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De Panamá para el mundo

El Desfile de las Mil Polleras es uno de los eventos culturales panameños más hermosos que existen. Su impecable mano de obra, destello de colores y majestuosidad lo han convertido en un atractivo turístico de talla mundial.

Desde 2010, un lento pero vivaz río baña cada año las calles de Las Tablas, de Los Santos. Pero este río es especial. Su caudal no trae ni agua ni peces sino colores, brillo, música y amplias faldas que se abren y cierran como abanicos con el resonar del tambor y el acordeón.

Este solemne río de unos cuatro kilómetros es el Desfile de las Mil Polleras, que además de impulsar el amor por nuestras raíces y promocionar nuestro turismo, nos muestra el ejemplar talento de nuestros artesanos y la alegría y calidez de esa provincia panameña.

 Lujo, arte y tradición

En 2003 se realizó por primera vez, en la calle 50 de la capital, el ahora tradicional Desfile de las Mil Polleras. Aris Acosta, folclorólogo y creador de la Fundación Panamá Danzas Hoy, quien en ese entonces laboraba en la Autoridad de Turismo de Panamá (ATP), fue el autor intelectual y uno de los principales impulsadores de este desfile.

Mucha agua ha corrido bajo el puente desde que le fue asignado presentar un proyecto para celebrar el centenario del país y aún recuerda cuando entre risas le preguntaban que de dónde iba a sacar mil polleras. Claramente, el que sonríe hoy día es Acosta y las más de 40 mil empolleradas.

Pero detrás de todo este multitudinario evento hay miles de horas de planeación, logística y cientos de manos artísticas. Y, si bien es cierto que la pollera representa nuestra identidad, para Acosta, el Desfile de las Mil Polleras es más que eso, es una actividad turística y económica. “El Desfile de las Mil Polleras como producto turístico y económico es un éxito, porque a pesar de que es un solo día, la economía alrededor de la pollera se mueve constantemente. Todo el año las mujeres hacen polleras y tembleques para ese día”, afirma.

Organizado desde las oficinas principales de la ATP, a través de la Dirección de Coordinación Regional y con el apoyo de la oficina regional de Los Santos, el Desfile de las Mil Polleras reúne a más de 450 mil personas en un fin de semana, lo cual genera millones de balboas al año y cientos de empleos formales e informales no solo en Las Tablas sino en los distritos y provincias colindantes a través de la reserva de hoteles.

Según Félix Escobar, promotor de turismo de la ATP, en los últimos tres años la asistencia de turistas que vienen de diversas partes del mundo, al igual que la de panameños amantes del folclor, ha aumentado. “En 2018 tuvimos visitantes alemanes, canadienses y norteamericanos”, comenta.

No obstante, tanto Acosta como Escobar consideran que se debe hacer aún más esfuerzo ya que es un producto que trasciende. “El evento está bien llevado, lo que necesitamos es que se dé a conocer un poco más. Darle más promoción para que cada país de la región sepa de él”, expresa Escobar.

Para eso, Acosta propone una fuerte promoción internacional invitando a celebridades y cantantes de afuera como abanderados, con el fin de que esa cara famosa dé a conocer el desfile en el extranjero.

Este año, el Desfile de las Mil Polleras se realizó el pasado sábado 12 de enero y participaron más de 100 delegaciones, entre las que se encuentran La Medalla Margarita Lozano, el Festival de la Mejorana, Calle Arriba y Calle Abajo de Las Tablas, instituciones públicas como SENADIS, entidades privadas, el sector bancario, las familias de Los Santos, además de 35 carros alegóricos y las tradicionales tunas y murgas.

Así como en las pasadas ediciones, el evento contó con el Bazar de Artesanías organizado por el Ministerio de Comercio e Industrias y finalizó con la tarima de espectáculos en Plaza Praga, en un ambiente de sana camaradería, bajo los ojos vigilantes de la Policía Nacional.

Nuestra delegación: ¡con orgullo y pasión siempre!

Desde 2013, la delegación de Banco General ha venido participando con orgullo en el Desfile de las Mil Polleras con el objetivo de enaltecer nuestras costumbres y tradiciones y, sobre todo, de resaltar la belleza de la pollera.

