Tecnología

Jeringonza cibernética

Saber un idioma ya no es garantía para entenderlo. En ocasiones, al recibir inocentemente un mensaje por internet nos quedamos perplejos y enredados al descifrar qué nos quieren decir.

Nuevas palabras nacen cada segundo, en una carrera desenfrenada por acelerar la comunicación en línea. Mientras tanto, nuestro pobre idioma lucha por sobrevivir.

De niños la gente de mi generación dedicaba horas a practicar distintos tipos de jeringonza. Ambas implicaban un buen conocimiento de la técnica de división en sílabas pues en una se añadía una sílaba con pe detrás y, en la otra, una con chi por delante de las sílabas de cada palabra. Yopo, mepe, llapa, mopo, Jupu, liepe, tapa o chiyo, chime, chilla, chimo, chiju, chilie, chita. Era divertido el jueguito y los más diestros podían sostener conversaciones larguísimas sin que el resto de los presentes lograra captar qué rayos estaba uno diciendo.

Pasó el tiempo y olvidamos los juegos de la infancia, pero con la popularidad que han adquirido las computadoras y demás equipos tecnológicos hemos tenido que aprender un nuevo idioma, uno que puede ser aún más complicado que las jeringonzas del pasado.

Inicialmente el español empezó a deformarse –sobre todo en países como Panamá, en que el spanglish es casi un idioma oficial– para incluir palabras como formatear, fotoshopear, cidí e imeiliar, entre otras, pero fue el internet el que acabó de rematar nuestra ya muy vapuleada lengua madre.

Chateamos, amigos, chateamos día y noche a mil millas por hora y reduciendo el idioma a vocales, consonantes y signos en un revoltijo que nadie entiende. Bueno, los chateadores sí los entienden, somos nosotros –los más viejitos– los que pasamos horas tratando de descifrar los mensajes que nos pasan como proyectiles sobre la cabeza sin que logremos poner orden en las dichosas conversaciones.

Aunque el ICQ, nombre derivado de la fonética de I seek you (te busco en español) no fue el primer servicio de mensajería instantánea desarrollado, sí fue el primero que adquirió popularidad con la gente joven. Los padres no entendíamos muy bien la diferencia entre “hablar” por la computadora y levantar el teléfono para comunicarse con un amigo hasta que empezamos a notar que la gracia del sistema era que cada persona podía hablar con un montón de gente a la vez.

Definitivamente que una de las diferencias más grandes que existen entre mi generación y la de mis hijos es que la de ellos es multitasking, mientras que nosotros nos consideramos héroes si logramos hacer dos cosas a la vez. En esas cabezas conviven simultáneamente treinta conversaciones, un musicón y supuestamente la tarea de física, en detrimento, por supuesto, de la tarea de física.

Como comprenderán, sería imposible mantener abiertas y andando tantas conversaciones utilizando aquel español correctísimo que aprendimos en la escuela, así es que no es nada raro encontrarse con una frase por el estilo: q tl yo akiiiiiii disq aciend trea… Les explico, la repetición de una misma letra puede significar ironía, pereza o emoción, mientras que las tildes solas o sobre una letra –que puede no ser la que la lleva– se usan como signos de admiración. Y, hablando de signos de admiración, ya nadie recuerda que en español se usan dos, podemos encontrar varios, sí, pero todos juntos después de una frase y en la misma dirección. Se me olvidaba… la ache es muda así es que mejor comérsela con las comas como aderezo. No hay que cegarse, estos servicios de mensajería instantánea contribuyen a que nuestra vida sea más fácil. Por ejemplo, uno puede encontrar al hijo pródigo que estudia en el extranjero y que jamás contesta los correos electrónicos, mientras conversa distraído con sus amigos y halarle las orejas aunque sea cibernéticamente; las tareas viajan de un escritorio a otro en un santiamén –aunque eso no necesariamente es bueno– y para hacer trabajos en grupo ya los miembros del mismo no necesitan moverse de su casa, simplemente “fouardean” su parte hacia algún sitio compartido desde donde el organizado que debe armarlo simplemente tiene que “pescarla” e incorporarla al trabajo final, que generalmente resulta una mezcolanza de información plagiada con distintos tipos de letra e incluso en varios colores porque, créanme, que el “organizado” no revisa, simplemente hace copy-paste.

El mundo de las letras y el cibernético parecen no estar de acuerdo. Lo que antes se consideraba incorrecto, desde el punto de vista lingüístico, actualmente es aceptado y promovido “en línea” sin aprensiones ni remordimientos.

Los adultos escogemos pensar que son los chiquillos quienes están acabando con el idioma sin darnos cuenta que diariamente lo aporreamos con igual furia. El mundo de los negocios se ha vuelto tan “instantáneo” que al recibir un imeil automáticamente apretamos la tecla de reply sin haber siquiera terminado de leer el texto en cuestión y en más de una ocasión se nos va una respuesta incompleta, llena de horrores ortográficos o, peor aún, directo al escritorio de la persona equivocada, porque sin fijarnos pusimos reply to all.

No conocemos de enlaces, sino de links por lo que lógicamente linkeamos; cuando necesitamos colocar información o gráficos en el FTP –File Transfer Protocol– efetepeamos y cuando queremos conocer más sobre cualquier personaje –real o ficticio, vivo o muerto– lo guguleamos. Así de fácil.

No está claro aún cuál será el destino final del español, los puristas del lenguaje se rompen la cabeza tratando de ejercer algún tipo de control sobre la hecatombe que se cierne sobre el idioma. Como parte de su esfuerzo buscan traducciones para los términos, generalmente en inglés, que surgen a diario como resultado de los avances tecnológicos, nos advierten categóricamente que la lengua ya no aguanta más, escriben ponencias kilométricas describiendo el “fin del español”, pero nada parece dar resultado.

Es como tratar de evitar la ruptura del dique poniendo el dedo índice en el agujerito. El esfuerzo es agotador. La avalancha parece incontrolable ya que crece en proporciones geométricas. Muchos nos preguntamos: ¿seguimos nadando contra la corriente o nos dejamos llevar? ¿Nos ponemos la armadura del Caballero Blanco y salimos espada en mano a defender la lengua que heredamos a riesgo de perder la cordura en el intento?

N c, kp´z y ca + prtik matricularnos n 1 curso dl nuevo spñl y vivir felces….as´ x lo – podremos vivir sin s3. (Traducción: No sé, capaz y sea más pretty matricularnos en el curso del nuevo español y vivir felices… así por lo menos podremos vivir sin estrés).

Fotos:
Foto página 46: © Stacy Morrison / zefa / Corbis
Foto página 48: © Daniel Rousselot / zefa / Corbis

 

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Julieta de Diego de Fábrega

Julieta de Diego de Fábrega

Colaborador de revista En Exclusiva