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Transformando vidas

La larga lista de pacientes atendidos con éxito, gracias al trabajo gratuito de doctores panameños y extranjeros, demuestran que la bondad todavía está a la orden del día para cambiar realidades y existencias.

Nada es imposible cuando existe la voluntad de lograr un cambio. Ni la distancia, ni la falta de recursos, ni la complicada logística representan una excusa para frenar ese impulso maravilloso que empuja a los seres humanos a dar algo esencial de sí mismos por el bien de los demás. Y cuando esa motivación eficazmente dirigida empareja la experiencia de un profesional de la salud con la apremiante necesidad de un paciente, los resultados son excepcionales, una prueba de que la humanidad realmente ha avanzado.

Hay cientos de historias, de rostros que antes palidecían y hoy sonríen gracias a que alguien se preocupó por cambiarles la vida. Afortunadamente, los panameños hemos sido testigos de este trabajo en equipo, donde médicos extranjeros y locales cooperan comprometidos, armando sólidas cadenas de esperanza que logran devolver a muchos la alegría de vivir.

Este es el caso de Luis Alejandro Araúz, quien con escasos nueve años ya conoce el significado de la palabra bondad en toda su dimensión. A primera vista, Luis Alejandro tiene los mismos gustos y pasiones que otros niños de su edad: le encanta el Nintendo y es cuadro de honor en su escuela. Sin embargo, su vida no es igual: él nació con una amputación congénita de la mano izquierda.

El primer contacto de Luis Alejandro con los médicos encargados de su condición y con Shriners International, un grupo de voluntarios que a través de los Shriners Hospitals for Children mejoran las vidas de niños con cuidados pediátricos especializados, fue cuando él tenía cuatro meses de edad. Él fue referido por su doctor, vía el Hospital del Niño.

Desde entonces, todos los años Luis Alejandro recibe su evaluación de desarrollo. Ha viajado tres veces a Estados Unidos a uno de los 22 hospitales del grupo, para obtener evaluaciones de su condición y recibir una prótesis que lo ayuda a llevar una rutina sin mayores limitaciones. A su vez, se atiende dos veces al año en el Hospital del Niño, donde doctores panameños y extranjeros trabajan juntos para mejorar la vida de cientos de niños.

Su existencia ha cambiado gracias al apoyo desinteresado y gratuito de los doctores de los Shriners. “La accesibilidad a una prótesis de calidad, que de otra manera no hubiese podido tener, y la seguridad que la misma le da, ha hecho la diferencia”, cuenta su madre, María Alejandra Quintero. “Saber que no es el único niño en el mundo, que hay muchos otros en iguales o peores condiciones que él, le elimina excusas que podría tener, de ponerse él mismo sus barreras…”, añade.

El programa de los Shriners -que ha ayudado a miles de niños y niñas panameñosapoyará a Luis Alejandro hasta que cumpla los 18 años de edad. Sin ellos, su vida, como la conoce hoy, no sería posible.

Doctores que trabajan con corazón
Hay muchos más doctores que ponen a disposición de los panameños más necesitados sus talentos y su tiempo. Doctores que apoyan a “Operación Sonrisa”, a “Niños Sanos: Niños Felices” o a “Operation Walk”, algunos de los tantos programas coordinados por organizaciones benéficas año tras año.

Los doctores Seshadri Balaji y Jack Kron, del Oregon Health and Science University, de Estados Unidos, así como el técnico Ron Oliver y la enfermera Kelly Christianson, forman parte de uno de los diversos equipos de médicos norteamericanos que cada año vienen a Panamá a apoyar. Ellos practican ablaciones cardíacas, un procedimiento no disponible en Panamá que cauteriza centros eléctricos en el corazón, evitando que estos envíen impulsos irregulares y causen arritmias.

Las ablaciones son una especie de “cortocircuito” en el corazón, explica el doctor Balaji. Aquí, con el apoyo de hospitales y junto a doctores panameños como Luis Morales, Néstor Fernández, Miguel De la Rosa y Alberto Bissot, en un intercambio de conocimiento se realiza este procedimiento en forma gratuita, pese a que sólo en equipos se requiere una inversión de $200,000.

