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El cumplir la palabra como movimiento social

Vivimos en un mundo tan guiado por la innovación y por lo que se logra viralizar para ser tendencia, que una conducta básica y fundamental para el desarrollo de las sociedades, a través del tiempo, tuvo que replantearse para convertirse en una actitud apetecible a seguir por las personas que ha tocado este movimiento social internacional. 

Cuando recibí la invitación para asistir a la charla Because I said I would (Porque dije que lo haría), del internacionalmente reconocido orador Alex Sheen, inmediatamente busqué referencias de quién era este personaje y cuál era aquel mensaje revolucionario que estaba impulsando con su movimiento social.  Tal fue mi sorpresa cuando descubrí que la premisa de este movimiento era “cumplir tu palabra” –hacer lo que decías que ibas a hacer cuando decías que ibas a hacerlo, un concepto primordial de las relaciones personales y profesionales entre seres humanos desde el origen de la “civilización”–, que sentí mucha más curiosidad sobre lo que Alex tenía que decir y empecé a reflexionar sobre cómo tenemos que trabajar para rescatar estos valores que estamos dejando de lado en nuestras sociedades.

Mi padre era una persona común y corriente…

Con estas palabras inicia Alex Sheen su charla sobre este movimiento que inició en 2012, luego de que su familia le pidiera que dijera la elegía en el funeral de su padre, quien había muerto de cáncer.  Alex cuenta cómo su padre era un hombre normal, común y corriente, no era famoso, no era un empresario reconocido, ni un doctor que salvara vidas, era una persona regular y trabajadora. Pero había algo que lo hacía diferente: Wei Min Sheen siempre cumplía sus promesas y esta cualidad, para su hijo Alex, lo convertía en un ser extraordinario y en esta cualidad basó Alex sus palabras. Después de dar la elegía, tuvo la idea de repartir “tarjetas para promesas”, en las que las personas podían escribir una promesa, dársela a la persona a la que se la hacían y, una vez cumplida, la recibirían de vuelta para recordar que habían cumplido su promesa. Después, Alex creó una página de Facebook donde indicaba que enviaría gratuitamente por correo paquetes con cinco tarjetas para quienes quisieran usarlas. Subió el video de la elegía de su padre y se acostó a dormir.  A la mañana siguiente, tenía cientos de solicitudes de personas de todo el mundo: ¡su video se había vuelto viral! Desde ese día, su movimiento social ha distribuido más de 10.3 millones de tarjetas alrededor del mundo, únicamente por solicitud.

Luego de algunos meses, Alex renunció a su trabajo en una empresa de desarrollo de software y desde entonces se ha dedicado a ayudar a las personas alrededor del mundo a realizar actos de real valor y significado, con el simple hecho de cumplir una promesa, de hacer lo que dices que vas a hacer, cuando dices que vas a hacerlo. Este movimiento social internacional se comparte de distintas formas: a través de conferencias que Alex mismo dicta; con recursos descargables en su página web para guiar a los padres acerca de cómo inculcar este valor en sus hijos o para guiar personas que desean unirse al movimiento individualmente e impulsando un programa para escuelas donde los estudiantes pueden crear capítulos de Because I said I would y, a su vez, compartir este mensaje con otros jóvenes. Como Alex nos comenta de su experiencia compartiendo con los estudiantes en Panamá: “Queremos ayudar a estos jóvenes a desarrollar el autocontrol necesario que les facilitará enfrentarse a las adversidades de la vida. Tenemos la esperanza de que nuestro programa de educación para desarrollar el carácter de estos chicos y nuestro trabajo continuo en Panamá pueda ayudarlos a convertirse en la mejor versión de ellos mismos”.  Lo más importante es que todos estos esfuerzos tienen la visión de cambiar el mundo y mejorar nuestras sociedades a través de promesas hechas y cumplidas.

En una reciente visita a Panamá, Alex Sheen logró inspirar a cientos de jóvenes. Aquí aparece durante una presentación en la AIP, uno de los colegios a los que asistió.

La palabra empeñada es cosa sagrada

Para todos los que creemos en el valor de la palabra y de una promesa, apoyar el movimiento fundado por Alex y compartir su mensaje es de vital importancia en la formación de mejores ciudadanos para tener sociedades con valores fortalecidos. Como decía el señor Federico Humbert Azcárraga: “En nuestra sociedad, estamos perdiendo el valor de la palabra empeñada.  En la época de nuestros padres la palabra era igual que un contrato. La palabra era algo de honor”.

Y es que el honor es la piedra angular del movimiento Because I said I would, pues lo consideran el valor fundamental para mantener las promesas. De esto se deriva lo que el movimiento ha denominado como los siete elementos del honor:

  1. Compasión: Poder sentir empatía por las personas y lograr que un simple acto, como brindarle una sonrisa a alguien, pueda impactar positivamente su día.
  2. Autocontrol: Esforzarnos constantemente en cómo manejamos lo que ocurre a nuestro alrededor, tomar la decisión de ser felices, prometernos a nosotros mismos ver el vaso medio lleno.
  3. Sacrificio: Dar nuestro tiempo a una persona o a una causa no siempre es fácil, debemos tener la capacidad de tomar la decisión de cumplir nuestras promesas, aunque eso represente estar menos horas en casa, posponer un viaje o algo tan sencillo como despertarnos más temprano todos los días para lograrlo.
  4. Honestidad: Poder vivir de manera que nuestras creencias, lo que decimos y lo que hacemos estén en armonía. Ser honestos con nosotros mismos, conocer nuestras capacidades y limitaciones nos ayudará a poder actuar sobre esas promesas que deseamos realizar.
  5. Esperanza: Tener la fe de que nuestras acciones tendrán impacto, aun cuando no podamos ver el resultado inmediato; creer en las otras personas y el impacto multiplicador que todos podemos lograr.
  6. Contemplación: Dedicar el tiempo necesario para pensar las cosas, para tratar de entender por qué estamos aquí y el impacto que podemos tener si cumplimos nuestras promesas. Hacer esa profunda reflexión que no siempre es evidente.
  7. Responsabilidad: Tomar responsabilidad por nuestras acciones en lugar de buscar excusas, aceptar que nuestras acciones tienen consecuencias y que depende de nosotros cumplir o no las promesas.

