable de la paz.
Una visita a la Hiroshima de hoy no estaría completa
sin una mirada a lo que quedó del pasado. En esta
ciudad, en donde conviven armoniosamente el pasado, el
presente y el futuro, se mantienen monumentos conmemorativos
de la destrucción y se celebran ceremonias anuales
para recordar a la humanidad esta fecha.
Visitar el Parque Conmemorativo de la Paz, construido
en memoria de todas las personas que murieron a causa de
la bomba atómica, es una experiencia triste pero
enriquecedora. Allí, niños, adolescentes,
adultos, japoneses, norteamericanos y extranjeros a diario
recuerdan, con dolor y esperanza, el horrible efecto del
uso de las armas nucleares y la constante lucha por su
eliminación de la faz de la tierra.
Cada uno de los monumentos pertenecientes al Parque tiene
un mensaje profundo de paz y solidaridad. El Domo de la
Bomba Atómica es el edificio de concreto y acero
más cercano al punto cero que quedó parcialmente
en pie. Se mantiene igual que como quedó después
de la explosión, como recuerdo al mundo de esta
tragedia. El Monumento de la Niñez por la Paz, erigido
en memoria de una estudiante deportista de escuela secundaria
que murió de leucemia como consecuencia de la bomba
atómica, hoy día es símbolo de la
niñez a favor de la paz. El Cenotafio Conmemorativo
es una escultura arqueada que debajo contiene un cofre
con un registro actualizado de los nombres de las personas
que han muerto a causa de los efectos de la bomba atómica.
Todos los años se abre y agregan nuevos nombres
a los 181,000 ya existentes. La Llama de la Paz se mantiene
encendida hasta el día en que el mundo entero esté libre
de las armas nucleares. El Museo Conmemorativo de la Paz
de Hiroshima contiene un registro completo de todo el acontecimiento.
Allí se pueden apreciar fotografías, maquetas
y exhibiciones de artículos rescatados de los escombros.
En la mente de muchos de nosotros el nombre Hiroshima
quedó permanentemente relacionado con la bomba atómica
y la destrucción masiva. Sin embargo, luego de visitar
esta interesante ciudad, se muestra como lo que es: ejemplo
de un pueblo que, frente a una tragedia como ninguna otra,
encontró la unión y la fuerza para salir
adelante. Hiroshima es sinónimo de gente que perdona
y que lucha constantemente por la paz mundial. Es una ciudad
moderna y acogedora cuya visita, además de satisfacción,
proporciona grandes enseñanzas.
Recomendaciones
-
Camine y aprecie
la belleza de los jardines japoneses
con sus pequeños caminos, lagunas
y variedades de flores.
-
Disfrute comida
típica japonesa cenando en el Pueblo
de Midori, una pequeña aldea en
donde podrá apreciar la tradicional
danza Kagura.
-
Coma Okonomiyaki o “pizza japonesa”, cuya versión
de Hiroshima incluye fideos. ¡Una
experiencia diferente y original!
-
Si tiene que
viajar entre ciudades, utilice el Shinkansen o tren bala, uno de los más rápidos
del mundo.
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| Fotos: |
- Destrucción
de Hiroshima: Bettmann / CORBIS
- Tráfico en Hiroshima:
Tom Wagner / CORBIS
- Otras: cortesía
de la autora.
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