El Dr. Balaji llegó a Panamá gracias a la gestión de la Fundación Obsequio de Vida. Es su tercera vez en el país y bajo sus hábiles manos más de 40 niños han recibido la operación tan necesitada. La Fundación Obsequio de Vida organiza jornadas médicas para atender a niños con problemas cardíacos, en las que participan médicos voluntarios de Estados Unidos y de Panamá. Esta labor la realiza gracias a los aportes que recibe de la Fundación Sus Buenos Vecinos desde hace cinco años y de otras organizaciones que le apoyan para darles una oportunidad a estos niños.

“Nosotros trabajamos en el sistema de Estados Unidos, donde todo está disponible, pero en Panamá, sobre todo en las áreas muy alejadas y remotas, sabemos que no es así”, cuenta Balaji. Él y su equipo donan su tiempo; el Hospital Punta Pacífica ofrece precios especiales; y el Hospital del Niño y la Caja de Seguro Social apoyan con equipo y personal. “Esto es un trabajo conjunto y no sería posible sin la cooperación y el compromiso de los médicos panameños”, resalta, mientras no deja de alabar el profesionalismo de los doctores en Panamá. Juntos le han dado esperanza a niños como Catherine González, de 11 años de edad, quien recientemente fue operada, y a Alma Pocaterra Dutari, una joven que emocionada nos contó: “Antes no tenía vida, siempre debía estar acompañada, me daban taquicardias, me desmayaba, se me subía la presión. Con solo 22 años, hasta había tenido que dejar de trabajar. Luego del procedimiento mi vida cambió”.

Quizás el caso que más les ha impactado a estos doctores es el de una niña que, a sus cinco años, había sido admitida al hospital más de 70 veces. Había pasado casi toda su vida en un hospital y “nosotros pudimos curarla, darle una vida normal, en dos horas”, cuenta Balaji. El doctor Jack Kron lo pone en perspectiva: “Con una sola operación, estos niños vuelven a existir… Y la oportunidad de apoyar a los niños y niñas que lo necesitan es la mejor manera de devolver lo que se nos ha dado a nosotros”.

Una mano a los más necesitados
Son muchos los que hacen la diferencia. La doctora española Loreto Barceló, con un máster en Medicina Tropical y Salud Pública, trabaja con Médicos Sin Fronteras en la provincia de Bocas del Toro. “El ver y saber que existen poblaciones que no tienen acceso a algo tan básico como salud, techo y alimentación me motiva a donar mis servicios”, afirma. Con su apoyo en diversos proyectos en las áreas más remotas de Panamá, más de 40,000 panameños se han beneficiado.

El Dr. Alberto Moreno Restrepo, cirujano panameño de Operación Sonrisa, también aporta su granito de arena. Su interés de ayudar a los niños con labio y paladar hendidos se inició en 1983, cuando aún no había llegado Operación Sonrisa a Panamá. “He tenido el honor de ver a cientos de padres sonriendo por primera vez al contemplar a sus hijos con sus labios reconstruidos, sabiendo que a partir de ese día sus vidas tomarán un rumbo totalmente diferente, y que sus hijos serán vistos con agrado y sin rechazo, con un porvenir y un puesto dentro de la sociedad”, cuenta.

Pero no sólo son los doctores los que buscan hacer la diferencia. El empresario panameño Alfredo Maduro, por ejemplo, ha sido clave en traer a Panamá “Operation Walk”, programa mediante el cual más de 200 panameños necesitados han sido beneficiados con procedimientos ortopédicos quirúrgicos. “Hay que ver a estas personas cuando llegan al hospital y el día que nos despedimos. La cara les cambia, de reflejar dolor a una de esperanza, con una actitud de ´yo puedo y voy a seguir adelante´. Esto es algo que no se puede comprar con dinero”, asegura Maduro. Y, para él, eso es lo que significa FundAyuda y todas las organizaciones y doctores que aportan para tener niños, jóvenes y ancianos más sanos; en definitiva, para tener un Panamá mejor.

Fotos:
© Jaime Justiniani y Ariel Atencio

 

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Marti Ostrander de Carney

Marti Ostrander de Carney

Colaborador de revista En Exclusiva