Luego de
recorrer casi todo el país en moto, decidieron
hacer lo mismo en España. Ahora nos cuentan
los pormenores de una experiencia que jamás
olvidarán y lo que esta afición significa
para muchos.
Una
pasión sobre ruedas
Por: Jackie Souter
A primera vista nada los delata.
En saco y corbata, parecen hombres de negocios comunes
y corrientes preocupados con los problemas diarios de sus
respectivas oficinas. Sin embargo, sólo basta con
mencionar la palabra “moto” para darse cuenta
que, detrás de la fachada, se esconde algo más.
Inmediatamente salen a relucir almas aventureras, libres
y amantes de la adrenalina, que se arriesgan para hacer
lo que les encanta: montar motos.
“Esto me da ganas de vivir”, dice Ricardo
Paredes, un ingeniero propietario de una moto, cuando habla
sobre su hobby. Para él, sus paseos en moto son
el antídoto perfecto para el estrés y una
gran oportunidad de compartir con los amigos. Igual que
Paredes, Emanuel Lyons, Peter Vallarino y Roberto Boyd,
quienes tienen un club de motociclistas llamado “Halcones
Limayones”, se van de paseo por lo menos una vez
al mes en sus motos. “Lo bonito es pasar un rato
agradable con tus amigos, un rato de esparcimiento sano.
Además, conoces y aprecias tu país”,
asegura Lyons.
Los cuatro montaban motos desde que eran jóvenes,
en El Valle de Antón, aunque siempre usaban motos
de montaña. Hace cinco años se fueron interesando
por las motos de lujo –especiales para las calles– y,
poco a poco, todos quedaron involucrados en esta afición. “Yo
me rompí la clavícula y una muñeca,
y cada vez empecé a montar menos motos de montaña.
De ahí empecé a mirar las motos de calle
y pensé: qué rico irme a El Valle en moto”,
nos comenta Boyd. Ahora todos se van a El Valle en dos
ruedas.
Pero las motos los han llevado mucho más allá.
En sus paseos han ido a Veraguas, Chiriquí y Bocas
del Toro, entre otras regiones del país, y han cruzado
la frontera hasta llegar a Guatemala. Pero nada –y
todos concuerdan en esto– se compara con el viaje
que hicieron en septiembre a España. Los cuatro,
junto a tres puertorriqueños, se pasaron ocho días
viajando en moto por el noroeste de este precioso país.
De pueblo en pueblo
El viaje comenzó en Madrid, subiendo por el norte
y bajando nuevamente por la frontera con Portugal, hasta
terminar de nuevo en la capital española. Aparte
de que no les llovió ni un solo día, quedaron
impresionados con la belleza del lugar. “Las vistas
fueron fantásticas, especialmente en la cordillera
o los picos de Europa. Las calles estaban impecables, no
había un solo hueco y la gente sabía conducir”,
explica Lyons, agregando que lo que ellos buscan al salir
de Panamá es obtener “calidad de calle”:
asfalto liso con curvas moderadas en las que se pueda correr
libremente.
El tramo era relajado. Montaban un par de horas, paraban
a comerse unas tapas, montaban dos horas más y paraban
a almorzar. Luego, en la tarde, montaban un rato más
y al anochecer “turisteaban”. Para cada día
había una persona encargada, quien se ocupada de
la ruta, el tiempo y las actividades que había que
hacer al llegar al pueblo donde dormirían.
Lo más atractivo en este tipo de viajes es la oportunidad
de parar en pueblitos metidos, que pocos turistas conocen.
Y es que este hobby permite a sus aficionados llegar a
lugares de difícil acceso en carro y ver de cerca
regiones que de otra forma quizás jamás podrían
visitar. “Siempre agarramos las calles secundarias,
las que nosotros llamamos tripas de mono”, explica
Boyd, “con el propósito de apreciar bien la
geografía de cada lugar y poder viajar con calma”.
Las motos las alquilaron allá. ¿Lo más
divertido? Cada uno llevaba un auricular y, mientras viajaban,
se podían comunicar. “Hacíamos bromas,
comentábamos y teníamos pregones”,
dice Vallarino. Cuentan que fueron bien recibidos en cada
pueblo, ya que despertaban interés en la gente,
que veía llegar siete motos con siete extranjeros.
