La antigua
base aérea de Howard se está transformando.
La riqueza que tenemos allí es inmensa y existen
planes para que su desarrollo tenga efectos positivos
en la economía del país.
Un tesoro
por explotar
Por: Gladys N. de Gerbaud
Al transitar por sus calles,
rodeadas de grandes árboles centenarios y vastas extensiones
verdes, recuerdos del impecable ordenamiento y planeamiento
norteamericano venían a mi mente, mientras reflexionaba
sobre lo maravilloso que debió de ser vivir en un
lugar así. Podía imaginar a las miles de
familias norteamericanas acantonadas en nuestro país,
disfrutando de una ciudad especial y estratégicamente
diseñada para ellas. Aquí llegaban y hacían
de la base de Howard, el bastión del poder aéreo
de Estados Unidos en Centroamérica y Suramérica,
su hogar.

Hasta el momento de su reversión a Panamá,
el 1ero de mayo de 1999, la base aérea de Howard
fue la instalación militar estadounidense más
importante para Latinoamérica y el Caribe. Desde
este centro antidrogas se dirigían la mayoría
de las operaciones aéreas del área, se detectaba,
monitoreaba y llevaba a cabo una intensiva labor de inteligencia
y comunicaciones para combatir el narcotráfico,
y se realizaban misiones militares y humanitarias, ejercicios
conjuntos y operaciones de búsqueda y rescate.
Cuando se inició la construcción de Howard,
en 1939, todo lo que existía en los alrededores,
a 500 yardas del Océano Pacífico, era selva.
Tres años más tarde y en plena Segunda Guerra
Mundial, cuando se inauguró, la historia había
cambiado. Con 2,005 hectáreas o el equivalente a
los corregimientos de Bella Vista, Betania, San Francisco,
San Felipe y Santa Ana juntos, Howard –la más
valiosa de todas las bases norteamericanas en nuestro país– era
una maravilla escénica que contaba con todo tipo
de facilidades.
Su aeropuerto, desde ese entonces, ya era uno de los mejores
del área. Con capacidad para el aterrizaje de aviones
tipo jet y air bus, la pista de 2,591 metros de largo por
46 metros de ancho era la más grande que tenía
Estados Unidos fuera de su territorio. Además de
ser un aeropuerto totalmente equipado, el planeamiento
militar estadounidense incluyó la construcción
de enormes hangares y edificios para carga, una terminal
para la atención de pasajeros, un helipuerto, una
extensa área de 10 hectáreas para estacionamiento
de aviones, una planta de energía y generación
eléctrica, así como un completo sistema de
abastecimiento de combustible.
Desde 1942, los miles de norteamericanos que vinieron
a nuestro país para vivir en la base aérea
de Howard encontraron, entre otros, un complejo hospitalario
de primera, dotado de clínicas, salas de operaciones
y cuartos de cuidado intensivo con espacio para 20 camas.
Tenían a su disposición, además, 5
edificios tipo hotel, con 76 habitaciones, y 726 unidades
residenciales, de tipo unifamiliar, dúplex o edificios
de 2 y de 4 apartamentos. Pero eso no era todo. Los residentes
de Howard podían vivir placenteramente, en comunidad,
gracias a la existencia de excelentes facilidades: iglesia,
supermercado, gasolinera, jardín de niños
y escuela primaria, gimnasio, teatro con 1,200 butacas,
bolera con 10 canchas, piscina tipo olímpica, facilidades
de equitación, campos deportivos y canchas de tenis.
Sus labores diarias las realizaban en 40 edificios comerciales,
industriales y de oficinas, muchos de ellos con áreas
de más de 15,000 metros cuadrados. No se podía
pedir más.
Más de 60 años después, visitar la
base aérea de Howard, con sus magnos edificios blancos
de techos de terracota, nos transporta a otra época
y nos lleva a reflexionar acerca del tesoro que tenemos
en nuestras manos. Y es que esta infraestructura, que diversos
asesores económicos han avaluado por el orden de
los 400 millones de dólares, ahora nos pertenece
y debemos velar por su éxito como una iniciativa
fructífera para el país.
¿Qué pasará con Howard? ¿Qué se
está haciendo? ¿Cómo se utilizará?
Existen planes específicos para desarrollar su potencial.
Con la asesoría de la Corporación Financiera
Internacional, entidad del Banco Mundial, ya se está desarrollando
en Howard un Área Económica Especial, un
lugar al cual compañías de todo el mundo
podrán venir a establecerse para realizar negocios
con ventajas definidas.
La idea es que el Área Económica Especial
Panamá-Pacífico, como se ha denominado, sea
uno de los centros de negocios más exitosos en las
Américas y que compita con las más importantes áreas
económicas a nivel mundial, como las de Shanon,
en Irlanda, Aqaba, en Jordania, y Subic Bay, una antigua
base de Estados Unidos en Filipinas.
Para esto, se ha establecido una estructura adecuada para
atraer estos negocios. Se creó una ley especial
para poder brindar incentivos fiscales, laborales, migratorios
y aduaneros al área, además de establecerse
una ventanilla única para el procesamiento de todas
las actividades administrativas y reglamentarias que los
futuros inversionistas requieran.