Cuando le preguntamos a Alex, luego de estar inmerso en este tema por los últimos 6 años, por qué él pensaba que a las personas les costaba tanto cumplir su palabra y/o sus promesas hoy en día, esto fue lo que nos respondió: “La tecnología tiene mucho que ver. Hoy es más fácil que nunca hacer una promesa: solo das clic a un botón en Facebook y ese es tu compromiso de asistir a un evento.  Responder un mensaje de texto solo toma un momento. Cuando hacer algo se vuelve fácil, tiendes a hacerlo más a menudo. Por lo que estamos en una era en la que hacemos muchas promesas muy rápido. Pero cuando llega el momento de cumplir esa promesa, también es mucho más fácil hoy en día echarse para atrás.  Lo único que haces es escribir un mensaje de texto que dice: ´Disculpa, no puedo llegar´, 10 minutos antes de la hora acordada. Gracias a la tecnología ya ni siquiera tenemos que mirar a la persona a los ojos cuando la estamos decepcionando. Hay muchas, pero definitivamente la tecnología es una de las razones por las que es tan retador cumplir las promesas en el mundo en que vivimos actualmente”. 

¿Cómo puedo yo cambiar el mundo, una promesa a la vez?

Mientras escuchaba a Alex relatar algunos ejemplos de promesas memorables, pensaba en que muchas veces pensamos que una promesa es menos importante que otra y cómo este pensamiento es tan distante de la realidad, pues todas son importantes. Por ejemplo, Alex contaba el caso de un papá que tenía la costumbre de escribir mensajes inspiradores para su hija en las servilletas de su lonchera. Cuando se enteró de que tenía cáncer, prometió escribir 826 mensajes en servilletas, la cantidad de días de escuela hasta que su hija se graduara de la secundaria porque, aunque no sabía si estaría vivo para verla graduarse, quería que su hija tuviera sus mensajes todos los días.  O cómo otra persona escribió en una tarjeta la promesa: “No chatearé ni veré Facebook mientras manejo” y colocaba esta tarjeta en la pantalla de su celular cada vez que se sentaba en su auto. O la niña de 14 años que prometió sentarse en el almuerzo con los niños que se sentaban solos y ser su amiga. A pesar de ser diferentes, todas y cada una de estas promesas son importantes, por el significado e impacto en quienes las cumplen y, si es el caso, en quienes las reciben.

Cuando uno se propone poner en práctica el llamado que hace este movimiento, se da cuenta de que es más retador de lo que parece, pero es importante que reflexionemos en cómo esta conducta, que parece trivial, en realidad tiene un gran impacto en nuestras vidas y en las vidas de quienes nos rodean.

Hacer esas pequeñas cosas que decimos que haremos: ver esa película con tus hijos que llevas meses, tal vez años diciendo que van a ver juntos; llevarlos al parque; leerles un libro; acompañar a los abuelos un domingo en la tarde; juntarse a tomar un café con las amigas para mantener la amistad viva son cosas que podemos hacer, solo tenemos que prometernos a nosotros mismos que sacaremos el tiempo y la energía para hacerlo.  Muchas veces pensamos que tenemos todo el tiempo del mundo para cumplir todas las promesas que hacemos, desde las pequeñas hasta las grandiosas, pero no siempre tenemos esa suerte, ¡el momento de empezar a cumplirlas es hoy!

Me gustaría concluir invitándolos a conocer más sobre Alex y su movimiento en www.becauseisaidiwould.com pero, sobre todo, invitándolos a reflexionar en cómo podemos impactar positivamente desde donde estamos, en casa con nuestras familias o en el trabajo con nuestros compañeros. No esperemos a que el mundo viralice todos los valores que sabemos que son importantes practicar, vamos a hacernos esa promesa a nosotros mismos y vamos a cumplirla, porque como el mismo Alex Sheen dice: “Dar el ejemplo no es la principal forma de influenciar a otras personas; es la única forma” y, si conscientemente cultivamos este valor, podremos ser “influencers” de nuestros hijos, amigos y compañeros de trabajo, tal como el padre de Alex lo fue para él.

 

Fotos cortesía de Because I said I would

Foto de visita a Panamá: Cortesía de la Academia Interamericana de Panamá (AIP)

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Aminta Saldaña

Aminta Saldaña

Licenciada en Operaciones de Negocios Multinacionales y Mercadeo de Florida State University, con maestría en Comunicación Estratégica de la Universidad Adolfo Ibáñez. Fue Coordinadora de Comunicaciones del Programa de Atención Integral a la Primera Infancia y Coordinadora de Alianzas Estratégicas y Recaudación de Fondos en UNICEF Panamá y Chile. Actualmente es la Sub Directora de la Fundación Sus Buenos Vecinos.