Cuerpo y Alma

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Radiografía de los virus

Radiografía de los virus

¿Qué son los virus?

Son organismos extremadamente pequeños que entran a nuestro cuerpo, se reproducen dentro de nuestras células y nos pueden causar enfermedades.  Son tan pequeños que ni siquiera se ven con los microscopios de los laboratorios. Muchas de las enfermedades más comunes son causadas por virus. Por ejemplo, la influenza, el resfriado, el sarampión o alfombrilla, la varicela, el dengue y, más recientemente, el zika, son todas infecciones causadas por virus.

¿Por qué estamos viendo tantos virus nuevos?

En los últimos años, la humanidad ha sido testigo del surgimiento de nuevas enfermedades virales. Muchos de estos virus nuevos existían anteriormente como enfermedades de los animales, las llamadas zoonosis. Es solo cuando el hombre se adentra en el hábitat silvestre, perturbando los ecosistemas, cuando se produce esta diseminación en los seres humanos de los virus que están en la naturaleza. Ejemplos de enfermedades causadas por estos virus nuevos, llamados también virus emergentes, son el SIDA, el SARS, el MERS, el ébola, el hantavirus y el zika.

En Panamá, un ejemplo muy conocido la tenemos en el hantavirus, presente en un roedor que vive en el campo. Cuando se acumulan granos y otros productos en forma inadecuada, los roedores se acercan a las casas para alimentarse. Esto hace que inadvertidamente inhalemos los virus presentes en su orina y excreta, y desarrollemos la enfermedad Síndrome Cardiopulmonar por Hantavirus.

Otro de los virus más famosos son los causantes de la gripe o influenza. La influenza ha causado grandes epidemias. En 1918, se estima que la llamada gripe española causó más de 50 millones de muertes en todo el mundo. Desde el año 2009, hemos visto la circulación de la llamada influenza A H1N1. Este virus causó la primera pandemia del siglo 21. Afortunadamente, su mortalidad fue muchísimo menor que la gripe española. Los casos de influenza por lo general aumentan durante la estación lluviosa y, en los países templados, en el invierno. De ahí que a la influenza que reaparece todos los años se le conozca como influenza estacional.

¿Cómo se contagia?

Los virus pueden transmitirse de animal a persona, de persona a persona o pueden entrar a nuestro cuerpo a través de la picada de un mosquito u otros insectos. En este último caso, el mosquito que tiene el virus nos pica para alimentarse de sangre y nos inyecta el virus debajo de la piel. Días después, el virus se multiplica dentro de nuestro organismo y nos produce los síntomas de la enfermedad.

¿Qué síntomas tienen las personas con estas infecciones?

En el caso del dengue, del zika y del chikungunya, estos síntomas son fiebre, dolores en el cuerpo, malestar y una erupción en la piel parecida a un sarpullido. La mayoría de las veces la persona se recupera sin ninguna complicación, pero en ocasiones las infecciones virales pueden tener consecuencias más graves.
En el caso del zika, si la persona infectada es una mujer embarazada, el virus puede pasar al bebé en formación y causarle graves malformaciones. El chikungunya produce dolores en las articulaciones que pueden persistir por semanas. El virus del dengue puede producir complicaciones e incluso causar la muerte.

¿Cómo puedo protegerme de adquirir estas infecciones?

Como estas enfermedades son transmitidas por la picada de los mosquitos, específicamente el Aedes aegypti, la principal medida de protección es prevenir su picadura. Es necesario eliminar los sitios donde los mosquitos se reproducen, como llantas abandonadas, latas, tanques sin tapa y cualquier objeto que almacene agua.

Además, es posible combatir los mosquitos adultos con el rociado de insecticidas. Los mosquitos que transmiten el dengue se esconden dentro de las casas, en lugares sombríos como armarios, cerca de las prendas de vestir de color oscuro pues este color los atrae. El uso de ropa clara que cubra los brazos y piernas sirve de protección contra las picaduras. También existen prendas de vestir impregnadas con sustancias que repelen los mosquitos y confieren una protección adicional, aparte del empleo de repelentes en forma de atomizadores, lociones o cremas.

Los momentos preferidos de los mosquitos Aedes aegypti para picar a las personas son al amanecer y al atardecer. Es durante esas horas cuando debemos extremar las medidas de protección.

¿Qué hay de las vacunas contra los virus?

Algunas de las más importantes enfermedades virales se pueden evitar con las vacunas. Por ejemplo, la viruela y la poliomielitis han sido erradicadas del planeta gracias a la vacunación. Existen también vacunas contra la influenza, la hepatitis A, la hepatitis B, el sarampión, la varicela, las paperas, la rubeola, la rabia y muchas otras enfermedades causadas por virus.
Los científicos siguen buscando nuevas vacunas contra los virus. Algunos como el VIH, el herpes y el zika aún no cuentan con vacunas efectivas, pero esto podría cambiar en el futuro.

