Por: Vickie de Dahlgren
Cuando menos es más... > Con
una arquitectura de líneas rectas y un decorado interior que omite
la ornamentación excesiva, esta singular residencia impresiona
agradablemente cada uno de nuestros sentidos y captura la esencia de
un estilo particular.
Diferente e interesante serían calificativos apropiados para describir
la arquitectura de esta magnífica propiedad ubicada en uno de los
barrios residenciales más novedosos y bien trazados de la ciudad de
Panamá.
Para muchos, este estilo arquitectónico tan diferente al que nuestro
medio ha estado expuesto, “moderno”, de líneas rectas,
variedad de volúmenes, grandes ventanales, colores neutrales, asimetría
en su estructura, cantilibres y materiales cuya textura son parte importante
del éxito final de una obra, tiene un aire a la tendencia arquitectónica
de los años 20 y 30, que se conoció como “Estilo Internacional” y
que fue liderizada por arquitectos de la talla de Mies van der Rohe y Le
Corbusier, cuya característica fue la utilización de figuras
geométricas y materiales como el vidrio y el acero inoxidable, imprimiéndole
austeridad por la falta de ornamentos.
De un acicalado jardín con palmeras y alguna que otra veranera brotando
de maceteros
ubicados a diferentes niveles, se yergue esta estructura de
concreto. Chapas de mármol en tonos neutrales revisten el bloque central
de la fachada, que atraviesa desenfrenadamente la techumbre de tejas de color
parejo y se convierte en el elemento más atractivo del alzado frontal
de la residencia, sin ensombrecer los volúmenes posteriores a los
que se integra nítidamente logrando una fachada hermosa y tranquila.
“Nosotros conocíamos bien lo que ambicionábamos lograr
en este proyecto tan disímil de nuestra casa anterior”, nos
comenta su propietaria. Para desarrollar esta tarea, que tanta ilusión
les producía, la pareja eligió al arquitecto Álvaro
Cambefort, quien se encargó de interpretar sus deseos y necesidades
obteniendo los resultados anhelados: una casa
amplia, de grandes y luminosos
ambientes, que todos en la familia disfrutan formidablemente.
Un portón doble de madera, tratada con un satinado barniz tono “wengue” y
vidrios texturizados para guardar la privacidad familiar, nos dirigen al
interior de la residencia. De golpe, nuestros sentidos se agudizan para observar
cuidadosamente todo lo que percibimos. Desde el punto de acceso o foyer se
aprecia, de manera general, el espacio que acoge esta gran habitación
donde son los desniveles y volúmenes los que crean los diferentes
ambientes.
Una reducida gama de colores fue utilizada en el decorado general, de manera
que todos los elementos se entretejen sin que uno se destaque sobre el otro.
Distinguimos el blanco,
utilizado en el acabado de las paredes, el crema,
en diferentes matices, y el tono oscuro del lustre de las puertas interiores.
Los pisos fueron revestidos en tuscany light vein cut —piedra
que posee una suave coloración en tonos crema la cual se integra muy
suavemente al color blanco de las paredes—.
“Para la selección de los acabados de interiores y la decoración
general contamos con la guía y el buen
gusto de la decoradora Ivette Álvarez”,
nos expresó la propietaria de esta casa. “A mí me encanta
todo lo relacionado con la decoración, así que se nos hizo
muy fácil trabajar juntas y logramos crear ambientes diferentes y
muy de nuestro gusto”, reiteró.
La amplia sala está formada por dos grandes sofás tapizados
en chainille color verde. Estos se realzan sobre la alfombra de
fondo celeste con diseños geométricos en verdes y cafés.
Esa combinación de matices la vemos repetida en los cojines que adornan
de manera sobria los dos sillones. Elevado un par de gradas observamos el
comedor. En esta sección nuevamente se mantiene el color blanco en
los tapices de las sillas que rodean una muy oscura e interesante mesa de
ebano, en cuyas cabeceras han sido colocados dos banquette que aportan
un detalle divertido y diferente para acomodar a toda la familia. “Estos
muebles fueron fabricados por un conocido diseñador argentino”,
nos comenta ella,
mientras admiramos nuevamente el tono celeste de la alfombra empleado para
ofrecer “ese” toque diferente.
