Junio 2006  
 
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Cuerpo y Alma
Viviendo a plenitud
 

Manejando el estrés

Cada día, se hace más común oír esa palabrita: estrés. No hay duda, cada día nos enfrentamos a nuevas presiones: en el trabajo, en el hogar, en nuestra vida social. Nos sentimos cansados, irritables, sin tiempo para manejar tantas cosas.

El uso del término estrés se ha popularizado en estos últimos años. De manera simple, el estrés es “una respuesta corporal ante cualquier demanda que se le haga al organismo”. Cuando interpretamos un evento como peligroso o amenazante, el organismo se prepara para una respuesta de “enfrentamiento o huida”, a través de cambios fisiológicos (aumento de la frecuencia cardiaca, de la irrigación sanguínea hacia los músculos, pulmones, riñones, hígado y el cerebro, sudoración, sequedad de boca, etc.). Este mecanismo es el que nos ha permitido sobrevivir a lo largo de nuestra evolución. Sin embargo, muchas veces la respuesta fisiológica no va de acuerdo a la situación que enfrentamos.

Si estamos en medio de un incendio, si alguien nos ataca o si un vehículo está a punto de atropellarnos, esta respuesta es útil; pero la mayoría de los estresores a los cuales nos enfrentamos hoy en día no son del tipo contra los que podemos enfrentarnos físicamente o huir. Cuando el estado de alerta se mantiene y la energía no se utiliza, la fatiga resultante puede ocasionar diferentes problemas de salud como ansiedad, dolores de cabeza, agotamiento, problemas cardiacos, alteraciones del sueño, del apetito, úlceras, problemas de piel, disfunción sexual y depresión, entre otras.

Algunos “tips” para manejar el estrés:
1. El primer paso es aprender a reconocer cuando nos sentimos estresados. Las señales incluyen tensión en los hombros, cuello, manos, irritabilidad, cansancio y preocupación, entre otros.

2. Evitar situaciones que me generan estrés. Por ejemplo, salir media hora más temprano para evitar el tranque en las mañanas.

3. Evaluar nuestra manera de percibir las situaciones. Muchas veces nosotros mismos interpretamos los retos de la vida diaria y los cambios como grandes problemas. Si bien es cierto que hay muchas cosas que no podemos controlar (el clima, la inminente fusión de la compañía, etc.) hay cosas, como nuestra actitud mental, que sí podemos cambiar. La actitud se basa en nuestros pensamientos y, si cambiamos nuestros pensamientos, cambiaremos nuestra manera de ver las situaciones. Muchas veces exigimos demasiado de nosotros mismos, somos rígidos, o exigimos que las cosas sean como queremos. Estas exigencias generan demandas a las que nuestro organismo tiene que responder. Podemos sustituir esos pensamientos demandantes por pensamientos más reales y funcionales (que nos sirvan para lograr nuestros objetivos). Igualmente importante es extraer lo positivo de los sucesos negativos y ver los contratiempos como desafíos que nos permiten crecer.

4. Establecer prioridades. Hay que revisar nuestra escala de valores. Focalizar los objetivos tomando en cuenta lo que realmente es importante y manejable. Hacer lo que hay que hacer y aprender a decir NO a los compromisos que no se pueden cumplir. Dividir las tareas grandes en pequeños pasos.

5. Delegar funciones. Utilizar los recursos de la mejor forma. Esto implica también aprender a medir nuestras limitaciones, capacidades y fortalezas, y hacer el mejor uso de ellas.

6. Dedicarse tiempo. Leer, ir al cine, escuchar música, realizar actividades que nos gustan y que no tengan ninguna relación con las obligaciones habituales. Tomar vacaciones (aunque sea sólo unos días) y dormir las siete u ocho horas recomendadas, según las necesidades.

7. Mejorar las relaciones con los demás. Si es necesario, aprender técnicas de comunicación para expresar mejor los puntos de vista y mejorar las relaciones interpersonales.

8. Pedir ayuda cuando se necesite. Pedir ayuda no es un signo de debilidad, todo lo contrario, demuestra una alta autoestima y da reconocimiento a la otra persona.

9. Hacer ejercicio. El ejercicio es una forma saludable de descargar la energía contenida y la tensión, ayuda a estar en forma y mejora la salud. Recuerde comer saludablemente.

10. Relajación y visualización. La relajación ayuda a aliviar el estado de tensión muscular que ocurre durante el estrés, también nos ayuda a centrarnos, a experimentar una sensación de calma y paz interior. No es difícil: comience estirándose un poco (trate de alcanzar el techo y dóblese lentamente de lado a lado), luego haga círculos con los hombros y lentamente con la cabeza. Colóquese en una posición cómoda, concéntrese y relaje cada músculo, comenzando desde los pies hasta llegar a la cabeza. Respire profundamente, déjese llevar, siga respirando lentamente. Visualícese teniendo éxito en cada una de las áreas de su vida, véase feliz y sereno.

