Finanzas y Economía

Consejos de un veterano para un joven ahorrista

De joven es duro ahorrar, ya sea por el contagio del consumismo, por las necesidades del nuevo hogar o porque “me gusta verme bien y de viejo me preocuparé”. No obstante, ya más maduritos la mayoría nos lamentamos de no haber tenido más espíritu de hormiga y menos de cigarra.

Es cierto: su casa es su mejor inversión, o por lo menos, la más importante. A la hora de comprar su primera vivienda hágalo pensando en su futuro y cuide de ella.

Uno de los retos más importantes que encaran los jóvenes es poder conciliar sus necesidades y su estilo de vida con metas y objetivos de ahorro e inversión. Los primeros años de vida laboral o profesional son también los más importantes de transformación personal. Esta es la edad de las aventuras, las rumbas y noviazgos, que terminan en una de dos situaciones: en una prolongada y activa soltería, o en un matrimonio. Ambas situaciones no son muy compatibles con guardar; la una porque una soltería de vida loca en nuestro mundo de súper consumo cuesta mucho y, la otra, porque las necesidades del hogar, nanas, perro y cochecito merman el poder adquisitivo del hogar y, por lo tanto, de la capacidad de ahorro.

El propósito de este escrito no es criticar ni descalificar la poca disciplina o interés de ahorrar o invertir durante la juventud; el que pasó por allí como un “nerd”, atesorando mientras la vida fluía en su entorno, que tire la primera piedra. Más bien creo que, siendo yo de los que menos piedras debo tirar, puedo pensar en algunas recetitas que ayudarían al cheque de jubilación y que pueden hacer el invertir algo divertido.

Primero que todo, si estás autoempleado, ya sea porque eres un profesional incipiente o debido a que tienes una empresita, tu prioridad de inversión es y debe ser tu proyecto. Difícilmente hay un costo de oportunidad más alto que aquel de sacarle plata que le falta al negocio para ponerla en otra parte. La mayor proporción de nuevos negocios que fracasan lo hacen por falta de liquidez, o sea, plata. Así que, ¡ojo! Y créeme que no hay mejor cheque de retiro que tener un lindo negocio que te rinda satisfacción material y orgullo intelectual.

Descontado lo anterior, creo que la prioridad de inversión más importante es tu casa. A menudo se escucha a gente joven que prefiere pagar alquiler que la letra de una casa porque la letra es usualmente más grande que el alquiler y esos billetes de diferencia los dedican a consumir o invertir en otras cosas. Si haces bien las cuentas, comprar es bastante mejor que alquilar. Para empezar, la inversión tuya es pequeña en comparación a lo que te financian y los intereses que pagas son un gasto deducible, mientras que los alquileres de tu residencia no lo son. El ahorro en impuestos por el gasto deducible de los intereses te deja un flujo de caja que mal que bien puedes consumir. Por último, pagar alquiler hace rico a otro, comprar te crea capital a ti mismo; ergo es una inversión.

Aún con lo de invertir en la casa hay que sacrificar algo. Lo corto y lo largo del argumento es que ahorrar e invertir en forma consistente no es fácil, en especial si lo que se guarda podría faltar para el gasto cotidiano. En esto el ahorro y los ejercicios se parecen. Las personas que logran mantenerse en buena forma lo logran cumpliendo metas realistas de ejercicios y dietas; nada dramático. Los que el dos de enero corren al gimnasio para quitarse furiosamente las libras de diciembre, mayormente acaban frustrados, agotados y hasta más gordos. En el ahorro logra mejores resultados el que en forma sistemática guarda lo que sensatamente puede. El que salta, de espasmo en espasmo, a guardar más de lo que puede o se mete hasta el cuello en una inversión riesgosa que lo va a sacar de pobre, la mayoría de las veces acabará más flaco, de cuerpo y de cartera.

De lo anterior podemos decir que la palabra clave es disciplina. Pero también es importante establecer tus metas de inversión y cotejarlas con tus posibilidades reales, tu tolerancia al riesgo y tu perfil personal. Si no estás claro para dónde vas y cómo lo quieres hacer, además de acabar en cualquier parte (Woody Allen dixit) en el camino le vas a quitar aliento y propósito a tu disciplina de ahorrar.

