Cuerpo y Alma

Trastornos del neurodesarrollo en el niño

En palabras del reconocido neuropediatra Kenneth F. Swaiman: “El futuro del hombre está en el cerebro de los niños. Si cuidamos el cerebro de los recién nacidos y niños, estaremos cuidando a la humanidad”. Quienes nos dedicamos a esta tarea lo sabemos y esperamos que los padres, que pueden prevenir e identificar una perturbación en el progreso normal de una criatura, también lo hagan.

¿Qué son los trastornos del neurodesarrollo? Son alteraciones o retrasos en el desarrollo de las funciones relacionadas a la maduración del sistema nervioso central, que se inician en la infancia y siguen un curso evolutivo estable. Considerando que entre un 10% a 20% de la población infantil y adolescente sufre las consecuencias de no responder a las expectativas de su medio cultural y social, el tema de identificar y tratar a tiempo estos trastornos toma relevancia pues constituyen uno de los principales generadores de discapacidad severa en la infancia. Los trastornos del neurodesarrollo no son enfermedades y sus repercusiones están influenciadas por el entorno en el que se desenvuelve el individuo.

¿Qué tan frecuentes son los trastornos del neurodesarrollo? La prevalencia de trastornos del desarrollo se ha estimado en 16% a 18% de los niños, de los cuales alrededor del 90% se relacionan a problemas de aprendizaje, lenguaje o retardo mental. Esta cifra aumenta a 22% si se incluyen problemas del comportamiento, como en el caso del autismo, y puede evitarse el retardo mental en 20 % de los casos.

¿Cuál es el período más importante? Los primeros cinco años del niño. En este período el sistema nervioso es muy susceptible a agresiones ambientales (traumas, infecciones, privaciones emocionales), poniendo en peligro el curso normal del desarrollo. Sin embargo, en esta misma etapa hay una gran plasticidad que le permite recuperase de estas agresiones, plasticidad esta que disminuirá significativamente en los años posteriores. Debemos, por tanto, evitar las agresiones ambientales y actuar tempranamente en la identificación y tratamiento de estas desviaciones para aprovechar ese período de plasticidad.

¿Qué observar? Dentro de la actividad motora del niño, hay que observar cómo se mueve, cómo se sienta, si gatea, si camina. Dentro del área de coordinación, ver la capacidad que tiene de combinar dos o más habilidades distintas –por ejemplo, girar la cabeza ante un sonido o tomar un objeto con los dedos– y, en la motricidad fina, fijarse cómo es su agarre. Signos de alerta: no sostener la cabeza a los cuatro meses, no gatear a los nueve y no caminar a los dieciocho.

Dentro de la actividad social, hay que observar su relación con el medio ambiente y las personas. Signos de alerta: un bebé demasiado irritable o demasiado quieto; uno que no sonríe a los tres meses, que no mira a los ojos; un bebé que a los doce meses no señala con el índice; o que a los dieciocho meses no imita; si tiene una conducta desorganizada, oposicionista; si deja de aprender o hacer cosas a cualquier edad.

Dentro del área del lenguaje, hay que observar si emite los primeros balbuceos, risas, así como el lenguaje comprensivo (lo que entiende el niño) y el expresivo (si se hace entender por gestos y palabras). Signos de alerta: si a los cuatro meses el bebé no gira la cabeza al escuchar sonido; falta de balbuceo a los seis meses; si no dice papá o mamá a los quince meses; si no comprende órdenes sencillas a los dieciocho meses; si deja de decir palabras que usaba bien a los dos años; si no dice ninguna frase a los treinta meses.

¿Qué hacer?
Aparte de identificar las señales de alerta para una intervención temprana, ni hablar de la trascendencia del control prenatal estricto y del cuidado del recién nacido. Hay que jugar e interactuar con el niño, acariciarlo, demostrarle amor, hablarle con palabras claras, decirle cuentos, cantarle, no abandonarlo largo tiempo frente a un televisor, computadora o juegos de videos. Hay que promover la interacción con otros niños de su edad. En fin, hay que estimularlo, siempre vigilando su desarrollo.

Lo que se haga o no se haga frente a un desorden neurológico seguramente determinará sus secuelas. Si observa algo inusual, consulte a su pediatra para que lo oriente y refiera a otros especialistas de ser necesario.

 

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Dra. Noris Moreno de Flagge

Neuropediatra y miembro de la Fundación NeuroDina

Carlos A. Leiro P.