Por: Dr. Arturo Condo, decano del INCAE*
¿Y ahora qué? Las
nuevas oportunidades para Panamá con la
ampliación del Canal > catedrático analiza la nueva situación de nuestro país y nos recomienda acelerar el aprovechamiento de todas las industrias relacionadas al Canal que se podrían desarrollar a partir de este momento.
Con motivo del debate suscitado en torno a la aprobación del proyecto
de ampliación del Canal, fui invitado a Panamá por un grupo
de mujeres líderes para analizar ciertos aspectos del mismo y su repercusión
en el futuro del país. He aquí mis conclusiones, que vinieron
acompañadas de una profunda admiración hacia la madurez institucional
que Panamá dio al mundo con un proceso democrático abierto
y transparente a través del cual se aprobó efectivamente la
necesaria ampliación del Canal.
¿Para qué hacer un proyecto como la ampliación
del Canal?
Siempre que consideramos un proyecto nacional como el de la ampliación
del Canal, deberíamos tener en mente su contribución al desarrollo
sostenible del país y de sus habitantes, es decir: 1) su aporte al
proceso de creación de riqueza, 2) en qué medida contribuye
a una mejor distribución de esa riqueza, y 3) si aprovecha en forma
sostenible los recursos naturales.
Según el último reporte del Foro Económico Mundial,
Panamá tiene un PIB per cápita de $7,283, ajustado por la paridad
del poder de compra, para poder comparar la capacidad adquisitiva entre países.
Es un país de ingreso medio, apenas más alto que el de China,
pero aún no ha podido alcanzar a los países más prósperos
de América Latina o a los del Sudeste
Asiático que han experimentado tasas de crecimiento formidables en
las últimas décadas.
Por otro lado, Panamá todavía sufre de niveles de pobreza
del 37%, con concentraciones aún más altas en zonas rurales.
Para que la ampliación del Canal contribuya al desarrollo de Panamá,
la misma debe permitir generar riqueza por encima de los niveles actuales.
De la misma forma que cualquier persona busca en un nuevo trabajo la posibilidad
de mejorar su ingreso, un país debe buscar nuevas actividades económicas
que aumenten su nivel de riqueza, es decir industrias que sean más
productivas. Más aún, para acercarse a la meta del desarrollo,
la creación de riqueza debería permitir una mejor distribución
de la misma de la única forma que es verdaderamente sostenible: la
mayor productividad de la fuerza laboral a través de empleos de alto
valor agregado relacionados con el conocimiento y el talento humano. ¿Podrá la
ampliación del Canal lograr ambas cosas?
La lógica del proyecto de ampliación
del Canal
A pesar de que fue aprobado en forma abrumadora, es útil revisar la
justificación del
proyecto, es decir, por qué se tiene que
hacer. Y la respuesta la podría resumir en tres aspectos generales:
• El número de buques portacontenedores –el segmento más
importante de clientes del Canal- que superan el tamaño máximo
que puede transitar el Canal crece cada año. Existe una clara demanda
por un Canal de mayores dimensiones.
• Una de las rutas más importantes del comercio mundial –que
va del Noreste Asiático hacia la costa este de Estados Unidos-, sigue
creciendo constantemente. La participación de mercado actual del Canal
de esa ruta es de 38% y con la ampliación podrá llegar a 49%,
mientras que sin ella hubiese podido bajar a 23%.
• El uso de la capacidad del Canal está llegando a su límite
máximo. Con un tráfico anual de alrededor de 14,000 tránsitos,
el Canal opera actualmente a un 85% de su capacidad, muy cerca de su capacidad
máxima real.
Es obvio que la ampliación del Canal tiene mucho sentido por la demanda
que existe para sus servicios y por las oportunidades que existen en un mundo
altamente integrado. Pero, además, tiene sentido para Panamá como
país y como sociedad. ¿Por qué? Lo primero que viene
a la mente es la contribución de los peajes del Canal a la economía
panameña.
Actualmente esto representa cerca del 6% del PIB, lo cual no es nada despreciable.
Si a esto le añadimos el comercio de la Zona Libre de Colón,
directamente relacionado con el
Canal, su contribución llegaría
a casi el 13% de la economía. Se estima que la ampliación representará ingresos
adicionales para el Estado de 6,000 millones de dólares a lo largo
de los años. Además, la fase de construcción se espera
que genere de 6 a 7 mil empleos directos y varias veces ese número
de empleos indirectos.
Este impacto es muy importante pero, en mi opinión, no es lo más
importante para Panamá. Lo que realmente puede contribuir en forma
significativa al desarrollo de Panamá es el efecto multiplicador del
Canal en la economía, más allá de solamente su operación.
Estudios realizados en relación con el proyecto de ampliación
estiman la generación
adicional de 150 a 250 mil empleos adicionales para el año 2025 y
una tasa de crecimiento del PIB del 5% anual. Esto toma en cuenta el crecimiento
de las actividades actuales relacionadas con el Canal, pero no la posibilidad
de una “explosión” de la industria marítima y de
logística en Panamá. En este sentido, la aprobación
del proyecto de ampliación es una señal inequívoca al
mundo de que Panamá va a seguir siendo en el futuro un centro de logística
de clase mundial.
¿Qué pasará ahora?
En realidad la pregunta correcta es ¿qué tendrán que
hacer los panameños ahora? Si la
ampliación física del Canal va a tomar entre 5 y 10 años, ¿deberán
esperar a que esté concluido para aprovechar esa capacidad adicional?
