Actualidad

Panamá: Un vaso medio lleno

Identificar y valorar lo que como país hemos logrado nos permitirá afrontar, con positivismo y perseverancia, cada uno de los desafíos que tenemos por delante y seguir haciéndolo mejor.

Desde muy pequeños, nuestros padres nos inculcaron, a mis hermanos y a mí, una actitud positiva hacia la vida. En nuestro hogar no se permitían quejas infundadas. Y la palabra “pobrecito”, en referencia a alguno de nosotros, estaba casi que prohibida. Para ellos el vaso siempre estaba medio lleno y llenándose. Nunca medio vacío y, menos aún, vaciándose.

Mi infancia y adolescencia prácticamente transcurrieron durante la dictadura militar. Mi formación académica y mis primeros años de experiencia laboral coincidieron con la época más oscura de la dictadura y luego, para rematar, vino la invasión y el saqueo. El país estaba realmente acabado. Pero desde ese momento en adelante, los panameños hemos logrado cosas extraordinarias. El ejemplo más patente es el manejo que le hemos dado al Canal. Creo que en 1990 muy poca gente hubiese anticipado que íbamos a ser capaces de recibirlo, blindarlo constitucionalmente, manejarlo muy bien, decir un “sí” rotundo en un referéndum para ampliarlo, llevar a cabo esa magna obra y generar aportes económicos por los montos que anualmente nos está entregando. Pero lo hicimos. Sí, nosotros.

Otro ejemplo es el desarrollo de la democracia. Quizás no es perfecta y, seguramente, se han elegido a algunos candidatos que no debieron ser escogidos, pero eso ya es mayormente culpa de los electores (es decir, de nosotros). Lo cierto es que desde la primera elección luego de la invasión, que curiosamente la ganó el candidato del partido heredado de la dictadura, se han dado procesos incuestionables y con muy alta participación, y nunca ha repetido el mismo partido. Además, cuando se pretendió modificar la constitución principalmente para que se permitiera la reelección inmediata del presidente de turno, en un referéndum se dijo “no”. La gente entendió que debía imperar el concepto y la estabilidad de las normas, sobre cualquier persona. En suma, hemos desarrollado una importante vocación democrática, que nos ha dado estabilidad política.

Pudiésemos elaborar una larga lista de temas adicionales que han sido muy positivos y que, me atrevo a decir, en tres décadas nos han transformado como país. Solo para mencionar algunos: el Corredor Norte, el Corredor Sur, la Cinta Costera, el proyecto de saneamiento de la bahía, múltiples hospitales en el interior, dos puentes sobre el Canal, la expansión y en gran medida el mejoramiento de nuestras principales carreteras y caminos de penetración, un desarrollo inmobiliario sin precedentes (sobre todo de viviendas a todos los niveles), el crecimiento y dinamismo de varias ciudades del interior, la Gran Terminal Nacional de Transporte de Panamá, el Metro de Panamá, el cambio de los diablos rojos por Mi Bus, el ferrocarril, el desarrollo portuario, el Hub de las Américas, la consolidación y modernización del Sistema Bancario Nacional con gran contribución de los bancos de capital panameño, el Fondo Fiduciario para el Desarrollo, el mundialmente codiciado grado de inversión, el régimen de Sedes de Empresas Multinacionales, Panamá Pacífico, el suministro estable de energía eléctrica, el desarrollo de las telecomunicaciones a un estándar de primer mundo, el crecimiento sostenido y elevado del PIB (a niveles bastante más altos que los de América Latina, salvo por un par de años), la reducción de la pobreza de 42.1% en 1991 a 21.5% en 2019, y de la pobreza extrema de 26% a 10% en el mismo período, el aumento de la esperanza de vida al nacer (en promedio) de 73.4 años en 1992 a 78.5 en 2019, la consolidación de la Universidad Tecnológica de Panamá, la Ciudad del Saber, la creación de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación, la creación del Ministerio de Ambiente, el Biomuseo, un incremento en las áreas protegidas que actualmente comprenden aproximadamente el 37% de la superficie terrestre del país y el 13% de las áreas marinas y la certificación de que somos un país carbono negativo (actualmente solo hay tres en el mundo).

Para poner el tema un poco en perspectiva, retrocedamos nuevamente en el tiempo y ubiquémonos en 1992, cuando nacieron los jóvenes panameños que este año cumplen 30. En ese momento, la situación del país era muy distinta y mucho de lo que menciono arriba no existía o no se estimaba posible en el mediano plazo. El país acababa de pasar por una dictadura militar de 21 años y por una invasión seguida de un saqueo masivo, la reversión del Canal aún se veía como un espejismo y no había ocurrido una elección realmente libre en más de 23 años. Curiosamente, esa era mi realidad cuando, en 1992, yo estaba por cumplir los 30. Tres décadas después, Panamá es otro.

Por eso es por lo que, cuando nos analizan las calificadoras de riesgo o las entidades multilaterales y nos comparan con nuestros supuestos pares, nos ubican en el umbral del desarrollo. Esto no lo digo yo, lo dicen ellos y una cantidad considerable de extranjeros que nos ven como la gran cosa y que no dudan en instalarse en este pedacito de tierra. Empresas como Banco General y Copa, que tienen un estándar de primer mundo, no se hicieron en otro país y luego vinieron aquí. Son producto de nuestro talento y, en gran parte, reflejo del crecimiento de nuestra economía.

