Decoración

Tan natural y privilegiada como su entorno

A sesenta kilómetros al sur de la ciudad de Panamá se encuentra Contadora, isla paradisíaca situada en el Archipiélago de Las Perlas. Este icono turístico posee magníficas playas de fina arena blanca y aguas color turquesa que hechizan a todos los que la visitan. La leyenda cuenta que hace varios siglos la isla era el punto de reunión donde los buscadores de perlas se congregaban para “contar” su botín, motivo por el cual se le llamó Contadora. Pasaron muchas décadas y esta maravillosa isla volvió a ser centro de gran interés mundial con visitantes de la talla del negociador Ellsworth Bunker, el senador James Baker, el ex secretario de estado William Rogers, entre muchas otras personalidades quienes a finales de la década de los setenta participaron en las negociaciones de los Tratados Torrijos – Carter. Adicionalmente, en 1979 el depuesto Sha de Irán, Mohamed Reza Palhevi, durante varios meses utilizó la isla como refugio temporal antes de radicarse en los Estados Unidos.

Son muchas las pequeñas playas, formaciones rocosas y puntas que se encuentran alrededor de Contadora, contando cada una de ellas con un encanto particular. Especialmente escondida, como para no ser compartida, se encuentra Punta Caracol: un sitio extraordinario, donde encontramos una magnífica edificación que parece haber brotado de la tierra, en vez de haber sido construida por el hombre. La casa da la sensación haber estado allí siempre, a pesar del moderno estilo arquitectónico y los pocos meses de terminación. “Cuando adquirimos el terreno le confiamos el diseño al arquitecto Alvaro Cambefort. Estábamos muy entusiasmados, ya que siempre habíamos considerado que éste era uno de los sitios más hermosos de la isla”, nos comentan sus propietarios, “…y nuestro único requisito fue el no tocar ninguno de los árboles existentes. Qué maravilla, fue nuestra reacción al ver el diseño que había preparado Alvaro, no había que cambiarle nada!”.

“La casa fue situada siguiendo la topografía del suelo, por lo cual posee varios niveles, y su forma elíptica, con varios radios, tiene como propósito envolver la vegetación existente, disfrutar de la maravillosa vista y permitir que la ventilación fluya en todos los puntos”, nos explica el Arquitecto Cambefort.

Entramos al nivel superior y observamos, a la derecha, un gran ventanal que acompaña la caída natural del terreno, lo que hace que este recinto sea un área muy iluminada e integrada a la naturaleza. Al otro lado están las habitaciones. Estas son estancias claras, de cielos altos con paredes pintadas de color blanco, al igual que en todo el interior de la casa. Los toques de color en la decoración de las recámaras los ofrecen las telas empleadas en cortinas, sobrecamas, cojines y adornos.

Enormes ventanas en forma de claraboyas proporcionan la ventilación a los baños y sumamente interesante es el equilibrio que crea el viento junto con el peso de los vidrios que las forman. Aquí también notamos la tendencia de uniformidad en el uso de los materiales. Tanto las paredes como los pisos fueron revestidos con mosaiquillos de un color verde muy limpio, el cual recuerda el tono de las aguas cristalinas que se pueden apreciar desde el balcón perimetral que rodea todo el frente de la casa y al que tenemos acceso desde las recámaras. Hamacas de hilo de color natural están estratégicamente colocadas e invitan a disfrutar de un rato de descanso y de una vista panorámica de la isla Saboga, con su vegetación y techos de variados tonos, destacando el campanario de la pequeña iglesia de pueblo, visión que parece haber sido sacada de la obra de un pintor primitivista.

Nos dirigimos hacia el área social por la escalera que sigue la forma del terreno y que está flanqueada por enormes ventanales, que además de iluminar y ventilar el área, nos permiten escuchar el relajante sonido de una fuente situada a nivel del área social. “Teníamos que construir un pequeño muro de contención, así que decidimos sacarle provecho y hacer algo atractivo, y el resultado ha sido un éxito”, nos comentaron los dueños.

La cocina, el comedor y el salón están dispuestos en una extensa y abierta estancia, sin ningún tipo de división física. Los ambientes se delimitan únicamente por amplias gradas que ubican el salón en un nivel inferior. Aquí nuevamente se aprecian imponentes ventanales, que generalmente están abiertos y nos permiten gozar de una estupenda “vista activa”, ya que se observan pájaros en constante movimiento y pescadores en sus botes que van y vienen a Saboga o Pacheca, otra pequeña isla que se divisa a la derecha de la propiedad. Aún en la oscuridad de la noche, la vista no deja de ser atractiva ya que se quiebra con el tintineo de las luces de Saboga.

La decoración se mantiene austera pero elegante, los muebles de cocina están revestidos con acero inoxidable que contrasta perfectamente con la mesa del comedor, de líneas muy limpias y madera clara.

El mobiliario del salón está formado por grandes sillones forrados en tela tipo manta sucia. Todo está dispuesto de forma que el ambiente general sea de tranquilidad y armonía. Pasamos al pequeño estudio que está separado por dos puertas laterales tipo “pocket”, que se esconden totalmente cuando se quiere unificar las áreas. La neutralidad en todos los elementos de la decoración es interrumpida sólo por la madera de las mesas y por el verdor de las grandes hojas colocadas de manera desenfadada, que resaltan contra el blanco de las paredes.

Interesantes columnas de concreto visto, colocadas de manera inclinada, soportan el largo techo, el cual ofrece una protectora sombra a parte de la terraza y, en su perímetro, lleva una canal de cobre, cuyo fin es el de recoger el agua de lluvia para almacenarla en la parte inferior de la casa.

Al estar la casa dispuesta en dirección norte – sur, todo el año se goza de una agradable brisa. En un nivel inferior hallamos la piscina, de tipo infinito perdido, revestida con mosaiquillos de variados tonos azules. Suspendido y como volando sobre las rocas de la maravillosa playa azul turquesa se encuentra un “deck”, donde ha sido colocado el “whirpool”. Es esta área de la terraza, en particular, la que deja sin aliento a cualquiera. La magnitud e infinidad del inmenso mar penetra a través de cada uno de nuestros sentidos y, sin percatarnos, nos convence de inmediato de que estamos ante un escenario irrepetible. Definitivamente, la asombrosa y enriquecedora vista que se aprecia desde este privilegiado lugar es muestra fehaciente de que se logró el cometido: sentir la naturaleza, en todo su esplendor, mientras se vive a su lado.

Desde la playa donde se forma la “Punta Caracol” divisamos el conjunto total de la edificación, trayéndonos a la memoria la Capilla de Ronchamp, conocida obra del famoso arquitecto francés Le Corbusier, por quien Alvaro manifiesta sentir gran admiración.

Contadora, la más famosa de las islas del Archipiélago de las Perlas, comenzó a desarrollarse como resort turístico desde principios de la década de los setenta. Su popularidad lleva más de treinta años y cada día son más las personas que se “enamoran” de sus encantos. Es imprescindible seguir manteniéndolos intactos a través de un fuerte compromiso con la conservación. Quizás ese fue el secreto mejor guardado por sus propietarios a la hora de definir sus preferencias: respetar el medio ambiente e incorporarlo sabiamente para crear una casa inigualable.

* Diseñadora de interiores.

Fotos: Silvia Grunhüt / Space 67.

 

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