Por:
Sofía Izquierdo
¿Van a limpiar la bahía? > Ya
inició el proyecto de saneamiento de la ciudad y de la bahía de Panamá.
El nuevo alcantarillado evitará la descarga de aguas negras a los cinco
principales ríos de la ciudad. En siete años, el agua de la bahía será apta
para “contacto humano”.
El estado de las alcantarillas de una ciudad podría ser un buen
indicador de su desarrollo humano. En la ciudad de Panamá, cerca
de 300 mil personas viven en casas cuyas descargas de los sanitarios
y del resto de aguas servidas que genera un hogar van a dar a desagües
improvisados que llegan a zanjas o quebradas y, de allí, a los
ríos de la
ciudad.
Las tuberías de los barrios residenciales también arrojan
las aguas servidas a los ríos. Quizás con mayor disimulo, pero
el efecto es el mismo. Hay excepciones: algunos promotores construyen tanques
sépticos, pero cuando no se les da mantenimiento, como suele suceder,
entonces estos contaminan las aguas subterráneas y, de ese modo, contaminan
también los ríos.
Algunas industrias y restaurantes, los grandes centros comerciales y un
buen número de elegantes edificios arrojan sin cesar sus desperdicios –sin
ninguna clase de tratamiento para disminuir la contaminación– a
esos mismos ríos. Gracias a semejante concierto de descarga de aguas
negras, cada río y quebrada de la ciudad es una cloaca a cielo abierto.
Y al final, todos los días, los ríos y las tuberías
cumplen fielmente su tarea: arrojan las aguas residuales a la bahía
de Panamá.
El saneamiento llegó
El saneamiento de la bahía y de la ciudad de Panamá es un mantra
que repetimos y escuchamos desde hace casi medio siglo. En 1959 se diseñó el
primer plan para construir tres plantas de tratamiento de las aguas residuales
de la ciudad. Cada cierto tiempo, el país ha encargado nuevos estudios
para identificar la manera más eficiente de invertir en un sistema
de saneamiento. Mientras tanto, día tras día, un gran caudal
de aguas negras sigue llegando a la bahía.
La lógica que guía el Plan Maestro Consolidado del Proyecto
de Saneamiento de la Ciudad y de la Bahía de Panamá –actualmente
en ejecución–, parece simple: no botamos las aguas residuales
a la bahía y la bahía se limpia sola.
Recolectar, transportar y tratar las aguas negras: he ahí la
esencia del Proyecto. La ejecución incluye instalar tuberías
(llamadas redes sanitarias) a las que se conectarán los desagües
sanitarios de las casas de las siguientes comunidades de San Miguelito: Rogelio
Sinán, Barriada 2000, Nueva Libia, Santa Marta, El Vallecito y 9 de
enero. Además, en algunos sectores de la ciudad se mejorarán
o rehabilitarán las colectoras existentes para ampliar su capacidad
de transportar las aguas negras de los barrios residenciales.
Se instalarán tuberías más grandes (llamadas colectoras)
que correrán paralelas a los ríos Curundú, Matasnillo,
Matías Hernández, Río Abajo y Juan Díaz, para
recolectar las aguas que las redes sanitarias, actuales y futuras, vierten
a los ríos. De ese modo, desde el Casco Viejo hasta el corregimiento
de Juan Díaz, las aguas negras no caerán más a los ríos.
Es decir, en esa área de la ciudad, en la que viven aproximadamente
800 mil personas, tendremos un alcantarillado que funcionará
bajo normas de calidad adecuadas.
Juan Antonio Ducruet, director de la Unidad Coordinadora del Proyecto de
Saneamiento,
explica que si el sistema de recolección de basura y la educación
ciudadana funcionan, se cumplirá una de las principales metas del
proyecto: “Recuperar y devolverle a la población, los ríos
y quebradas de la ciudad de Panamá”. ¿Para qué va
a utilizar la población los ríos y quebradas en la ciudad? “Esparcimiento”.
