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Aprendamos sobre
los lunares
Hay que tener mucho cuidado
cuando un lunar cambia de color, crece rápidamente,
sangra sin haber sufrido un traumatismo o cuando los
límites dejan de ser definidos.
Los lunares o nevos son pequeñas
protuberancias o áreas donde cambia el color de
la piel y pueden aparecer en cualquier lugar de la piel
del cuerpo, las mucosas o las uñas.
Los lunares son de color marrón en su mayoría.
También los hay sin color, color piel, azules o
negros. Varían en aspecto, tamaño y forma,
y aparecen a cualquier edad. La gran mayoría no
son peligrosos, por lo que no requieren tratamiento. Pero
algunos tienen riesgo de transformación maligna,
especialmente en personas con algún antecedente
familiar y en jóvenes que tienen muchos lunares
y con historia de quemaduras solares en su infancia y adolescencia.
Un 1% de la población nace con lunares que se denominan
nevos melanocíticos congénitos. Estos tienen
un riesgo ligeramente mayor de desarrollar melanoma que
los que aparecen después. Otros lunares con características
particulares son los nevos llamados displásicos
o atípicos. Estos generalmente son hereditarios,
grandes, con bordes irregulares y color más oscuro
en el centro. Los individuos con nevos displásicos
tienen más riesgo de desarrollar melanoma a lo largo
de la vida.
Los lunares adquiridos son pequeños, menores de
0.6 cms, con color uniforme, de forma oval o circular,
y pigmento de su periferia bien delimitado. Inicialmente
son planos, y con el tiempo pueden abultarse un poco. Un
lunar puede crecer en la adolescencia y esto no es para
asustarse, sobre todo si hay otros lunares creciendo simultáneamente.
¿Cómo se controlan los lunares?
El dermatólogo debe examinar sus lunares periódicamente.
El ABCD son pautas recomendadas para el autoexamen de
sus lunares:
A: Evalúa la asimetría: Hay que sospechar
de los lunares no redondos y que tienen ángulos
asimétricos.
B: Evalúa los bordes: Los lunares irregulares,
con bordes entrantes y salientes, representan un mayor
riesgo.
C: Evalúa el color: Se observan distintos colores
dentro del lunar.
D: Evalúa el diámetro: Los nevos mayores
de 5mm son más riesgosos.
La Academia Americana de Dermatología aconseja
que usted visite a su médico si tiene lunares
con las siguiente características: |
| Lunar presente desde el nacimiento y que sea
palpable.
Lunar que presente un crecimiento rápido,
sobretodo si se desparrama y se hace más
ancho.
Lunar que cambie de forma y que tenga el borde
irregular.
Los que, por su posición, se irriten fácilmente.
Lunar que sangre, pique, se inflame, duela.
Lunar que, por su localización, no pueda
ser observado fácilmente (en el cuero cabelludo,
región ano-genital).
Lunar que aparezca después de los 30 años
o en grandes cantidades (más de 100).
Lunar que cambia de tono o de color. Un
cambio de apariencia en la superficie (por ejemplo,
la formación de costras).
|

Ante uno de estos cambios es aconsejable visitar a su dermatólogo,
quien debería evaluar su piel una vez al año
en personas con antecedentes de problemas de piel, ya que
el melanoma es el cáncer con la mayor mortalidad
y puede aparecer sobre áreas sin lesión previa
o por transformación de un lunar preexistente. Su
diagnóstico precoz es vital ya que los índices
de recuperación son altos si el tratamiento adecuado
se realiza de inmediato, tanto para el melanoma maligno
como para los otros tipos de cáncer de piel. En
la consulta, el dermatólogo deberá decidir
si realizar un chequeo periódico, cada 3 a 6 meses,
o realizar la biopsia del lunar. Este es un procedimiento
simple y que ayuda a establecer el diagnóstico correcto.
Un nevo también puede ser extirpado por razones
estéticas, en consultorio, con procedimientos simples.
Es importante dejar claro que la mayoría de los nevos y
manchas de la piel no requieren ningún tratamiento,
debido a que no representan riesgo alguno.
| Medidas generales de prevención: |
Evitar la exposición excesiva al sol. No tomar sol
innecesariamente.
Utilizar ropa que cubra la piel (camiseta con mangas y
pantalones de tipo bermudas), sombrero con ala y gafas
con filtro UV-A y UV-B.
Utilizar cremas protectoras con SPF –factor de protección
solar- del número más alto. Deben ser resistentes
al agua y cubrir el espectro UV-A y UV-B. Deben ser aplicadas
30 minutos antes de la exposición al sol y cada
1 a 2 horas, según la hora del día, intensidad
del sol, tipo de piel, número de baños de
agua y teniendo en cuenta la presencia de superficies reflectantes,
como agua, arena o nieve. |
Dra.
Doris Lau
Dermatóloga con subespecialidad en enfermedades
por hongos.
Cómo
ayudar a nuestros hijos en la escuela
La relación entre
los padres de familia, los hijos y las responsabilidades
escolares es un tema muy importante para todos aquellos
que tenemos hijos en edad escolar. En mi consulta –y
en la escuela adonde asisten mis hijos- veo de todo...,
desde padres y madres que prácticamente les
hacen las tareas a sus hijos, hasta otros y otras que
difícilmente pueden repetir el nombre de las
maestras o el profesor, o no saben si sus hijos están
dando el Teorema de Pitágoras en matemáticas
o leyendo el Poema del Pintagorras en español.
