Por: Ma. Mercedes de la G. de Corró
Vargas Llosa le apuesta al amor
La maestría de Vargas Llosa nuevamente sale a relucir a través
de este relato exquisito, una novela que vale la pena leer. > Travesuras
de la niña mala, la más reciente novela de Mario Vargas
Llosa, es una historia de amor (hecha más de interrupciones que de
encuentros) entre una mujer inescrupulosa y un hombre bueno, enamorado “como
un becerro”. Para delicias del lector, estos amores enrevesados tienen
como escenario a París, Londres, Tokio, Lima y Madrid. Además,
germinan en el verano del 50, en el momento en que el limeño barrio
de Miraflores le abría paso al muy excitante y atrevido mambo. Y siguen
echando hojas a lo largo de los años 60, 70, 80 y hasta entrados los
90, cuando Madrid empezaba a gozar de “una vitalidad cultural extraordinaria”.
Lo que permite repasar con una mirada retrospectiva algunos de los interesantes
cambios sociales que experimentó el mundo en la segunda mitad del
siglo pasado.
Travesuras de la niña mala no es una comedia, pero
está plagada de cursilerías propias del amor. Tampoco es drama,
aunque deja un resabio de nostalgia, porque el lector es testigo del paso
del tiempo y de cómo éste va derritiendo las ilusiones con
sus baños de realidad. Más que nada, es un relato exquisito
que desde el principio despierta las ansias de llegar a un final que, al
mismo tiempo, se quisiera posponer (para poder seguir leyendo). En Travesuras
de la niña mala, la maestría de Vargas Llosa se ve
por todos lados. En la forma sutil como convierte al lector en observador
condescendiente de esa diabla que es la niña mala; en la capacidad
de unir muchos fragmentos (capítulos) independientes, sin que se vean
las costuras; y en el milagro de hacer convincentes las casualidades imposibles
que permiten que esta relación amorosa perdure a través de
los años.
El autor
Para escribir una novela de amor –¡tema tan trillado!– y
lograr sorprender al público, hay que ser un gran escritor. Hay que
ser Mario Vargas Llosa, ese Picasso de las letras que ya no tiene nada que
probar, porque ha reconstruido la historia (La Fiesta del Chivo, La
guerra del fin del mundo); se ha explayado en la novela erótica
(Los cuadernos de don Rigoberto, Elogio de la madrastra…);
ha incurrido en el terreno de lo policial (¿Quién mató a
Palomino Molero?); ha sido cuentista (Los Jefes)
y ensayista (La tentación de lo imposible).
Vargas Llosa es un observador del mundo que, paralelamente a la creación
literaria, mantiene una producción regular de artículos periodísticos
de temas variados. Y es un intelectual apegado a principios que nunca se
contagiaron con el entusiasmo de sus coetáneos hacia ciertas corrientes
izquierdistas o hacia figuras interesantes desde el punto de vista del escritor,
pero nefastas desde la perspectiva del ser humano. De hecho, Mario Vargas
Llosa ha sido tan leal a sus ideas como al mechón engominado que seguramente
quedará bien reproducido en el busto de cera con que lo piensa inmortalizar
un museo de Madrid, la capital del país que lo acogió como
ciudadano.
Recientemente, dicho museo organizó una ceremonia para
tomarle las medidas; el autor de 70 años aceptó atender a
los periodistas que lo estaban esperando para escarbarle la vida, una vez
más. Acerca
de sus planes futuros, no puso reparos en revelar que: “Seguiré escribiendo”.
Sobre su participación en la vida política de su país
de nacimiento, dijo que era: “Un compromiso que en su momento quiso
atender” y que, pasadas las elecciones, (esas en las que los peruanos
decidieron que Alberto Fujimori sería un mejor presidente para el
Perú), se convirtió en un capítulo cerrado y en un libro
abierto (Como pez en el agua).
Le preguntaron también acerca de la génesis autobiográfica
de Travesuras de la niña mala, cuyo protagonista
es un traductor peruano, instalado en Europa. Vargas Llosa la negó,
explicando que la narración en primera persona, los escenarios, las
vivencias rescatadas de la memoria, son elementos que utiliza para darle
credibilidad a la historia. Y sí, seguramente es verdad lo que dice
Vargas Llosa acerca del carácter ficticio del personaje y de la saga
improbable que le toca protagonizar. No obstante, los lectores difícilmente
podrán –o querrán– renunciar a la ilusión
de imaginar que un poco del espíritu del autor habita en el personaje
de Ricardo Somocurcio, con quien Vargas Llosa coincide, no solo en épocas
vividas, ciudades habitadas, y gustos literarios –Flaubert, Chéjov–,
sino en el hecho de que ambos tienen a la palabra como herramienta de trabajo.
Y hacen buen uso de ella. Sin contar que, tanto como el niño bueno
de la novela, Mario Vargas Llosa habrá sufrido y gozado, una o muchas
veces, a merced de las fuerzas del amor…
Entrevista exclusiva a Mario Vargas Llosa
“Travesuras de la niña
mala me hizo pasar muy buenos momentos”
Por: Ma. Mercedes de la G. de Corró
Escribir una novela de amor, ¿es una licencia que se
da ahora que ya ha sorprendido al público con algunas de las
grandes novelas latinoamericanas de las últimas décadas?
La idea de escribir una novela de amor me daba vueltas hace muchos
años y, por fin, la he
puesto en práctica con Travesuras de la niña
mala. Es una novela de amor moderno, es decir, de un amor
marcado por las características de nuestra época, en
la que hombres y mujeres tienen más libertades que antaño,
y en la que las mujeres ya no son meros apéndices de padres,
maridos y hermanos, sino gozan también de una disponibilidad
semejante o comparable a la de los hombres.
Travesuras… es una lectura fluida, deliciosa… ¿escribirla
también lo fue? ¿Diría que fue un proceso menos
complejo que el que requirieron trabajos anteriores?
Escribir una novela es siempre para mí un gran trabajo y me
lleva a hacer muchas revisiones y correcciones. A veces, es más
difícil escribir una novela de apariencia ligera que una novela
densa y compleja. Pero es verdad que Travesuras de la niña
mala me hizo pasar muy buenos momentos, sobre todo en los
episodios en los que he aprovechado recuerdos de ciertas ciudades y épocas
que aparecen en la historia. Los escribí
traspasado por la melancolía.
¿Por qué sintió la necesidad de dar detalles
tan fuertes acerca de la relación de la niña mala con
el japonés?
La relación de la niña mala con el japonés
es una relación hecha de violencia, como ocurre muchas veces
en las relaciones amorosas, aunque ello se oculte por pudor y vergüenza
a la luz pública.
¿Cómo ve la vida en este momento? ¿Acaso
con la misma nostalgia que se desprende de esta novela en la que
las páginas van dejando atrás los años, los
sueños, las aventuras… la fogosidad? ¿Qué le
da placer en este momento de su vida? ¿Con qué sueña?
Mi vida actual, como la pasada, está hecha
de trabajo, ilusiones, inquietudes y de proyectos
diversos. Es verdad que siento el paso de los años, pero ello
no es un lastre, porque sigo
estando más interesado en el futuro que en el pasado; es decir,
lo que me queda todavía
por hacer me parece más sugestivo que lo que ya hice.
¿Cómo reparte su tiempo entre el trabajo como
escritor de ficción y el de articulista?
¿Realiza ambos simultáneamente en horarios distintos?
Trabajo seis días por semana en mis libros y el restante –generalmente
el domingo– en mis
artículos periodísticos.
Créditos fotográficos:
Mario Vargas Llosa: Richard Smith / Corbis Sygma |