Junio 2008  
 
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Cuerpo...

¡A dormir bien!>

“¿Qué es la vida? Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño; que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son”. Con estos versos concluye el monólogo de Segismundo en la obra de Calderón de la Barca, La Vida es Sueño, publicada en 1635. Hoy, la cuestión no pasa tanto por la filosofía, sino por un tema mucho más pragmático: el sueño es salud, y la salud… es juventud.

La falta de sueño o de descanso es un serio problema médico. Cuando no podemos dormir bien, a la mañana siguiente nos vemos y nos sentimos cansados, molestos, irritables; se nos opaca la piel, se altera el metabolismo y nos bajan las defensas. En contraste, cuando descansamos bien, nos sentimos bien y nos vemos mejor, más relajados, la piel se ve tersa y radiante, somos felices, irradiamos optimismo. Una encuesta realizada por el Hospital de Johns Hopkins dio como resultado que casi el 70% de las personas mayores de 45 años de edad tienen problemas para conciliar el sueño, así que parece que el sueño o la falta de sueño es, principalmente, un problema generacional. ¿Han visto a los bebés dormir? Es una entrega total. Es que los bebés no sufren de estrés, ni tienen problemas cotidianos, ni tensiones en el trabajo, ni ningún otro factor causal que les altere el sueño.

El insomnio no solamente es un problema médico sino que puede también ser el síntoma de otros desórdenes subyacentes psiquiátricos, tales como depresión, angustia o fobia. El insomnio también puede ser provocado por el uso de estimulantes o el abandono abrupto de sedantes. También la falta de sueño puede estar asociada a dolencias crónicas, como enfermedades cardíacas y diabetes. Y hasta se ha encontrado una asociación entre el insomnio y la obesidad, porque parece que la deficiencia crónica de sueño facilitaría el aumento de peso. ¿A ver, cómo es esto?

El Dr. Kenneth Nugent, de Texas Tech University, en Lubbock, ha estudiado los hábitos del dormir de adultos, durante muchos años. Según el Dr. Nugent, los adultos deben dormir entre 8 y 9 horas por noche para mantener un peso óptimo. Eso está comprobado y publicado en el Journal of Clinical Sleep Medicine. Sobre una base de 200 pacientes, los que reportaron problemas en el dormir eran casi tres veces más propensos a ser obesos que los que dormían 8 ó 9 horas. ¿Cuál es el motivo? Simple. Cuanto más tiempo pasa despierta una persona, más oportunidad tiene de comer. Pero eso es solo una parte de la explicación. Existe evidencia también de que la falta de sueño aumenta los niveles de grelina, que es la hormona que estimula el apetito, y a la vez que reduce los niveles de su contraparte, la leptina, que suprime el hambre.

La actividad física también es importante a la hora de conciliar el sueño. Quienes tienen una vida muy activa, lógicamente llegan más cansados a la noche que los que llevan una sedentaria. Las técnicas orientales, por otra parte, afirman que más importante que la actividad física es la respiración. La respiración abdominal, dicen, ayuda a reducir la tensión y, por lo tanto, a conciliar el sueño. La respiración abdominal es la mejor manera de respirar y se detecta cuando lo que se expande al inhalar y contrae al exhalar no es el pecho, sino el diafragma.

He aquí algunos consejos para quienes tienen problemas en caer en los brazos de Morfeo:

  • No duerma la siesta.
  • Evite la nicotina, la cafeína y el alcohol.
  • Ejercítese regularmente.
  • No mire el reloj cuando no logra dormir.
  • Coma un bocado ligero antes de acostarse.
  • Cambie la televisión por un libro.
  • Hágase masajes en el cuero cabelludo durante 5 minutos.
  • ¡No abra sus emails una hora antes de acostarse!
  • Para finalizar, una última recomendación que, les garantizo, funciona: un vaso de leche, bien dulce y bien caliente, justo antes de apagar la luz. Mmmm… No olviden: los sueños…sueños son.

    Por: Tamara Di Tella
    Pilates & Tangolates
    Buenos Aires - Panamá

    y Alma
    viviendo a plenitud

    Te desafío ¡vive a plenitud!> Disculpándome anticipadamente por mi atrevimiento, quiero hablarte con la misma energía que suelo usar en mis libros Te desafío, sólo con el fin de subir el volumen de estos párrafos y urgirte a reflexionar.

