Reconocidas figuras a nivel
mundial se unen en Panamá para trabajar hacia el futuro de nuestro ecosistema. A
través de un proyecto local y revolucionario de reforestación
con especies nativas, conocido como PRORENA, este grupo de visionarios
le propone al mundo una solución realista y viable para salvar
al planeta.
Rescatando a Panamá
Por: Gaby
Aued
Edwina von Gal toma un poco de vino blanco, se sirve una porción
de vegetales orgánicos cultivados por ella en su jardín, y
mira hacia el mar a través de las enormes ventanas de su casa estilo
Marcel Breuer en East Hampton, Nueva York. Pensando en sus proyectos, los
cuales incluyen el diseño de paisajes y jardines para las residencias
de Calvin Klein, Ralph Lauren, Gustavo Cisneros y Robert Soros, me dice, “No
puedo esperar a terminar todo mi trabajo aquí y mudarme a Panamá”.
Sin embargo, no se trata de una jubilación en Boquete.
Su primera visita a Panamá fue en el año 2000. Un inversionista
italiano, dueño de gran cantidad de hectáreas en Bahía
Honda, cerca de Coiba, la invitó a ella y a su esposo, Jay Chiat,
el legendario publicista y fundador de la compañía Chiat/Day,
a cruzar el Canal de Panamá en su extraordinario yate.
Un año después, el premio Pritzker de arquitectura, Frank
Gehry, quien diseñaba el Museo de la Biodiversidad, Panamá Puente
de Vida, la llamó para que diseñara a su vez el parque botánico
del museo. Edwina aceptó la oferta sin sospechar que este nuevo proyecto
influenciaría de forma drástica su vida. “Definitivamente
cambió hacia donde voy con mi trabajo”.
Casualidades extraordinarias
La llamada de Gehry fue “otra de esas coincidencias de Panamá”,
dice Edwina acerca de la serie de eventos casuales que la han llevado al país. “Todas
estas cosas maravillosas se han juntado allí para hacerme sentir que
el hacer una diferencia es posible”.
En el 2002, su esposo falleció. Edwina se involucró mucho
más en el proyecto del museo, cuyo parque botánico consistiría
de muestras de especies panameñas. Uno de los retos que enfrentaría
la reconocida paisajista para la selección de las especies es la gran
variedad de árboles que conviven en Panamá y la poca información
que existe. Panamá es un país extremadamente diverso. Tiene
aproximadamente 2,600 especies diferentes de árboles, cinco veces
más que Canadá, Estados Unidos y México en conjunto.
“Aquí en los Hamptons conozco los árboles. Es como una
fiesta donde conoces a todo el mundo. ¡En Panamá, es una gran
fiesta y no conozco a nadie!” dice Edwina, observando el prado verde
entre su casa y el mar.
En busca de ayuda para la selección de especies nativas, Edwina conoció al
banquero panameño Ovidio Díaz Espino, también residente
de Nueva York, quien estaba trabajando con la organización PRORENA
en un proyecto pionero de reforestación con especies nativas de la
región. Díaz Espino invitó a Edwina a su casa en Playa
Venado. Allí, ella conoció a la persona que la podría
ayudar con sus planes en el museo, el ingeniero Mark Wishnie, director de
PRORENA.
Un proyecto fascinante
El Proyecto de Reforestación con Especies Nativas, PRORENA,
fue cofundado en el 2001 por su director, Wishnie. El mismo investiga el comportamiento
y manejo de especies nativas –las más adaptadas para sobrevivir
a largo plazo las condiciones naturales del área–, y los factores
que influyen en las decisiones del uso de las tierras rurales en Panamá,
especialmente para la reforestación.
Más de 50 entidades apoyan a PRORENA. Es liderado por el Instituto
Smithsonian de Investigaciones Tropicales y por el Instituto de Recursos
del Trópico de la Universidad de Yale. “El objetivo de PRORENA
no es el de crear un bosque natural replica de como era el bosque antes”,
dice Wishnie. El objetivo es “encontrar maneras de integrar la siembra
de árboles con las actividades económicas rurales para que
se puedan lograr los objetivos económicos, sociales y culturales de
la gente, y a la vez recuperar algunos de los procesos y servicios ambientales
que existían en el área, como por ejemplo la protección
del suelo y la creación de un hábitat para animales”.
Wishnie explica que uno de los problemas de los bosques que estamos sembrando
es que son muy distintos a los que hemos perdido. Aunque tienen valor, no
dan todo el amplio rango de servicios y bienes que da un bosque natural.
Por ejemplo, el 75% de los árboles sembrados en proyectos panameños
de reforestación son solamente de una especia exótica, la teca.
Los finqueros la siembran porque tiene un valor alto en el mercado y es fácil
conseguir semillas e información. Sin embargo, la ANARAP, Asociación
Nacional de Reforestadores y Afines de Panamá, ha estimado que la
gran mayoría de las plantaciones de teca en Panamá no son rentables
a largo plazo.
Como alternativa, PRORENA estudia el crecimiento del cocobolo, especie nativa
hasta cuatro veces más rentable que la teca, y muy resistente a la
putrefacción. La poca información y la falta de fuentes de
semilla para su cultivo son obstáculos que PRORENA espera sobrellevar
para promover su siembra.
Otro de los proyectos de PRORENA es construir, en una estación que
tienen en Azuero, un centro donde las personas del área puedan ir
a aprender sobre árboles nativos. La arquitectura del centro será amigable
al ecosistema y autosostenible. Edwina le propuso a su amiga Maya Lin, la
célebre diseñadora del Monumento a los Veteranos de Vietnam
en Washington, D.C., el diseño de este centro como ayuda a PRORENA.
