Diciembre 2006  
 
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Cuerpo...

La vacuna contra el virus del papiloma humano: una realidad>
Cada seis a doce meses toda mujer en edad reproductiva debe acudir a su ginecólogo o médico de cabecera para controles de salud, particularmente para realizarse la prueba de papanicolau que detectará aquellas con probabilidades aumentadas de estar infectadas con el virus del papiloma humano (VPH), el enemigo silencioso del que poco se habla, pero mucho afecta. El VPH es el principal causante del cáncer cérvico uterino, por lo que aquellas pacientes que lo porten tendrán mayores probabilidades de desarrollar cáncer cervical. Tanto es así, que se calcula que sólo en los Estados Unidos 20 millones de mujeres son portadoras de este virus.

Siendo este virus principalmente de transmisión sexual y estando estrechamente relacionado con la aparición de verrugas genitales tanto en hombres como en mujeres, las autoridades de salud e investigadores a nivel mundial han trabajado arduamente en estrategias para contener esta epidemia, enfocados primordialmente en la prevención de la infección.

El pasado 8 de junio, la agencia de medicamentos y alimentos de Estados Unidos (FDA por sus siglas en inglés) aprobó la distribución y venta de Gardasil, la primera vacuna creada para prevenir el cáncer cervical. Este medicamento, desarrollado por Merck Sharp and Dohme (MSD), está indicado para la prevención del cáncer cervical y verrugas genitales en mujeres con edades comprendidas entre los 9 y 26 años, reduciendo la incidencia de infección por el VPH y enfermedades asociadas.

Aparte de los Estados Unidos, la vacuna Gardasil también fue aprobada en México este año y actualmente está en vías de aprobación en Argentina, Australia, Brasil, la Unión Europea, Nueva Zelanda, Singapur y Taiwán. En nuestro país todavía no hay fecha para su comercialización por parte de la compañía distribuidora.

Cabe destacar que la compañía MSD está colaborando activamente con la Fundación Gates para lograr que Gardasil pueda ser utilizada en los países más pobres y con mayor prevalencia de infección por el VPH.

Pero, ¿cómo se usa?, ¿quién la debe usar?, ¿cuándo?, ¿qué protege y qué no?, ¿cuánto costará?, ¿es una panacea?, son importantes preguntas que todos nos hacemos.

¿Cómo se usa? Gardasil se aplica en forma intramuscular, en dosis de 0.5 cc. Son tres dosis, la inicial, después a los dos meses y a los seis meses de la primera.

¿Quién la debe usar? En teoría, toda mujer en edad reproductiva que tenga vida sexual activa. Se recomienda su aplicación sobre todo entre los 14 y 26 años de edad.

¿Cuándo? Se debe utilizar antes de estar en contacto con el VPH, ya que al ser una vacuna no “cura” la infección sino que la previene.

¿Qué protege y qué no? Protege contra los principales tipos del papiloma humano (6, 11, 16 y 18) que producen un 70% de los cánceres de cérvix y un 90% de las verrugas venéreas. No protege contra el resto de los tipos de VPH y, por supuesto, no contra el síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA), ni contra el resto de las enfermedades venéreas. Tampoco es un método de control de la natalidad.

¿Cuánto costará? Aunque la distribuidora local aún no ha fijado precios, se espera que su costo al público sea de alrededor de cien balboas por dosis.

¿Es una panacea? Si bien el Gardasil es una nueva herramienta muy eficaz en la prevención del VPH, es importantísimo que entendamos que no es la panacea y que de ninguna manera sustituirá la visita periódica al ginecólogo, ni el examen del papanicolau. Y, sobre todo, debemos insistir en promover y mantener estilos de vida saludables que incluyan prácticas sexuales responsables.

Por: Dr. Teodoro Méndez, ginecólogo obstetra.


y Alma
viviendo a plenitud


Aquello a lo que le pones atención crece >
Hace años ya, en una sesión de psicoterapia, y gracias a un jovenangustiado pero enamorado, pude descubrir algo que he determinado en llamar la “ley de la atención”, y que se ha convertido en un componente clave de mi forma de entender la vida y de practicar mi oficio. Mi paciente era un joven de 26 años de edad, y estaba muy aprehensivo ante la inminente decisión de casarse. Me consultó y me dijo que amaba a su novia, pero que le molestaba mucho un defecto que ella tenía: su nariz.“Mi novia es muy narizona”, me comentó... Estaba obsesionado con eso. Le pregunté qué le gustaba de su novia y comenzó a narrarme todas las cualidades que ella tenía...: “Es dulce y tierna conmigo..., es inteligente, me gustan sus manos, su cuerpo, es estudiosa y ordenada, es sencilla, se lleva bien con mi mamá...”. La lista de cualidades era larga. Me quedé pensando y le dije que se fuera a su casa y que, por un par de semanas, intentara concentrarse en ponerle atención a todas esas cosas que le gustaban de su novia.

A las dos semanas, cuando le tocaba su cita, faltó. Al cabo de un mes, cuando lo llamamos, me contó muy alegre que ya tenía fecha para el matrimonio, y que no necesitaba venir más...; que se había dado cuenta de cuán especial era su novia, y que realmente no era tan narizona como él había pensado en un principio...

El poder de la atención es ilimitado. Basta con insistir –mental o abiertamente– en las características negativas de una persona para hacernos intolerable su compañía. La “ley de la atención” nos recuerda la importancia de poner acento en los rasgos positivos de las personas.

La tolerancia nos ayuda a reconocer en nuestros familiares y compañeros de trabajo, no sólo errores, sino también aciertos. Es esa combinación maravillosa la que hace de las personas que conocemos esa increíble combinación de luces y sombras.

Nos convertimos en lo que pensamos que somos por el poder de nuestra atención. Una autoestima alta se nutre de nuestra capacidad de ver lo positivo en los demás y –sin engañarnos– de ver lo bueno en nosotros mismos también. Si sólo ponemos atención a nuestros errores, en eso mismo nos vamos convirtiendo. De algún modo la depresión puede entenderse como un enfoque mental inconsciente en donde la persona exagera todo lo negativo de la realidad y excluye todo lo positivo.

En la película “Una Mente Maravillosa”, Russell Crowe encarna al profesor y Premio Nobel de Matemáticas, John Nash, quien sufría de una esquizofrenia paranoide y experimentaba alucinaciones persistentes. El diálogo final de la película describe, de manera precisa, la esencia de la administración de la atención. Cuando otro profesor le pregunta a Nash cómo había logrado eliminar de su mente esos persistentes pensamientos delirantes y las terribles alucinaciones auditivas, Nash se vuelve hacia su interlocutor y le dice: “No he logrado borrarlas de mi mente, es sólo que ahora he aprendido a no ponerles atención”.

Eso que llamamos “madurez” puede ser visto como el desarrollo de la capacidad de “administrar” nuestra atención de manera consciente y voluntaria, sabiendo mirar adentro de nosotros mismos con amor y compasión, y sabiendo mirar afuera con ternura y tolerancia. La “ley de la atención” nos recuerda lo importante que es reflexionar sobre la forma como nos vemos a nosotros mismos y cada una de las cosas y personas que nos rodean, y, cómo, finalmente, todo aquello a lo que le ponemos atención crece.
Por: Carlos A. Leiro P., Ph.D., Transiciones.


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