Un ejemplo específico de estos incentivos es el
establecimiento de una zona libre de impuestos para ciertas
actividades como: los servicios off shore, los ingresos
que surjan de ventas entre compañías establecidas
en el área, actividades relacionadas con la aviación
y con la fabricación de aparatos electrónicos
livianos, actividades de logística, call centers y transmisión de datos vía Internet. Otro
ejemplo de los incentivos es que las empresas establecidas
en el Área Económica Especial Panamá-Pacífico
pagarán por lo que su personal trabaja, no importa
en qué momento se haga, pues tendrán flexibilidad
laboral con respecto a turnos, sobretiempo, vacaciones,
días feriados, contratación y despidos. Adicionalmente,
toda el área será un recinto aduanero, por
lo que las empresas podrán agregar valor al producto
sin tener que pagar impuestos ni realizar trámites
aduaneros. En otras palabras, podrán importar materia
prima, transformarla y exportarla sin tributar.
Pero los incentivos creados son sólo parte del
paquete que se busca promover entre las empresas extranjeras
que deseen tener presencia en nuestro país. Panamá y
su nueva Área Económica Especial Panamá-Pacífico,
la primera en la región, ofrecerá a los inversionistas
mucho más. Y es que las 2,005 hectáreas que
contienen infraestructura lista para usarse y terreno libre
para realizar construcciones a la medida de las necesidades
del inversionista se sumarán a un intangible de
gran valor: el alto grado de avance tecnológico
y de comunicaciones ya existente en nuestro país.
Los cinco cables de fibra óptica submarinos más
importantes del mundo llegan a Panamá, logrando
que el país cuente con la mejor conectividad de
América Latina. Esto, unido al liderazgo en servicios
y una calificada fuerza laboral, nos coloca en una posición
privilegiada para atraer inversiones extranjeras.
Pero, ¿cuáles serán los beneficios
para el país? ¿Qué se logrará con
esta iniciativa? Los encargados de hacer que el proyecto
despegue, un equipo de panameños integrantes de
la Agencia del Área Económica Especial Panamá Pacífico
(AEP), consideran que uno de los principales beneficios
será la generación de empleos. Las proyecciones
indican que el Área Económica Especial Panamá-Pacífico
creará 25,000 nuevos empleos en los próximos
20 años. Esto no se sale de proporciones cuando
ya la empresa Dell Computer Corp., al establecer un Call
Center en el área, ha logrado crear 2,200 plazas
de trabajo en tres años, prestando servicios a todos
los mercados en el continente americano, excepto Brasil.
La atracción de inversión internacional al
país también será sumamente beneficiosa,
así como la diversificación de la economía
nacional mediante nuevas industrias de información,
comunicación y tecnología que se podrán
establecer en el área.
¿Cómo se hará? ¿Quién
se encargará de promocionar y desarrollar el área?
Mediante un proceso de licitación, la AEP está seleccionando
un Desarrollador Maestro, un socio privado del Gobierno
Nacional que se encargará de realizar las inversiones
y promoción necesarias para que el Área Económica
Especial Panamá-Pacífico sea exitosa. Su
papel será de facilitador, sin que el gobierno se
desligue de las actividades que allí se realicen.
Se espera que la experiencia del Desarrollador Maestro
en este tipo de actividades le permita desarrollar eficientemente
la antigua base de Howard, invirtiendo más de 600
millones en los próximos 20 años para adecuarla
a las exigencias de los mercados internacionales. Y es
que sólo 250, de las 2,005 hectáreas existentes,
han sido habilitadas. Habrá que hacer nuevas residencias,
nuevos edificios, una nueva infraestructura... será casi
como crear una nueva ciudad. Sólo para la construcción
de residencias, se ha destinado un área 75 hectáreas
mayor que el área residencial de Costa del Este,
lo que nos da una idea de la magnitud del proyecto.
Pero eso no es todo. Debido a las grandes posibilidades
que presenta el aeropuerto como tal, su desarrollo está siendo
manejado como un proyecto independiente. Esto quiere decir
que el mismo se dará en concesión a una empresa
diferente al Desarrollador Maestro, aún cuando el área
Económica Especial Panamá-Pacífico
pueda hacer uso de sus facilidades y beneficiarse de las
mismas. El objetivo es hacer del antiguo aeropuerto de
Howard un centro de mantenimiento, reparación y
reconversión de aviones, un negocio muy viable dada
la infraestructura con la que se cuenta, el estatus de
categoría 7 dentro de la aviación mundial –que
permite el aterrizaje de la mayoría de los aviones– y
la excelente posición geográfica que tiene
Panamá.
Al momento, se ha llegado a un acuerdo con la mayor empresa
independiente –no dueña de una aerolínea– especializada
en la reparación de aviones, Singapure Technologies
Aerospace, o ST Aerospace. Esta usaría los 4 hangares
existentes, de 10,000 mts2 cada uno, y construiría
3 nuevos, de 14,400 mts2 cada uno, con una inversión
de $15 millones en cada hangar. Con la infraestructura
actual, ST Aerospace tendría la capacidad para trabajar
hasta 12 aviones simultáneamente, una clara ventaja
competitiva.
Definitivamente, cuando los últimos norteamericanos
abandonaron la base aérea de Howard, en noviembre
de 1999, se despidieron de una de las áreas más
bellas y eficientemente construidas del país. Nos
dejaron un tesoro como pocos, con insustituibles áreas
verdes y lineamientos urbanos que es imprescindible preservar
y sabio emular. Este es nuestro momento, nos toca a los
panameños aprovechar las oportunidades existentes
y hacer que un área con el potencial de Howard sea
un éxito rotundo y otro ejemplo de que, cuando queremos,
podemos lograr lo que nos proponemos.
Fotos: cortesía de la
AEP.