Cuerpo y Alma

Cómo ayudar a nuestros hijos en la escuela

La relación entre los padres de familia, los hijos y las responsabilidades escolares es un tema muy importante para todos aquellos que tenemos hijos en edad escolar. En mi consulta –y en la escuela adonde asisten mis hijos- veo de todo…, desde padres y madres que prácticamente les hacen las tareas a sus hijos, hasta otros y otras que difícilmente pueden repetir el nombre de las maestras o el profesor, o no saben si sus hijos están dando el Teorema de Pitágoras en matemáticas o leyendo el Poema del Pintagorras en español.

Según mi experiencia como papá, y en base a lo que mis pacientes me han enseñado, creo que los padres y madres que tienen mayor éxito en transmitir el mensaje de responsabilidad y disciplina más tempranamente a sus hijos son los que hacen –intuitivamente– una combinación de estas 8 estrategias:

1) Enseñan por modelamiento. Todos los niños –y todos los seres humanos- aprendemos mucho a través de la imitación, es decir, viendo a los demás. Nuestros hijos no son la excepción; ellos imitan conductas que nosotros hacemos: si nosotros somos inquisitivos, estudiosos, adeptos a buscar información y aprender del ambiente a través de la lectura en nuestro quehacer profesional, y ellos nos ven, ellos también lo irán haciendo.

2) Enseñan por estímulo y no por castigo. Todos los niños aprenden por estímulo, es decir que si sienten que están haciendo bien algo, naturalmente, quieren seguir haciéndolo. De allí la importancia de que sepamos ser sagaces “administradores de atención” hacia el desarrollo de las conductas y actitudes positivas y que favorecen sus logros académicos, por más pequeños que estos sean.

3) Se dedican y acompañan a sus hijos. Todos los niños aprenden por dedicación, es decir, si ven que los padres están dedicados a acompañarlos en su educación –sin hacer el trabajo por ellos, claro está- ellos también se comprometerán y dedicarán en sus estudios, y cada vez se tornarán más independientes. Allí es donde cabe el estar al tanto de qué están aprendiendo nuestros hijos en la escuela, qué proyecto están trabajando para fin de mes, o qué tarea difícil se les ha dejado para el día siguiente.

4) Enseñan por aspiración. Todos los niños aprenden por aspiración, porque a medida que van creciendo, nosotros los padres vamos uniendo sus logros escolares a ese “futuro especial” abundante en satisfacciones y metas cumplidas que les espera cuando crezcan. Ellos ven en nuestros ojos el reflejo de lo que serán en el futuro y vinculando su desempeño escolar a la obtención de metas futuras se cincela en sus corazones una visión de sí mismos como personas con “sentido” y con “significado”.

5) Ponen reglas conducentes a un ambiente favorable al estudio. Los niños exitosos académicamente provienen de hogares en donde hay control de los “distractores” del estudio. Muchos niños pasan horas de horas perdidas frente a una pantalla de TV. Eso es negativo porque el ambiente en la casa debe facilitar el tiempo de estudio diario. En nuestra casa, mi esposa Mayi y yo decidimos que solo habría una TV (en la sala de estar); y durante la época escolar no se ve nada de televisión de lunes a viernes, ni se juegan juegos de computadora, y el “chat” está limitado. La verdad es que hubo turbulencia cuando pusimos la regla y escuchamos recriminaciones fuertes durante los primeros meses (“eres un padre injusto…”, “qué exagerado que eres”… “ninguno de mis amigos tiene esa regla en su casa…”). Sin embargo, los resultados en su autodisciplina, responsabilidad escolar, y calificaciones han demostrado que la idea no era tan descabellada.

6) Conocen a sus hijos. Cada uno de nuestros hijos es diferente y no necesariamente parecido ni a uno ni a otro de los padres. Cada uno tendrá habilidades específicas y es único en su propio derecho. Mientras más rápido las conozcamos, más fácil será guiarlos y apoyarlos en el desarrollo de sus responsabilidades escolares.

7) Son claros frente a las expectativas y responsabilidades que tienen sus hijos. Muchos niños, pero sobre todo muchos adolescentes, llegan innecesariamente a la adolescencia siendo víctimas de lo que yo llamo “la tiranía de las ganas”: hago el proyecto “si tengo ganas…”; “estudio… cuando me den ganas”. La realidad es que en la vida hay que hacer muchas cosas sin tener “ganas” de hacerlo, y mientras más rápido se aprenda esto, mejor será el ajuste escolar.

8) Finalmente, son padres y madres que asumen el liderazgo en la guía de sus hijos. Los padres y madres de niños y adolescentes responsables están al tanto, cerca de sus hijos. Bill Doherty habla de la “crianza intencional” como aquella que no se deja al azar o a la casualidad. Como buenos líderes, los padres intencionales saben dar espacio, ponerse al nivel de sus hijos, y “recoger y soltar la cuerda” cuando es menester. Sobre todo quizás saben que los niños tienen que aprender que de cada 10 cosas que uno “le pide a la vida”, usualmente la vida le dice “no” a unas 7 ú 8, y que eso es normal… Que el mundo funciona así, y que uno no va por la vida exigiendo sin dar nada a cambio, y haciendo lo que le da la gana, pensándose centro del universo.

Mi esposa Mayi y yo no somos precisamente los padres perfectos, y nuestros queridos Andrés y Alejandro, de 13 y 12 años, nos lo recuerdan casi a diario. Así mismo, nos obligan a actuar intencionalmente frente a la búsqueda del mejor camino para su desarrollo. Creo que vamos construyendo la paternidad haciendo una combinación de estas 8 estrategias… Algunas nos han ayudado más que otras en diferentes momentos, y espero nos sigan ayudando a desarrollar –en nuestros hijos– la autodisciplina frente a las responsabilidades escolares y, lógicamente, frente a la vida misma.

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