Ducruet afirma que, incluso ahora, hombres, mujeres y niños de barriadas
de pocos recursos se bañan y lavan ropa en esos ríos y quebradas “que
son un riesgo para la salud pública”. Si esta meta se cumple,
quizás se pondrán de moda las cafeterías y restaurantes
a orillas del Matasnillo y se abrirán de par en par las puertas de
los balcones que dan a los ríos.
Las colectoras que desembocan a la bahía de Panamá, a la altura
de la Avenida Balboa, serán interceptadas. Todas estas tuberías
estarán conectadas a un sistema que combinará la fuerza de
gravedad y la impulsión para transportar las aguas negras. En un tramo,
las aguas correrán por un túnel y en otro, se utilizarán
estaciones de bombeo. Finalmente, las aguas llegarán a una planta
de tratamiento que se construirá en Juan Díaz y, de allí,
se verterán al mar sin causar contaminación, así se
permitirá la recuperación de la bahía. (Ver mapa).
El financiamiento
El costo total de la obra se ha fijado en 365 millones de balboas. Panamá ha
gestionado con persistencia el financiamiento de las dos primeras fases del
proyecto, cuyo monto es de 285
millones de balboas, por parte del Banco de
Cooperación Internacional de Japón (JBIC). Estas primeras dos
fases se estarán realizando entre el periodo 2006-2009 se incluirán
la infraestructura para el saneamiento del área que comprende desde
el Casco Viejo hasta el río Juan Díaz, específicamente
la construcción y reparación de redes y colectoras, el sistema
interceptor y la planta de tratamiento.
El préstamo resulta atractivo para el país por dos aspectos:
los intereses inusualmente blandos y los requisitos ambientales, de planificación
e implementación que exige JBIC para aprobar el
financiamiento, los
cuales aseguran una optimización del proyecto y su implementación.
La misión de análisis del JBIC contrató un equipo consultor
que evaluó aspectos como el diseño básico, la mejoría
en la contaminación de las aguas, la capacidad de coordinación
de las instituciones que operarán el sistema, la introducción
de medidas para adoptar un Mecanismo de Desarrollo Limpio y las consideraciones
ambientales y sociales que tiene en cuenta el proyecto. Con esta consultoría,
además,
la Unidad Coordinadora del Proyecto –y toda la ciudadanía– cuenta
con indicadores de desempeño y cronogramas realistas de implementación
y de desembolsos, que permitirán medir el avance y el impacto de la
obra.
En resumen, todo parece indicar que para conseguir el préstamo, Panamá se
ha visto obligada a aplicar un riguroso “control de calidad” del
proyecto. Esto contribuirá a evitar temas como incumplimiento, sobre
costo y baja calidad, que caracterizan la construcción de algunas
obras de infraestructura contratadas por el Estado y de sistemas de saneamiento
similares financiados directamente con fondos del Estado en otros países
de Latinoamérica.
En un proyecto de esta envergadura, esa es una noticia tan alentadora como
considerar que pasear plácidamente por la bahía y recuperar
su encanto para los habitantes de la ciudad, dejará de ser una nostalgia
de los abuelos y se convertirá en un hecho real antes de una década.
El costo de sanear la ciudad y la bahía
Estaremos libres, por fin, del tormento de los
malos olores y de la mala conciencia de emplear la bahía como
un tanque séptico.
• Una vez que se elimine la descarga de aguas negras a los ríos,
debe desaparecer también el mal olor.
• La bahía se limpiará por “medios naturales”.
Gastar dinero en limpiarla es un lujo que el país
no puede costear. Las fuertes mareas del Pacífico maximizan
la capacidad de limpieza natural.
• Las áreas revertidas no están incluidas en este Proyecto.
Las redes de alcantarillado han
empezado a colapsar y la presión de las compañías
constructoras crece. Sanear esa parte de la
ciudad es una tarea urgente.
• El costo del alcantarillado se cargará a la factura de agua. ¿De
cuánto será el incremento?
El Proyecto primero fortalecerá la eficiencia del Instituto
de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (IDAAN) para eliminar la
pérdida de agua potable, medir el consumo y cobrar adecuadamente.
Se estima que ello reducirá considerablemente el impacto del
costo de mantenimiento del alcantarillado.
• El costo de construcción se pagará con fondos de inversión
del gobierno central. |