Junto
al gran canal que une dos océanos se extiende un
mar de bosques. Un paraíso acuático,
único y puro, surcado por ríos que hacen florecer
la vida silvestre. Una suerte de arca de Noé
conocida como el Parque Nacional Chagres.
Parque Nacional Chagres: Edén
Verde
Texto y fotos por
Alejandro Balaguer - Fundación Albatros Media*
Muy
cerca a la capital, a 900 metros de altura, exploramos los
bosques prístinos del Cerro Jefe, en lo que fue hace
decenas de millones de años un fondo oceánico.
Eran tiempos en que el Caribe y el Pacífico eran
sólo uno, antes de que la corteza terrestre fuera
elevándose lentamente hasta completar -hace 3 millones
de años- el gran evento geológico que formó
el istmo panameño uniendo las Américas.
En aquellos tiempos, las tierras actuales de la cuenca
del Canal de Panamá se convirtieron en una suerte
de puente continental. Hoy, parte de ese corredor natural
puede verse en toda su magnitud precisamente desde Cerro
Jefe, donde destacan con claridad los bosques maduros, en
excelente estado de conservación, que dan vida al
Parque Nacional Chagres: nuestro destino.
A través de selvas salvajes, nos adentramos en
una de las más fabulosas áreas protegidas
del país, ya que alberga una biodiversidad abundante
y un recurso hídrico extraordinario. El Parque
Nacional Chagres, con una extensión de 125,491 hectáreas
-o el equivalente a 116,195 campos de fútbol-, cubiertas
por 84% de bosques, está situado en el corazón
mismo del istmo de Panamá, y lleva el nombre de uno
de los ríos más valiosos del país,
columna vertebral de una red regional de áreas protegidas.
Tal como señalara Rafael Samudio, destacado científico
y presidente de la Sociedad Mastozoológica de Panamá:
"Los bosques del Chagres siguen siendo pieza fundamental
de ese puente biológico centroamericano que une Norteamérica
con Sudamérica, propiciando el paso de las especies
entre estos dos continentes. Conjuntamente con las otras
áreas principales de Panamá que se encuentran
en Darién y Bocas del Toro, representan la gran cobertura
boscosa que permite no solo el paso o el movimiento de las
especies, sino que, a su vez, son un centro de generación
de diversidad biológica".
No es en vano que estas especies emblemáticas, muchas
de ellas en peligro de extinción, se encuentren a
gusto en este ambiente vegetal que les hace de hogar, coto
de caza y refugio seguro. Y es que, según la bióloga
panameña Indira Candanedo, especialista en el Chagres,
en las márgenes de este valioso río florecen
tres tipos bien diferentes de ecosistemas: "Uno
es el bosque nuboso, que se encuentra en los puntos más
altos. Allí hay una variedad muy particular de especies
de plantas, en especial las que requieren de mucha humedad
para poder crecer. También, por el lado contrario,
existen los parches de bosques caducifolios, principalmente
en la orilla del lago Alajuela, que son bosques más
secos. Y, finalmente, el bosque tropical húmedo,
un bosque exuberante, siempre verd"-.
Conectados
entre sí, estos tres vecindarios de la madre naturaleza
hacen de refugio de los jaguares, pumas, tapires, saínos,
puercos de monte, perezosos, águilas harpía,
venados corzo, pavas cimba, carpinteros carirrayados y pavas
rubias, entre otras especies únicas, endémicas,
migratorias y en vías de extinción. Son más
de 144 especies de mamíferos, 95 de reptiles y 79
de anfibios que cohabitan con 396 especies de aves, al abrigo
de más de 900 especies de plantas, de las cuales
143 son endémicas, es decir, que sólo se encuentran
en esa zona.
Toda esta suerte de Arca de Noé tropical hace del
Parque Nacional Chagres un destino ideal para el turismo
naturalista y de los observadores de aves. Según
Audubon-Panamá, en los Estados Unidos esta modalidad
eco-turística es practicada por alrededor de 40 millones
de aficionados. Un negocio turístico global en auge,
de gran crecimiento, que podría traer gran bienestar
al país, y convertirse en una oportunidad de trabajo
para las comunidades que habitan los alrededores del parque,
siempre que se planifique y ordene el recurso para minimizar
el impacto por dichas actividades humanas.
