Por: Christian Ziegler
Imágenes de una atracción > Sus
fotografías son un homenaje a la diversidad y a la belleza del bosque
tropical. Esta es la historia de Christian Ziegler y Panamá, una historia
de amor relatada en primera persona por el mismo Ziegler, el fotógrafo
alemán que llegó a nuestro país como asistente de investigación para
un estancia de seis semanas que ya cumple 10 años.
La primera vez que escuché hablar de Panamá a uno de mis profesores, me
pareció que aquel debía ser un país exótico y lejano que unía las Américas.
Y sí, allí había un canal que conectaba los dos océanos. Para entonces, yo
era estudiante de maestría en Ecología Tropical en la Universidad de Würzburg,
Alemania, y aunque había estado en África y Asia, nunca había viajado al
Nuevo Mundo.
Pensando que haría mi tesis de graduación en Borneo, me sentí entusiasmado cuando
se presentó la oportunidad de realizar un viaje de seis semanas a Panamá. Mi
profesor de Botánica había estado trabajando en el Instituto Smithsonian de
Investigaciones Tropicales (STRI) por muchos años y uno de sus estudiantes necesitaba
un asistente.
Nunca olvidaré mi primer viaje a la isla de Barro Colorado. Cargado con mi equipaje
tomé primero el “Saca bus” hacia Gamboa y después el bote que partía por la tarde
hacia la isla. Desde el primer momento me dejó desconcertado la belleza que rodeaba
la carretera. Era un día soleado de la estación seca panameña; primero visitamos
Miraflores, donde enormes barcos cargados con contenedores atravesaban las esclusas,
y luego volvimos al camino hacia Gamboa. La exuberancia del bosque era abrumadora
y mi asombro continuó creciendo a medida que el bote del Smithsonian, la “Jacana”,
cruzaba por el Canal en aquel atardecer. Mi profesor tenía razón: inmediatamente
me enamoré de esta parte de Panamá. Y ahora, 10 años después, ese país es para
mí un hogar en muchos sentidos.
Como estudiante de Biología Tropical, era una experiencia invaluable ir a Barro
Colorado, un verdadero “libro de texto” en cuanto al bosque tropical. Muchas
veces encontré el nombre de esa isla en mis lecturas de estudios fundamentales
sobre los trópicos. Dado que Barro Colorado es una de las estaciones de campo
más antiguas del nuevo mundo, una cantidad asombrosa de conocimiento se ha producido
y acumulado durante décadas, y una gran parte de lo que hoy sabemos de los ecosistemas
tropicales proviene de esta pequeña isla ubicada en el Canal de Panamá.
Estaba encantado de conocer a muchos de los científicos cuyos artículos había
estudiado en clase. Parecía increíble que aquí pudiera conversar con ellos en
la cafetería.
Durante las siguientes semanas, me sentí profundamente atraído
por Barro Colorado y su bosque. Cuando no estaba trabajando con las bromelias,
que era mi trabajo como asistente en ese tiempo, exploraba los senderos de la
isla y de esa forma empecé a aprender acerca del bosque y sus habitantes.
En cada caminata descubría cosas nuevas: interminables filas de arrieras que
trazaban sus propios senderos a través del bosque, flores extrañas, una multitud
de insectos asombrosos, y, por supuesto, pájaros y mamíferos. Recuerdo haber
visto mi primer oso hormiguero y mi primer mono perezoso durante estos paseos;
y escuchar el llamado de los tucanes en las tardes y a los ruidosos loros emprender
el vuelo al amanecer.
Cuando las seis semanas llegaban a su fin, mi profesor me ofreció quedarme y
empezar el trabajo de campo para mi tesis, estudiando las comunidades de insectos
en las bromelias. Fue una decisión fácil. Cancelé mi vuelo de vuelta a Alemania
y me quedé otro año para estudiar el micro universo que habita en las bromelias.
Un gran drama ocurre en estas plantas epifitas (viven en otras plantas sin ser
parásitas de ellas), así es que me dediqué a estudiar cómo estas pequeñas comunidades
de animales se vuelven cada vez más complejas a medida que las bromelias envejecen
y crecen.
Durante ese tiempo, era cada vez más frecuente el uso que hacía de la fotografía
para capturar la lujosa diversidad del bosque y de sus habitantes. Ya había utilizado
cámaras algunos años antes, esporádicamente al principio, y luego con mayor frecuencia
cuando me encontraba en lugares que me resultaban inspiradores, y en Barro Colorado
había infinidad de cosas por descubrir y documentar.
Las arrieras se convirtieron en uno de mis primeros objetos por fotografiar durante
ese año. Estaba fascinado con su compleja y extraordinaria forma de vida. Estos
insectos tienen jardines en sus nidos, donde cultivan un hongo especial en los
fragmentos de las hojas.
La función que realiza el hongo es una especie de digestión externa para las
hormigas, ya que este se encarga de procesar gran cantidad de sustancias químicas
presentes en las hojas que matarían a las hormigas. Pasé muchas semanas intentando
capturar y documentar cada aspecto de este interesante comportamiento.
Después de las arrieras, pasé a fotografiar casi todo lo que encontraba. Había
demasiado por ver. Al final del año, había acumulado un portafolio de imágenes
sobre Barro Colorado, una visión personal de la isla, que reflejaba una fusión
de mis intereses puramente biológicos y mi sentido personal de la estética en
torno a la naturaleza.
Al mismo tiempo, me convencía de que la fotografía era a lo que quería dedicarme.
