Terriblemente
amenazados a causa de la invasión y destrucción
de su hábitat, los pandas gigantes ocupan
un lugar destacado en las listas de animales cuya
supervivencia se encuentra amenazada. De allí que
cada nuevo cachorro que sobrevive a su nacimiento
es considerado un triunfo en el esfuerzo por salvar
a estos embajadores de las especies en peligro de
extinción.
Vida de panda
Por: Eva Aguilar
La vida del panda gigante no rebosa
precisamente de actividad. Comer y dormir constituyen el
mayor entretenimiento de estos animales que alguna vez
ocuparon extensos terrenos del centro de China, allá donde
las lluvias son torrenciales y la neblina una cortina de
perenne intimidad.
Peluches en blanco y negro, los pandas gigantes no son
solo habitantes milenarios de los vastos territorios chinos,
sino que además son parte de la cultura y la literatura
oriental. Un buen día, sin embargo, esa misma cultura
que los veneraba, se dio cuenta de que la especie se perdía
y los esfuerzos se volcaron para salvarla. Se crearon reservas
para proteger su hábitat y los zoológicos
pusieron en marcha programas para fomentar la reproducción.
Un esfuerzo al que se han unido países de todo el
mundo.
Sin embargo, salvar al panda de la extinción no
es un asunto fácil. Los pandas gigantes forman parte
de ese grupo de animales de gran tamaño (entre los
que se encuentran otros mamíferos y algunas aves)
cuyo sistema y periodo de reproducción son cortos
y poco eficientes. Las hembras del panda gigante solo ovulan
una vez al año y su periodo fértil no pasa
de los tres días. A ello hay que agregar que un
gran porcentaje de los machos son estériles y tienen
una fuerte tendencia a tornarse agresivos a la hora de
aparearse. De lograr concebir, solo uno de los dos cachorros
que suele tener la pareja sobrevive.
No es de extrañar entonces que el nacimiento de
un cachorro de panda, no importa en que lugar del planeta
ocurra, se convierta en un acontecimiento digno de celebración.
Y de fiesta están precisamente en el Parque Zoológico
Nacional de la Institución Smithsonian, en Washington,
donde el 9 de julio nació Tai Shan, que quiere decir “montaña
apacible”, probablemente el panda más promocionado
y observado de los últimos meses.
El nuevo cachorro es hijo de dos estupendos adultos: Mei
Xiang, la hembra, cuyo nombre significa “hermosa
fragancia”, y Tian Tian, que quiere decir “más
y más”. Ambos nacieron en el Centro de Investigación
y Conservación del Panda Gigante en la reserva de
Wolong, provincia de Sichuan (suroeste de China), y son
la segunda pareja de pandas gigantes que acoge el Parque
Zoológico Nacional del Smithsonian. Mei Xiang y
Tian Tian viven en Washington en calidad de préstamo
por un periodo de 10 años, como parte de un programa
de reproducción, investigación y conservación
de esta especie que llevan en conjunto Estados Unidos y
China.
Tras un intento de apareamiento sin resultados positivos
este año, el personal del Parque Zoológico
decidió inseminar a Mei Xiang con el esperma de
Tian Tian, antes de que terminara su periodo de ovulación.
El grupo de veterinarios logró moverse tan rápido
y con tanta efectividad, que cuatro meses después
los resultados ya podían ser vistos por miles de
internautas que entran a la página de Internet del
zoológico para saber sobre el estado de salud de
la nueva celebridad y observar el comportamiento de madre
e hijo a través de la cámara instalada en
la jaula que ambos comparten.
Tai Shan es examinado cada semana para determinar su peso
y su tamaño. Además, se revisa el funcionamiento
de sus pulmones y riñones, y se toman muestras de
orina y materia fecal. No obstante, estos exámenes
tienen un propósito que va más allá de
determinar la salud del cachorro. También están
relacionados con el papel que tienen los zoológicos
en la investigación científica destinada
a colaborar en la conservación de animales que se
encuentran en peligro de desaparecer.
