Ciencia y Salud

Una vida con propósito

Encontrar el sentido de la vida requiere una travesía de reflexión personal. El viaje, sin duda, vale la pena. Vivir con propósitos nos acerca a ello, pero aterrizando en el aquí y el ahora, lo que repercute en nuestro estado de bienestar y gozo actual.

Suena el despertador. El sonido de su alarma parece más estridente de lo habitual. Pero no es así. Es el mismo de hace un mes, uno nuevo que escogió Juan Carlos con la intención de levantarse con motivación. La idea era madrugar para hacer ejercicio, una meta que se había propuesto para este año. Y lo consiguió durante todo enero. No le resultaba fácil salir de casa siendo “aún de noche” (como decía riendo) para correr por el barrio, pero el deseo de quitarse unos kilos de más y mejorar su apariencia era grande.

Pero aquella mañana, la musiquita le supuso un incordio. No había descansado bien y tenía mucho sueño. Así las cosas, y con algo de remordimiento eso sí, apagó la máquina, se dio media vuelta y volvió a acurrucar su cabeza en la almohada. Otra vez será, se dijo.

¿Por qué a Juan Carlos le estaba costando continuar con su objetivo? Podría ser la pregunta a continuación, interrogante parecida a la que probablemente todos nos hayamos hecho en algún momento.

Varias podrían ser las causas. Que su meta fuera poco realista y su nivel de autoexigencia demasiado elevado, por ejemplo. O, según algunos estudiosos de la psique desde una mirada más profunda, debido a mecanismos inconscientes u ocultos que boicotean el trabajo de la mente racional (la responsable de la elaboración de los planes).

Y con mucha probabilidad algo de lo que venimos hablando hace tiempo muchos psicólogos:  que no hubo una conexión de la meta con una determinación que conlleve la edificación personal y le dé sentido a la experiencia de vida.

Las personas que conectan metas personales – como, por ejemplo, hacer ejercicios – con su propósito, tienen más posibilidades de lograrlas.

Cada vez más este tema es objeto de estudio entre pensadores. Transitar el día a día con un propósito es un factor clave para lograr nuestros anhelos y, con ello, el estado de bienestar, aseguran muchos de ellos ¿Y esto cómo se logra?, ¿cómo definir cuál es nuestro propósito?, podría uno plantearse. Si bien es fácil identificar el fin último de un proyecto concreto (como hacer un libro o terminar una tesis) cuando hablamos de la VIDA las respuestas son complejas.

Tratando de hacer sencillo algo que parece complicado quizás se podría decir que lo importante es reconocer qué es aquello que hace que cada día te levantes con entusiasmo, toca tus emociones o permite que te enfoques en el resultado que quieres obtener. Y que a la vez te aporte tranquilidad a la hora de acostarte. Esa paz que te da poner la cabeza en la almohada a sabiendas de que las cosas se han hecho con bien y para bien.

Esto último es fundamental. Y es que el propósito ha de conllevar un fin loable que impacte positivamente e ir de la mano de un código de principios, con lo cual los que rodean a quien lo está trabajando también saldrían beneficiados. Como siempre digo, los propósitos tienen en su médula un conjunto de VALORES como el compañerismo, la salud, la responsabilidad, el compromiso, la honestidad, el respeto, la amistad, el perdón, la paz interior o la amabilidad, entre otros. Y vivir con ellos promueve la ilusión y la satisfacción, dos grandes antídotos para enfrentar el estrés diario y vivir con plenitud. Algo sobre lo que la ciencia también ha mostrado mucho interés.

Por qué unas personas sobrellevan mejor que otras los problemas y viven de forma más sana, equilibrada y feliz ha sido una incógnita con cada vez más respuestas.

Los estudios realizados con los pobladores de la región japonesa de Okinawa (conocida por ser una de las zonas más castigadas del país nipón en la Segunda Guerra Mundial) así lo avalan. Ellos, un pueblo longevo y con los mejores marcadores de salud del mundo, aparte de alimentarse de forma saludable, no ser sedentarios y tener muchas actividades comunitarias, viven su cotidianidad con pequeños objetivos que —dicho por ellos mismos— los hacen sentir completos. Objetivos que los acercan a lo que ellos denominan IKIGAI, su razón de ser, el sentido de la vida.