Recuerde que el estrés bien manejado nos ayuda a desarrollar nuevas habilidades y patrones de conducta más efectivos. No podemos vivir sin estrés, pero sí podemos aprender a manejarlo.

Por: Eva E. Bendiburg, M. Ed.
Clínica Psique


La estimulación temprana

La estimulación temprana es una manera muy especial de jugar y a la vez enseñar a nuestros hijos. Mediante la estimulación temprana logramos desarrollar habilidades, aptitudes y actitudes. El objetivo primordial no es formar genios sino brindar una amplia variedad de conocimientos que permitan desarrollar al máximo la capacidad intelectual del niño.

La estimulación temprana es muy importante, pues no solamente ayuda a mejorar las estructuras cerebrales débiles por nacimiento, sino que también se enfoca en explotar al máximo el potencial del cerebro de un bebé sano. Lo que el niño aprende en las primeras etapas de su desarrollo establece las bases de su futuro. Todo niño aprende por contacto físico e intelectual natural y normal. Sin embargo, está comprobado que los niños que reciben un programa adecuado de estimulación temprana logran desarrollar más y mejores habilidades.

¿Alguna vez ha pensado en porqué el ser humano depende en un 100% de sus padres al nacer? El ser humano nace con la bendición de un cerebro, pero sin capacidades ni habilidades. Un bebé tarda un año o más para aprender a caminar, mientras que los animales a las pocas horas de nacer ya lo hacen. Esta circunstancia podría parecer en principio negativa, sin embargo, es una gran ventaja para el ser humano, quien nace con un cerebro por formarse. El ser humano puede aprovechar su potencial de aprendizaje, siendo capaz de adaptarse al entorno y a las circunstancias que lo rodean. Hay estudios científicos que muestran que a pesar de las limitaciones en los cerebros de los animales, cuando estos son sometidos a estimulación, demuestran un desarrollo neuronal superior. Por ende, en el ser humano las posibilidades y resultados pueden ser sorprendentes.

La gran pregunta es: ¿Cómo realizar la estimulación temprana en nuestros hijos? Mi interés personal en el tema surgió con mi primera hija, el sueño de toda mi vida y la bendición más grande del cielo. Siendo madre primeriza, el estar dedicada a su cuidado diario no me parecía suficiente; quería dedicarle aún más tiempo. Así fue como empecé a interesarme por la estimulación temprana. Mediante libros, programas, artículos y a través de aprendizaje con profesionales en la materia, como lo son la Dra. Laura Fábrega y el Centro de Estimulación Temprana en Panamá, he llegado a sentir pasión por el tema. La magia de comunicarse con un bebé recién nacido a través del tacto, juego didáctico, melodías, ritmos y texturas, es incorporar al niño a un universo de posibilidades. Desde el nacimiento hasta los tres años de edad es la etapa de más desarrollo neuronal en un niño. Es cierto que un programa de estimulación temprana puede resultar rutinario para algunos padres, pero sólo consiste en dedicación diaria para hacer de nuestros hijos seres humanos más capaces intelectualmente, con mentes más activas y al mismo tiempo más seguros de sí mismos, dado el tiempo y el amor dedicado.

La estimulación temprana puede ser ordenada por edad cronológica del niño. En bebés de 0 a 3 meses se pueden enfatizar masajes y caricias, provocando un desarrollo afectivo, cognitivo y motriz. Esta es una manera de comunicación entre el padre y el niño. Música instrumental o clásica que pueda resultar tranquilizante y estimulación con “flash cards” o tarjetas con figuras grandes y colores vivos, especialmente blanco, negro y rojo, son otras alternativas. Para niños de 6 a 12 meses o más, puede introducirse el juego a través de rompecabezas, libros ilustrativos, actividades físicas en piscinas de agua o bolas. La estimulación temprana acelera la habilidad de un bebé y aumenta la destreza del niño. Estudios han demostrado que con una estimulación constante en un período de dos años, el I.Q. puede ser reforzado de 15 a 30 puntos al tomar la medida a los 4 o 5 años de edad.

Datos interesantes sobre la estimulación temprana:
  • Al estimular el sentido de la vista de un bebé le ayudamos a concentrarse más rápido.
  • Cuando se estimula el sentido del olfato del bebé le ayudamos en su desarrollo motriz.
  • Cuando mecemos o movemos al bebé rítmicamente en el espacio le ayudamos a que desarrolle su memoria.
  • Al llamar la atención de dos de los sentidos del bebé al mismo tiempo se mejora su curiosidad y su capacidad de atención.
  • Sin duda alguna, la estimulación temprana es una herramienta para alimentar la inteligencia de nuestros bebés. Sin embargo, es importante tener claro que el éxito de la estimulación es la relación que la madre pueda llegar a establecer con su bebé, más que los logros del bebé. Así pues, debemos entender la estimulación como la mejor oportunidad de interactuar con el bebé. La estimulación debe ser de manera positiva y amorosa, de esta forma podremos observar cómo el bebé desarrolla un entusiasmo por aprender y amar, lo que le durará toda la vida.

    Por: Mary de Romagosa

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