Lin, conocida mundialmente por su respeto a la naturaleza y uso de materiales
orgánicos en su arquitectura humanitaria, aceptó, lo cual significa
un enorme honor para nuestro país.
Visionarios del medio ambiente
La preocupación por el medio ambiente ha sido el factor en
común que ha unido a un grupo de inversionistas en Panamá para
apoyar a PRORENA. Dichos inversionistas han comprado aproximadamente 81 hectáreas
de tierras erosionadas en las costas de Azuero para su restauración
ecológica. Me comenta Edwina que, aparte de ella, algunos de estos inversionistas
son: el panameño Ovidio Díaz Espino (el que le presentó al
director de PRORENA), y la antes mencionada arquitecta, Maya Lin (quien está a
cargo del diseño del centro de PRORENA en Azuero).
El plan de este grupo de visionarios es crear un modelo de hábitat
en las tierras que han comprado, para que sirva de enseñanza a nuevos
inversionistas y los motive, a través de su belleza, a reproducirlo.
Apoyándose en las investigaciones científicas de PRORENA, están
evaluando cómo combinar la siembra de árboles con la arquitectura
correcta, considerando el uso eficiente del agua y la electricidad, y la
ubicación adecuada de carreteras para evitar la erosión.
“Muchas personas están viniendo a invertir en Panamá y
quiero dar un buen ejemplo”, dice Edwina. Me comenta que está emocionada
con el potencial de sus proyectos en la tierra que ha adquirido. “Quiero
construir casitas pequeñas, y que cada una sea como un experimento
de diferentes ideas que tengo para crear menos basura, y usar menos agua
y electricidad”.
Por mientras, el primer experimento de Edwina será vivir en un contenedor
reciclado. En su oficina de East Hampton, muy lejos de Azuero, me muestra
los planos arquitectónicos para la adaptación del contenedor. “Construiremos
un techo sobre él para que no sea muy caliente. ¡Si no, me podría
cocinar ahí dentro! Le haré un porche, y una pequeña
cocina. Será como un rompecabezas. Todo saldrá de repente”.
La nueva revolución ecológica
Al preguntarle a Edwina si ella se considera una ambientalista,
me dice riendo: “¡Nunca me consideré activista, pero creo
que me estoy convirtiendo en una!”. Reconsidera su respuesta y me aclara,
en un tono más serio, que sí se considera una ambientalista porque
toma decisiones basadas en su preocupación por el medio ambiente.
Tanto Edwina como los demás inversionistas y los científicos
de PRORENA, forman parte de un grupo de ambientalistas visionarios que dirigen
un nuevo tipo de revolución verde.
La revista El Economista, en su publicación
de abril del 2005, explica cómo este nuevo grupo de ambientalistas,
para salvar el planeta, proponen cuantificar el valor de los servicios prestados
por el ecosistema. Para lograrlo, primero están desarrollando las
técnicas de estudio que permitirán valorar económicamente
el costo-beneficio del medio ambiente. El Economista explica que Panamá es
uno de los países pioneros de estos estudios.
El director de PRORENA me explicó que el caso que impulsó esta
nueva visión ocurrió en Nueva York, en 1997. El agua potable
que provenía de las montañas Catskill estaba perdiendo su calidad.
Construir una planta potabilizadora le costaría al gobierno de Nueva
York de $4 a $6 billones, y más de $250 millones al año en
mantenimiento. El gobierno de la ciudad optó por la opción
más económica: invertir en el medio ambiente. Con $250 millones
ha comprado tierras alrededor de los ríos para evitar construcciones.
Y le paga a los agricultores $100 millones al año para que minimicen
la contaminación del agua.
Por razones similares, la Comisión Interamericana de Atún
Tropical es uno de los colaboradores principales de PRORENA. Ultimamente,
la calidad del agua de mar que abastece su laboratorio en Azuero se ha deteriorado
como consecuencia de la erosión de las tierras deforestadas, amenazando
la cría de atunes. A través de PRORENA, esperan implementar
una solución.
Edwina opina que en Panamá aún estamos a tiempo de hacer algo.
Sin embargo, las cifras le preocupan. Según datos proporcionados por
el Smithsonian, Panamá ha perdido más del 40% de sus bosques
tropicales, y dos millones de hectáreas de tierras están degradadas. “Es
un problema significativo”, comenta por su lado Wishnie. Son tierras
que no sirven ya que “no contribuyen ni con servicios ambientales,
ni económicos, ni sociales” al país.
Un mensaje sobre el futuro
“Panamá me llegó como un regalo”, dice
Edwina. “Es la oportunidad de unir todos mis intereses en un solo lugar,
a la vez, y de contar con la información científica para lograrlo”.
Para una mujer que se preocupa en utilizar plantas que crezcan saludables
y que a largo plazo puedan desarrollarse –la mayoría de sus
proyectos se verán mejor que nunca a los cincuenta años de
ser sembrados– es apreciable el mensaje que Edwina envía a los
panameños. “Piensen a futuro. Si toman la ganancia ahora, no
tendrán nada en el futuro”.
Al despedirme de Edwina en los Hamptons, le dije que me gustaría
participar en la próxima expedición a caballo que estaba organizando
por las tierras costeñas de Azuero, que me encantan las aventuras.
Con una sonrisa cálida y un abrazo, me dijo, “a mí también”.
Fotos cortesía de Edwina von Gal y del STRI
(Gian Montufar).
Para mayor información de PRORENA visite: www.prorena.org