Sin embargo, no todo es broma. Siempre había que
estar alerta y enfocado en la calle. Las motos pesaban
alrededor de 600 libras y podían ir a altas velocidades.
Por suerte, ninguno tuvo percances y regresaron sanos y
salvos.
Una afición que crece
A pesar de ser peligroso, montar motos es un deporte que
cada vez atrae a más aficionados. “Siento
que el hobby ha crecido lento, pero ha crecido”,
asegura Lyons. Un vistazo en Internet nos lleva a encontrar
decenas de sitios web con información sobre la última
tecnología en motociclismo, rutas, viajes, y gente
de todas partes del mundo compartiendo sus experiencias.
En Panamá, la afición por las motos tiene
muchos adeptos. La Asociación Panameña de
Motociclismo, creada a principios de los años ´80,
ha crecido hasta tener más de 70 miembros. Y en
la APM hay gente de hasta 80 años. Según
cuenta Lyons, miembro de la asociación, los amantes
del deporte no se cansan y, a pesar de la edad, viajan
largas distancias en sus motos. Por otro lado, Paredes
nos comenta que el club de motociclistas de BMW, al cual
pertenece, cada vez recluta más miembros, fomentando
este deporte en el país.
¿Y qué es lo que hace a este pasatiempo
tan especial entre quienes lo practican? Primordialmente,
que produce diversas experiencias placenteras, la más
importante quizás el sentimiento de adrenalina que
conlleva. Los que montan motos, a pesar de tener personalidades
diferentes, tienen una cosa en común: todos disfrutan
la aventura y el sentimiento de libertad que les da este
deporte.
Muchos, además, disfrutan del mantenimiento de
las motos. Los aficionados buscan siempre la mejor tecnología
para sus motos y siempre están pendientes de “lo último” que
sale al mercado. Son como niños con juguetes nuevos. “Cada
vez que la tecnología cambia alrededor de mi moto,
yo la quiero cambiar porque hace la diferencia”,
asegura Paredes, quien además ha construido un garaje
en su casa, especialmente para su moto.
Y como cualquier hobby, el que lo practica disfruta de
un característico sentimiento de comunidad y compañerismo.
En estos grupos de motociclistas, uno de los mayores placeres
es poder reunirse para compartir su amor por las motos
y sus experiencias con ellas.
¿Y el peligro? Al parecer, por lo menos para los
aficionados a las motos, no es una gran preocupación.
Sus esposas los apoyan, pero les dicen que tengan cuidado
y se los encomiendan a todos los santos. Ellos, por su
parte, se preparan para el reto de la mejor forma posible
y lo disfrutan enormemente: con una energía contagiosa,
se visten con trajes y zapatos especiales de pie a cabeza,
usan cascos, lentes, guantes y todo tipo de gadgets apropiados
para la ocasión. Y esto se aplica a todos los motociclistas,
de diferentes grupos, clubes y hasta de distintas nacionalidades.
Y es que, montar moto, es un hobby diferente, “como
ningún otro”. Según los “Halcones
Limayones”, ellos nunca se cansarán de lo
que hacen. Seguirán haciendo sus paseos a El Valle
y a otras regiones del país, pero entre tanto ya
han empezado a planear su próxima aventura, esta
vez al sur de España.
Fotos cortesía
de los entrevistados.
Más
sobre esta afición...
| La práctica
de hacer turismo en moto se inició en
Europa, donde las calles se prestan para
ello.
Existen cientos de empresas
a nivel internacional dedicadas a organizar
viajes en motos.
En Panamá, hay varios
clubes de motociclismo, incluyendo el Club
de Harley Davidson, el Club de BMW y la
Asociación Panameña de Motociclismo.
La mayoría de las
motos de lujo tienen asientos ergonómicos,
característica importante. especialmente
para viajes largos.
Las condiciones físicas
que se requieren para montar motos son
mínimas.
| Datos
interesantes del viaje... |
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Recorrían
alrededor de 350 kilómetros
al día.
Llevaban trajes
especiales que los protegieron
contra accidentes, insectos y
frío.
El timón
de las motos tenía calentadores
para mantener las manos a una
temperatura adecuada.
Nunca los paró un policía.
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