Ciencia y Salud

Hablemos de la pandemia, del clima… ¡y por qué nos debe importar!

Luego de saber cómo funcionaría el mundo con menos intrusión humana en el curso natural de las demás especies, tenemos la responsabilidad de tomar lo aprendido y actuar para mejorar el futuro de todos.

Antes de vivir lo que una pandemia mundial significa, no todos dimensionaban la estrecha relación del ser humano con el ambiente y el impacto de uno sobre el otro. Sin embargo, debido a las restricciones de movilidad adoptadas casi unánimemente alrededor del planeta, fuimos testigos de una realidad: la naturaleza nos demostró con creces cómo se benefició ampliamente del encierro humano.

Esto quedó evidenciado no solamente en las innumerables fotos y videos que nos llegaban de animales paseando libremente por doquier, sino también en los datos recopilados alrededor del mundo que demuestran que hubo una reducción temporal en las emisiones de contaminantes a la atmósfera, como es el caso de los gases de efecto invernadero (GEI). He aquí un puñado de sorprendentes cifras cuyas valiosas mediciones en ciertos lugares reflejan lo que ocurrió, de forma bastante generalizada, durante el cierre temporal de industrias, de comercios y hasta de los espacios aéreos:

  • Los índices de contaminación atmosférica de la ciudad de São Paulo, en Brasil, se redujeron cerca de 50% en apenas una semana. Así lo indica la comparación de los datos atmosféricos divulgados por la Compañía Ambiental del Estado de São Paulo (CETESB, por sus siglas en portugués) entre las semanas del día 15 al 21 y 22 al 28 de marzo de 2020.
  • Los niveles medios de dióxido de nitrógeno (NO2) cayeron 56% en Madrid, en la comparación semanal después que el Gobierno español prohibió los viajes no esenciales a partir del 14 de marzo de 2020. Esto según datos de la Agencia Europea de Medio Ambiente (EEA, por sus siglas en inglés).
  • La concentración del mismo gas contaminante dióxido de nitrógeno cayó 24% en Milán, en comparación con las cuatro semanas anteriores al día 24 de marzo, también según la EEA.

Aunque fueron temporales, estos cambios —que también ocurrieron en otras ciudades europeas como Bruselas, París y Frankfurt con una reducción en los niveles medios de NO2 de 2020 versus 2019 (medidos entre el 5 y el 25 de marzo de 2020)— deben tener un efecto positivo en el balance anual de las emisiones contaminantes en dichas ciudades.

 Los confinamientos durante la pandemia dieron como resultado una reducción significativa de la contaminación atmosférica.

¿Y por qué era importante medir el dióxido de nitrógeno (NO2) para saber si había tenido alguna variación con el cese de actividades humanas? Porque se trata de un gas de efecto invernadero (GEI) 300 veces más potente que el dióxido de carbono (CO2) y que, además, deteriora la capa de ozono contribuyendo al cambio climático. Este gas se emite particularmente en los procesos de combustión relacionados con el transporte en general (vehículos automóviles de motores diésel, principalmente), así como en instalaciones industriales de alta temperatura para generación eléctrica, por lo que saber que disminuyó a esos niveles presenta una radiografía de lo que se podría lograr al mejorar —ambientalmente hablando— las actividades que los producen.

En otras palabras, al disminuir las actividades usuales de la población, el mundo se convirtió en un laboratorio en el que se logró medir qué pasaba cuando el ser humano no afectaba —como usualmente lo hace— su ambiente y, por añadidura, el tan estudiado clima. Y aunque es irreal, irracional y contraproducente pensar que volver a paralizar la humanidad sería la solución para lidiar con el cambio climático, transitar por la pandemia nos ha permitido analizar nuestro futuro como humanidad bajo otra perspectiva.

Y es que es sabido que el cambio climático es una realidad que está afectando a todos los países del mundo. Aparte, casi todos estamos de acuerdo en que debemos afrontarlo. El deshielo del Ártico —hecho científicamente comprobado que resulta en la subida del nivel del mar y la consecuente pérdida de tierras costeras—, el aumento de las temperaturas medias globales y el aumento de los eventos climáticos extremos y severos —tales como huracanes, tornados, lluvias excesivas e incendios forestales— son tan solo algunos ejemplos del impacto negativo ocasionado por el cambio climático.

Y hay más. Según señala WWF-Italia, en un reciente estudio, “existe un vínculo muy estrecho entre la propagación de las pandemias y el tamaño de la pérdida de la naturaleza, lo cual es una situación que se acentúa año a año”. ¿Qué significa esto? Según un grupo de científicos que publicó su trabajo en la revista Nature, esto se traduce en que el cambio climático influirá para que miles de nuevos virus se propaguen entre las especies animales hasta el 2070, lo que probablemente incrementará el riesgo de que nuevas enfermedades infecciosas pasen de animales a humanos. De acuerdo con estos investigadores, aunque no todos los virus llegarán a los humanos ni se convertirán en pandemias con la magnitud de la pandemia del coronavirus, el número de contagios entre especies aumentará el riesgo de propagación a los humanos.

