Historias Humanas

¿Cómo cambiamos al mundo a través de la juventud?

Decidirse a apostar por hacer cambios en jóvenes en riesgo social a través de actividades artísticas, empoderándolos mediante el deporte y permitiéndoles descubrir sus talentos es algo importante para lograr un cambio en la sociedad. De esta manera, iniciativas como Danzárea, Fútbol con Corazón y Arte en Casco trabajan con la juventud panameña para lograr cambios palpables en su desarrollo.

Pensar en cambiar la vida de un ser humano para algunos puede parecer una labor titánica, imposible o demasiado ambiciosa. Pero para ciertas fundaciones en nuestro país, como la Fundación Gramo Danse, la Fundación Fútbol con Corazón y la Fundación Olga Sinclair, esas misiones son parte de su trabajo diario y una prioridad constante dentro de su existencia misma.

Apostar por rescatar niños en riesgo de entrar en pandillas, de cometer su primer delito antes de los diez años, demostrarles que no son enemigos entre ellos, a través del deporte y el arte, no es un trabajo fácil, pero tiene como recompensa una huella positiva en los niños y jóvenes que participan, sus familias, escuelas y comunidades.

La danza y sus virtudes

A través de la danza, los niños descubren fortalezas y habilidades que luego aplican en su diario vivir.

Nereyda Reyes, bailarina profesional y actual directora del programa social de la Fundación Gramo Danse, Danzárea, imparte clases de danza a más de 60 niños y compartió su experiencia desde que empezó el programa hace diez años: “Algo que me impactó es que esto es lo único “rareza” que algunos de estos niños tienen en sus vidas. Yo he cambiado desde que trabajo aquí. Tengo más paciencia porque comprendí que debo observar lo que los niños necesitan, encontrar los mejores métodos para enseñarles y, con base en eso, armar el programa de trabajo”. En el programa Danzárea becan a estudiantes de entre 5 y 18 años para recibir clases de danza aérea y contemporánea. A la fecha, Danzárea ha impartido clases a aproximadamente 2,500 niños del país. Los estudiantes vienen de áreas de la capital como Curundú, Panamá Viejo, El Chorrillo, Ancón y Santa Ana, entre otros.

La danza aporta virtudes que hacen que los niños vayan transformándose en mejores seres humanos. Según Nereyda, el primer cambio que evidencian es cómo los niños, a medida que progresan y aprenden, van mejorando su autoestima: “La danza te da perseverancia, disciplina, creatividad y sube de inmediato la autoestima de los niños. Estos cambios son impactantes en ellos. Vemos niños retraídos y otros activos que a través de la disciplina física y del equilibrio de la danza logran un mejor desarrollo emocional y mental. El sentido de pertenecer les falta mucho a los niños que vienen a la fundación. Al comprometerse con la beca, los niños deben asistir por un año entero mínimo”. El cambio que logra la fundación llega también a las familias porque se les explica la importancia de que los niños participen y no se vayan del programa.

Mientras continúan integrando a jóvenes de diferentes comunidades y haciéndoles comprender que por medio de la danza pueden hacer nuevas amistades, la fundación tiene como meta tener un local propio donde trabajar y poder ofrecer a los niños ayuda a través de una trabajadora social y tutorías, entre otros grandes sueños. Mientras tanto, los niños continúan trabajando a lo largo del año para su presentación anual en septiembre, abierta al público general.

Nuevos horizontes con el fútbol

Una de las más jóvenes iniciativas, pero con amplia trayectoria en otros países vecinos es Fútbol con Corazón (FCC) que llegó a Panamá en abril del 2017. El programa consiste en trabajar valores y habilidades con niños entre 5 y 17 años, a través del fútbol. Como nos comentó Silvia Haba, directora ejecutiva de la Fundación Fútbol con Corazón en Panamá: “Los niños, niñas y jóvenes beneficiados por el programa acuden a sus entrenamientos dos veces por semana para desarrollar el Modelo de Enseñanza Integrada y Fútbol por la Paz, que utilizan el fútbol para enseñar valores como la solidaridad, la tolerancia, el respeto o la honestidad; además de habilidades como el trabajo en equipo, la resolución pacífica de conflictos y la autoestima. Todo se desarrolla dentro de la cancha, siguiendo un currículum desarrollado por psicopedagogos y técnicos del fútbol”.

Muchos habrán escuchado que el deporte puede salvar una vida. Si trasladamos esta frase a cualquier niño o joven comprendemos que el deporte es una salida que les permitirá tener herramientas que pueden servirles a lo largo de la vida y mantenerlos fuera de peligro: “Además de inculcar hábitos saludables, desarrollar disciplina, respeto, constancia y trabajo en equipo, el fútbol tiene un gran poder de convocatoria y es incluyente: en la cancha todos somos iguales. La autoconfianza y sentimiento de pertenencia al practicar un deporte como el fútbol disminuye la probabilidad de que un joven caiga en pandillas, prostitución o drogas. La mejor motivación es la diversión sana”, explicó Silvia.

