Finanzas y Economía

El dilema de las jubilaciones

¿Me podré jubilar realmente? ¿Por qué? ¿Hasta cuando durará el Seguro Social? ¿Habrá programas que no mueran? ¿Qué debo hacer para asegurar mi futuro? Estas son preguntas que hoy nos hacemos todos los panameños y que, a pesar de haber estado escuchando por años serias advertencias, por un lado, y declaraciones que intentan desviar la atención, por el otro, el común de los ciudadanos no parece encontrar respuesta.

El programa de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM) del Seguro Social debe verse como una Cuenta de Ahorros de Navidad, en la que uno deposita todas las quincenas una parte de su salario, para recibir el saldo del acumulado, producto del sacrificio quincenal durante once meses, retirándolo de una vez en los primeros días de diciembre. La diferencia está en que para el programa de IVM, el ahorrista o trabajador debe cotizar durante toda su vida productiva para poder retirar, cuando se jubile, los valores acumulados, en forma quincenal, hasta que fallezca.

¿Por qué colapsa el programa de IVM del Seguro Social?
Con una imagen erróneamente amparada en valores solidarios intergeneracionales, se diseña un sistema en el que las personas que cotizan hoy lo hacen para pagar las pensiones de los que están jubilados, sin darse cuenta que éstos no acumularon en reserva los valores que están retirando, bien porque las cuotas no fueron en su momento suficientes o porque, al aumentar las expectativas de vida, los valores que están retirando son mucho mayores que los que cotizaron. Eso significa que los aportes de los que hoy cotizan no están creando reserva de valores para poder retirarlos cuando se jubilen. En términos sencillos, las cuotas de jubilación pagadas por la población laboral actual no se están acumulando en un fondo para ser retirado en un futuro por esa misma población, sino que esos fondos están siendo utilizados para pagar las pensiones a los jubilados actuales.

Volviendo a la Libreta de Ahorros de Navidad, sería lo mismo que si el banco hiciera una promoción para devolverles, a los primeros 1000 clientes que se presentaran en ventanilla en diciembre, el doble de lo que ahorraron durante el año. De seguro que para los últimos clientes que se presentasen a recoger sus ahorros no habría dinero en el fondo de Ahorros de Navidad que tenía el banco. No creo que nadie aceptaría esperar al 1° de enero del año siguiente, cuando se abran las nuevas cuentas, para recibir sus ahorros del año anterior. Habría que sacarlos del patrimonio del banco, si lo tiene. El problema es que el programa de IVM no posee patrimonio propio: todo lo que tiene es de los jubilados y tendría que ser el Estado el que sufrague la diferencia, a través de un aumento de impuestos o de una reducción de gastos e inversiones en los presupuestos de educación y de salud. ¿A quién perjudicaría esta medida? A todos, a los jubilados, a los trabajadores contribuyentes y, muchísimo más e injustamente, a los menos favorecidos, en contra de los valores de solidaridad.

¿Hasta cuando durará en la situación actual el Seguro Social?
Si no se hace nada de inmediato y los programas de la CSS se siguen manejando sobre la base de un flujo de caja, como se ha hecho hasta ahora, probablemente no vaya a alcanzar para las necesidades de los asegurados, beneficiarios y jubilados en el plazo de seis a ocho años. Es sumamente importante que la solución que se vaya a proponer, por acuerdo de la sociedad, garantice la estabilidad financiera a largo plazo, por lo menos para los niveles de pensión más bajos, a fin de que los sacrificios fiscales (lo que tendría que poner el Estado) que se vayan a requerir sean soportables y no vayan a ocasionar barreras en la creación del empleo formal, promoviendo la evasión y la economía informal.

La Caja del Seguro Social debe verse como una entidad de recaudación para financiar las necesidades de la mayoría de la población trabajadora en materia de salud y de pensiones. Debe separar claramente la finalidad de los programas que administra. El programa de Enfermedad y Maternidad, otro de los principales programas de la CSS junto al de IVM, ha de satisfacer las contingencias de la salud, para que con los aportes de todos los que cotizan se haga frente a las necesidades de salud de los que se enferman, que son menos proporcionalmente. Para hacerlo bien hay muchos modelos y para mencionar uno el “Medicare” de los Estados Unidos no tiene ni un solo hospital. Simplemente compra los mejores servicios al precio más razonable.

Las jubilaciones no son una contingencia casual, como puede ser la enfermedad. Es un hecho cierto que todos los que sobreviven a la edad de retiro, si tienen el derecho adquirido, se jubilarán y cobrarán su pensión. Luego, si es relativamente previsible el capital que se va a consumir durante la jubilación, es razonable decir que se puede determinar el ahorro necesario durante la vida laboral. Las compañías aseguradoras han estado vendiendo pensiones por muchos años, y lo siguen haciendo, manteniendo en reserva todos los capitales necesarios.

¿Qué debemos hacer?
Si el programa de IVM que administra CSS no se reforma estructuralmente, los beneficios que otorga tendrán que reducirse sustancialmente y aquella jubilación que nos prometieron mientras cotizábamos nunca llegará. La prestación la tendrán que revisar hacia abajo o, en otras palabras, disminuir los montos de jubilación recibidos por todos, si queremos que todavía funcionen otras importantes inversiones públicas apoyadas por el Estado, como sería el caso de las escuelas para los desprotegidos.

Recomendamos, primero, que se adopte un sistema básico de pensión mínima garantizado por el Estado y administrado, como hasta ahora, por la Caja del Seguro Social. Y menciono “pensión mínima” porque es un hecho que el Estado no podrá seguir garantizando el sistema actual, basado en pensiones demasiado altas para los aportes recibidos. La segunda recomendación sería que cada uno haga el sacrificio de ahorrar complementariamente con alguno de los planes promovidos por las empresas administradoras de fondos de pensiones, en lo que se denomina: un sistema complementario de ahorro individual. El beneficio fiscal ofrecido es suficiente incentivo para tomar la decisión. Y cuanto antes empecemos, mejor. ¡Merece la pena!

* Vicepresidente de Operaciones del Banco General.

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Juan Lacalle