Septiembre 2008  
 
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Cuerpo...

La “medicina” antienvejecimiento>

“¿Sabía usted qué tienen todos estos síntomas en común? Falta de energía, cansancio, dolores en las articulaciones, insomnio, aumento de peso, disminución del apetito sexual… Son, sencillamente, manifestaciones típicas de la edad, algo que todos sentiremos tarde o temprano.

Últimamente se ha escrito mucho sobre la medicina antienvejecimiento, que debería ser llamada, en realidad, medicina preventiva. Y, aunque no existe una fórmula mágica para controlar el envejecimiento –ni vitaminas, suplementos u hormonas milagrosas–, hay buenas noticias. En Japón, América y Escandinavia el porcentaje de centenarios ha crecido dramáticamente. Es más, en estos países la población de adultos mayores de sesenta años constituye el segmento con mayor crecimiento. ¿La causa? No se sabe a ciencia cierta, pero es una realidad.

El único estudio conclusivo sobre el antienvejecimiento fue hecho en los años treinta con animales de laboratorio, primero con ratones y luego con monos. Allí, la restricción de calorías a 1/3 de la ingesta normal causó un aumento dramático de longevidad. Aunque estos estudios no se han realizado en humanos, se postula que darían los mismos resultados.

¿Cuál es el objetivo de la medicina antienvejecimiento? Identificar y evaluar aquellos procesos que puedan acelerarlo, a través de un examen físico completo y pruebas de laboratorio. Esto nos permite tener un panorama completo sobre el paciente y diseñar un programa individualizado de nutrición, ejercicio y de vitaminas, suplementos u hormonas naturales para optimizar este proceso y mejorar la calidad de vida de la persona.

¿Con qué herramientas contamos para evaluar el proceso de envejecimiento?
1. Análisis de la composición corporal:
consiste en un aparato que nos mide, de una forma bastante precisa, el porcentaje de agua, grasa y músculo que tiene la persona. ¿Por qué es importante? Algunos estudios han demostrado que mantener una relación óptima de masa muscular a grasa en el cuerpo (3 a 1 en mujeres y 5 a 1 en hombres) es, probablemente, el factor más importante que predice cómo está envejeciendo la persona. Es decir, si esta relación está desbalanceada, invariablemente el individuo se irá deteriorando más rápido con la edad. También esta prueba nos da un aproximado del metabolismo basal (calorías que quema el cuerpo en reposo) y, de esta forma, se le puede diseñar un plan nutricional adecuado.

2. Exámenes de laboratorio: aparte de los exámenes tradicionales (hemograma completo, colesterol y glucosa, entre otros) hay muchas otras pruebas recomendables:

  • Proteína creactiva de alta sensibilidad, que mide la inflamación crónica interna.
  • Homocisteína, aminoácido asociado con el aumento de riesgo de infartos.
  • DHEA, hormona madre que mejora los niveles de las hormonas sexuales, el sistema inmunológico y otras funciones.
  • Cortisol, la hormona del estrés.
  • Testosterona, hormona masculina que tiene que ver con la libido en hombres y mujeres, así como con la energía y la habilidad de mantener la masa muscular.
  • Perfil de tiroides, asociado con fatiga, ganancia de peso y depresión.
  • Insulina, hormona que regula el metabolismo de la azúcar y que afecta la habilidad del cuerpo para quemar grasas adecuadamente.

Con estas dos herramientas, podemos tener una idea más clara sobre qué le puede estar ocurriendo al afectado y, de una forma objetiva, darle consejos precisos.

En conclusión, ¿qué recomendaciones podemos darle para envejecer mejor?

  • Realizarse un examen físico completo, al menos una vez al año, incluyendo laboratorios.
  • Realizarse pruebas preventivas apropiadas para la edad (mamografía en mujeres, PSA y examen rectal en hombres, colonoscopía y densitometría ósea).
  • Reducir calorías a través de una dieta balanceada, baja en carbohidratos y en grasas saturadas.
  • Establecer una rutina de ejercicios con aeróbicos y tonificación muscular.
  • Balancear las hormonas del cuerpo a través de ciertas vitaminas, suplementos y hormonas naturales.
  • Dejar de fumar.
  • Mantener la presión arterial controlada, idealmente 120/80 o menos.
  • Reducir el estrés.

