Septiembre 2006  
 
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Cuerpo y Alma
Viviendo a plenitud
 

¡Lo orgánico está de moda!

Los alimentos orgánicos ofrecen múltiples beneficios para la salud porque son cultivados sin el uso de químicos y sustancias tóxicas que podrían causar enfermedades.

Desde vino hasta comida para mascotas, ya casi no existen alimentos que no vengan en versión "orgánica".  Aunque los más vendidos son las frutas y los vegetales, ahora hasta la comida chatarra es parte de este grupo.  Frito-Lay, por ejemplo, ofrece "Tostitos Organic Tortilla Chips" y Heinz Company ahora produce ketchup orgánico.  Incluso Ben & Jerry's ha lanzado al mercado helados orgánicos en cuatro sabores, y ni hablar de la variedad de sopas, pastas y cereales que se ofrecen.  No hay duda de que el mercado de los alimentos orgánicos cada día crece más satisfaciendo la demanda de los consumidores que ahora exigen este tipo de productos en supermercados y tiendas especializadas.  Pero, ¿por qué tanto alboroto?

Un producto orgánico es un alimento que se produce a base de métodos agrícolas tradicionales sin el uso (o uso mínimo) de químicos o sustancias tóxicas potencialmente dañinas para la salud  -entiéndase pesticidas, herbicidas, hormonas, etc.-.  Además, no es modificado genéticamente y su producción procura el equilibrio del medio ambiente.  Por ejemplo, al ganado considerado orgánico no se le da antibióticos ni hormonas para el crecimiento.  Suena algo complicado, pero ya existen reglamentos internacionales sobre lo que se considera un alimento orgánico, incluso en Panamá.  Y ojo, que hay una gran diferencia entre un producto "natural" y uno "orgánico", porque el natural, aunque no contiene elementos artificiales, puede ser cultivado con la ayuda de cualquier químico.  Al comprarlos, el consumidor debe asegurarse de que el alimento lleve la certificación necesaria (de la autoridad competente del país de producción) para estar seguro de que el producto es verdaderamente orgánico.

Las razones para volverse un consumidor de este tipo de alimentos son numerosas.  La más obvia es que al ingerirlos consumimos menos sustancias tóxicas y, por ende, protegemos nuestra salud, ya que algunos estudios asocian los pesticidas y otros químicos utilizados en la agricultura moderna con enfermedades como el cáncer y la infertilidad.  Pero, además, los productos orgánicos son producidos en granjas que utilizan métodos de producción amigables para la naturaleza y usualmente vienen en empaques biodegradables o reciclados.  En cierta forma, el consumidor orgánico está apoyando la agricultura de pequeña escala, la diversidad biológica y la protección del medio ambiente, a la vez que cuida su salud.  Eso sí, que un producto sea orgánico no quiere decir que no engorde ni que no contenga azúcar u otros edulcorantes; hay que ser moderados al consumirlos.

Todavía se debate entre los expertos si los productos orgánicos tienen en realidad mayor valor nutricional que los alimentos cultivados regularmente, pero lo que sí es cierto es que muchos famosos chefs prefieren cocinar con alimentos orgánicos por su sabor y frescura.  Y aunque algunos piensen lo contrario, consumir alimentos orgánicos no presenta un riesgo mayor que el de consumir alimentos regulares; claro, que como con toda clase de frutas y verduras, se deben lavar antes de consumirse para asegurar su limpieza.

A pesar de su elevado costo -usualmente mayor que el de los alimentos regulares-, en muchos países de Europa y Norteamérica la venta de los alimentos orgánicos se ha convertido en una industria multimillonaria.  Sólo en Inglaterra hay 25 variedades de papas orgánicas e incluso el gigante de libros Amazon.com vende más de 3,000 productos orgánicos por Internet.

Según Jaime Picada, representante centroamericano de la certificadora Bio Latino (que certifica qué productos son orgánicos y cuáles no), en Panamá el movimiento orgánico comenzó en 1990 con un grupo de productores de Cerro Punta.  A la misma vez, la organización Fe y Alegría desarrollaba una granja integral en Penonomé y, en Bocas del Toro, se producía cacao orgánico.  El movimiento fue creciendo poco a poco y en el año 2002 se creó en Panamá la Ley 8 de 24 de enero que establece las regulaciones de las actividades agropecuarias orgánicas.  En el 2004, se realizó el Primer Encuentro de Agricultura Orgánica en Panamá y, por lo visto, esta tendencia seguirá creciendo.  En términos económicos, los beneficios son previsibles ya que algunos países latinoamericanos como Argentina, ya exportan alimentos orgánicos.

