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Cuerpo y Alma

¿Por qué somos como somos y cómo mejorar?

Ríos de tinta se han volcado sobre páginas para escribir sobre el tema de las motivaciones que engendran la conducta cuasi típica de los seres humanos. Sin embargo, considero que el espacio disponible servirá apenas para hacer un esbozo de ciertas aristas que caracterizan, a mi modo de ver, el modelo occidental dentro del cual fuimos educados y vivimos, y para sugerir algunas ideas destinadas a promover un cambio en el modelo que nos permita construir una mejor sociedad para todos.

Una de las características más sobresalientes de nuestra cultura es la promoción del consumo, la búsqueda de la satisfacción en la posesión de bienes materiales que nos llevan a una felicidad efímera que se desvanece en forma simultánea con la obtención material, de lo que quisimos “tener”. De ahí en adelante, la cadena de la adicción de “tener” se pone en marcha de manera espontánea y, en la misma medida que crece nuestra tendencia al consumo, al “tener”, disminuye nuestro interés por “ser”, en la inocente creencia de que “somos lo que tenemos”.

Tan significativos “beneficios”, derivados de la acumulación de bienes, con el pretexto de asegurarnos un bienestar, ameritan vencer todos los obstáculos que nos impidan llegar a destino, lo que a su vez engendra conductas nada edificantes. Al final, el resultado es una sociedad caracterizada por una competencia desmesurada, la deslealtad, la envidia y la negación de los valores que nos pueden acercar a una vida más plena.

Y es que por momentos pareciera que vivimos anestesiados por los instrumentos que nos inducen al consumo y olvidamos el aspecto fundamental que le da verdadero y permanente sentido a nuestros días: el enriquecimiento y fortalecimiento de los resortes del espíritu, la promoción de una cultura solidaria, el fortalecimiento de los valores morales, vivir la naturaleza como parte de ella en lugar de degradarla. Todo ello en lugar de tantos excesos y tanta miseria al mismo tiempo.

Pregunta el poeta Khalil Gibran, “¿qué tenéis en esas casas y qué guardáis con puertas y candados? ¿Tenéis belleza, que guía el corazón desde las casas de madera, hasta la montaña sagrada? ¿O tenéis solamente comodidad y el ansia de comodidad, esa cosa furtiva que entra a una casa como un huésped y luego se convierte en dueño y después en amo y señor? En verdad os digo que el ansia de comodidad mata la pasión del alma y luego camina haciendo muecas en el funeral”.

Si tuviéramos la sabiduría para distinguir lo permanente de lo efímero, la valentía de mostrarnos tal cual somos y la inteligencia para despojarnos de las simulaciones y artificios que solo contribuyen a profundizar nuestros conflictos y al debilitamiento de nuestra identidad, seguro estoy de que viviríamos intensamente nuestros días y contribuiríamos al fortalecimiento de las bases de una sociedad más sana.

Pienso que debemos corregir deficiencias que surgen de una falta de orientación adecuada tanto en la escuela como en el hogar. Es recomendable enseñarles a los niños desde la más temprana edad a “conocer” el entorno natural que les servirá de hábitat toda su vida, entrenarlos para que lo aprecien, lo cuiden y lo mejoren, no solo para si mismos sino para todos. Es una manera de eficaz de promover una actitud solidaria, que seguramente sabrá desplazar en el futuro hacia otras áreas.

También es importante destacar el extraordinario valor de la verdad, evitando en todo momento generar conductas opuestas; la mentira es el mecanismo más utilizado para evitar el castigo. Hay que realzar el valor de la justicia como una forma de asegurar los derechos de todos y, con ello, la paz social. Es esencial estimular la conducta caritativa, pensar con más frecuencia en la gente empobrecida, no solo de cosas materiales, sino de afectos y comprensión. Hay que tener fe en D-s y enseñarles a nuestros hijos que la oración sin el complemento de la puesta en práctica de los valores que nos enseña la religión, pierde sentido. Hay que ser respetuosos más que tolerantes.

Erich Fromm sintetiza el mensaje para una vida plena y libre así: “Sentir seguridad. Tener un sentimiento de identidad y confianza basado en la fe en lo que uno es. Sentir necesidad de relacionarse. Interesarse por el otro. Amar, solidarizarse con el mundo que nos rodea y no desear dominar al mundo. Poseer sólo lo necesario para no ser esclavo de las posesiones propias. Estar presente en el lugar en donde uno se encuentra. Percibir la unión con la vida. Renunciar a la conquista y explotación de la naturaleza. Ser feliz en el proceso de vivir.”

Reflexionemos sobre la manera de encarar la vida, tenemos que cambiar, aunque no sea por generosidad sino por un elemental sentido de supervivencia, o seguiremos preguntándonos hasta el fin de los días: ¿Por qué somos como somos?

Este artículo fue publicado originalmente en la edición de marzo de  2005.

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Yauda Kuzniecky

Yauda Kuzniecky

Abogado, educador y catedrático.