El
toreo ha estado presente en nuestro país desde la
época de la conquista española. Actualmente
existe un grupo organizado que se reúne, organiza
conferencias y hasta viaja a ver corridas de toros.
La Fiesta Taurina:
una pasión
Por: Francisco González-Ruiz
A.
Recuerdo
con nostalgia los domingos de verano en Panamá cuando,
de la mano de mi padre, me dirigía a la Plaza de
la Macarena, localizada en el barrio de San Francisco, para
presenciar las corridas que se celebraban en ese coso taurino.
Era yo un chiquillo, pero ya sentía la pasión
por este arte, pasión que se ha intensificado con
el pasar de los años y que he podido transmitir a
mi esposa Nanette, nieta de español.
El toreo despierta en las personas que se aficionan a él,
una pasión que es muy difícil describir. Será
por sus rituales, previos y durante la lidia misma, o por
el ambiente festivo que reina en las plazas, o por el espectáculo
multicolor que dan los trajes de luces de los toreros y
sus capas, o por la gran belleza plástica de los
pases, o por el riesgo de muerte que está presente
cada vez que un torero se enfrenta a una de estas hermosas
y bravas bestias, o más bien por todas estas cosas
juntas. No lo sé, pero en mi caso, quedé fascinado
por esta fiesta desde la primera vez que asistí a
una corrida.
Las corridas de toros han estado ligadas a nuestro país
desde la época de la conquista española.
Hay indicios de que en la Plaza Mayor de la ciudad de Panamá
(la Vieja), se celebraban corridas de toros. Años
después, se celebraban corridas en la Plaza Herrera
(en Avenida A); luego, en la Plaza de Vista Alegre, inaugurada
en 1914 y localizada en lo que es hoy Calidonia, y después
en La Macarena. En la década de los 80 y 90,
se celebraron corridas en el Gimnasio Nuevo Panamá.
También se han celebrado en la Plaza de Toros de
la Feria de David. Además, en todas las fiestas
patronales de nuestros pueblos, se siguen celebrando corridas
de toros, al estilo criollo, pero corridas de toros al fin.
En
la Plaza de la Macarena, inaugurada en 1953 y localizada
al final de la Vía Porras, donde hoy existe un supermercado
(área en la parte de atrás de ATLAPA), pudimos
apreciar el arte de los mejores toreros de la época,
como los españoles Luis Miguel Dominguín,
Manuel Benítez "El Cordobés", "El
Viti" y Victoriano Valencia, así como los mexicanos
Luis Castro "El Soldado" y "Calesero".
En el mes de septiembre de 1993, el entonces embajador
de España en Panamá, don Miguel Ángel
García Mina, reunió a un grupo de amigos panameños,
peruanos y españoles y fundó la Peña
Taurina de Panamá, agrupación que cuenta en
la actualidad con unos 40 miembros y que preside don Henry
Ford Hernández.
Este
grupo de amigos se reúne los primeros jueves de cada
mes para compartir sobre el tema taurino y disfrutar de
la buena mesa. Además, organizan conferencias, viajan
a ferias taurinas en Colombia y Perú, y celebran
anualmente un Festival Taurino y Ecuestre en la finca de
Jorge Araúz, en Penonomé, que posee en ella
una cría de ganado bravo, además de una hermosa
plaza de toros, llamada "Lucitano". En estos festivales
participan toreros de Perú, Colombia y México,
alternando con los aficionados prácticos del grupo,
Alejandro Aramburú, José Montesinos y Max
Gómez, quienes torean vaquillas bravas. También
ha participado Juan Saldaña, que hasta donde tengo
conocimiento, es el único matador de toros que ha
dado nuestro país. Esta labor de toreo, denominada
"tienta", es indispensable, ya que son estas vaquillas
las futuras madres de los toros de lidia y de su bravura
mucho depende la de sus hijos.
Encontramos en la protohistoria a los ancestros del toro
de lidia: el Bos taurus primigenius y el Bos taurus braquiceros,
especies originarias de amplias áreas geográficas
indoeuropeas y africanas. Es un animal que nace bravo, no
se le enseña a serlo, que por lo general embiste
cuando está solo, contra todo lo que se mueva. Lo
que más le hace embestir es el movimiento, por ello
el torero debe mantenerse quieto durante la ejecución
de los pases. Es un animal mortalmente peligroso, aún
en sus últimos momentos, que solo debe ser toreado
una vez en su vida, ya que en los pocos minutos de una corrida,
aprende que la capa es un engaño.
Un principio fundamental para el buen desarrollo de una
corrida de toros es que estos salgan a la plaza en pleno
uso de sus facultades y con sus cuernos íntegros.