Como todas las delegaciones participantes, Banco General se prepara con antelación. A mediados de año se designa quién encabezará el grupo y se empiezan a sumar los participantes voluntarios entre colaboradores, familiares, clientes y amigos de “Sus Buenos Vecinos”. Este año, el abanderado de la delegación fue Juan Raúl Humbert, Vicepresidente Ejecutivo y Gerente General del banco.

Cabe señalar que lo que comenzó con unos 100 integrantes, hoy reúne alrededor de 400, una satisfacción para el banco cuya delegación ocupa casi una cuadra, desde niños de cualquier edad hasta abuelos, en un ambiente ameno y familiar.

Según Dayra de Saval, Vicepresidenta de Operaciones de Medios de Pago y Servicios y organizadora de la delegación, hay otros detalles importantes que trabajan de la mano con Mercadeo y Capital Humano, como la contratación de los músicos que les llevarán el mejor ritmo de la música panameña durante el recorrido.

Por otro lado, a las damas y caballeros del banco que quieran participar se les pone en contacto con artesanos, ya sea para la confección o para el alquiler del vestuario. “A lo largo del desfile nos apoya un grupo del voluntariado del banco, Vecinos en Acción, que se encarga de que la delegación esté en orden y nos proveen de agua. También, cada año pensamos en qué detalle se le puede regalar al público que está en las calles de Las Tablas esperando a que desfilen las delegaciones. Por ejemplo, hemos regalado abanicos que se utilizan con las polleras, bolsitas con dulces típicos de la región, mazos de vela que se utilizaban en las tunas de polleras para iluminar cuando se anochecía y este año, al igual que en otros, regalamos una publicación de referencia con datos importantes de las polleras, sus tipos y complementos”, expresa.

Pese a que esta tradición tiene tan solo 16 años, sigue pisando fuerte con la creación de la Ley 116 del 10 de diciembre de 2013 que declara el segundo sábado de enero el Día del Desfile de las Mil Polleras, un evento que, tal como lo expresó Acosta, se debe salvaguardar y promocionar. “Si no tenemos una identidad cultural marcada, no tenemos nada. Debemos trabajar una identidad propia y mantenerla y el Desfile de las Mil Polleras llegó para quedarse”.

A mover las polleras… nos explica un folclorista y educador

El origen de la pollera proviene de España y fue adoptado por los estratos medios y bajos de la sociedad, pasando a convertirse en el traje típico de muchos países en América Latina, incluido Panamá. Esto que los libros del folclorista e historiador tableño Edgardo De León Madariaga relatan es reivindicado y explicado con más detalle por el también folclorista y educador José Oreste Moreno, dedicado a la investigación sobre la pollera y su forma de vestir.

Este espectacular vestuario no solo “simboliza la nacionalidad panameña sino el sentir de su gente”, expresa Oreste Moreno, quien comenta que en la pollera podemos ver el trabajo anónimo de muchas artesanas que en hogares humildes de la provincia de los Santos, tales como en Las Tablas, Santo Domingo, San José y La Enea de Guararé trabajan para conservarlo.


En estos rincones artísticos de nuestro país no es ajeno encontrar a una abuela enseñándole a su nieta a hacer el mundillo, pasando la sabiduría, creatividad y habilidad de este arduo y delicado arte, de generación en generación.

La pollera se confecciona en diferentes materiales como el holán de hilo, opal, voilée y organdí y está compuesta por la camisa y el pollerón. Su camisa está formada por dos arandelas: la superior y la inferior, que está adornada con trencillas tejidas al mundillo.

Por su parte, su pollerón está dividido en dos partes: el cuerpo y el susto, adornado con hermosos encajes valencianos y trencillas al mundillo que hacen juego con las trencillas de toda la pollera. Asimismo, se adereza con rebozo, trabajado con las labores de la pollera, tejido al crochet (ganchillo) o en pajita.

Su confección puede durar hasta año y medio y su costo varía según su técnica. Sin embargo, según el folclorista solo la pollera puede llegar a costar 12 mil balboas y no es para menos.

Para que una pollera quede bien confeccionada se necesitan una excelente aguja, una habilidosa artesana y un buen diseño acompañado de materiales de la mejor calidad, tal como lo explica Oreste, quien además de ser el coordinador del conjunto típico de la Escuela Modelo Presidente Porras, dirige el trabajo durante el tiempo de confección de las polleras, asegurando que todo quede perfecto desde la primera puntada hasta su terminación.

