Cuerpo y Alma

Cambie su forma de vida… para vivir bien

¿Le ha pasado que algún examen médico no le ha salido bien? Quizás haya experimentado lo que la mayoría siente: miedo de encontrar algo malo en su interior, algo como el cáncer, sin duda la lacra del siglo.

¿Quién no tiene algún conocido, amigo o familiar que lo haya padecido? Son historias difíciles que requieren de mucho coraje y determinación para superarlas. Y, aunque no todas tengan un final feliz, sí las hay de personas que han sobrellevado bien la enfermedad y hasta la han erradicado de sus organismos.

Mucho hay que aprender de estos seres, algo en ellos les aporta la fortaleza necesaria para que la palabra cáncer no sea más un sinónimo de desesperanza. Porque si algo la comunidad científica no objeta es que la actitud del enfermo es un arma valiosísima que puede marcar la diferencia.

Y si no que se lo pregunten a David Servan-Scheiber, un prestigioso profesor de psiquiatría de la Escuela de Medicina de Pittsburg, a quien hace quince años le fue diagnosticado un tumor cerebral. Su vida no pudo dar un vuelco más grande. Lo superfluo dejó de tener sentido; vivir y vivir bien sería entonces su nuevo objetivo. Para ello, se concentró en conocer a fondo los entresijos de la enfermedad y cómo sus células se reproducen sin tregua. Sus ideas están plasmadas en el libro “Anti Cancer, A New Way of Life”, un best-seller que recoge el fruto de mucho estudio y aporta datos interesantes no sólo sobre curación, sino también sobre prevención.

Según éste, hay un cáncer latente dentro de cada uno de nosotros, nuestro cuerpo genera células defectuosas constantemente. Pero, a la par, estamos equipados con una serie de mecanismos para su detección y bloqueo. De hecho, en Occidente morirá de cáncer una persona de cada cuatro, pero las tres restantes no. Sus mecanismos de defensa lo impedirán, mecanismos fortalecidos por una nueva forma de vivir que potencia las capacidades del cuerpo y de la mente, y que contrarresta cuatro fenómenos que las células cancerígenas necesitan para proliferar.

El primero de estos fenómenos es la inflamación, del cual Servan-Scheiber explica algo corroborado por el National Cancer Institute: que las estructuras cancerígenas fabrican sustancias altamente inflamatorias que les permiten penetrar en tejidos vecinos, colarse en el flujo sanguíneo, migrar y establecer colonias en lugares remotos denominadas metástasis. El segundo es un entorno rico en sustancias tóxicas promotor de la “carcinogénesis”, fenómeno que promueve su aparición. El tercero: la angiogénesis, un proceso que consiste en la proliferación de nuevos vasos sanguíneos que les aportan oxígeno y nutrientes. Y el cuarto, se trata de un sistema inmunológico debilitado que no puede hacerles frente.

¿Cómo conseguir frenar estos fenómenos?
Por un lado, consumiendo alimentos con propiedades antiinflamatorias como el aceite de oliva o los que contienen omega-3 y evitar, en la medida de lo posible, los que los favorecen como los azúcares, las harinas blancas o los aceites hidrogenados. Por otro, intentando cohabitar con la menor contaminación orgánica posible; por ejemplo, lavando bien las frutas y verduras, evitando derivados de aluminio en desodorantes o, en casa, utilizando desinfectantes ecológicos como el vinagre blanco.

También, en aras de cortar los suministros de las células cancerígenas, beneficiándose de alimentos con propiedades antiangiogénesis como el té verde, el chocolate negro o el vino tinto.

Y, con respecto a nuestro sistema de defensa, controlando el estrés, haciendo deporte al menos media hora tres veces por semana, valiéndose de ejercicios como el yoga, que promuevan la relajación o buscando ayuda de un psicoterapeuta. Heridas emocionales irresueltas, traumas de la infancia o vivir con rabia y rencor son, junto con lo anterior, los ingredientes necesarios para un coctel explosivo.

La idea es que por generación espontánea no aparece el cáncer. Y por generación espontánea tampoco se evita. Concibamos, pues, nuestro cuerpo como un templo que hay que cuidar a profundidad día a día, liberándolo de todo lo tóxico que nos rodea. Un sabio consejo de parte de alguien que logró superar la adversidad… con creces.

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Alicia Rego Otero

Casada. Cuarenta y ocho años. Psicóloga. Licenciada en Letras y Filosofía por la Universidad Pontificia de Salamanca. Por más de cinco años autora de la columna Psicólogo en casa en un periódico local, y más de diez como psicóloga en un centro educativo. Hoy se dedica al estudio de la psicología profunda y a la terapia re educativa de chicos con familias disfuncionales o de bajos recursos.