Cuerpo y Alma

La práctica deliberada es el camino a la maestría

“… debes amar la hora que nunca brilla”.   Silvio Rodríguez

La práctica hace la perfección, ¿verdad? Bueno…, más o menos. La repetición constante es necesaria para alcanzar la maestría o el nivel experto en cualquier arte, profesión, ocupación o actividad humana. Pero no todas las prácticas son ‘creadas iguales’. Lo que hace la diferencia es lo que un puñado de científicos estudiosos de la conducta humana han venido a llamar práctica deliberada. Práctica deliberada parece ser el ingrediente clave para construir día tras día, mes tras mes y año tras año, las destrezas que al conectarse unas con otras crean el desempeño extraordinario que hace a una persona experta en su área de trabajo.

Ya sea que se trate de una actriz de carácter, o un extraordinario profesor de escuela secundaria, o una sagaz y aguda directora ejecutiva que ha llevado al éxito y la rentabilidad sostenida a su compañía; lo que hace diferentes a estas personas tiene que ver con cómo observan concentrada y consistentemente su propio desempeño y cómo se salen de su zona de confort, enfatizando la repetición insistente de secuencias particularmente difíciles.

Así lo ha descrito Anders Ericksson, profesor de Psicología de la Universidad Internacional de la Florida, quien ha estudiado la trayectoria de docenas y docenas de atletas de élite, músicos destacados, ejecutivos extraordinarios y demás expertos con altísimos niveles de maestría. En su nuevo libro Rendimiento Máximo: Revelando los Secretos de la Nueva Ciencia de la Experticia, Ericsson comenta que quienes ejecutan con excelencia su arte, su deporte o su profesión hacen consistentemente tres cosas: 1) Siempre están buscando cómo mejorar su desempeño y se enfocan en las partes difíciles, y 2) Siempre están dispuestos a practicar fuera de su zona de confort para aprender nuevas habilidades, y 3) Siempre están dispuestos y buscan activamente recibir retroalimentación.

La práctica repetitiva de tareas que ya dominas asegura que se conviertan en naturales para ti, y echen raíz en tu mente y tu cuerpo para que las hagas sin esfuerzo. Pero la práctica deliberada es la que te lleva a cruzar el umbral y sumergirte en el territorio de los expertos. Más allá de las famosas diez mil horas de práctica, popularizadas por Malcolm Gladwell, para llegar a ese nivel, ya sean atletas de élite, artistas consagrados, o profesionales con capacidades extraordinarias, todos parecen haber desarrollado un sistema en donde ponen especial atención a sus debilidades y constantemente retan sus propias capacidades practicando insistentemente para superar cualquier pequeña deficiencia.

He aquí algunas recomendaciones para fortalecer tus rutinas de práctica:

1) Identifica cuáles son las partes más difíciles y repite incesantemente esas rutinas.  Evita relajarte practicando solamente las secuencias que haces bien. La maestría es una carrera de resistencia, no de velocidad. Tienes que estar dispuesto a sostener tu interés y tu dedicación a ese arte, ese deporte o esa profesión por años.

2) Observa detenidamente a los mejores, hasta que aprendas a anticipar cómo piensan, cómo van actuar en una situación y cuáles son su estrategias y modelos mentales para enfrentar la tarea, ya sea un juego de béisbol, una decisión estratégica o una cirugía de corazón abierto.

3) Asegura que puedas observar tu propio desempeño, o mejor aún, que cuentes con un ‘coach’ que monitoree tu desempeño. La retroalimentación en tiempo real es imprescindible.

4) Acepta que al principio no verás el resultado y que no se trata de pasarla bien. La práctica deliberada requiere de mucha persistencia y tesón.

5) Pon mucha atención a cómo lo haces. Cómo practicas es tan importante como cuánto lo haces. Para obtener los beneficios de la práctica deliberada tienes que entender cuáles son tus deficiencias y crear rutinas que te permitan trabajar y superarte en esas debilidades.

La práctica deliberada es diferente de trabajar, jugar o simplemente repetir una tarea.  Requiere esfuerzo y concentración sostenida. No tiene recompensa directa ni reconocimiento público. Y muchas veces no es algo que disfrutas hacer. En esencia, es la hora que debes amar, pero que nunca brilla.

Por: Carlos A. Leiro P., Ph. D. – Clínica Transiciones

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