En el mercado local, diversos establecimientos como los supermercados Riba Smith, Rey y las farmacias Metro ya ofrecen alimentos orgánicos.  Además, la apertura de una tienda especializada, Orgánica, es prueba de que los panameños se interesan cada día más por consumir este tipo de alimentos y mejorar su nutrición.  Y aunque en nuestro país todavía estamos comenzando, para los consumidores que buscan mejorar su calidad de vida y unirse a la nueva tendencia de volver a lo natural, los alimentos orgánicos pueden ser un importante primer paso a tomar.

Por: Jackie Souter


La familia: un proyecto de amor

Un cambio en tu actitud como hijo o como padre puede hacer una gran diferencia en la relación de familia y esto sólo se logra cuando tienes el amor suficiente que te motive a lograrlo.

La familia es el proyecto más importante en la vida de las personas, porque es en la familia donde toda persona logra nutrirse de la seguridad y el afecto necesario para un desarrollo pleno.  Todos somos conscientes de lo difícil que está siendo desarrollar este importante proyecto dentro de la realidad de la vida moderna.  Lo que antes surgía como una cuestión natural dentro de la relación familiar, como el sentarse a la mesa y compartir, hoy es motivo de conflicto entre trabajo, compromisos, actividades y elementos de distracción, como la televisión o el Internet.

A los padres de hoy se les dificulta comprender, adaptarse y aceptar la realidad de vida que pretenden tener sus hijos; a los hijos les cuesta comprender la mentalidad de sus padres y la forma de vida que quieren que ellos asuman.  Esta enorme diferencia no sólo es una cuestión de generaciones, es además una situación de cambio radical que ha promovido la vida moderna y ha afectado la relación  familiar.

Promover una vida en familia bajo estas condiciones es difícil, sobre todo dentro de un ambiente que no favorece.  De manera que el esfuerzo por la familia actualmente se ha dirigido a tener como prioridad el producir para dar, como una forma de decir a los hijos "me importas y te quiero".  De esta manera, los padres que aman a sus hijos están trabajando y esforzándose por darles lo que ellos quieren, pero quizás se han olvidado de darles lo que necesitan.

Hoy, más que nunca, el proyecto de familia es la fortaleza que los hijos necesitan para enfrentar la realidad de la vida moderna con confianza, nutridos del amor y la seguridad que se necesita. Eso sólo se logra cuando convives en familia y esto es posible aun bajo las condiciones de la vida moderna.

No existen las recetas, pero mis sugerencias nacen del corazón de miles de personas que han tenido la oportunidad de nutrirse de una familia.

"La familia de hoy necesita, más que compartir, aprender a convivir".
Se comparte una casa, un carro, un viaje, pero convivir implica tener el interés por conocer qué está pasando en la vida del otro.  Muchas veces los padres y también los hijos saben lo que los otros hacen: trabajan, van a la escuela, tienen actividades, pero ¿cuánto conoces de lo que están viviendo tus hijos, y cuánto los hijos saben lo que sus padres están viviendo?  Vale la pena compartir lo que está pasando en tu vida con tu familia.

"La familia necesita conocerse y aceptarse para respetarse".
Conocer al otro ayuda a los padres y a los hijos a comprender sus acciones y sus pensamientos.  Empatía es ponerse en los zapatos del otro y ver el mundo a través de sus ojos, eso ayuda a ser más tolerantes y objetivos en los criterios.  Podemos conocer al otro, pero existe dentro del proceso de esa relación el respeto como principio.  No es una situación de quién tiene la razón, ni es una lucha de poder para hacer del otro como yo deseo, es usar el sentido del respeto como principio en la relación interpersonal donde cada uno tiene un lugar.

"Es en los momentos de encuentro donde se construyen los mejores recuerdos" .
Invertir en momentos de encuentro es la mejor inversión que se puede hacer en la vida en familia. Los momentos no son asunto de cantidad ni de calidad, estos momentos deben ser una forma de vida. Yo me encuentro con el otro cuando nos sentamos no para hablar del trabajo, estudio, deberes, castigos, regaños o correcciones, simplemente son momentos que compartimos cosas insignificantes que me hacen sentir que soy parte de una familia.  Esos momentos de encuentro se motivan, no se obligan, porque se convierten en momentos tan agradables que le ganan a la televisión y al Internet.

"Es en un ambiente de confianza donde aprendes a conocerte y aceptarte".
La familia es una oportunidad para descubrir quién soy, en un ambiente donde puedo ser yo mismo, donde no tengo que ser lo que otros deseen para ser aceptado o valorado.  "El sentir que me quieren por lo que soy y no por lo que hago" es lo que le permite a los hijos y a los padres confiar en sí mismos y en los demás.  Compartir entre padres e hijos lo que se siente y saber comunicarse con el otro es una oportunidad para ayudarse mutuamente, para crecer como persona.

Por: Marina Peña, M.Ed.
Página Internet: www.marinapena.com
Email: info@marinapena.com

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