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De cómo las “fake news” se pueden tomar el mundo y el daño que hacen.

Es conocida la incidencia que han tenido los fake news, o las noticias falsas, en la esfera política. Algunos dicen que hasta influyeron en la victoria de Donald Trump, o en la campaña probrexit en el Reino Unido. Y, por ende, son peligrosas. Pero estas no se limitan a los círculos políticos; se han convertido en parte de nuestro día a día, y buscan influir en las decisiones que tomamos y en las marcas que compramos.

¿Qué son las famosas “fake news” o noticias falsas? Cibeles de Freitas, CEO de PR5 Relaciones Públicas, comunicadora y conferencista, lo define claramente: es información que parece cierta… pero no lo es.  “Parecen noticias verdaderas y son compartidas por miles de personas por las redes sociales y las más peligrosas, a mi parecer, por Whatsapp. ¿Por qué? Normalmente quien te envía alguna noticia por Whatsapp es alguien de tu confianza –o sea, que se preocupa por ti y asumes que ya fue verificada–”, recalca De Freitas.

Las fake news tienen un 70 % más de probabilidades de ser retuiteadas. Los encargados de propagar estas noticias falsas somos nosotros mismos.

La principal característica de las noticias falsas es su potencia y viralidad versus las noticias reales. Según un estudio realizado por investigadores del Massachusetts Institute of Technology (MIT), en el que analizaron 126,000 historias de Twitter compartidas por 3 millones de personas entre 2006 y 2017, las fake news tienen un 70 % más de probabilidades de ser retuiteadas, y son las personas reales (no los bots o programas informáticos), las encargadas de la propagación de estas informaciones.

Lo preocupante es que de acuerdo con la consultora tecnológica Gartner, en su informe Predicciones Tecnológicas para el 2018, las fake news no son un fenómeno transitorio, “sino más bien una tormenta perfecta que ha traído la tecnología y que no va a disiparse en los próximos años”. Ellos predicen que en el 2022 los ciudadanos de las economías maduras consumirán más información falsa que verdadera.

Pau Solanilla, director general de LLorente y Cuenca en Panamá, va un paso más allá y explica que este tipo de noticia tiene básicamente dos objetivos: el económico, cuando buscas ganar dinero; o el ideológico, cuando buscas manipular, inculcar o transmitir a un amplio sector de la población una idea en relación con un objeto, a una persona, a una política.

Un cambio en la forma de comunicarnos

Solanilla destaca que los profesionales de la comunicación ahora ven la necesidad de enfrentar nuevos problemas –y buscar nuevas soluciones. “Las noticias falsas son un problema nuevo, que tiene visos (desgraciadamente) de haber venido para quedarse”, dice.  En un encuentro promovido por EL TIEMPO Casa Editorial, Publicaciones Semana, Caracol Televisión, El Espectador, Blu Radio y La W se concluyó que la rigurosidad y la verificación de la información son parte esencial de la lucha contra este fenómeno, pero la responsabilidad no recae solo sobre los medios de comunicación sino también sobre la capacidad crítica del usuario. “Hemos de desplegar una nueva inteligencia política, social y profesional para ofrecer contenidos veraces a los ciudadanos y consumidores, y eso cuesta dinero. Hay que invertir en contenidos de calidad y los medios de comunicación tienen todavía por delante el reto de garantizar su sostenibilidad económica para poder seguir cumpliendo con la función social de informar y contextualizar”, dice.

De Freitas lo dice a calzón quita’o: “Como usuario, tenemos el deber de verificar la noticia antes de pasarla por Whatsapp, email o por cualquier medio”.

Si un medio de prestigio no ha reproducido una noticia, es falsa.

Cuando reciba una noticia que parece verdadera, pero le sorprende o es algo que afecta a mucha gente, antes de enviarla hay que verificarla, pide De Freitas. “Lo primero es buscar la noticia en Google; si no te sale por ningún lado, es falsa. Luego buscarla en sitios de noticias verificados como CNN, FOX News, El País, BBC, La Nación, etc. Si un medio de prestigio no la ha reproducido, es falsa. A veces, me sorprendo con gente compartiendo fake news que son fácilmente desenmascaradas, solo con un clic las puedes confirmar”.

Solanilla destaca que hay otros lugares donde revisar y que este fenómeno se está atacando de frente. Cuenta que en España, por ejemplo, se fundó un proyecto periodístico que se ha propuesto dar la batalla a la difusión de información no verdadera. Se llama Maldito Bulo, y ya cuenta con más de 465,000 seguidores en sus diferentes redes sociales y ha conseguido convertirse en una voz autorizada y oficial para desmentir noticias falsas. Y lo hace con la misma medicina: ingenio, impacto y viralización.

El director de Llorente y Cuenca para Panamá cuenta que detrás de este ejército de desmentidos se encuentra un grupo de periodistas cuyo fin es, en sus propias palabras, “dotar a los lectores de herramientas para que no te la cuelen”.

Además, existen páginas web como la irlandesa FactCheckIn que se encargan de comprobar, de manera independiente, noticias y afirmaciones de políticos y de medios de comunicación.

¿Qué hacer? De Freitas y Solanilla opinan

  • Asegúrese de que la noticia esté escrita por una fuente de confianza.
  • No envíe nada que no sepa que es cierto. Piense: ¿Cómo queda mi imagen luego de compartir esta noticia? ¿Estoy realmente seguro de que es cierta? Y, más importante todavía, ¿me agrega valor?
  • En Panamá hay medios serios, búsquelos. En la mayoría de los casos, las noticias allí publicadas son ciertas.
  • En la era de la hipertransparencia y de las redes sociales, hay que aprender a conversar; atrás quedó ya la era de la comunicación unidireccional, pues vivimos en mercados conversacionales. Esto aplica para las empresas que son afectadas por las fake news, para las que el silencio ya no es una opción y solo tomando una posición activa pueden enfrentarse a la desinformación que acecha.

 

Fotos: Getty Images

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Marti Ostrander de Carney

Marti Ostrander de Carney

Colaborador de revista En Exclusiva