Entre los adagios populares en el mercado de valores se dice que uno debe restar su edad del número 100. La cifra resultante es la porción de tus inversiones que debes poner en activos con potencial de apreciar de valor (por ejemplo, acciones) y la diferencia en activos que preserven valor (como bonos del gobierno).

El alcance de este adagio va más allá del mercado de valores. Por un lado, establece que
hay una correlación entre tu vida productiva y los riesgos que debes tomar. Mientras eres joven y productivo el objetivo de tus inversiones debe ser acumular valor que te permita, al final, tener donde caerte muerto. Si ya estás cerca del fin de tu vida productiva, tus inversiones deben tender a preservar lo que has acumulado para asegurarte una renta digna. Si eres joven y esas inversiones de apreciación no te resultan buenas, pues tienes muchos años para resarcirte. Pero un viejo que se juega lo que tiene a una inversión riesgosa, no tiene ni flujo ni años para reponerse de un revés de fortuna.

La planificación y el ahorro sistemático brindan mejores resultados. Un consejo: guarde lo que sensatamente puede, pero con constancia.

Lo otro es que la sabiduría del adagio la puedes extender a otras inversiones además de acciones y bonos. Los bienes raíces rurales y urbanos han probado ser una importante fuente de apreciación de capital; mientras que una inversión de bajo riesgo en el capital puede ser obtenida a través de depósitos bancarios de bancos de primera línea.

Ahorrar o invertir es un proceso, además de disciplinado, activo y continuo. Primero, las inversiones que hagas requieren vigilancia y cuidado. Las casas hay que asegurarlas, cuidarlas y mantenerlas para que preserven o aumenten el valor. Los terrenos hay que tenerlos libres de hierbas, basura e intrusos. Segundo, las inversiones, en general, hay que evaluarlas constantemente en relación a sus perspectivas y a sus retornos. Una forma de proteger las inversiones es diversificando; esto es, no meterle el billete a un solo activo o clase de activo. Pero para gente con recursos y flujo de caja limitado, la diversificación es doblemente importante. No  solo quieres reducir tus riesgos sino también combinar inversiones a largo plazo (como un lote de tierra) con instrumentos que generen algún flujo (para pagar por la limpieza o la letra del banco que te ayudó a financiarlo).

En resumen, antes de meterle un centavo a algo, sería bueno que primero examinaras tus
aspiraciones y las pasaras por el tamiz de tus limitaciones personales y materiales, incluida tu tolerancia al riesgo. De allí pasa a construir aunque sea un modesto plan de inversión realista y factible que necesariamente contemple tiempo para darle seguimiento y cariño a tu plata. Qué inversiones o qué instrumentos escoger será irrelevante si no tienes un plan, un propósito y la forma de cuidar las inversiones y medir sus resultados.

Algunos consejos concretos

  • No decidas inversiones por lo que dice este artículo: No creas que con leer estas 1400 palabras puedes invertir. El artículo son ideas y no un manual de inversiones.
  • Piensa en carteras, no en inversiones: Lo que importa al final de tu vida es el retorno total de tus ahorros. ¡Diversifica! Lo mejor, como en salud, es una “dieta” balanceada que minimice los riesgos y produzca un retorno aceptable.
  • ¿Acumular o preservar?: Hay activos como acciones y tierra que se consideran emblemáticos para apreciar valor; así también los depósitos bancarios y los bonos del tesoro tienen poco riesgo de inversión. Eso no es siempre así. Hay acciones que crecerán si son de buenas empresas y terrenos que subirán de valor si tienen buena ubicación. De igual manera, hay bancos y bancos; y gobiernos y gobiernos.
  • No te olvides de la inflación: Si por buscar demasiada seguridad aceptas retornos bajos, al final podría pasarte que con lo que ahorraste compras menos que con lo que empezaste. Recurre a profesionales: Si de verdad amas tu dinero, y aunque entiendas sobre inversiones, asesórate con los que se dedican a invertir. Lo más seguro es que saben más que tú, pero más importante: le siguen la pista a la economía y a las inversiones día a día.

 

Este artículo fue publicado originalmente en la edición de marzo de 2008.

Fotos:
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