Pero ninguna pollera puede lucirse airosamente sin sus tembleques y su joyero. Los tembleques son flores que utilizan las empolleradas en sus cabezas, hechas de materiales flexibles que tiemblan al bailar o caminar.

Los tradicionales son blancos, de gusanillos o de perlas. En la actualidad, también se hacen de cristales que se usan con la pollera de gala. Los de colores se utilizan para la montuna, la de coquito o la blanca.

El joyero de la pollera es un mundo aparte. Lleva prendas de plata con baño de oro, principalmente cadenas, zarcillos, pulseras, peinetas y botones, entre otras. Algunas son de uso mandatorio para la pollera de gala, como el peinetón, la pajuela, las peinetas, la peineta roba corazón, el monedero, los botones y las hebillas.

¿Y qué hay de los hombres? Ellos lucen camisillas blancas con botones de oro, cuello angosto y cerrado, hechas en holán de hilo que se acompañan con pantalón negro, sombrero de tejido fino con el ala abierta.

Con esta reseña pareciéramos estar más que listas. Sin embargo, Oreste finaliza con una última pero importante anotación: “La mejor empollerada es la que está vestida correctamente. La mujer no debe llevar más de lo necesario, porque luce exagerada y confusa, evitando que se vean las labores de la camisa”.

Un abanico de polleras para todos los gustos

  1. Pollera marcada o punto de cruz: Su técnica marca al ojo el punto de cruz (crucecitas) sobre la tela, contando los hilos de la tela.
  2. Pollera sombreada calada: Se da en la técnica de tela sobre tela. Cuando la tela es de color y va sobre la tela o es blanca y sigue sobre la tela, se habla de la pollera de talco al sol, pero si se coloca la tela blanca debajo de la tela blanca, se refiere a la pollera de talco en sombra.
  3. Pollera zurcida o bordada: Esta pollera es primero bordada y luego zurcida y consiste en la técnica de relleno de hilos. El zurcido se adorna con calados o deshilados.
  4. Pollera de coquito: Se acostumbra hacer en tela de voilée con trencillas de mundillo y encajes valencianos. Originalmente, se confeccionaba con una tela traída de Suiza llamada “flor de coco”, linón estampado o tela de hilo con diseños bordados de fábrica. Con el pasar del tiempo, estas telas se perdieron y nuestras artesanas, para no perder la tradición, las confeccionan hoy día con coquitos marcados y coquitos bordados.
  5. Pollera montuna santeña: Su camisa lleva una sola arandela adornada con trencillas de mundillo y un tapabalazo. Su faldón es de zaraza y consta de tres partes: el cuerpo, el susto y la picarona.
  6. Pollera regional de gala: Es confeccionada en voilée y en opal. La pollera de coquito también forma parte de la Pollera Regional de Gala.
  7. Pollera blanca: Es una variación de la pollera de gala que se confecciona en telas lisas como el opal, voilée o seda. Llevan mundillo y encajes valencianos y se puede enjaretar con cintas para bodas o con motas de lana.
  8. Basquiñas y chambras: Son camisas más sencillas de uso diario en voilée o hilo con trabajos en alforzas, encajes valencianos y trencillas. Ambas camisas se usan con el pollerín (falda de poco vuelo) de zaraza. La basquiña es de cuello cerrado y es ajustada a la cintura llegando hasta las caderas, mientras que la chambra es de corte suelto con escote redondo o cuadrado. Esta última las usaban las mujeres mayores o embarazadas.

Por su parte, las dos enaguas o peticotes que van debajo de las polleras en orden de trabajo (la más sencilla arriba y la más lujosa, debajo), también involucran destreza y tiempo, ya que se elaboran con las mismas técnicas de talcos, bordados y calados. Además, pueden llevar labores en tejidos de crochet, sombreado calado o en pajita.

 

Fotos: Wellington Luck

Foto del comité organizador: Fernando Villamizar 

Fotos de Raúl Alemán, así como de grupo de polleras blancas y de colores en ese carrusel: Mayte Aparicio

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Vanesa Restrepo de Rinkel

Vanesa Restrepo de Rinkel

Con casi 20 años de experiencia en el medio escrito, esta comunicadora social radicada hace 10 años en Panamá, ha trabajado para reconocidos periódicos en Londres y Colombia antes de empezar a escribir para revistas panameñas como En Exclusiva con la que lleva colaborando casi seis años.