Traigo todo esto a colación, ya que me da la sensación de que muchos piensan que todo está mal y que, básicamente, hay que refundar la República. Lo cierto es que tenemos pendientes una serie de temas críticos (la educación, el seguro social, la desigualdad, la institucionalidad, la justicia, el manejo del recurso hídrico, entre otros), pero para mí nos encontramos frente a un vaso medio lleno, y si hemos sido capaces de llenarlo hasta aquí, ¿qué nos hace suponer que no podemos seguir llenándolo? Esto, evidentemente, requiere mucho esfuerzo y tiempo. El desarrollo es producto de un lento y complejo proceso. Pero si no lo abordamos así, de una manera al menos medianamente positiva, nos corremos el riesgo de ver cómo un vaso, medio vacío, comenzará a vaciarse frente a nuestras narices, como ya ha ocurrido en otros países.

Para muchas cosas nos llenamos de orgullo, y con razón. Por ejemplo, en un país como el nuestro, que no es futbolizado, salió una selección que nos dio la gran sorpresa y la satisfacción de llegar a un mundial. Las calles se vaciaban y el país entero se vestía de rojo para ver los juegos. Muchos hasta viajaron a Rusia. Pero cuando nos toca vestirnos de rojo para hablar bien de nuestro país, parece que no lo hacemos. Allí nos ganan los vecinos que tenemos hacia el oeste, que se venden extremadamente bien. Ojalá supiéramos enorgullecernos de todo lo que hemos logrado, que ha sido bastante. Ojalá pudiéramos ver claramente, con positivismo y perseverancia, los desafíos que tenemos por delante, con el convencimiento de que podremos sortearlos de la mejor manera, siempre teniendo en mente que lo perfecto es el peor enemigo de lo bueno, que mover a un país en temas complejos y con componentes políticos y sociales (que siempre van a estar presentes) no es para nada sencillo y que todo país, para poder avanzar, requiere de un cierto nivel de paz social, estabilidad política y gobernabilidad.

No quiero decir que somos lo más grande, pero a mi juicio lo hemos hecho razonablemente bien. Pudo ser mejor, pero también muchísimo peor; si no, miren a varios de nuestros hermanos países latinoamericanos. Nuestros logros hasta ahora nos deben convencer de que lo estamos haciendo bien y que a futuro hasta podemos hacerlo mejor.

Esto me recuerda un valioso documento elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en 2019, denominado BIDeconomics Panamá: Desafíos para consolidar su desarrollo, que incluye a manera de conclusión, entre otros, lo siguiente:

“En resumen, tras el notable éxito económico conseguido en los últimos años, Panamá se enfrenta al gran reto de consolidar su desarrollo. La mayoría de naciones de ingreso medio nunca han logrado atravesar la barrera que ya ha cruzado Panamá y algunas que lo hicieron volvieron a caer poco tiempo después. Ello pone de manifiesto la dificultad del reto que enfrenta Panamá…”.

“…Lo que hay en juego es importante no solo para Panamá. De los doce países que han consolidado su estatus de altos ingresos, nueve son europeos… Panamá podría ser la tercera nación latinoamericana… y la primera fuera del Cono sur. El aprendizaje que ofrece el caso de Panamá es relevante para toda la región de América Latina y Caribe”.

No soy político, pero mi esperanza es que surjan candidatos a elección popular que sepan desarrollar una narrativa en función del país que realmente tenemos, alabando todo lo bueno que hemos logrado (que a veces se nos olvida) y, sin dejar de criticar lo malo, proponer soluciones factibles. Personas que no se dediquen a alimentar quejas, sino que entusiasmen y propongan. Ojalá así sea; pero, entre tanto, hagamos cada uno lo que nos toca y veamos nuestro futuro con esperanza. A fin de cuentas, el país lo hacemos todos.

 

Fotos

Canal de Panamá: Fotografías proporcionadas por el Canal de Panamá
Planta de tratamiento: Cortesía de la Sección de Comunicación del Programa Saneamiento de Panamá
Biomuseo: Cortesía del Biomuseo, fotógrafo Edgardo Llerena
Ciudad del Saber: Cortesía de la Fundación Ciudad del Saber
Buses: Tito Herrera
Aviones: Cortesía de Copa Airlines

Artículo anterior

Lo que necesitas saber sobre el vértigo

Próximo artículo

¿Qué tan visibles son las mujeres en la conversación digital?

Arturo Gerbaud

El autor es abogado. Obtuvo su licenciatura en Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Santa María la Antigua y una Maestría en Derecho (LL.M) en la Universidad de Duke. Es socio de la firma de abogados Alemán, Cordero, Galindo & Lee (Alcogal). Fue miembro de la Junta Directiva de la Superintendencia de Bancos de Panamá (2003-2019). Actualmente es Director y Presidente de Latinex Holdings, Inc., de la Bolsa Latinoamericana de Valores, S.A. (Latinex) y de la Central Latinoamericana de Valores, S.A., y Director de Soluciones de Microfinanzas S.A. (Microserfín).