Por: Dr. Néstor Sosa

Director del Instituto Conmemorativo Gorgas

¿Fuerza de voluntad o… hábitos?

A veces pensamos que nuestra vida sería mucho más feliz y productiva si tan solo tuviéramos más de esa escurridiza cualidad que llamamos “fuerza de voluntad”. Pero hay investigaciones recientes que parecen estar diciendo lo contrario. Tal parece ser que, a la hora de ser productivos, lograr nuestras metas o hasta ser más felices en nuestra vida, los humildes hábitos son más importantes que la poderosa fuerza de voluntad.

Los hábitos son conductas automáticas que hemos aprendido a repetir sin que medie nuestra conciencia. A diferencia de la fuerza de voluntad, una vez que un hábito está establecido, tendemos a ejecutarlo estemos frescos o cansados, serenos o estresados, felices o frustrados… Y a nuestro cerebro le fascinan los hábitos porque lo liberan para dedicarse a otras cosas que pueden resultar importantes en el día a día.

Según escribe Charles Duhigg en el libro El poder de los hábitos, no existen fórmulas universales, sino que cada quien debe encontrar su modo personal de desarrollar hábitos productivos. Lo que sí sabemos es que todos los hábitos, positivos o negativos, siguen un patrón: tienen un disparador, una conducta y una recompensa. Si queremos crear nuevos hábitos, el mejor camino es identificar cuáles son los disparadores que detonan la conducta automática y cuáles son las recompensas que los mantienen.

Dado que la fuerza de voluntad funciona muy bien, pero solo a veces, es mejor contar con ella únicamente en algunos momentos de urgencia. Debemos, en su lugar, desplegar nuevos hábitos para ser más productivos, porque estos continúan aún no tengamos la energía para esforzarnos y persistir.

He aquí algunas ideas para aprovechar más astutamente el poder de los hábitos en nuestro trabajo:

1)  Organiza tu entorno. Es increíble el poder que tiene el entorno para inducirnos a un estado mental determinado.  Así como un templo nos invita al recogimiento y la naturaleza nos motiva a sentirnos libres, así mismo un espacio de trabajo ordenado y limpio induce a tu cerebro a volcarse diligentemente sobre la tarea que tienes entre manos.

2) Divide las tareas grandes en componentes pequeños, manteniendo en mente la meta final. Las tareas tienen componentes más sencillos. Segmenta la tarea y completa los componentes uno por uno.  A veces, los planes fallan porque no hemos sido capaces de dividir la meta en pequeñas acciones, concretas y fáciles de manejar.

3) Abandona el ‘multitasking’. Aun cuando nos hace sentir productivos, desgasta nuestra energía. La pérdida de tiempo y energía, pasando de un tema a otro, solo desgasta nuestro rendimiento.

4) ¡Apodérate del momento presente! Aprende a ver el tiempo como algo hecho de momentos presentes. Aprende a contabilizarlos de manera realista. Esta hora está hecha de 4 momentos de 15 minutos o 20 momentos de 5 minutos… ¡tú decides!

5) Establece tu propio sistema de rendición de cuentas. Una vez que tienes claridad de “los momentos de cada hora”, registra detalladamente el trabajo que has completado en cada momento. Eso te permite rastrear cómo has usado tu tiempo.

6) Controla las distracciones electrónicas. Recuerda que a tu cerebro le gusta la novedad y la información. Si no le pones controles, cada vez que suene una campanita en tu teléfono o aparezca un mensaje en pantalla tu atención se volteará irremediablemente hacia la información nueva, sea correo electrónico, chat, WhatsApp, Facebook, Twitter o Instagram.

7) Recuerda que la voluntad es un músculo y se agota. No confíes solo en ella… Si piensas usarla para lograr un objetivo, asegúrate de que estés bien descansado y bien alimentado.  Recuerda que el estrés merma y agota la fuerza de voluntad.

Mientras que proteger y desarrollar nuestra fuerza de voluntad es importante, al final del día nuestra productividad no depende solamente de qué tan bien manejamos las tentaciones. Más bien, la clave del éxito parece estar en la habilidad que tengamos para usar cada vez menos la fuerza de voluntad y cada vez más el poder de los hábitos positivos. Como decía Aristóteles hace mucho tiempo: “Somos lo que hacemos con frecuencia”.

Por: Dr. Carlos Leiro, Clínica Transiciones

 

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Carlos A. Leiro P.