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Antigua: un viaje al pasado colonial

Tanto se ha dicho de Antigua que nos resulta difícil comenzar este relato sin antes invitarlo a que se transporte al siglo XVI: época de monumentales construcciones coloniales, intercambio cultural entre España y el nuevo mundo, todo un territorio para conquistar y construir. Para el siglo XVI, Antigua podía enorgullecerse de tener 30 iglesias, 18 conventos y monumentos, 10 capillas, la Universidad de San Carlos, 5 hospitales, un orfanato, y suntuosos parques y fuentes, una modernidad que para muchos era envidiable.

Conocida como Santiago de los Caballeros, Antigua fue, en 1543, capital de la Confederación Centroamericana de España y la ciudad más importante de América, junto a las ciudades de México y Lima. Durante más de dos siglos, fue la capital de la Capitanía General de Guatemala que incluía Chiapas, en el sur de México, Guatemala, Belice, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Centro político y comercial de España, esta bellísima ciudad fue en sus fulgores una de las más grandes de América. Pero no siempre fue así. Fue víctima de desastres de la naturaleza a través de los siglos y, en 1774, las autoridades coloniales de España decidieron trasladar su sede de gobierno a la Ciudad de Guatemala, temiendo la devastación de los varios terremotos sucedidos.

Transpórtese al hoy y prepárese para el viaje. Déjese llevar por cada una de sus calles empedradas, cada ruina, cada parque, sus coloridas fachadas, sus fuentes y su gente para que pueda captar la verdadera esencia de lo que es esta ciudad llena de misterio, historia y una agradable sensación de paz que comienza apenas se pisa su suelo.

Desde Ciudad de Guatemala se llega a Antigua de la manera más rápida. Son sólo 45 minutos de viaje en auto y ahí está: asentada en el Valle Panchoy (o Valle del Lago, en lengua indígena) y rodeada de tres volcanes (Agua, Fuego y Acatenango). El requinte arquitectónico de la época barroca se siente al caminar por sus calles. Y no es de extrañar. Antigua fue la primera ciudad planificada en América y sus monumentos y edificios no mienten. La belleza de sus edificaciones se debe a la introducción de la decoración barroca, enriquecida con elementos propios como las columnas bajas y anchas, tan necesarias para resistir los temblores y terremotos. Quizá lo mejor que le haya podido suceder a esta ciudad es que los terremotos ocurridos en su suelo hicieran emigrar a las autoridades españolas y así no sufrir mucho con la modernización y el crecimiento. Su encanto colonial se ha mantenido intacto y es por eso que, en 1979, fue declarada Monumento del Patrimonio Mundial Cultural y Natural por la UNESCO.

La ciudad se puede ver en un día, pero se debe pasar un tiempo más prolongado para sentirla realmente. Sus iglesias, sus conventos, monasterios, edificios públicos y sus patios escondidos nos abren la puerta a un mundo místico que hace que nos provoque conocerla centímetro por centímetro y descubrir sus secretos poco a poco, sin prisa. Recuerde que aquí el tiempo se estacionó. Cada año, más y más turistas van a Antigua en busca de ese tiempo, el que no pasa.

Bueno, comencemos por “dónde quedarse”. Hay hospedajes para todos los gustos y bolsillos. Desde hoteles con todas las comodidades de un cinco estrellas, hasta las posadas más sencillas, que nos hacen sentir en nuestra propia casa. El que realmente llama la atención, por su historia y arquitectura, es el Monasterio de Santo Domingo. Fundado por monjes dominicanos en 1642, ha sido restaurado y hoy alberga el Hotel Casa Santo Domingo, con bellísima arquitectura y abundante vegetación. Sin duda, una experiencia única e inolvidable en cuanto a hospedaje / museo se refiere. Estar aquí le ofrece al visitante la experiencia mágica de estar presenciando una historia que todavía tiene vida. Sus antiguas y preservadas obras del siglo XVII cobran un nuevo aliento en sus pasillos y en su jardín, en donde también podemos apreciar el altar original de la iglesia del convento, en el cual todavía se celebran misas que los huéspedes tienen el privilegio de visitar. Sus paredes tienen historia y en todos los rincones se tiene la sensación de que hay que mantener los oídos abiertos para escucharla.

