Viajes

Un camino místico

A una ciudad que hace cinco siglos refugiaba incas y presenciaba sus más sagrados rituales llegan, a través de un camino tan viejo como las piedras que lo forman, miles de turistas en busca de una experiencia única y espiritual. Algunos panameños cuentan su recorrido por el Camino Inca.

Llegar a Machu Picchu guiándose por las piedras del Camino Inca es una experiencia subliminal y mística. Quienes lo han hecho aseguran que el esfuerzo vale la pena.

Durante todo el año, viajeros de todas partes del planeta emprenden el recorrido del Camino Inca desde la ciudad de Cuzco para acceder a la selvática sierra peruana y a los misterios que aún encierran las ruinas de Machu Picchu, que en quechua significa “montaña vieja”.

Desde su descubrimiento en 1911 por el profesor de historia norteamericano Hiram Bingham, millones de turistas han emprendido la aventura de conocer este lugar místico e incomparable. En julio de 2011, precisamente coincidiendo con la celebración de los 100 años de su descubrimiento, el Estado peruano redujo el límite de visitantes de la ciudadela a 2 millones por año, limitando así el número de turistas que pueden recorrer el Camino Inca a 500 por día.

A lo largo del camino es la propia historia del Perú y de los incas que resurge. El caminante descubre, piedra por piedra, lo inexplicable y místico de la cultura inca, siendo esta la única manera de conocer ciudadelas antiguas en medio de montañas empinadas y llegar a Machu Picchu de la misma manera que hace siglos llegaban los incas, por la Puerta del Sol.

Para comprender el misticismo que rodea este lugar, debemos remontarnos al siglo 15 y visualizar al inca o emperador realizando esta ruta de peregrinación, por razones estrictamente religiosas y ceremoniales, en un recorrido que incluía rituales para honrar a las montañas del camino y el despliegue de variados recursos arquitectónicos que dan racionalidad e importancia al también conocido como “Camino Real”.

 

 

La entrada oficial al Camino Inca, en el Km 82, inicia con un día de 6 a 7 horas de caminata, aproximadamente, hasta llegar al primer campamento.

 

 

El camino completo tiene una distancia de 42 km y dura cuatro días; empieza en el puesto de control Piscacucho, también conocido como el “Km 82”, que se encuentra a tres horas en bus o a una hora en tren, desde la ciudad del Cuzco. La mejor época para realizarlo es durante la estación seca (entre mayo y octubre). Junio es el mes más frío y agosto ofrece un clima más templado y estable. De diciembre a marzo las lluvias son frecuentes y el camino puede convertirse en un peligroso y resbaladizo lodazal, tal como sucedió en enero de 2010, cuando una turista argentina y su guía, a sólo seis kilómetros de las ruinas incaicas de Machu Picchu, fueron sorprendidos por una avalancha de piedra y lodo debido al desbordamiento del río Urubamba, que recorre los valles incas.

Sin embargo, así como el camino tiene sus peligros e incidentes, también es un recorrido único para quien le gusta la aventura y el trekking. Son largas caminatas de ascensos y descensos entre caminos estrechos y montañas empinadas; pero que al final, al llegar a la Puerta del Sol, que da la bienvenida a la ciudadela, todo el sacrificio vale la pena, según relatan quienes lo han realizado.

El camino tiene una extensión de 42 km, con subidas y bajadas empinadas, dura cuatro días y se debe contar con un guía certificado y condiciones físicas adecuadas para realizarlo.

En carne propia

En septiembre de 2010, un grupo de tres panameños conformado por Carlos Neuman, Fernando Boyd y Carla Palm, decidieron emprender el camino durante la época seca. “Fue una experiencia increíble, relajante y enriquecedora… Te conectas con la naturaleza en el recorrido. El llegar a la Puerta de Sol me llenó de alegría, sobre todo por la expectativa que tienes luego de caminar por cuatro días”, recuerda Neuman.

Para su grupo, el segundo día fue el más difícil del trayecto. “Empezamos ascendiendo hasta un total de 4,200 metros de altura. Luego de esa subida y de un pequeño descanso, tuvimos que bajar la misma montaña. La bajada era difícil, empinada y, al final, a casi todos nos temblaban las piernas. Cuando llegamos al campamento, el guía informó que aún estábamos a la mitad del camino. En ese momento pensé que tal vez no había sido la mejor idea. Luego de un descanso y una buena siesta reanudamos el camino… se me había desvanecido toda duda y tenía ganas de continuar”.

Ese día caminaron aproximadamente ocho horas y cruzaron dos montañas. Él recomienda el Camino Inca por la experiencia tan especial que representa; sin embargo, asegura que no es para todo el mundo. Se deben tener las condiciones físicas apropiadas y las ganas de vivir una verdadera aventura.

Otro grupo conformado por las panameñas Yanela de Sedas, Natalia Velásquez y Patricia Castaño realizó la experiencia en noviembre de 2009, recorriendo el camino que inicia en el kilómetro 104 y que consta de un día entero escalando y descendiendo, por 8 km, hasta llegar en el atardecer a la Puerta del Sol, la entrada oficial a Machu Picchu.

Izquierda: A través del maravilloso camino, se disfrutan momentos de descanso para apreciar las impactantes vistas de las montañas y ruinas incas, que aportan misticismo y espiritualidad a la experiencia.
Derecha: Natalia Velásquez, Patricia Castaño y Yanela de Sedas emprendieron el Camino Inca de 8 km, por un día, con la ayuda de un guía certificado de Perú.