Pero, en las entrañas de estos singulares bosques,
el milagro de la vida sólo se hace posible
gracias
a los árboles. Estos permiten la captación
de agua al actuar como esponjas que, una vez que llueve,
absorben el líquido vital y lo liberan lentamente,
permitiendo un flujo constante, hasta en temporada de sequía.
Es maravilloso y sorprendente que los colosos, maduros y
altísimos árboles puedan aportar agua en cantidades
increíbles, devolviendo al medio ambiente más
de dos mil vasos de agua diarios. De hecho, este fenómeno
hídrico es gracias a una delicada y frágil
red, milagrosa y fértil, que ha tejido la inmensa
naturaleza que nos rodea.
En el Parque Nacional Chagres encontramos todo tipo de
valiosas especies como la tagua, la palma jira, la guágara,
el cedro espino, el cuchillito, el amarrillo pepita, el
laurel, el María, el espavé, el mayo, la caoba,
el níspero, el caimito, el guácimo, el corotú,
el carate, la "palma" de sombrero, el pichindé
y el árbol de vela, entre otros.
Es evidente que de no existir los árboles, el Chagres
seguramente sería un páramo, un desierto exento
de agua y, por ende, de vida. Para comprobarlo seguimos
el fluir de las aguas hasta llegar al lago Alajuela, protagonista
principal del Parque Nacional Chagres y que representa el
30% de la superficie de la cuenca del Canal de Panamá.
El lago Alajuela es un cristalino espejo acuático
de 50 kilómetros cuadrados, principal reservorio
hídrico para la operación del Canal. Es alimentado
por tres ríos -el Chagres, el Pequení y el
Boquerón- que permiten que el lago provea 15 megavatios
de hidro-electricidad a la red nacional, abasteciendo a
cuatro plantas potabilizadoras -Miraflores, Mount Hope,
Chilibre y Sabanitas- dotando de agua potable a las ciudades
de Panamá, Colón, y a muchas comunidades vecinas,
habitadas por más de la mitad de la población
panameña.
Alajuela
fue creado por la mano del hombre hace más de 70
años, represando el río Chagres, aguas arriba,
hasta completar su proceso de llenado en 1935. El principal
objetivo de esta gran obra de ingeniería fue la de
asegurar una reserva de agua para prevenir una disminución
del nivel en el lago Gatún, otro lago artificial
creado en 1920 para permitir la operación segura
de las esclusas del Canal.
La creación del lago Alajuela trajo consigo el reverdecimiento
de sus márgenes: el bosque seco dio paso a otro bosque
mucho más verde, donde los árboles desarrollaron
un sistema de anclaje, permitiendo la absorción de
nutrientes, la generación de sedimentación
y la fertilización de los suelos aledaños.
Así creció un bosque más maduro.
"
Por ello, los bosques que existen en el alto Chagres
tienen que ser protegidos dado los servicios ambientales
vitales que nos brindan"-observa Oscar Vallarino,
funcionario de la Autoridad del Canal de Panamá (ACP)-.
"Son muy importantes porque producen 40% del agua
que utiliza el Canal todos los años y casi 100% del
agua potable que consumen las ciudades de Panamá
y Colón. Los bosques del Parque Nacional Chagres
son vitales para la población y para nuestra economía.
Y el Canal desempeña un papel activo para garantizar
el uso sostenible de los recursos de su cuenca",
destaca Vallarino.
Hoy, gracias a los árboles, y a los importantes
servicios ambientales que nos brindan, el agua fluye continuamente
en un ciclo biótico permanente.
Sin el edén verde que forman los ecosistemas del
Parque Nacional Chagres, Panamá sería sin
dudas otro país. Su economía difícilmente
podría estar cimentada en el gran Canal que une dos
océanos, a través de la estrecha cintura continental
de 80 kilómetros, flanqueada por este universo arbóreo,
bendecido, único, frágil.
* Fundación Albatros Media
se especializa en la comunicación educativa en pro
de la conservación de la naturaleza. www.albatrosmedia.net.