En realidad no. El desarrollo de un
cluster marítimo y de
logística en Panamá es algo que ya está en movimiento,
pero que puede ser acelerado en forma importante. Si a la operación
del Canal y a la Zona Libre le añadimos la industria de transporte
y comunicaciones, juntas representan 22% de la economía nacional. ¿Podrá crecer
este cluster más rápidamente que lo que ha
venido creciendo? Yo creo que sí.
Para poder imaginar el futuro de este sector en Panamá, es interesante
observar ejemplos de industrias parecidas en otros países. Noruega
es un caso interesante ya que representa el 10% del transporte marítimo
del mundo, a pesar de que es apenas el 1% de la economía global y
tiene menos del 0.1% de la población del mundo. Cuando observamos
las industrias que componen su cluster marítimo, encontramos
muchas que ya existen en Panamá, como el registro de barcos, banca
especializada en comercio internacional, abogados especializados en derecho
marítimo y empresas de seguros marítimos. Pero también
encontramos otras como los astilleros, la construcción de barcos,
la fabricación de equipo para barcos así como investigación
en temas marítimos, que no existen o son aún incipientes en
Panamá.
Otro caso interesante por su dominio en la industria logística es
Singapur, cuyo puerto es el más activo del mundo y cuenta con 200
líneas navieras cuyos buques zarpan a los principales puertos todos
los días. Junto a sus puertos, Singapur tiene uno de los aeropuertos
más grandes de Asia tanto en el tráfico de carga como de pasajeros,
que es servido por 83 aerolíneas con más de 4,000 vuelos semanales.
Allí se concentran más de 3,000 empresas de logística
y de manejo de la cadena de suministros, además de 20% del mercado
mundial de reparación de barcos, 25% del mercado asiático de
mantenimiento de aviones y los principales centros de distribución
de Asia. Para mantener esta dinámica, Singapur ha puesto énfasis
en programas de entrenamiento y educación de los técnicos y
profesionales que necesita en las industrias en las que compite. Ha apoyado
vigorosamente
programas de investigación y desarrollo, y ha promovido la colaboración
entre empresa e industria.
Estos ejemplos son importantes para Panamá porque ilustran el potencial
de desarrollo para su propio cluster marítimo y de logística
que actualmente incluye un número importante de servicios especializados
al tema marítimo y los servicios propios de la operación del
Canal. El potencial de crecimiento, sin embargo, está muy lejos de
haber sido alcanzado. Por un lado, la operación del Canal ha permitido
desarrollar habilidades y fortalezas que se pueden ofrecer en la forma de
servicios marítimos, de reparación de barcos, etc. en una escala
mucho mayor de lo que existe actualmente. Por otro lado, por el Canal trasiegan
cerca de 300 millones de toneladas al año y, sin embargo, se agrega
muy poco valor a esa carga. En el caso de Singapur, a una parte importante
de la carga que pasa por sus puertos y aeropuertos se le agrega valor localmente,
inicialmente en forma de ensamblaje y prueba y más recientemente en
forma de diseño, investigación y desarrollo. Ese país
es un verdadero “hub” del comercio asiático,
alrededor del 70% de sus exportaciones se dirigen a los países de
esa zona, mientras que en Panamá apenas algo más del 20% de
las exportaciones se dirigen hacia América Latina.
El potencial de crecimiento de este cluster en Panamá es
evidente y la ampliación del Canal
va a incrementar radicalmente ese potencial. Por un lado, va a atraer un
flujo mayor de
carga por el Canal y por el otro va a ratificar el posicionamiento de Panamá como
un centro de operaciones marítimas sofisticadas en el siglo 21.
¿Quién se encargaría y cómo se haría?
Aún si uno está convencido del potencial de desarrollo que
representa el Canal para
Panamá, es válido cuestionarse qué roles
deberían jugar el gobierno, el sector privado y la sociedad en general.
Para esto hay que tener en cuenta que los países que lograron crecer
económicamente en forma acelerada en la segunda mitad del siglo veinte –tales
como Irlanda, Singapur y Corea– lograron hacerlo a lo largo de más
o menos tres décadas. Eso significa que ningún gobierno por
sí solo pudo responder por el resultado final. Obviamente es necesario
el concurso del sector público quien maneja algunas actividades centrales
para obtener esos resultados. El gobierno debe facilitar la creación
de nuevas empresas, por ejemplo, y hacer más eficiente los procesos
de regulación y supervisión de las actividades privadas.
También es responsable de ciertos rubros de inversión que
son críticos para el futuro, el más importante de todos es
la educación. Sin embargo, si es necesario mantener un hilo conductor
a lo largo de dos a tres décadas, el liderazgo privado es crucial
para la sostenibilidad del proceso de desarrollo. El sector privado empresarial
es el primer interesado en la continuidad de esos procesos porque depende
en forma crítica de la continuidad de políticas y porque de él
depende la creación de valor en una sociedad. 
Hoy en día está claro además que la sociedad civil,
en todas sus formas y expresiones, debe participar de este proceso y no sólo
permitir que ocurra en forma pasiva. Su rol más importante es el desarrollo
del capital humano que se necesita en este proceso, pero es
importante también un rol de liderazgo más amplio como el que
se articuló en Irlanda hace un par de décadas cuando sindicatos,
empresa privada y gobierno, lograron acuerdos tri-anuales que impulsaron
el proceso acelerado de desarrollo de esa nación.
En última instancia, este proceso requiere de todos los panameños
y panameñas que desde sus posiciones en la sociedad pueden invertir
en la creación de más y mejores oportunidades de empleo, de
mayor valor agregado y mayor productividad. Y entre ellos,
necesitamos de líderes que mantengan el rumbo por las próximas
décadas.
* El Dr. Arturo Condo es decano de Maestrías de INCAE y
Director del Centro Latinoamericano para la Competitividad
y el Desarrollo
Sostenible (CLACDS).