Empoderar a un joven en su adolescencia, con todo lo que conlleva, es una labor que va de la mano con crear modelos a seguir; permitirles sentir la confianza en ellos mismos de ser agentes de cambio dentro de sus propias comunidades. A través de reflexiones al final de cada práctica los niños comienzan a expresar sus emociones. El trabajo es integral, como nos explicó Silvia, porque también se trabaja con los padres, escuelas y docentes, llevándoles temas de formación como se hace con los niños. “Los beneficiarios de 14 a 17 años pueden entrar en el proceso de Lidercor (Líderes con Corazón), donde aprenden a ser líderes y todo sobre la metodología FCC, para que ellos mismos puedan ser emprendedores sociales y ser actores activos en la transformación de su comunidad”, explicó Silvia.

Derrumbar barreras con arte

Desde el 2010, la Fundación Olga Sinclair trabaja con niños y jóvenes hasta los 18 años. A través del arte y los diferentes programas que ofrece, la Fundación los incentiva a lograr un mejor desarrollo en sus diferentes facetas, mientras se les brindan espacios de armonía y respeto. Arte en Casco es un programa mediante el cual niños de San Felipe, El Chorrillo, Santa Ana y Calidonia acuden a diario a la Academia de la Fundación en San Felipe para recibir clases de dibujo y pintura, pero también para ampliar su cultura y recibir apoyo para su desarrollo emocional e integral. Tanto en la Academia como en las escuelas primarias del sector, la Fundación brinda clases. Además, los niños realizan actividades grupales de reciclaje y pintura de hospitales, lo que les desarrolla otras habilidades, como el compartir con otros niños y hacer nuevas amistades.

Muchos de los niños que asisten a la fundación a diario viven en áreas donde es común entrar en bandas o pandillas. Por motivos de enemistades entre esas bandas, incluso se les dificulta cruzar la calle y hablar con el vecino que vive dos calles más adelante. A través del arte, los niños que asisten descubren que estas barreras se pueden derribar y que puede existir la convivencia en paz.

Como nos recuerda la fundadora, Olga Sinclair, la pintura crea sensibilidad en el ser humano; por ende, un niño o joven con un pincel en la mano jamás será una persona violenta. Esta es una de las metas de la fundación, cambiar la vida de estos jóvenes a través de iniciativas culturales: “Anualmente se desarrolla un concurso de pintura a nivel nacional, estos ganadores han tenido la oportunidad de viajar en conjunto con la señora Sinclair y la Fundación a conocer algunos museos en Europa. Al regreso, los chicos vienen con otra mentalidad y muchos reconocen la importancia de la cultura en sus vidas”, nos compartió Italina Ulloa, directora administrativa de la Fundación Olga Sinclair.

Recibiendo los frutos

La disciplina, los valores, la educación, la cultura y las destrezas físicas que obtienen los niños y jóvenes que pasan por iniciativas que los sacan de las calles son invaluables. Y con el paso del tiempo, más y más ejemplos de superación y éxito salen de estos recintos donde se enriquecen.

Tal es el caso de Víctor Jiménez, quien comenzó el programa en Gramo Danse hace diez años, en el 2008. Allí lo vieron crecer. En la actualidad, Víctor es un estudiante universitario de Turismo y aunque entre el trabajo y sus estudios no tiene tanto tiempo para la danza, aún se mantiene en contacto con el equipo de la fundación y ha participado en diferentes festivales. Además, es un referente y ejemplo para los que vienen detrás.

Idanys, por otro lado, entró en Fútbol con Corazón con 12 años. Hoy, con 22 años, ha iniciado sus estudios de Psicología y entrena a niños y niñas inculcándoles los valores de Fútbol con Corazón a través de su metodología, ayudándoles a desarrollar su proyecto de vida. Como dice: “Necesito devolver a la sociedad todo lo que he aprendido”. Como ella, muchos de los jóvenes que pasaron por Fútbol con Corazón hoy son entrenadores con la metodología en su comunidad o en otras que necesiten de esta intervención.

Son muchas historias, también, las que han nacido producto del trabajo que hace la Fundación Olga Sinclair con los niños de San Felipe y barrios aledaños. Un caso en particular es el del joven Michael Talavera, quien actualmente forma parte del equipo de trabajo de la fundación. El entrenamiento y enseñanzas que ha recibido le han ayudado en su vida como adulto.

Y todas estas iniciativas, que contribuyen a salvar nuestra juventud de las amenazas que viven a diario, se nutren de voluntarios que son parte esencial en las labores diarias de estas y otras fundaciones que día a día cambian nuestro país. ¡Así cambiamos el mundo, así cambiamos a nuestra juventud!

Fotos cortesía de fundaciones: Gramo Danse, Fútbol con Corazón y Olga Sinclair 

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Juliana Valderrama

Juliana Valderrama

Periodista y escritora apasionada, trabaja como freelance para diferentes publicaciones donde escribe de temas variados. A lo largo de su carrera se ha destacado por disfrutar las entrevistas y conocer personajes interesantes de quienes descubre detalles que enriquecen las historias.