La región de Okinawa en Japón ha sido estudiada porque las personas viven muchos años.

Esto va más allá de un concepto filosófico. El mismo Martin Seligman, psicólogo y escritor estadounidense considerado el fundador de la psicología positiva, lo desarrolla a través de la llamada teoría del bienestar basada en el modelo PERMA, uno que tiene como meta acercarnos a objetivos que contribuyan a sentirnos realizados ¿Cómo? Según él, a través de cinco componentes que promueven felicidad y satisfacción.  Estos serían:

  • P_ positive emotions (emociones positivas)
  • E_ engagement (compromiso)
  • R_ relationships (relaciones)
  • M_ meaning (significado/propósito)
  • A_ accomplishments (logros)

Para este autor, si nos comprometemos en logros que conlleven una actitud optimista, emociones positivas (como las que depara la gratitud, la curiosidad, el amor o la paz) y el cuidado de las relaciones que establecemos con otros (amigos, familiares, pareja o compañeros de trabajo) le daremos significado a nuestra vida. Dichos logros son los que resultan del transitar el día a día con un propósito.

Cabe resaltar que este —el propósito— no es estático, ya que varía según el momento evolutivo de la persona. Un joven estudiante podría proponerse ganar una beca (una meta que conllevaría mucha organización y que le generaría un gran sentido del honor) y, a los diez años, redefinir su plan de vida ilusionándose con llegar a cierta cantidad de dinero en una cuenta de ahorros para poder comprar una casa; el valor de la independencia habría cobrado importancia en ese momento. Pasado un tiempo, y ya con una familia formada, le daría prioridad a compartir tiempo de calidad con los suyos. El ideal del cariño hacia su esposa e hijos pasaría a ser su nuevo pilar.

Diversos estudios han mostrado que las personas que viven con propósitos tienen beneficios para la salud mental.

Desde el campo de la salud mental vale la pena añadir que el cerebro y la mente se benefician muchísimo cuando manejamos nuestro aquí y ahora con determinaciones de este tipo, ya que esto provee de una hoja de ruta que les indica por dónde ir, pese a que en ocasiones los caminos estén llenos de escollos. Siempre estipulo también que los propósitos, además de ser vitaminas para el alma, son las brújulas que nos ayudan a no perder el norte, aunque naveguemos en ríos revueltos, manteniendo a raya el cortisol (una hormona relacionada con el estrés y la inflamación) y promoviendo sustancias que nos hacen sentir bien (como la oxitocina o la serotonina).

Cuando Juan Carlos reflexionó sobre los motivos por los que le estaba costando su objetivo se percató de que la motivación de bajar de peso para verse bien era efímera y no estaba anclada en nada trascendental. Le dio la vuelta a su declaración de intenciones y decidió correr porque algo más grande estaba en juego: su salud, un valor que era un regalo no solo para él sino también para los suyos. Su padre había muerto de un infarto cuando Juan Carlos era un adolescente, casi de la misma edad de su hijo mayor. Su mamá, sus hermanos y él lo pasaron francamente mal. “No puedo controlarlo todo —pensó— pero haré lo posible por vivir libre de enfermedades y con energía para disfrutar de los míos. Ese será mi propósito. Y mi motor, el amor a mi familia. ¿Hay algo acaso más poderoso? No, no lo hay.  Porque, sin duda, es este el que le da sentido a mi vida”.

¿Qué significa el término IKIGAI?

  El término IKIGAI en sus orígenes se componía de dos vocablos: iki, que se refiere a la vida, y kai, que significa la realización de lo que uno espera y desea. Dato curioso es que kai procede del término gai que era como se le conocía a una especie de conchas muy valiosas entre los años 795 y 1185. De ahí es como la palabra deriva en ikigai cuyo significado actual es “el valor de la vida”.

 

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Alicia Rego Otero

Alicia Rego Otero

Casada. Cincuenta y dos años. Psicóloga. Licenciada en Letras y Filosofía por la Universidad Pontificia de Salamanca. Por más de cinco años autora de la columna Psicólogo en casa en un periódico local, y más de diez como psicóloga en un centro educativo. Hoy se dedica al estudio de la psicología profunda y a la terapia re educativa de chicos con familias disfuncionales o de bajos recursos.