“No se trata de que el cachorro requiera atención
especial por haber nacido en cautiverio; en realidad es
que durante estos exámenes tenemos la oportunidad
de obtener información que podría ayudar
a conservar la especie en su estado salvaje”, explica
Carlos Sánchez, veterinario del Parque Zoológico
Nacional de la Institución Smithsonian, quien realiza
periódicamente los exámenes médicos
a Tai Shan. “Esta información, combinada con
los datos sobre el crecimiento de cachorros de panda gigante
obtenidos en otras instituciones, nos permite entender
mejor el desarrollo y el comportamiento de la especie”.
De acuerdo con Sánchez, Tai Shan está sano
y parece estar creciendo con normalidad. Estas son buenas
noticias para un parque zoológico que ya había
pasado por la misma experiencia con tristes resultados.
En la década de 1980, Ling-Ling y Hsing-Hsing, la
primera pareja de pandas gigantes que albergó el
zoológico, tuvo cinco cachorros de los cuales ninguno
sobrevivió más de cuatro días.
“Todos los nacimientos de cachorros de panda gigante
son importantes”, dice Sánchez. “Pero
debido a su historia, para el Zoológico Nacional
de Washington este es realmente especial”.
La ciencia detrás de la conservación
Los científicos del Parque Zoológico de la Institución
Smithsonian aprenden muchas cosas gracias a Mei Xiang y su pequeño cachorro. “Mei
Xiang ha sido madre por primera vez y su comportamiento nos sorprende cada
día. La experiencia de ver al cachorro crecer, y el ser capaces de registrar
los datos sobre su comportamiento, nos proporciona gran cantidad de información
que podemos compartir con otros investigadores en Estados Unidos y en China”,
comenta el veterinario. “La información nueva sobre esta especie
es abundante y es maravilloso poder obtenerla de primera mano”.
Efectivamente, es mucho lo que los científicos
desconocen aun sobre los pandas gigantes, y es precisamente
esa información la que podría ayudar a salvarlos.
Tanto en Estados Unidos como en China los investigadores
están concentrados en estudiar el punto más
débil del panda gigante: su ineficiente sistema
de reproducción. Se trabaja en el análisis
del esperma de los machos con el propósito de conservar
los genes más saludables y la diversidad genética
de la especie. Además, se analizan las hormonas
que intervienen en el proceso de reproducción de
estos animales. Todo esto permitirá realizar inseminaciones
artificiales exitosas como la que se le hizo a Mei Xiang
este año.
Y es que si la naturaleza dotó al panda gigante
de una única oportunidad al año para concebir
su descendencia, la ciencia parece estar empeñada
en darle el empujón que necesita para que esa oportunidad
no falle.
Además de estudiar su vida reproductiva, los científicos
investigan el hábitat actual del panda gigante (la
mayor parte reservas de bosques fragmentados que a la larga
no son una garantía de sostenibilidad), su nutrición
e incluso se vigila la salud de los animales que viven
en cautiverio con la aplicación de vacunas y cuidados
médicos de prevención.
Los esfuerzos por mantener al panda gigante entre nosotros
son admirables, pero hay tantas cosas que los investigadores
desconocen sobre estos hermosos animales, que es difícil
predecir si llegaremos a saberlas a tiempo para sacarlos
de la lista de especies en grave peligro de extinción,
de la que ellos, para bien o para mal, son su símbolo.
El optimismo, sin embargo, es palpable en aquellos que
trabajan de cerca en ese proceso de investigar para conservar.
“Los pandas gigantes todavía tienen un lugar
en el mundo”, dice Peper Long, vocera del Parque
Zoológico Nacional de Washington. “Una de
las cosas más fascinantes de trabajar con los pandas
gigantes es que son los embajadores más carismáticos
de todos los animales que necesitan ayuda para sobrevivir.
Sin embargo, como ocurre con todas las especies, necesitamos
ser más conscientes de sus necesidades. No podemos
enfocarnos únicamente en la reproducción,
sino que debemos entender su hábitat, su comportamiento
y su psicología. Ya hemos perdido demasiadas especies
y entender cómo toda la naturaleza está íntimamente
relacionada nos ayudará a continuar con la investigación
en materia de conservación”.
Si ese es el camino a seguir, quizás el panda gigante
vuelva a reinar millones de años más en los
bosques de bambú, allá donde las lluvias
son torrenciales y la neblina una cortina de perenne intimidad.
Créditos
fotográficos:
Jessie Cohen, Parque Zoológico Nacional de la Institución
Smithsonian.