Para Velásquez fue una experiencia enriquecedora que cambió su vida. Asegura que se le presentaron obstáculos en el camino, pero que lo volvería a hacer y lo recomienda. “Mi mayor obstáculo fue la altura, me cansaba mucho… en la Puerta del Sol, a 3,800 metros sobre el nivel del mar, nos costaba respirar. Pero al final, todo valió la pena, no lo cambiaría por nada. Es una experiencia que me dejó marcada por el resto de mi vida”.

De Sedas también recuerda la experiencia como un momento crucial en su vida. “Vives lo que representa Machu Picchu… sientes que te hace falta el oxígeno, pero sigues por la energía positiva y espiritual que irradia la naturaleza y las ruinas… constantemente te preguntas cómo lo hicieron y agradeces el poder experimentarlo”.

Sacrificios que remuneran
Palabras de asombro y serenidad son las que comparten quienes han experimentado el recorrido inca hacia Machu Picchu. Es un viaje difícil y sacrificado, no lo niegan, sin embargo, todos concuerdan que cada falta de aliento o dolor muscular vale la pena “cuando se llega a la Puerta del Sol”.

“Fue como si un poder sublime de la naturaleza invadiera mi cuerpo. Lo primero que vino a mi mente fue un sentimiento de agradecimiento a Dios por permitirme estar en ese lugar. Mi espíritu recobró la energía que había perdido, me sentía renovada. Todo valió la pena… el sacrificio de las largas horas de caminada intensa, el peligro, el frío, la altura, la lluvia, todo…”, cuenta Natalia Velásquez.

Ella y su grupo recomiendan a quien tenga los ánimos y el espíritu de llegar a Machu Picchu por el camino, que lo haga. Aseguran que el trayecto te va preparando física y espiritualmente para recibir la maravilla histórica de aquella montaña.

“El conjunto de eventos a través del camino te hace meditar sobre el intelecto y la grandeza espiritual del hombre andino cuyo máximo logro fue la civilización inca. Las ruinas del camino, sólo el caminante tiene el privilegio de conocerlas”, agrega.

“Seguir las huellas del pasado, piedra por piedra, que los peregrinos y oficiales autorizados del Imperio recorrían para llegar a la ciudad sagrada, es simplemente una experiencia inolvidable”, concluyen.

Fernando Boyd y Carlos Neuman realizaron el Camino Inca completo. Fue una experiencia enriquecedora y cambiante que nunca olvidarán y que recomiendan a los aventureros.
Al final de cada expedición diaria, se descansa en campamentos especiales donde los caminantes duermen en carpas que la agencia de viajes proporciona.

Un recorrido único
El Camino Inca completo dura cuatro días, se recorren 42 kilómetros y consta del siguiente itinerario:

Primer día:
La caminata inicia en el Km 82 hasta la comunidad de Miskay, donde se almuerza, para continuar al grupo arqueológico de Llactapata y, finalmente, se llega al primer campamento donde se cena y se pasa la noche. Se caminan aproximadamente seis horas.

Segundo día:
Muy temprano se inicia el ascenso hasta lograr los 4,200 m sobre el nivel del mar y se tiene una vista impresionante de montañas nevadas y un valle semitropical. Se descansa para descender, ascender y luego descender nuevamente, para pasar la segunda noche. Se caminan de 6 a 7 horas.

Tercer día:
Se inicia la caminata por un valle semitropical, divisando vestigios de la cultura inca. Se asciende a una zona arqueológica y se llega al tercer y último campamento. Se caminan aproximadamente ocho horas.

Cuarto día:
Muy temprano se realiza el recorrido de dos horas hacia la Puerta del Sol, donde se aprecia el amanecer con una vista panorámica de Machu Picchu. Este es el privilegio y premio del caminante. Se asciende para recorrer el mágico lugar y se regresa en bus y tren a Cuzco.

Datos del viajero
• Por lo limitado de su acceso, se recomienda hacer reservas del Camino Inca con seis meses de anticipación.
• Las mejores fechas para realizarlo son de abril a noviembre.
• El Camino puede hacerse en uno, dos o cuatro días.
• Se recomienda tomar té o infusión de hojas de coca el día de llegada, y el primer día caminar despacio y comer ligero, para evitar el mal de altura o soroche.
• Es recomendable viajar con tiempo suficiente para disfrutar tanto de Cuzco como de Machu Picchu y sus alrededores.
• Asegúrese de que la agencia de viajes escogida sea de buen nivel y recomendada, ya que tener un buen guía es vital. Las recomendadas por los entrevistados son: Pacha Mama y Llama Path (www.llamapath.com).

 

Fotos:
Página 40: © Yanela de Sedas
Página 42: © Carlos Neuman (arriba) y Yanela de Sedas (abajo)
Página 44: © Blaine Harrington III / Corbis
Página 46: © Carlos Neuman (izquierda) y Yanela de Sedas (derecha)
Página 48: © Carlos Neuman (arriba) y Fernando Boyd (abajo)

 

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Patricia Aramburú

Graduada de Loyola University New Orleans, con título de Periodismo y Mercadeo, Patricia ha trabajado en diversos medios en el transcurso de sus 13 años como comunicadora social, siendo freelancer para EE desde 2011. Inició su carrera como editora del Suplemento Weekend y Ellas Teen y como parte del comité editorial de la Revista Ellas, del Diario La Prensa. Luego dirigió el equipo de comunicación y mercadeo de Casa Cor Panamá y fue editora de la revista Ocean Drive Panamá durante 5 años. En 2012 fundó la revista @Couturefashionmag, publicación oficial de Fashion Week Panamá, dedicada al mundo de la moda y estilo de vida que publica tres ediciones al año.