Puertas de madera y vidrio nos dirigen al den, según la
propietaria una de las áreas más utilizadas de la casa pues
les encanta entretener y compartir con amigos. Aquí el colorido general
se mantuvo, sólo se varió en el acabado de los pisos que en
esta oportunidad se revistieron en madera aportando mayor calidez al aposento.
Un alto mesón todo revestido en granito, de fondo oscuro con vetas
más claras creando como una especie de ondas, forma el bar. En la
parte posterior se destacan nichos asimétricos, unos con fondo de
vidrios iluminados para destacar el colorido de las botellas y otros revestidos
en madera oscura, pero con iluminación indirecta para reflejar objetos
de arte.
Muy interesantes resultan las paredes texturizadas que parecen flotar gracias
a la luminosidad que se proyecta en su parte trasera. Los tapices de sillas
y del seating central se mantuvieron en tonos neutrales. Una alfombra,
también crema con círculos cafés y gris celeste, destaca
las dos mesas de centro. Para romper con la neutralidad del área se
utilizó un atrevido género de tonalidad naranja muy fuerte
para tapizar los sofás esquineros. Este golpe de color crea un efecto
muy especial.
Regresamos al salón y escuchamos el suave sonido que produce una
fuente colocada bajo la escalera de suaves líneas curvas que nos dirige
al área de las habitaciones. Una vez en el nivel superior observamos,
desde la doble altura, cómo ese recinto de grandes proporciones mantiene
un aspecto agradable y acogedor.
Una pequeña oficina sirve de antesala a la recámara principal.
Sencillo pero muy bonito resulta este aposento acabado en tonos gris celestes
muy tenues. El baño es realmente espectacular. Los lavamanos están
colocados en muebles disímiles y las paredes de mármol fueron
trabajadas en dos tonos diferentes creando un ambiente incomparable.
Una pared con grandes ventanales en forma de enormes cuadros, desde donde
también podemos
curiosear el gran salón, nos dirige a las habitaciones de los pequeños.
Aquí también el decorado es simple y semejante, pero cada una
de estas recámaras guarda su individualidad gracias al colorido
impreso en ellas.
Volvemos al recinto central para dirigirnos a la terraza. Esta acogedora
sección tiene un especial encanto, ya que se integra con el verde
del jardín que la rodea, al igual que con la piscina, la cual se inicia
en una fuente lineal para terminar en una piscina de tipo horizonte.
Apropiados muebles de fibras naturales con mullidos cojines tapizados en
telas de algodón en
colores
claros adornan la terraza. A través de ventanales vemos el área
de juego de los niños, un desahogo para ellos. Aquí hacen sus
deberes, se reúnen con amigos —muchas veces para “pottear” en
el pequeño green que se preparó en el jardín
ya que los pequeños son fanáticos del golf— y en las
noches es el centro de reunión de toda la familia.
Tanto por su diseño exterior como por el decorado interior, esta
interesante construcción refleja el renacimiento de esas tendencias
donde los ornamentos excesivos son considerados vanos, ya que lo importante
es que cada uno de los elementos involucrados en la obra mantenga una coherencia
para lograr un “todo” agradable, al servicio de los que habitan
la morada.
Este estilo arquitectónico “novedoso” en nuestro entorno
nos recuerda aquella propuesta de los años 20 y 30 pero con un “twist” (variante
de una tendencia) ya que para ambientarla a nuestro medio y servir nuestras
necesidades tropicales fueron utilizados elementos y materiales muy diferentes
a los originales. Podemos destacar el uso de techumbres de varias aguas y
la teja con que fue revestido.
“Esta casa es para toda la familia, todos tenemos nuestros espacios
pero, a la vez, nos sentimos integrados debido a la amplitud reinante, a
los grandes ventanales utilizados por doquier, en fin, a la unidad de su
diseño”.