Resulta interesante que este estudio, aparte de reiterarnos la importancia de cuidar el medio ambiente y tener presente nuestro impacto en él, pone en evidencia dos crisis globales: el cambio climático y la propagación de enfermedades infecciosas. Y mucho de esto se adjudica a aspectos tradicionales y culturales de poblaciones de África y Asia, los cuales tienen que ver directamente con el comercio de especies de fauna silvestre, consideradas como exóticas, para ser utilizadas en su gastronomía y en la medicina tradicional. Cabe señalar que muchas de estas especies son catalogadas con un grado de especial vulnerabilidad o están incluidas en la “lista roja” de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Los océanos que rodean nuestro continente se calientan a medida que aumenta el nivel del mar.

Todo lo antes mencionado nos lleva a formularnos la siguiente pregunta: ¿Qué ha estado ocurriendo a nivel global en los últimos dos años para combatir el cambio climático? Y, para contestar esta pregunta, necesitaremos echar mano de datos científicos publicados en el sexto informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés), publicado el 9 de agosto de 2021:

  • Se resalta como un avance importante que los países hayan admitido que el cambio climático constituye una amenaza cada vez mayor para el desarrollo de la humanidad, para la aplicación de iniciativas destinadas a erradicar la pobreza y para fomentar el bienestar de sus ciudadanos.
  • Es evidente que los efectos del cambio climático se están percibiendo en todos los continentes. Según el IPCC, las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero siguen aumentando y, si seguimos así, el aumento de la temperatura a nivel mundial superará con creces el límite de 1.5 grados centígrados establecido como objetivo por los países con el fin de evitar los efectos más peligrosos del cambio climático.
  • Las estadísticas registradas demuestran que los últimos siete años han sido los más cálidos desde 1850, que fue cuando se empezaron a registrar las temperaturas a nivel global. Cabe resaltar que el pasado 2021 se convirtió en el quinto año más cálido desde que se tienen registros, según los datos de Copernicus, el Servicio de Cambio Climático de la Unión Europea. El año natural más cálido fue 2016, con una temperatura de 0,44 grados centígrados, por encima de la media de 1991-2020. El año 2020 estuvo por debajo de 2016 únicamente por 0,01 grado menos. El tercer año más cálido fue 2019, seguido de 2017, donde sus temperaturas fueron 0,40 grados y 0,3 grados por encima de la media.

Sin embargo, no todo es negativo. El IPCC concluyó que aún es posible limitar el cambio climático si se adoptan medidas de inmediato y todos los ciudadanos del mundo apoyamos. La adopción de medidas conllevará inversiones importantes. No obstante, actuar ahora será mucho menos costoso que hacerlo en los próximos años, cuando ya no haya retorno. Según las Naciones Unidas, el costo que supondría adoptar ahora medidas firmes de mitigación equivaldría a una reducción en los gastos de consumo a nivel mundial de entre 1% y el 4%, para 2030, y entre 2% y el 6%, para 2050, en comparación con la alternativa de no adoptar ninguna medida. Sin embargo, no se tienen en cuenta los numerosos beneficios secundarios de la adopción de medidas como, por ejemplo, la mejora de la calidad del aire, los beneficios para la salud y una mejor calidad de vida para todos.

En Panamá ya se han implementado fuentes de energía renovable y limpia como la eólica.

¿Y cuál es la posición de Panamá en estos temas? Por las razones señaladas anteriormente, nuestro país revisó sus compromisos ante las Naciones Unidas para fijarse metas más ambiciosas y, en diciembre de 2020, lanzó la Contribución Determinada a Nivel Nacional Actualizada (CDN1). La CDN1 Actualizada incluye la elaboración y puesta en marcha de instrumentos climáticos de planificación y gestión que marcan la ruta hacia la resiliencia, abarcando diez sectores y áreas estratégicas de la economía panameña, adaptando los instrumentos de política nacional existentes a la implementación y uso de instrumentos operacionales climáticos a nivel sectorial y transversal, abarcando toda la economía.

Con esta CDN1 actualizada, tanto el Ministerio de Ambiente de Panamá (MiAmbiente) como el sector privado cuentan con una hoja de ruta detallada para guiar y motivar a todas las empresas que conforman los distintos sectores activos de la economía nacional, de forma tal que trabajando todos en armonía se establezcan metas individuales enfocadas en la reducción de la huella de carbono y la huella hídrica de todas las corporaciones.

El paso de la pandemia dejó muchas lecciones, pero una que jamás imaginamos recibir sería la que tiene que ver con el ambiente. Porque lo vivido y lo documentado en ese difícil período que como humanidad atravesamos nos puede guiar para lograr un mejor manejo de nuestros recursos, para tener una mejor relación con lo que nos rodea y, sobre todo, para encaminar esfuerzos para evitar la aceleración del cambio climático mientras esté en nuestras manos hacer algo.

 

Fotos: Getty Images

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Carlos Alberto Rivas V.

Carlos Alberto Rivas V. Es Gerente de Riesgo Ambiental, Social y de Reputación & Proyectos Interinos de Banco General.