Viajes

La ruta perfecta: La costa azul francesa 

Viajando por el sur de Francia vi más azules de los que alguna vez conocía. Me encontré rodeado de buganvillas en pequeños pueblos con olores de lavanda y mar. Vi hoteles legendarios, comí unos mariscos deliciosos y, justo cuando estaba a punto de partir, me di cuenta de que solo había visto una fracción de esa costa maravillosa.

Nunca me interesó ir a la Riviera Francesa. Las imágenes que tenía sobre esta Europa eran de exceso: famosos y magnates tirando champaña sobre las cabezas de la gente, gastando, y un espíritu engrandecido pero vacío. Reconozco que estaba parcializado y, definitivamente, equivocado. Mi desidia la fundamentaba en imágenes que había visto, cuentos que había escuchado y, por supuesto, redes sociales. Cuando comencé a hacer la lista de distintos sitios donde pasar el verano de 2018 incluí el sur de Francia, pero sinceramente nunca pensé que sería mi destino final. En esa lista estaba Malta, Cinque Terre, y el sur de Portugal. Fue aquí cuando recurrí a los blogs, revistas y de guías de viajes que leo para aprender más sobre la Côte d’Azur. Me llevé una sorpresa grata al leer la historia y ver las imágenes de las playas de Niza, murallas de Cannes y restaurantes de Monte-Carlo. Estas razones fueron parte de lo que me inspiró a comprar los boletos —y cuando compras pasajes en las aerolíneas europeas low -budget no hay vuelta atrás: el viaje va.

Lo primero que me recomendaron fue escoger alguna de las ciudades de la Riviera Francesa como base y alquilar un auto para movernos por el área, así conoceríamos más y no perderíamos tanto tiempo cambiando de hoteles y ciudades diariamente. Así fue como escogimos Niza como punto de partida. Aterrizamos en el aeropuerto y fuimos directo a Le Negresco, un hotel histórico frente al mar y cerca de los museos de Marc Chagall y Matisse. Inmediatamente salimos a explorar la maravillosa Promenade des Anglais, un boulevard de 7 kilómetros, y luego vimos la puesta del sol en el rooftop de Le Hussard, donde brindamos con sauvignon blanc el inicio de unas fabulosas vacaciones. Cenamos en Les Garçons, seguido de una copa y jazz en vivo en Shapko. Niza es una ciudad conocida por sus playas, pero también por su jazz. El día siguiente desayunamos socca, un famoso pancake hecho de harina de garbanzos en Lou Pilha Leva y luego pasamos el día en Castel Plage, una de las muchas playas de Niza, disfrutando del mar y resplandeciente pero abrasador sol de agosto.

El segundo día manejamos a Saint-Jean Cap-Ferrat, península célebre por sus mansiones y vistas infinitas del mediterráneo francés. En Paloma Beach familias y locales disfrutaban del verano y las diáfanas aguas rodeadas de una muralla de piedras naturales bordeada por un camino que conecta toda la península. Sin duda un día de playa y magia natural.

Paloma Beach; Saint-Jean Cap-Ferrat, Francia

El tercer día lo pasamos en Cannes. Lo que más me impactó de esta ciudad fue el resplandecer de su sol, que verdaderamente bendice esta parte del mundo de una manera diferente que no había vivido antes. Caminamos por el bulevar principal, La Croisette, hasta llegar al famoso Palais des Festivals, donde se celebra el festival de la Palma de Oro. Vimos a los turistas posar como sus estrellas favoritas, y luego almorzamos un festín de mariscos en Aston et Brux. Bajamos la comida subiendo al barrio antiguo de Le Souquet, y cerramos la tarde viendo a la gente caminar en Le Cirque, cenando en Palme d’Or y bailando en Bâoli. Fue una jornada que verdaderamente me hizo sentir que estaba en la Côte d’Azur que alguna vez había visto en películas de detectives y ladrones.

Vista aérea de Cannes

Un Aperol Spritz en Antibes, Francia

Para alternar playas con ciudades y relajarnos después de una noche de fiesta, fuimos el siguiente día a Antibes. Aquí queda el fabuloso Grand-Hôtel du Cap-Ferrat, sin duda uno de los más hermosos que visto en mi vida. Después de visitarlo descansamos como James Bond después de una misión especial en una playa desierta en Juan-les-Pins. Fuimos también a Èze, una fortaleza medieval sobre una montaña a 430 metros del mediterráneo con calles de piedra y cubiertas de buganvillas de todas las tonalidades. En este pueblo pequeñito del siglo XII quedan dos perfumerías muy famosas: Galimard y Fragonard, y los maravillosos Château de La Chèvre d’Or, y Château Eza, donde disfrutamos un chablis frente a algunas de las vistas más alucinantes del paseo.

Terminamos nuestro recorrido en Mónaco, uno de los países más pequeños del mundo. Mónaco está compuesto de 5 distritos, incluyendo Ville Monaco (donde reside el Príncipe Alberto y la Casa de Grimaldi) y Monte-Carlo (donde está el casino). Está cerca de la frontera de Francia e Italia, y el idioma oficial es el monegasco, una variación del francés. Tiene el PIB por cápita más alto del mundo ($188,409) y al 35% de la población se les considera millonarios o billonarios. Comenzamos en la parte antigua de la ciudad viendo la residencia donde una vez vivieron Rainiero y Grace Kelly, el cambio de guardias y la Catedral de San Nicolás al Museo Oceanográfico y a los Jardines Exóticos. Almorzamos en La Montgolfière-Henri Geraci y luego bajamos al Port Hércules, sede de las icónicas imágenes del Grand Prix de Mónaco, especialmente la piscine. Todo en Mónaco es accesible caminando (es un país de 499 hectáreas) y así fuimos al Casino Monte-Carlo, el más famoso del mundo. Frente al Café de Paris la cantidad de autos lujosos era incalculable: frente a los Aston Martin y Lamborghini de edición limitada estacionados en el Hotel de Paris Monte-Carlo desfilaba cada segundo un Rolls-Royce, Bentley o Maserati. Terminamos nuestro viaje escuchando jazz debajo de los fuegos artificiales que iluminan el cielo de Mónaco durante las noches de verano, pensando cuando podríamos regresar a la Riviera Francesa.

Los viajes que más disfruto son los que me cambian la manera de ver las cosas, los que me dejan deseando regresar. La ansiedad saludable de querer seguir explorando esas tierras soleadas y olorosas es una que merece la pena experimentar. Recomiendo un verano en esta costa, que es tan o más hermosa y llena de azules como alguna vez la imaginé.

Otros lugares para conocer:

  • Aix-en-Provence
  • Grasse
  • Cassis
  • Marsella
  • Hyères
  • Tropez

 

Fotos cortesía del autor

Fotos: Getty Images

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Ernesto Méndez Chiari

Ernesto Méndez Chiari

Autor, consultor, diplomático y trotamundos panameño. Ernesto fue consultor en Pizzolante (Madrid) y en Sumarse apoyando el Pacto Global de Naciones Unidas en Panamá. Comenzó su carrera como diplomático en el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio de Comercio e Industrias. Su proyecto El Brunch Blog es una plataforma de comida, cultura gastronómica y viajes. Ernesto estudió Advanced Management en Yale University, tiene un MBA de IE Business School en España y es licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales con concentración en Comunicación Multicultural por Saint Louis University. Habla 5 idiomas, ha viajado a más de 65 países y fue voluntario en los Juegos Olímpicos de Beijing cuando estudió en China.