Sigamos nuestro viaje. Entre los sitios que no se pueden dejar de visitar están:

  • El Museo del Libro Antiguo y el Museo de Santiago, una excelente representación del estilo colonial con piezas de gran valor.
  • El Convento de Santa Clara, fundado en 1699, cuyo claustro en ruinas que rodea la fuente principal es uno de los monumentos más impresionante del convento.
  • El Monasterio de La Merced, el cual cobija en sus paredes la milagrosa imagen de Nuestra Señora de la Merced (patrona de la ciudad), que según creencias locales, sana milagrosamente los males de quien la busque.
  • El Real Palacio de los Capitanes Generales, renovado durante los siglos XVI, XVII y XVIII, se yergue en la Plaza Mayor. Cruzando la plaza, vemos el Palacio del Ayuntamiento, tambi én digno de visitar.
  • La Catedral Metropolitana, fundada en 1680, es una de las obras más impresionante de la colonia y era considerada la mayor y más lujosa de Centroam érica.
  • El Museo Colonial, ubicado en el edificio donde se erguía la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Borromeo, la tercera universidad fundada en el continente americano en 1776. Su patio es la más hermosa muestra de lo que la arquitectura colonial era capaz de hacer.

Y todavía hay más. La Casa K’ojom es un museo de música, ceremonias y piezas de la cultura maya. Fascinante. ¿Es domingo? Entonces lo mejor es ir de compras al Parque Central. Ponga a prueba sus habilidades para regatear todo. Los colores de la artesanía indígena lo van a encantar. La cerámica colonial vidriada, objetos de cerería, tejidos multicolor, el trabajo en jade, muebles pintados a mano, chales, hamacas, bolsas y lo que usted se pueda imaginar. Es casi imposible salir con las manos vacías. Esta también es la perfecta oportunidad para sumergirse en el universo de los trajes indígenas, que en Guatemala tienen un mágico y significativo colorido. Déjese seducir por el “huipil” y el “tocoyal”, que son la blusa y el tocado bordados por las pacientes manos de las mujeres. El “huipil” es la blusa de la mujer y el “tocoyal” el tocado de lana que se combina con las trenzas de sus cabellos. Cabe destacar que el “huipil” es mucho más que una prenda de vestir, pues recoge en sus figuras la vida de las mujeres que lo visten y es, en sí, una explicación cultural y social de los diferentes grupos étnicos mayas.

Guatemala tiene platos criollos de exótico sabor, así como platos de la cocina internacional. Es lo típico lo que prevalece y los frijoles son el principal ingrediente. En Antigua, podrá comer frijoles llenos, tortillas, tamales, el pepián (carne con salsa) y el pulique (carne con salsa roja). Encontrará desde restaurantes gourmet y de comida rápida, hasta cafés, jazz bars, librerías y centros culturales.

En Antigua es fácil transportarse de un lado a otro. La mejor manera es caminando. Olvídese del auto y adéntrese en cada una de sus calles empedradas. Descubra lo que éstas cuentan. Se sorprenderá al encontrar la agitada vida cultural que va de acogedores bares y cafés hasta galerías de arte. Antigua tiene todo lo que un turista exigente pide. Las costumbres del pasado continúan vivas. El mejor ejemplo de esto es la celebración de la Semana Santa, en donde la ciudad se convierte en un teatro al aire libre y sus calles, alfombradas con flores y aserrín, se convierten en un verdadero viaje al pasado. Quizás, por eso, muchos extranjeros la han escogido para residir, por lo que encontramos una infinidad de escuelas de español. No es raro, tampoco, que cada día se vean más turistas y estudiantes caminando por la ciudad.

Una última recomendación: cuando esté en Antigua procure conocer el Proyecto Mosaico Guatemala. Este Proyecto busca llevar a los turistas a vivir la verdadera realidad de las comunidades indígenas. Es una bonita inmersión en la cultura del pueblo maya, y da la sensación de conocer un poco cómo este pueblo comienza el ciclo comercial de sus artesanías, desde la plantación de la materia prima para sus petates, hasta la demostración de cómo hacerlos. Es el mejor “tour” educativo para conocer, de sus mismas voces y experiencias, algo sobre su sistema escolar, la preparación de sus comidas, su medicina, sus cultos y leyendas populares.

Viajar a Antigua es algo muy especial, un viaje de descubrimientos y magia. A medida que le vamos quitando el velo, la ciudad le cuenta a sus visitantes su historia, su pasado y su presente. Aquí se siente la perfecta fusión de sus dos culturas: la maya y la española. Así es la Antigua de la actualidad, un claro ejemplo de que se puede convivir de la manera más pacífica y civilizada posible.

Fotos: Silvia Grunhut / Space 67

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