La violación de este principio es severamente castigada
por las autoridades. En la actualidad, el toro de lidia
se cría principalmente en ganaderías de España,
Francia, Portugal, México, Colombia, Ecuador, Perú
y Venezuela.
Con el saludo entre ellos de "Que Dios reparta suerte",
los toreros y sus cuadrillas (banderilleros y picadores)
hacen el llamado "paseíllo", caminando
en formación por el ruedo o "albero" de
la plaza para saludar al presidente de la corrida y dar
inicio así al espectáculo.
La corrida o la lidia del toro se divide en tercios: el
primero, llamado "tercio de varas"; el segundo,
llamado "tercio de banderillas" y el tercero,
llamado "tercio de muerte".
Sale
el toro de los chiqueros de la plaza o "toriles"
y el matador más antiguo, a quien corresponde iniciar
la corrida, lo recibe para torearlo con el capote (capa
de color fucsia por un lado y amarillo o azul por el otro)
y "fijarlo", o sea parar su recorrido alrededor
del albero; por lo general, haciéndole pases llamados
"verónica", de gran elegancia. Una vez
fijado, entran, a caballo, los picadores, y el matador lleva
el toro al caballo haciendo lances con su capote para que
sea "picado".
Luego,
entramos al segundo tercio, en el que los banderilleros
deben colocar al toro un máximo de tres pares de
banderillas. Hay matadores que por ser excelentes
banderilleros ejecutan la suerte ellos mismos, convirtiéndola
en un espectáculo de gran vistosidad.
Colocadas las banderillas, entramos al tercio de muerte,
en que el matador torea al toro con una capa llamada "muleta",
que se diferencia del capote por su color rojo y por su
forma, además de que el matador la utiliza con la
ayuda de una espada, llamada "estoque".
Aquí es cuando el torero hace la que se
considera
la verdadera "faena" y donde puede y debe mostrar
su calidad. En general, inicia con derechazos o pases
en redondo, seguidos por muletazos dados con la mano izquierda,
llamados "naturales", todos rematados con los
"pases de pecho". Pueden seguir otros pases,
cuyos nombres sería muy largo enumerar. Y llega
la llamada "hora de la verdad", cuando el torero
debe entrar a matar al toro con el estoque, toreándolo
primero en busca de su correcta colocación para que
el estoque pueda entrar por un punto específico en
su lomo ("hoyo de las agujas"), que rápidamente
le produce la muerte.
Los premios para el torero son una oreja, si la faena ha
sido buena; dos orejas, si ha sido excelente y dos orejas
y el rabo, por una faena extraordinaria. Si el toro
ha sido excepcionalmente bravo y ha sido bien toreado, el
público pide su indulto y el presidente puede otorgarlo.
Si se concede, pasa a ser semental en la ganadería.
A
través de la historia han existido toreros que han
marcado épocas, como Juan Belmonte, "Manolete", Dominguín,
Antonio Ordóñez, Paco Camino, "El Cordobés"
y los mexicanos Carlos Arruza, Armillita, Manolo Martínez
y Eloy Cavazos. En tiempos recientes, se han destacado
como "figuras" del toreo, Curro Romero, "Paquirri", "Espartaco"
y José Tomás. En la actualidad, se destacan
especialmente los españoles Enrique Ponce y Julián
López "El Juli", así como "El Cid", "El Fandi",
Morante de la Puebla, César Jiménez, Miguel
Ángel Perera y Finito de Córdoba, el colombiano
César Rincón, el francés Sebastián
Castella y el mexicano "Zotoluco".
La feria taurina más importante del mundo es la
de San Isidro, en la Plaza de las Ventas en Madrid.
Se celebran corridas en toda España, pero se distinguen
por su importancia las ferias de Valencia, Sevilla, Pamplona,
Granada, Córdoba, Bilbao, San Sebastián y
Zaragoza y la temporada taurina de Barcelona. En Francia,
las de Nimes, Arles y Bayona. En América, las ferias
o temporadas más importantes son las de México,
Lima, Quito, Bogotá, Cali, Medellín, Manizales
y Cartagena, y las de Valencia y San Cristóbal, en
Venezuela. Además, hay corridas en Portugal,
en las que no se mata al toro en la plaza. Debo anotar que
recientemente se han celebrado, con gran éxito, corridas
en China, Rusia y California.
Han pasado cinco décadas desde que asistí
a mi primera corrida y debo confesar que aún en estos
días, cuando me voy acercando a una plaza en España,
Perú, Colombia o México, siento la misma emoción
de aquel chiquillo en la década del 50, que como
parte de su fascinación por este arte, llegó
incluso a soñar con ser torero. Ojalá
pueda volver a sentirla en mi tierra. ¡¡¡Y
OLÉ!!!
Fotos:
Cortesía del autor.