    No puedes vivir a plenitud mientras sigas esforzándote por buscar a toda costa tu zona de comodidad. Fuiste creado para la perfección y el progreso. Lo tienes en tu ADN; la información genética de tu clase “ser humano”, paradójicamente se contrapone a la inactividad y el sosiego. Tú quieres (necesitas) ser mejor cada día; pero dedicarse a ello, duele.

    Si desarrollas la voluntad de triunfar, hallarás cierto placer en el dolor de la autodisciplina. La autodisciplina es hacer lo que debemos hacer en el momento preciso, sin importar si queremos o no. Los animales no son disciplinados. Ellos se mueven por instinto. Por eso son animales. Las personas como tú y yo funcionamos en niveles superiores. Podemos hacer ejercicio hasta lograr una intensidad punzante; levantar unas pesas en el gimnasio aumentando gradualmente la resistencia hasta gritar; aceptar una charla cara a cara con ese ser querido que nos ha herido, para restaurar una relación; ir al dentista, o someternos operaciones quirúrgicas…

    Muchas veces, la plenitud de la vida duele, porque implica autodisciplina. Analiza tu cuerpo. ¿Casi no haces ejercicio porque dices tener una lesión? ¡Espera! Hay gente que sufrió fracturas o daños graves y que todos los días hace dolorosos ejercicios para rehabilitarse. Hay personas en sillas de ruedas que tienen una condición física admirable y que incluso ganan medallas olímpicas. Deja de dar excusas. Si has descuidado tu físico en aras de vivir con comodidad, comprende que eso es lo opuesto a vivir plenamente. Empieza a moverte. ¿Dolerá? Al principio… Para cualquier ser humano sedentario, activar sus enclenques músculos, estirar los huesos y desdoblar sus articulaciones anquilosadas resultará doloroso.

    Ahora, analiza tu trabajo. Si lo has descuidado, porque ganas lo mismo haciendo mucho que poco, capta que en lo más profundo de tu ser existe un sentimiento de insatisfacción vital autoimpuesto. Tú no naciste para ser improductivo. ¿Quieres vivir plenamente? Entonces exígete más. Da más. Vuelve a crear. Deja de repetir la rutina que te funcionó hace años. Inventa nuevos procedimientos. Inyecta carácter a todo lo que haces. No seas una copia pirata de ti mismo. Renuévate. ¿Dolerá? Un poco, al principio, también… Pero valdrá la pena. ¡No te conformes con lo que ganas! Mereces mejores ingresos. Lánzate a realizar proyectos más atrevidos. Compromete a la gente que te rodea. Dales una rebanada de tu pastel. ¡Sacúdete las moscas y vuelve a ser líder!

    Ahora, revisa tus lazos familiares. ¿Podrían ser mejores? ¿Y qué esperas para convertirte en el elemento de cambio? No aguardes la reacción de otros. Tú eres un catalizador. Haz que las cosas sucedan. Todo podría ir mejor si te esfuerzas en darle a tus seres queridos mayor atención y cuidado. Tu familia es la empresa más importante que tienes. Si está en quiebra es porque has dejado de invertir tu tiempo y autodisciplina en ella.

    ¿No vives a plenitud porque tu agenda está llenísima? ¿Tienes demasiados compromisos? ¿Hay una persona enferma cerca? ¿Nadie te apoya ni te quiere? ¡Pobre de ti! Que traigan violines y pañuelos para que nos limpiemos las lágrimas.

    ¿Recuerdas el viejo cuento del águila que nació en un gallinero y al crecer se comportaba como gallina, y se creía gallina? Quizá eso es lo que te ha pasado. Teniendo capacidad de volar y alcanzar alturas insospechadas, te has conformado con vivir en la mediocridad. ¡Pero ya basta! Te desafío a salirte de tu zona de confort y entender que sólo lograrás la plenitud de vida con autodisciplina. No pierdas el tiempo. ¡Déjate de juegos y decídete a actuar!

    Por: Carlos Cuauhtémoc Sánchez
    Escritor y conferencista internacional

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