Me gustaba la idea de trabajar como una especie de traductor, convirtiendo el
contenido científico, escrito en lenguaje
académico, en imágenes, de forma que fuera accesible para todo el que tuviera
interés. Y es que parecía que algo tan importante como lo es el fascinante conocimiento
acumulado por los científicos no estaba disponible al común de la gente. Imaginé que
al mostrar las fotografías, a la gente le resultaría más fácil entender lo especial
que es el bosque tropical.
Una idea empezó a formarse en mi cabeza, la de un libro que tuviera la estética
de un libro de mesa y el contenido de un texto de ciencia popular. Lo imaginé como
un libro en el que se explicara la forma en la que el bosque tropical funciona,
con muchas imágenes y un texto accesible a todos los lectores. Con el apoyo del
investigador del STRI Egbert Leigh, quien tenía 30 años de experiencia en Panamá,
la propuesta fue aceptada por el STRI y una editorial, y un año más tarde, después
de haber terminado mi tesis, estaba de nuevo en Barro Colorado para empezar otro
año de aventuras. Pero esta vez el objetivo era darle un rostro a mi isla favorita.
Durante 15 meses el trabajo fue intenso. Mi intención era contar la historia
del bosque de Barro Colorado en 200 imágenes. Quería ilustrar algunos conceptos
básicos como la biodiversidad, el mutualismo, el papel que tienen los herbívoros
y los depredadores en el bosque, y arrojar alguna luz sobre la evolución del
ecosistema y sus componentes. Para hacer eso, tenía que encontrar representantes
adecuados, plantas y animales que hablaran por todos los demás, y que en conjunto
mostraran la compleja fábrica que es el bosque, compuesto por miles de especies
conectadas a su vez por interacciones complicadas.
En el m omento en que “A Magic Web” (Una red mágica) fue publicado
en el 2002, había aprendido mucho acerca del bosque, acerca de lo que significa
la paciencia, y sobre todo, había adquirido bastante experiencia sobre lo que
puede salir mal en materia de fotografía.
Pero lo más importante es que realmente disfruté contando historias de naturaleza
y ciencia mediante las fotografías, y ahora sabía que eso era lo que quería hacer
de por vida.
Desde entonces, he trabajado principalmente para revistas y he indagado
más y más sobre algunas de las criaturas que viven en los bosques de Panamá.
Mis lazos con STRI son todavía fuertes, dado que me mantengo como asociado de
comunicación, apoyando al Instituto en su tarea de comunicar los resultados de
las investigaciones.
Cada historia es una aventura nueva en la cual intento entender el mecanismo
de vida de las especies, a los individuos que las estudian y captar todo esto
en las fotografías. He pasado meses detrás de las hormigas soldado y rastreando
sus movimientos y sus ciclos de vida, observando sus redadas y a los pájaros
que las siguen. Para una historia sobre ocelotes, felinos que prefieren no dejarse
ver, utilicé cámaras a distancia para intentar documentar su misteriosa vida
en la selva panameña. Una asignación para retratar una de las ranas más atractivas
que habitan en los bosques de Panamá, la rana de
ojos rojos, me llevó a pasar varias noches metido hasta la cintura en un pequeño
estanque.
Todavía hoy, diez años después de que llegara a Panamá por primera
vez, hay mucho por explorar y espero que muchas historias que contar. Me entusiasma
emprender cada nueva caminata porque sé
que es muy probable que encuentre algo que no había visto antes. Esto ha sido
un romance tropical por el que todavía siento mucha pasión. Espero que algo de
ello se refleje en mis imágenes porque a través de ellas me gusta compartir con
el resto del mundo la herencia natural de Panamá. Que la gente sepa el gran país
que es Panamá.
Traducción: Eva Aguilar
Fotos: Christian Ziegler
Christian Ziegler fue biólogo antes que fotógrafo: estudió en los libros
la selva tropical antes de dejarse hipnotizar por ella. Nacido en la
ciudad de Kaiserslautern, Alemania, en 1972, Ziegler se especializó en
Ecología Tropical en la Universidad de Würburg. Como resultado de la
práctica intensa de la fotografía durante su trabajo de graduación y
de su trabajo de campo, ambos realizados en la isla de Barro Colorado
en Panamá (centro de investigación del Instituto Smithsonian de Investigaciones
Tropicales), se dedica hoy en día a la fotografía profesional en las áreas
de historia natural y ciencia.
Ha publicado reportajes en las revistas National
Geographic, GEO, Smithsonian, BBC
Wildlife y National Wildlife, entre otras.
También ha participado en proyectos educativos con World Wildlife Fund,
y ha sido reconocido por la revista BBC Wildlife como
fotógrafo del año, en dos categorías distintas. Igualmente, recibió de
la GDT (sociedad de fotógrafos alemanes dedicados a la naturaleza) el
premio al Fotógrafo Europeo del Año. Es miembro fundador de la Liga Internacional
de Fotógrafos para la Conservación (ILCP, por sus siglas en inglés),
un grupo de profesionales que promueve la conservación de la naturaleza
a través de la fotografía.
Ziegler mantiene su residencia en Panamá, dónde es asociado de comunicación
en el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales. El año 2007
lo dedicará a varios proyectos que incluyen más artículos para revistas,
un libro y un proyecto para un museo que lo llevará a viajar por Asia
y América. En julio tendrá una exhibición de sus fotografías en el restaurante
Manolo Caracol, en el Casco Antiguo. Para más información, visitar: www.naturphoto.de
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