Por: Dr. Jorge Paz Rodríguez
Wellmed Clinic
Board Certified en Medicina Interna


y Alma
viviendo a plenitud

Pequeños pero grandes > Eso de que los niños no vienen con un manual de instrucciones está muy trillado. Sin embargo, es cierto. Traer a un bebé al mundo y dotarlo de todo lo que necesita a nivel físico y emocional le queda grande a cualquiera. Empero hay dos cosas que, aparte de los sabios consejos de las abuelas y la guía que supone el pediatra de confianza, son de gran utilidad.

La primera es la paciencia, don preciado que ayuda a encontrar la calma que se necesita para actuar sabiamente en momentos de inquietud y que, una vez sentida, se le transmitirá a la criatura permitiéndole así tranquilizarse también.

La segunda: la sensibilidad, aquélla de unos padres amorosos y pendientes que les facilitará captar lo que su pequeño necesita en cada momento. Porque logrando un “tandem perfecto” (como me dijo una vez mi profesor de psiquiatría) entre el progenitor y el hijo, se puede lograr que éste se desarrolle satisfactoriamente una vez que sus necesidades –no sólo a nivel nutricional sin también emocional– estén siendo bien convalidadas.

En este sentido, hay que tener presente que cuando un niño es pequeño su centro de bienestar reside en su cuerpo, en su yo-fisiológico como decimos algunos psicólogos. Esto implica que las sensaciones de placer giran en torno a los sentidos.

Así pues, un bebé necesita ser tocado, abrazado, arrullado, consolado cuando llora, saciado si tiene hambre, que se le hable con cariño, que se le acaricie. En pocas palabras, necesita ser atendido con amor en todo momento. Al que teniendo poco tiempo de vida se le niegue calor afectivo, el alimento o se le deje llorar (sobre todo de noche, para garantizar el sueño de la persona que está a cargo) pueden quedarle huellas muy negativas.

En contrapartida, esto es una práctica bastante habitual. Muchas cuidadoras hacen oídos sordos a sus llamadas. Y al pobre no le queda otra que dormirse, ya sea por cansancio o como repliegue ante una situación de angustia. Porque eso es lo que siente un pequeñín que no se siente cuidado: angustia. También, sentimientos de indefensión e inseguridad.

Así las cosas, hay que armarse de fortaleza y dejar que empiece a regularse por sí mismo. Poco a poco irá adquiriendo unos hábitos más estables marcados por los ritmos circadianos, de manera tal que sus horas de descanso se irán prolongando, sobre todo una vez se introduzcan sólidos en su dieta.

Eso por un lado. Por otro, y como un bebé tiene en su cerebrito un potencial increíble, no hay que escatimar en cuanto a aprendizajes se refiere. Novedosos estudios apuntan que estos seres tienen ya, al nacer, unas redes neuronales muy concretas que han de ser estimuladas si no queremos que se pierdan. Por ejemplo, las relacionadas con los idiomas. Y es que si a un niño se le pone a escuchar diferentes lenguas favorecemos que los campos implicados se activen de manera que, en su vida adulta, le sea mas fácil aprenderlas ya que el camino –metafóricamente hablando– estará ya surcado.

Así también con otros aspectos como los que tienen que ver con la lectoescritura. Tarjetas en las que aparecen palabras con sus respectivos dibujos pueden ser reconocidas por ellos ya a los seis meses, si se les ha entrenado en ello. Algo que para la atención (y su futuro devenir académico) les es maravilloso.

Y como éste, decenas de otros ejemplos de su gran capacidad. Son indefensos, frágiles y pequeños, pero más grandes desde el punto de vista emocional e intelectual de lo que habitualmente se cree.

Recomendaciones para desarrollo psicológico de un bebé

  • Mientras no haya problemas respiratorios, el bebé deberá dormir solo, en su habitación, a partir de los tres meses.
  • Después de los ocho meses, el pecho ya no debe ser utilizado como tranquilizador.
  • Por esta edad no se debe dar el biberón si despierta durante la noche.
  • Hay que estimularlos en el gateo ya que, entre otras cosas, ayuda al desarrollo de habilidades cognoscitivas.

Por: Alicia Rego, psicóloga

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