Según mi experiencia como papá, y en base
a lo que mis pacientes me han enseñado, creo que
los padres y madres que tienen mayor éxito en transmitir
el mensaje de responsabilidad y disciplina más tempranamente
a sus hijos son los que hacen –intuitivamente– una
combinación de estas 8 estrategias:
1) Enseñan por modelamiento. Todos los niños –y
todos los seres humanos- aprendemos mucho a través
de la imitación, es decir, viendo a los demás.
Nuestros hijos no son la excepción; ellos imitan
conductas que nosotros hacemos: si nosotros somos inquisitivos,
estudiosos, adeptos a buscar información y aprender
del ambiente a través de la lectura en nuestro quehacer
profesional, y ellos nos ven, ellos también lo irán
haciendo.
2) Enseñan por estímulo y no por castigo. Todos los niños aprenden por estímulo, es
decir que si sienten que están haciendo bien algo,
naturalmente, quieren seguir haciéndolo. De allí la
importancia de que sepamos ser sagaces “administradores
de atención” hacia el desarrollo de las conductas
y actitudes positivas y que favorecen sus logros académicos,
por más pequeños que estos sean.
3) Se dedican y acompañan a sus hijos. Todos los
niños aprenden por dedicación, es decir,
si ven que los padres están dedicados a acompañarlos
en su educación –sin hacer el trabajo por
ellos, claro está- ellos también se
comprometerán
y dedicarán en sus estudios, y cada vez se tornarán
más independientes. Allí es donde cabe el
estar al tanto de qué están aprendiendo nuestros
hijos en la escuela, qué proyecto están trabajando
para fin de mes, o qué tarea difícil se les
ha dejado para el día siguiente.
4) Enseñan por aspiración. Todos los niños
aprenden por aspiración, porque a medida que van
creciendo, nosotros los padres vamos uniendo sus logros
escolares a ese “futuro especial” abundante
en satisfacciones y metas cumplidas que les espera cuando
crezcan. Ellos ven en nuestros ojos el reflejo de lo que
serán en el futuro y vinculando su desempeño
escolar a la obtención de metas futuras se cincela
en sus corazones una visión de sí mismos
como personas con “sentido” y con “significado”.
5) Ponen reglas conducentes a un ambiente favorable
al estudio. Los niños exitosos académicamente
provienen de hogares en donde hay control de los “distractores” del
estudio. Muchos niños pasan horas de horas perdidas
frente a una pantalla de TV. Eso es negativo porque el
ambiente en la casa debe facilitar el tiempo de estudio
diario. En nuestra casa, mi esposa Mayi y yo decidimos
que solo habría una TV (en la sala de estar); y
durante la época escolar no se ve nada de televisión
de lunes a viernes, ni se juegan juegos de computadora,
y el “chat” está limitado. La verdad
es que hubo turbulencia cuando pusimos la regla y escuchamos
recriminaciones fuertes durante los primeros meses (“eres
un padre injusto...”, “qué exagerado
que eres”... “ninguno de mis amigos tiene esa
regla en su casa...”). Sin embargo, los resultados
en su autodisciplina, responsabilidad escolar, y calificaciones
han demostrado que la idea no era tan descabellada.
6) Conocen a sus hijos. Cada uno de nuestros hijos es diferente
y no necesariamente parecido ni a uno ni a otro de los
padres. Cada uno tendrá habilidades específicas
y es único en su propio derecho. Mientras más
rápido las conozcamos, más fácil será guiarlos
y apoyarlos en el desarrollo de sus responsabilidades escolares.
7) Son claros frente a las expectativas y responsabilidades
que tienen sus hijos. Muchos niños, pero sobre todo
muchos adolescentes, llegan innecesariamente a la adolescencia
siendo víctimas de lo que yo llamo “la tiranía
de las ganas”: hago el proyecto “si tengo ganas...”; “estudio...
cuando me den ganas”. La realidad es que en la vida
hay que hacer muchas cosas sin tener “ganas” de
hacerlo, y mientras más rápido se aprenda
esto, mejor será el ajuste escolar.
8) Finalmente, son padres y madres que asumen
el liderazgo en la guía de sus hijos. Los padres y madres de
niños y adolescentes responsables están al
tanto, cerca de sus hijos. Bill Doherty habla de la “crianza
intencional” como aquella que no se deja al azar
o a la casualidad. Como buenos líderes, los padres
intencionales saben dar espacio, ponerse al nivel de sus
hijos, y “recoger y soltar la cuerda” cuando
es menester. Sobre todo quizás saben que los niños
tienen que aprender que de cada 10 cosas que uno “le
pide a la vida”, usualmente la vida le dice “no” a
unas 7 ú 8, y que eso es normal... Que el mundo
funciona así, y que uno no va por la vida exigiendo
sin dar nada a cambio, y haciendo lo que le da la gana,
pensándose centro del universo.
Mi esposa Mayi y yo no somos precisamente los padres perfectos,
y nuestros queridos Andrés y Alejandro, de 13 y
12 años, nos lo recuerdan casi a diario. Así mismo,
nos obligan a actuar intencionalmente frente a la búsqueda
del mejor camino para su desarrollo. Creo que vamos construyendo
la paternidad haciendo una combinación de estas
8 estrategias... Algunas nos han ayudado más que
otras en diferentes momentos, y espero nos sigan ayudando
a desarrollar –en nuestros hijos– la autodisciplina
frente a las responsabilidades escolares y, lógicamente,
frente a la vida misma.
Por: Carlos
A. Leiro P., Ph.D.
Transiciones